S?bado, 28 de febrero de 2009
Es madrugada. Apenas hay ruido ahí fuera. A veces, de niño, cuando me tumbaba en la hierba en mitad de la noche gallega bajo el cielo más limpio que recuerdo, sentía o soñaba el sonido de la tierra y las galaxias, como un engranaje tímido y suave, una especie de submundo parecido al de Metrópolis de Fritz Lang. Esta noche sólo he escuchado el crepitar de las fábricas y poco más. El cielo está estrellado y manchado de luz anaranjada.

Escucho el primer volumen de Happiness is the Road.  Es un disco intimista, perfecto para cuando se está solo o se intenta escribir a una amiga y sentirla no en la pantalla o las palabras, sino dentro de uno, en los viejos recuerdos y los recientes. Acabo de ver Berlin is in Germany. Imagina, Arantza, un hombre sale de la cárcel tras cumplir una condena de 11 años que se inició meses antes de la caída del muro. Esto no es como aquella película de 28 días después, no se encuentra con zombis caníbales capaces de ganar una final de cien metros lisos. Las calles han cambiado sus nombres, no hay rastro de la vieja parafernalia comunista, la ciudad está en permanente construcción (como todas las ciudades, que lamen la tierra como las olas la costa, ganando terreno, expandiéndose como pequeñas galaxias aún imberbes). Hay que habituarse a los cambios. Aceptar las cosas como vienen.

Estoy orgulloso de pertenecer al club de amigos cuyos cumpleaños no recordarás. No sé, me hace sentir dentro de un grupo diferente y excéntrico y especial. En mi caso con los años he perdido mi capacidad de memorizar y recordar las cosas más banales o fechas inverosímiles. Antes, cuando me hablaban de una película podía nombrar al director, su filmografía, el estudio en el que la filmó (me parecía importante diferenciar entre películas de la universal y de la warner, pedante que era uno), podía hablar de la escena aquella donde el director de fotografía, seguro que Gregg Toland, utilizó tal objetivo y consiguió una profundidad de campo inaudita para la época. Antes, tenía clasificados y fechados los recuerdos de mi vida, como aquel personaje de Funes el memorioso que inventó Borges. Cada recuerdo desde los 3 años. Deformados como las caras en los sueños, obvio. Pero ahí estaban. Era capaz de recordar los años de tal o cual acontecimiento en mi vida. Compartimientos estancos. Mi prima Elisa me miraba con una expresión divertida y preocupada, pensaba que tal memoria se debía a que había poco que recordar.  Y tenía razón. Y todo cambió. Y los recuerdos se acumularon, ya no eran compartimentos que podía abrir cuando viniese en gana. Ya no recuerdo películas, estudios, no ubico mis recuerdos, todo es un desorden y un caos inimaginable. No sé por qué te cuento esto. Tal vez entiendo tu aprensión a los números. Es que los números no son volubles, cambiantes. Son como son y ya. No hay lugar a la imaginación. Si naciste en 1975 no hay posibilidad de error o imaginación. Las historias y las palabras se pueden interpretar, hay un libro diferente por cada lector. Uno más uno siempre será dos. Pero Richard Ford o Moby Dick una incógnita continua. En definitiva, espero que sigas olvidando mis cumpleaños por lo que me resta de vida.

El año pasado fue complicado. Pero una de las cosas que rescato, que conservaré (sin difuminar), fue nuestro reencuentro. Creo que es algo que necesitaba. Esto debería traer una explicación más profunda, pero me quedaré, una vez más, en la superficie. Perdí mucho hace años, ya sabes, como dijiste desaparecí. Poco a poco fui recuperando aquellas cosas que, para mí, eran valiosas. Creo que esto ya te lo habré escrito. Tú fuiste el final de todo lo que necesitaba recuperar para sentir que la pérdida, aquel naufragio, terminó. Me gustó encontrarte. Me gustó ver atisbos de la Arantza adolescente, me hiciste recordar aquellos días en la cafetería o los pasillos de la universidad con nuestras peregrinas conversaciones. Me gustó ver retazos de esa Arantza en alguien maduro, diferente y desconocido. Tener la oportunidad de recordar y conocer(te). Eso es hermoso, Arantza, no sólo recupero parte de mi pasado, sino que tengo una amiga nueva.

