S?bado, 28 de febrero de 2009
Es madrugada. Apenas hay ruido ahí fuera. A veces, de niño, cuando me tumbaba en la hierba en mitad de la noche gallega bajo el cielo más limpio que recuerdo, sentía o soñaba el sonido de la tierra y las galaxias, como un engranaje tímido y suave, una especie de submundo parecido al de Metrópolis de Fritz Lang. Esta noche sólo he escuchado el crepitar de las fábricas y poco más. El cielo está estrellado y manchado de luz anaranjada.

Escucho el primer volumen de Happiness is the Road.  Es un disco intimista, perfecto para cuando se está solo o se intenta escribir a una amiga y sentirla no en la pantalla o las palabras, sino dentro de uno, en los viejos recuerdos y los recientes. Acabo de ver Berlin is in Germany. Imagina, Arantza, un hombre sale de la cárcel tras cumplir una condena de 11 años que se inició meses antes de la caída del muro. Esto no es como aquella película de 28 días después, no se encuentra con zombis caníbales capaces de ganar una final de cien metros lisos. Las calles han cambiado sus nombres, no hay rastro de la vieja parafernalia comunista, la ciudad está en permanente construcción (como todas las ciudades, que lamen la tierra como las olas la costa, ganando terreno, expandiéndose como pequeñas galaxias aún imberbes). Hay que habituarse a los cambios. Aceptar las cosas como vienen.

Estoy orgulloso de pertenecer al club de amigos cuyos cumpleaños no recordarás. No sé, me hace sentir dentro de un grupo diferente y excéntrico y especial. En mi caso con los años he perdido mi capacidad de memorizar y recordar las cosas más banales o fechas inverosímiles. Antes, cuando me hablaban de una película podía nombrar al director, su filmografía, el estudio en el que la filmó (me parecía importante diferenciar entre películas de la universal y de la warner, pedante que era uno), podía hablar de la escena aquella donde el director de fotografía, seguro que Gregg Toland, utilizó tal objetivo y consiguió una profundidad de campo inaudita para la época. Antes, tenía clasificados y fechados los recuerdos de mi vida, como aquel personaje de Funes el memorioso que inventó Borges. Cada recuerdo desde los 3 años. Deformados como las caras en los sueños, obvio. Pero ahí estaban. Era capaz de recordar los años de tal o cual acontecimiento en mi vida. Compartimientos estancos. Mi prima Elisa me miraba con una expresión divertida y preocupada, pensaba que tal memoria se debía a que había poco que recordar.  Y tenía razón. Y todo cambió. Y los recuerdos se acumularon, ya no eran compartimentos que podía abrir cuando viniese en gana. Ya no recuerdo películas, estudios, no ubico mis recuerdos, todo es un desorden y un caos inimaginable. No sé por qué te cuento esto. Tal vez entiendo tu aprensión a los números. Es que los números no son volubles, cambiantes. Son como son y ya. No hay lugar a la imaginación. Si naciste en 1975 no hay posibilidad de error o imaginación. Las historias y las palabras se pueden interpretar, hay un libro diferente por cada lector. Uno más uno siempre será dos. Pero Richard Ford o Moby Dick una incógnita continua. En definitiva, espero que sigas olvidando mis cumpleaños por lo que me resta de vida.

El año pasado fue complicado. Pero una de las cosas que rescato, que conservaré (sin difuminar), fue nuestro reencuentro. Creo que es algo que necesitaba. Esto debería traer una explicación más profunda, pero me quedaré, una vez más, en la superficie. Perdí mucho hace años, ya sabes, como dijiste desaparecí. Poco a poco fui recuperando aquellas cosas que, para mí, eran valiosas. Creo que esto ya te lo habré escrito. Tú fuiste el final de todo lo que necesitaba recuperar para sentir que la pérdida, aquel naufragio, terminó. Me gustó encontrarte. Me gustó ver atisbos de la Arantza adolescente, me hiciste recordar aquellos días en la cafetería o los pasillos de la universidad con nuestras peregrinas conversaciones. Me gustó ver retazos de esa Arantza en alguien maduro, diferente y desconocido. Tener la oportunidad de recordar y conocer(te). Eso es hermoso, Arantza, no sólo recupero parte de mi pasado, sino que tengo una amiga nueva.

Todas estas palabras (lo único bueno de los números, Miss Numbers, es su austeridad) para decirte que me emociona tenerte, que me emocionó tu correo y que, obvio, ME IMPORTAS, ME PREOCUPAS, ME INFLUYES.



(Llevo unos días con Seasons end, de Marillion. Hay una pequeña canción muy tierna que me gusta mucho. After Me. Para ti)



After Me – Marillion



There's a line on her jeans that a ball-point made
From a careless mistake that she can't wash away
And there's a heart on her sleeve from a spill of red wine
There's a piece of green in the blue of her eyes
She named it after me

There's a stray dog she feeds that she found in the street
And he loves her to hold him, but he won't let her keep him
And he claws at the door to be let out at night
And she makes do without him, and she worries about him
She named him after me

So if you ever decide that you have to escape
And travel the world, and you can't find a place
Well, you could wind up believing
That paradise is nothing more than a feeling
That goes on in your mind
So if ever find out what that is
There's something you could do

'Cause if I ever hold that golden dream again
I want to tell you
I'm gonna name it after you

Tags: After Me, Seasons End, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 1:58  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios