Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos ha aprendido a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y a los indígenas que la pueblan, pera también a cazar el temible tigrillo como jamás ningún blanco pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor---del verdadero, del que hace sufrir--- que dos veces al ano le lleva el dentista Rubicundio Loachamin para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse dentro de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes, pero no saben como enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado sus crías.


En un par de horas se puede leer Un viejo que leía novelas de amor y acompañar a Antonio José Bolívar Proaño por sus recuerdos, su vida en la selva amazónica y su tierna afición por las novelas amorosas. 

Luis Sepúlveda crea un personaje entrañable con el que pronto te encariñas, un hombre sencillo que aprende a acercarse a la naturaleza, a convivir en la selva y encontrar su hogar entre los shuar, el río desmedido, la vegetación inacabable. Entre jirones de recuerdos conocemos su peregrinaje en busca de una oportunidad, cómo aprende a vivir sin las reglas de la civilización, su pasión por las novelas que tratan de amores dolorosos.

Hay un amor desmedido por la naturaleza, por conservar aquello que nos recuerda y nos ata a quiénes somos, una evidente tristeza por un mundo que se desintegra (Antonio José Bolívar se ocupaba de mantenerlos a raya, en tanto los colonos destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto) y un amor por los libros sin igual, capaz de hacer remontar un libro al bueno de Antonio José Bolívar para hacerse con alguno y quedarse boquiabierto ante una modesta biblioteca.

Es hermoso ver cómo lee Antonio José Bolívar sobre lugares que desconoce, cómo intenta comprender qué es Venecia o una góndola, hacerse una idea de ciudad y de besos ardientes. Es hermoso este viejo que leía novelas de amor, hermoso y triste. 





Antonio José Bolívar Proaño sabía leer, pero no escribir.
A lo sumo, conseguía garrapatear su nombre cuando debía firmar algún papel oficial, por ejemplo en época de elecciones, pero como tales sucesos ocurrían muy esporádicamente casi lo había olvidado.
Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas.
Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuan hermoso podía ser también el lenguaje humano.
Leía con ayuda de una lupa, la segunda de sus pertenencias queridas. La primera era la dentadura postiza.

( … )

Se emocionó de ver tanto libro junto. La maestra poseía unos cincuenta volúmenes ordenados en un armario de tablas, y se entregó a la placentera tarea de revisarlos ayudado por la lupa recién adquirida.
Fueron cinco meses durante los cuales formó y pulió sus preferencias de lector, al mismo tiempo que se llenaba de dudas y respuestas. ( … )
El Rosario, de Florence Barclay, contenía amor, amor por todas partes. Los personajes sufrían y mezclaban la dicha con los padecimientos de una manera tan bella, que la lupa se le empañaba de lágrimas.

( … )

- ¿V
erdad que sabes leer, compadre?
-Algo.
- ¿Y qué estás leyendo?
- Una novela. Pero quédate callado. Si hablas se mueve la llama, y a mí se me mueven las letras.
El otro se alejó para no estorbar, mas era tal la atención que el viejo dispensaba al libro, que no soportó quedar al margen.
- ¿De qué trata?
- Del amor.
Ante la respuesta del viejo, el otro se acercó con renovado interés.
- No jodas. ¿Con hembras ricas, calentonas?
El viejo cerró de sopetón el libro haciendo vacilar la llama de la lámpara.
- No. Se trata del otro amor. Del que duele.

Luis Sepúlveda
Un viejo que leía novelas de amor (Tusquets)

Tags: viejo leía novelas amor, Luis Sepúlveda, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 10:37  | Libros...
Comentarios (5)  | Enviar
Comentarios
He aqu? un libro que tengo siempre en la memoria, la forma en que Antonio le?a, lento, paladeando cada palabra, arm?ndolas, reuniendo una con otra hasta formar una frase y luego un p?rrafo. Al ser adolescente y ver ?sto pensaba si no ser?a justo por este leer lento que disfrutaba tanto el libro, si no ser?a su manera de hacerlo parte de si mismo, con ese andar pausado.

Saludos

Aelo
Publicado por Aelo
Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009 | 16:22
Leslie, creo que es eso, la rapidez no permite el goce, y Antonio se apoderaba de cada palabra, intentando comprender y disfrutar de ellas. Es un gran libro, emociona ver ese amor por los libros y las historias de amor que duelen. Qu? gran personaje.
Abrazos y cari?os
Publicado por elchicoanalogo
Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009 | 18:03
Este libro al principio me parecio un poco aburrido como sucede con la mayoria de los libros pero la verdad es que al final de cuentas me gusto mucho aunque debo admitir que algunas partes no la entendi mucho pero lo importante es que aprendi con este libro porque me dejo muchas ense?anzasFlash
Publicado por Daniela
Martes, 20 de octubre de 2009 | 0:56
Saludos, Daniela,
Con cada libro se puede aprender algo, siempre encuentras detalles que conmueven o llaman la atenci?n. ?ste es un buen libro y el viejo Bol?var un personaje entra?able. Saludos
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 20 de octubre de 2009 | 9:12

holi c:

Publicado por Invitado
Lunes, 27 de septiembre de 2010 | 2:30