Todas estas palabras (lo único bueno de los números, Miss Numbers, es su austeridad) para decirte que me emociona tenerte, que me emocionó tu correo y que, obvio, ME IMPORTAS, ME PREOCUPAS, ME INFLUYES.



(Llevo unos días con Seasons end, de Marillion. Hay una pequeña canción muy tierna que me gusta mucho. After Me. Para ti)



After Me – Marillion



There's a line on her jeans that a ball-point made
From a careless mistake that she can't wash away
And there's a heart on her sleeve from a spill of red wine
There's a piece of green in the blue of her eyes
She named it after me

There's a stray dog she feeds that she found in the street
And he loves her to hold him, but he won't let her keep him
And he claws at the door to be let out at night
And she makes do without him, and she worries about him
She named him after me

So if you ever decide that you have to escape
And travel the world, and you can't find a place
Well, you could wind up believing
That paradise is nothing more than a feeling
That goes on in your mind
So if ever find out what that is
There's something you could do

'Cause if I ever hold that golden dream again
I want to tell you
I'm gonna name it after you

Tags: After Me, Seasons End, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 1:58  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 26 de febrero de 2009
2009: Globos de Oro: Mejor actor drama (Mickey Rourke), mejor canción. 2008: Festival de Venecia: León de Oro a la Mejor película / Drama / SINOPSIS: Randy "The Ram" Robinson (Mickey Rourke) es un luchador profesional de wrestling, ya retirado que, tras haber sido una estrella en la década de los ochenta, trata de continuar su carrera en el circuito independiente, combatiendo en cuadriláteros de tercera categoría. Cuando se da cuenta de que los brutales golpes que ha recibido a lo largo de su carrera le empiezan a pasar factura, Randy decide poner un poco de orden en su vida; intenta acercarse a la hija que abandonó, Stephanie (Evan Rachel Wood), a la vez que trata de superar su soledad con el amor hacia Cassidy, una streaper (Marisa Tomei). (Filmaffinity)


El inicio… El inicio de El luchador es demoledor. Unos recortes de prensa y voces en off que hablan de una estrella de la lucha de los años 80, Randy "The Ram" Robinson. Sólo fotografías y voces de combates, ninguna imagen en movimiento, ningún flash back. Se funde a negro. Veinte años después, el luchador que fue una leyenda está sentado tras un combate, de espaldas a la cámara, con el torso desnudo mientras se quita las vendas y recibe unos dólares de la recaudación del combate. En los primeros minutos la cámara sigue a Randy "The Ram" Robinson de espaldas, nunca muestra su cara, es una sombra, ni una luz cerca de su rostro. Y es que Randy es una sombra, alguien que ya no habita el presente y malvive en él tras un periodo de gloria que intuye no volverá.

La cara de Mickey Rourke… Está película es, sobre todo, la cara de Mickey Rourke deformada por las operaciones de cirugía estética. Ese rostro extraño y deformado le da al personaje un cariz de perdedor aún más profundo. Mickey Rourke dibuja un perdedor desubicado, solitario y que sólo se encuentra cómodo en un ring. Ahí dentro, en el mundo de la lucha libre, tiene una familia, abandona su soledad, siente que ofrece lo mejor de sí mismo y que hace algo para lo que tiene talento. Fuera, en la realidad, a nadie le importa su vida, su soledad. Actúa en tugurios y gimnasios ajados, las fotos de su pasado decoran su camioneta, siempre lleva una pequeña maleta en sus viajes, vive en un parque de caravanas. Es doloroso el paso de un mundo al otro, del ring a la realidad. Sólo es un viejo trozo de carne podrida. Grande Rourke.

La lucha libre… los primeros minutos de la película retratan ese mundo de la lucha libre, cómo se reúnen los luchadores y preparan las pautas, los combates, filmados con austeridad por Aronofsky, es un mundo de amigos, de gente que actúa como una compañía de teatro, que ofrece un espectáculo. En su caso, fuera del circuito comercial. Lo hacen porque no saben hacer otra cosa. Especialmente patética es la mirada de Randy "The Ram" Robinson a sus compañeros en una forma de viejas glorias. Los que no están tullidos o avejentados, necesitan una sonda para orinar. Apenas hay gente en esas convenciones donde Randy vende cintas vhs de sus pasados combates y se deja fotografiar por 8 dólares.

Cassidy… Cassidy es una streaper de unos cuarenta años. Su primera aparición es tan demoledora como la de Randy. Unos adolescentes se burlan de su edad. Para ella también ha pasado el tiempo. Como Randy, oculta su nombre, Pam, en un seudónimo. Es madre de un niño de 9 años y sabe que ya no atrae a los hombres del club. Se siente sola, desvalida y con miedos. Grande Marisa Tomei.

Soledad… es uno de los temas de esta película. El miedo a la soledad de Randy y Cassidy. Randy sufre un ataque al corazón que le hace replantearse su vida, intenta acercarse a su hija universitaria, un trabajo estable, se retira (y, en su primer día de trabajo, la cámara sigue a Randy como seguía cuando salía al ring, de fondo, en off, unas suaves aclamaciones que terminan cuando entra en su puesto en el supermercado). Cassidy teme quedarse sin nadie cuando deje su trabajo de streaper, teme el vacío. Hay dos Randy, dos Cassidy, dentro y fuera de un escenario, dentro y fuera de los papeles que hacen en él. Cuando se encuentran fuera del club, un sábado por la mañana, sin maquillajes ni trajes, se sienten cercanos, extraños, atraídos por el otro.

Decorados… Un parque de caravanas, cuadriláteros sin brillos ni focos, un paseo marítimo con el casino abandonado, un supermercado, un club de streaptease. No hay un lugar que dé pie a una oportunidad.

Fracaso… Randy no conocerá nuevos días de gloria, no consigue acercarse a su hija, Cassidy/Pam sabe que ya no atrae a los clientes ni quiere su trabajo. Pero no saben desempeñarse fuera del escenario. Su vida ha llegado a un muro que no pueden atravesar. No han conseguido avanzar con el tiempo. Y en el final de Randy, un regreso al cuadrilátero y al espectáculo, la digna aceptación de la derrota vital, de que, "ahí fuera", no importa a nadie.


Esta nueva película de Aronofsky tiene retazos de Peckinpah y Huston en el retrato de unos perdedores al que el tiempo ha sobrepasado. Aronofsky ha filmado la Fat City del siglo XXI. Brillante película.



Tags: The Wrestler, El luchador, Darren Aronofsky, Mickey Rourke, Marisa Tomei

Publicado por elchicoanalogo @ 22:53  | Cine
Comentarios (0)  | Enviar
Domingo, 22 de febrero de 2009
1
En mitad de mis paseos, recuerdos cotidianos de Tucumán, las cuadras, los bares y cafeterías, los parques con hojas de lapacho, el suave ambiente invernal, la gente en la vereda, el sol pausado y lento. Retazos de una pérdida irrecuperable. Retazos de sonrisas por los buenos días vividos.
Un sobre con los regalos de Auro. El señor Pip, de Lloyd Jones (nuestra pasión común por Grandes esperanzas, de Dickens); una postal verde con estrellas (y las estrellas como faros y guías del destino), su letra (su voz) que me habla con palabras cariñosas y un marcapáginas del acueducto de Segovia (y sin proponérmelo, como con las postales, he iniciado una colección de marcapáginas que ya sobrepasa la veintena, marcapáginas artesanales, de librerías, de editoriales, de universidades canarias, traídos desde Roma)
Oier y yo camino de la piscina con nuestras conversaciones planetarias. Aún me deja llevarlo de la mano, aún no se avergüenza ni se cree demasiado mayor para esas muestras de afecto. Siempre salta los dos últimos escalones. Me habla de sus superhéroes favoritos. Él quiere ser Spiderman, su amigo Ekaitz, Hulk. Me toca ser un transformer o un gormiti. Pensé en qué superhéroe me gustaría convertirme. Bob el silencioso.
Desde la cafetería de la piscina, el puerto. Los remolcadores ayudan a los cargueros y metaneros a salir a alta mar. El sol ilumina retazos del mar, los claroscuros de la superficie se mueven al ritmo de las pequeñas olas y los tímidos rayos de sol. Pesqueros frágiles, inmovilizados.


2
Sueño con X. Un sueño erótico, divertido, despreocupado. Me levanto extraño y tranquilo. Tal vez mi inconsciente me quiera decir que echo de menos el sexo o intenta cubrir ese vacío con las imágenes de un cuerpo desnudo y sutil.
Con unas pocas palabras Esther me deja entrever algo de su vida. Tenemos la misma edad pero sus 34 años parecen más llenos, más “vividos”, una vida con un camino extenso y aventurero y denso detrás.
La niebla de la mañana tarda en desaparecer. Me recuerda a La carretera, de Cormac McCarthy, ese mundo posnuclear donde ya no existen rastros de naturaleza o esperanza. La niebla tragándose el paisaje, la luz del sol, la vida misma. A media mañana aparecen las primeras sombras de los árboles. Por unos segundos parecen pulmones empalados en mitad del campo.
Camino de Tele7, negocios cerrados y desnudos con carteles de se vende o se alquila. Suelos polvorientos, abandonados. La sonrisa de Laura en la entrada. Su zorionak atrasado y emotivo. El plató de Tele7 tres años y medio después de mi último día de trabajo. Han cambiado los decorados, las cámaras, los televisores. Oskar y Kike. Su compañía aún es sanadora. La conversación final en el coche de Laura. Me pregunta si me arrepiento o si echo de menos trabajar en la tele. La noche estrellada y gélida. Dos zapatillas abandonadas en el arcén de la carretera.


3
La luna cenicienta fija en el cielo glacial. Las calles tranquilas antes del amanecer. W es pura fragilidad. Su rostro, su mirada, su forma de andar y moverse. Parece que se va a descomponer en miles de pedazos, tan fina y destructible como el cristal. W no transmite fuerza, parece que el alma le ha abandonado hace tiempo, que ha salido de su pecho y sólo responde a movimientos mecánicos, deslucidos y tristes. Las pastillas antidepresivas han hecho estragos en su cuerpo y su voz.
En la esquina, un músico ambulante. Lo he visto en otros pueblos de la zona con su acordeón rojizo y desgastado. Cuando echas una moneda en la caja de cartón, agacha la cabeza, sonríe y te dice grasias mientras sus dedos siguen pulsando las teclas. Siempre toca canciones animadas, alegres. Hoy le he visto coger un par de monedas de la caja y entrar en la panadería para comer algo caliente. En la esquina, el acordeón en el suelo y la caja de las monedas sin vigilancia. Y un inesperado olor a eucalipto.
Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño, o volver a Los detectives salvajes, como si fueran capítulos no incluidos o su obra un río con infinitos afluentes. De nuevo Arturo Belano, Cataluña, México, escritores y seres fantasmales. Y la exuberancia de su escritura.
Una suave brisa nocturna. El sonido apagado de la ría en el paseo del muelle. Blanca a mi lado. Me habla de sus estudios, de sus planes, de su casa por estrenar. Le hablo de recuerdos y de viajes. Llegamos al faro, el último punto de tierra posible. En una parte del muro alguien escribió: guarida de vida, ventana en el aire donde nos asomamos. La pequeña luz verde del faro y una rosa de los vientos en el suelo. La luz roja de las boyas en la desembocadura. Un paso más y el mar. Vivimos en un lugar con límites. El cielo levemente nublado. Las cañas de los pescadores perdidas en la oscuridad. Música de blues y rock en sus radios. Entramos en un café teatro. La tarima ocupada por una gran pantalla de televisión que emite un partido de fútbol. En las paredes, carteles de cine. Vincent Price, Gary Cooper, Laurel y Hardy, James Dean, Hollywood Boulevard. La conversación y la risa de Blanca. Frente a mí, una pareja. Ella, aburrida, bosteza. Él no habla. Miré alrededor. Más parejas. Le dije a Blanca que acababa de darme cuenta del día que era. San Valentín. Y una catarata de recuerdos de películas españolas de los años 50, de anécdotas, de miradas sobre la forma de encarar el amor. Blanca y su voz. En el metro, un grupo de cincuentones cantaba de manera impulsiva. Jóvenes con botellas de alcohol y pantalones cortos. Una última copa en Barakaldo y la espera en la estación de tren. Más recuerdos, preocupaciones y bromas. Una despedida y Blanca se aleja por la calle iluminada. Llegué a casa de madrugada. Encendí la tele. El resplandor azulado de la soledad, de la tranquila soledad. Cambiaba de canal, de un documental sobre el amor a una película bélica. Sonreí, no sé la causa pero me sentía acogido.


4
Otro sueño erótico, esta vez con Z. En el sueño me resistía, ella tenía pareja. Pero Z se abalanzaba sobre mí. Lo iba a dejar todo. Al abrir los ojos la luz dorada del sol y resquicios del cielo azul. Si existiese algún dios le daría las gracias por las piernas de las mujeres. No hay nada más perfecto y vertiginoso que la curva, el sonido y el calor de las piernas de las mujeres, un camino siempre nuevo, siempre desalentador.
Slumdog Millionaire. ¿Quiere ser millonario? Danny Boyle. La vida en la India fuera de las postales para turistas. Una historia de amor y constancia. Está escrito en las estrellas. La vida como un viaje de destino inapelable, como un caminar hacia lo escrito. ¿Y si cambiamos de paso? ¿Cambiamos de destino?
La tarde luminosa. El azul se desprende del cielo, se apaga. Como un exorcismo. Mi sombra en la acera. Recuerdos, dudas, demonios interiores, tristeza, lucha, fallos, sonrisas, la última conversación, culpas, no pierdas la cabeza, por favor, no pierdas la cabeza.
Warm wet circles.


5
La luz amarillenta del sol ilumina la cara de mi madre, la colorea de vida, de alegría. Recuerdos de las mañanas de mi infancia en la cocina. Mi madre nos contaba la película de terror de la noche que no nos dejaba ver. Vampiros, hombres lobo, monstruos inimaginables. La dulzura en la voz de mi madre.
El paso de un libro a otro. Hay un momento, suspendido en el tiempo, donde los personajes y la historia terminada se meten en la nueva, como los eslabones de una cadena. Elijo El señor Pip. El amor por la literatura, por Dickens, por las historias alrededor de un fuego, como milenios atrás. Leo e interrumpo mi vida. Leo y desaparecen las paredes de mi habitación, los sonidos de las obras, los coches furiosos. Es como una puerta a otra vida, a otro espacio, a otro tiempo. Dejo de ser yo y me convierto en testigo de otras vidas, más que eso, participo de las frustraciones y victorias y deseos y sentimientos de otros seres. Me encuentro con retazos de mi vida, de mis recuerdos, de mi pasado. Las palabras como un camino inquebrantable, una detrás de otra, un camino con destino, como las estrellas. No hay pérdida en un libro, sólo hay que seguir la siguiente palabra. Siento como si tuviera dos vidas, la realidad, la literatura. Vago de una a otra, soy como un trotamundos en busca de su lugar en el mundo (¿qué mundo?). Y es extraño ese paso de un mundo a otro, como un corte abismal y doloroso.
En los parabrisas de los coches, periódicos pegados para combatir la helada nocturna. Una estrella brilla con firmeza en mitad de la oscuridad. La pareja de alcohólicos y drogadictos del barrio esperan el autobús. Se pelean. Beben de una botella escondida en una bolsa de plástico. Se chillan. Cuando ella sube al autobús se dan un beso tierno y se desean buenas noches. Él no se marcha hasta que desaparece el autobús en una curva. Sergio y yo hablamos de amor. Yo no tengo mucho para hablar salvo mis sueños eróticos. Él me cuenta los avances de su nuevo amor, lo que le hace sentir mal, los buenos momentos, la ilusión y los recelos, las broncas telefónicas y las palabras que emocionan. Cuando nos despedimos, el camarero coquetea con él.
El abrazo partido. Daniel Burman. Las galerías comerciales. El sentido de la familia. Las raíces. La búsqueda de un lugar. La vi por primera vez en un cine de Valladolid junto a Liz, un año antes de mi primer viaje a la Argentina (mi paso partido, mi miedo partido). La historia siempre me engancha y me lleva a aquellas tierras, a mis recuerdos, a cierta nostalgia mezclada con calidez. Una frase yo no la dejé, la perdí. 
Me voy a la cama pensando en cómo me gustaría no sentir nada por unos meses.


6
Atardece sobre el camino. Pequeñas nubes azuladas cubren los montes. Un hombre observa la puesta del sol apoyado en el tronco de un árbol. Las puertas abiertas del cementerio me llevan a la tumba de mi abuelo. Fuera, la fiesta de un partido político en campaña electoral. Fiesta y música y regalos en vez de ideas.
Los correos de Alejandra me calman, me contagian su vitalidad, su amor por el mundo y la naturaleza, su tranquilidad queda y su armonía. En cada correo palabras hermosas y sencillas, siempre palabras hermosas y sencillas, sin quejas ni malos sentimientos, sólo la música, el amor, sus creencias religiosas, sus agradecimientos por el viento, su familia o una tarde de pileta. Los correos de Alejandra son impulsivos y, también, apaciguadores.
La llamada de Sonia. Su vida, sus planes y su hijo Diego. Un nuevo inicio y las ganas de salir adelante. Y libros, muchos libros. Me agradeció mis regalos, se sorprendió por mis gustos, que haya leído a Asimov o tenga varias novelas negras pendientes. Sonia ha perdido su biblioteca. Pero entre todos sus amigos intentamos que arme una nueva. La conversación a través de correos electrónicos con Carolina. La veré en tres o cuatro meses. Extraño hablar con ella. Recuerdos de una noche compartida y Moby Dick.


7
No sé qué hay que hacer con esta clase de recuerdos. No creo que esté bien querer olvidar. Quizá por eso escribo estas cosas, para poder seguir adelante. Leo las últimas 120 páginas de El señor Pip del tirón. Sin paradas, sin descanso. Poco a poco el ruido de la radio, del reloj de pared, de la calle se va diluyendo y sólo queda el sonido inventado de las voces de los protagonistas en mi cabeza, el mar y la selva de la isla de Bougainville, el viento de la noche y los disparos. Después de terminar un libro se mezcla el vacío con todas las palabras leídas, la sensación de despedida, de decir adiós a unos personajes y un lugar que te han acompañado los últimos días, la nostalgia de no saber más de ellos, de que no hay otra cosa que esas palabras y nada más. Son vidas sin futuro, con un final delimitado e inamovible. La pasión por la literatura, su cara sanadora, la imaginación como refugio y como fuerza motora en la vida, personajes inventados que adquieren caras y voces y una presencia tan definible como un recuerdo o un sueño. El amor por la literatura. La tristeza del amor por la literatura. Cómo incide en nuestras vidas, cómo seguimos adelante cada vez más vacíos por tantas despedidas y a la vez tan llenos porque dentro de nosotros nos habitan cientos de otras vidas e historias y victorias y dolores. Nos nutrimos de libros, de palabras, de imágenes que cambian con cada lector. Forman parte de nosotros. Como una segunda o una tercera piel. Estoy huérfano tras una última página. Hasta que vuelvo mi mirada a la estantería y encuentro una nueva historia que me hará deambular entre la realidad y la invención.
Soñé con Gabriela. Nos buscábamos a lo largo del sueño. Deambulaba por calles conocidas pero que no ubicaba con precisión. Entré en un restaurante. Y al poco tiempo ella abrió la puerta. Me daba la espalda. No me vio. Y me desperté. Sentí como si anduviera sobre una cuerda floja.
Las nubes del cielo como un mar que se interrumpía cerca del horizonte, en un monte extraño de Ortuella. Es pequeño. Y está partido por la mitad. Desde hace años sacan rocas y piedras de su interior y el agujero se agranda poco a poco. A veces, de noche, parece un campamento lunar. Hoy mi paseo me lleva por empresas que cierran. En sus puertas, pintadas de los trabajadores despedidos. 280 familias más en la calle. 280 familias corpóreas y cercanas. Para algunos sólo una cifra. Lejos, la fiesta de un partido político.
Me cobijo en una nueva historia. Drácula. La pena por toda la imaginaría adquirida sin haber leído el libro. La inquietante Nosferatu, de Murnau. Bela Lugosi y Tod Browning. Christopher Lee en la Hammer. Jak Palance. Coppola. Cientos de imágenes adquiridas antes de la primera palabra.
You ask me how I'm feeling
I only wish you knew
How hard it is for me to share
Share those kind of things with you



8
La ría reflejaba el atardecer, las nubes huidizas, las primeras negruras. Un pequeño velero pasaba por debajo del Puente Colgante. Había estado jugando al escondite con Oier, le tomé el pelo como lo hicieron mis tíos a mí, trampas ridículas que para mi sobrino son increíbles trucos de magia. Estoy en la otra parte.
En los últimos días he comprobado la visión que tienen de mí como lector. Sonia se sorprendió cuando le hablé de mi pasión adolescente por la ciencia-ficción y Asimov, ella me ve como un lector de historias reflexivas y cree que no me gustaría la literatura Mcdonald´s del estilo de Preston y Child. Clara me toma el pelo con Auster y Murakami. Sami piensa que no me acerco a un clásico, para ella soy un lector compulsivo de Auster. No sabe que con mis primeros sueldos me dedicaba a comprar todos los clásicos que editaba círculo de lectores. Sólo son épocas. Ahora estoy con la literatura contemporánea americana y japonesa. Dentro de unos meses me puede volver la pasión por Asimov o Dickens o los ensayos históricos.
Pensé en cómo me ven los demás. Lo que me permito enseñar. Hay quien cree que soy hermético, lacónico, insensible, hay quien me dice que no doy nada, hay quien me llama egoísta, friki o despistado, hay quien se alegra de que exista y quien me agradece mi amistad, hay quien dice que siempre estoy a la altura. De nuevo, Jeckyll y Hyde. Y no me ubico en ninguno de esos tipos.
La voz de Clara. La voz animada de Clara. Su llamada en mitad de un pasaje tenebroso de Drácula me asustó. Por un segundo me sentí en peligro, en mitad de un castillo semi derruido, perseguido por extrañas criaturas. La voz animada de Clara. Me fui a la cama tranquilo por saber que mi amiga estaba bien y preocupado porque el tono de su voz no cambie.


9
Un paseo por la cuerda floja. Cada paso es inseguro, enigmático, indescifrable. Vaivenes y la posibilidad de caer. Saber que no dominas nada, que estás en un frágil equilibro y que cualquier detalle, en un segundo, hace que te balancees hasta que recobras la estabilidad. Y el siguiente paso te puede acercar a la meta o a la caída. A veces quedo colgado de un pie y debo volver atrás, o pienso que no lo conseguiré y acabaré como al inicio. Pero, por sorpresa, en cada paso encuentro un desconocido sentido de la proporción, una fuerza que había olvidado que estaba ahí, constancia y tranquilidad.
Otro sobre. Esta vez de Sami. Dos libros. Homenaje a Paul Auster y El caballero de la armadura oxidada. Este año llevo 12 libros leídos y 12 adquiridos. No consigo reducir la lista de pendientes. Una locura quijotesca y cautivante. Quiero enloquecer de palabras.
Un paseo por Bilbao y Ortuella. El sol tras un filtro suave de nubes. Hace una semana que no llueve. Y se nota en el ánimo. Yield pintado en una señal de tráfico en Zorroza, como la portada del disco de Pearl Jam. Las calles tranquilas, preparadas para el carnaval. El brillo en la ría. El vaivén de la estación de cercanías. Bach is back. Los niños disfrazados de princesas y guerreros. No se pueden convocar a los fantasmas, no aparecen cuando uno los busca. Nerea en una tienda de regalos de Ortuella. Fuimos compañeros de clase en EGB. Durante cinco minutos hablamos sin parar, una continua catarata de información. Además de la tienda tiene una empresa audiovisual. Me dice que a veces necesitan cámaras para grabar operaciones médicas. De nuevo la misma pregunta, si echo de menos la cámara. En el final de mi paseo me encuentro con un Oier exaltado. Ha conducido una excavadora “de verdad”. Y ha hecho un agujero en el suelo.
El frío se cuela entre mi ropa y mi piel, como una segunda capa de mi cuerpo. Las primeras estrellas distantes y tímidas. Vemos un universo que no existe, que es puro pasado. La mayor parte de esas estrellas murieron, pero nos queda su luz viajando hacia nosotros. Hay personas que son como esas estrellas, personas que murieron pero siguen entre nosotros no como fantasmas sino como presencias reales. Cada vez que nos reunimos en mi familia salen los nombre de mis tíos Polo o Cándido o mi abuela que nunca conocí o mi abuelo Jaime. Nosotros ejercemos de transmisores de su luz. Miro al cielo semi estrellado y pienso en fugacidad, pasado/futuro, nunca presente, en cómo estoy (vi)viendo una abstracción, un mundo que va cientos de miles de millones de pasos detrás de mí. Qué se pierde en el camino.
Un sentimiento egoísta. Me gustaría que alguien sintiera que su vida ha mejorado en algún aspecto por haberme conocido.
A veces pienso en la muerte. No me da miedo ni me angustia la muerte o morir, es un proceso natural, es parte de la vida. Sí temo el dolor irresistible del final, pero no el final (y antes temía a la vida, el riesgo de perder y el dolor que traería esa pérdida. Antes temía a la vida). La tranquilidad de saber que hay un final. Que la vida tiene una lógica y es la vida en sí misma, ese relámpago que somos en mitad de la oscuridad.
Dressed in black, no turning back
We blanked out on the Great White Way



10 (y siguientes)



Publicado por elchicoanalogo @ 1:16  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 20 de febrero de 2009
Como la mayoría de las personas de mi generación, mi infancia transcurrió entre libros de Ibáñez, Asterix y Obelix, Tintín o la 13 rue del percebe. Empecé Un hombre feliz con una errónea percepción del cómic. Esperaba encontrar algo parecido a los superhéroes de Stan Lee. Y es que no suelo leer novelas gráficas o cómics. Soy un ignorante en esa parte de la literatura.

Antonio Seijas ha creado una novela gráfica emotiva, nostálgica, melancólica. La historia de un viaje interior, de una huída y a la vez la búsqueda de cierta quietud y calma que consiga hacer llevadera la pérdida del protagonista. Las imágenes son pura tristeza, me ha sorprendido el tono quedo y taciturno de la historia de un hombre que abandona a su amor sin saberse la causa, se aleja, se queda en un pueblo costero intentando olvidar mientras fotografía el horizonte, el mar, una naturaleza a la que se acerca mientras se aleja de los demás aspectos de la vida.

Contado como un ropecabezas, a golpe de flashbacks, cada página sorprende por las imágenes enigmáticas, atrayentes y oníricas, por unos trazos que emocionan y por ese amor perdido del que hablan sus páginas (y, añado, el amor por la literatura). Hay mucha tristeza y congoja entre sus hojas, entre sus imágenes, la sensación de pérdida, de indefensión, el amor en sí mismo y el amor por la literatura, la reflexión sobre los sacrificios personales.

Un hombre feliz es un viaje interior poético y melancólico, es como haber puesto en imágenes la música de Beyond you, de Marillion.









Beyond You (Marillion, versión acústica del disco Unplugged at the Walls)


Tags: Un hombre feliz, Antonio Seijas

Publicado por elchicoanalogo @ 20:17  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 19 de febrero de 2009

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.

     Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La
     hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
     ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
     la vaga erudición el aprendizaje de las palabras que usó
     el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad,
     las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven
     amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche
     intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz
     del ave, ya se han oscurecido los que miran por la ventana, pero la
     sombra no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la
     espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Jorge Luis Borges
El amenazado


Tags: El amenazado, Jorge Luis Borges

Publicado por elchicoanalogo @ 21:32  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Recuerdo una emisora de radio que, curioso, elegía un disco y lo repetía durante la madrugada. En esa emisora escuché discos de Pink Floyd, Genesis, Tori Amos, Toto o el artista de moda en aquel momento. Había noches que me quedaba enganchado a un directo de Shine on you crazy diamond o descubría Boys for Pele, de Tori Amos.

Una noche me sorprendió una música desconocida. Piano, voces, violín. Una música repetitiva e interesante. La grabé en una cinta y me dediqué a escuchar esa melodía del piano en los siguientes días. Poco después descubrí que se trataba de Maximizing the audience, del compositor belga Wim Mertens. Cuando me hice con el disco no pude dejar de escucharlo durante varias semanas. Era hipnótico.

La pieza que da título al disco sigue siendo una de mis composiciones favoritas, sobre todo la parte donde, al piano se le une el violín y las voces para, en un momento, callarse y dejar paso al saxo. Melodías repetitivas, minimalistas, hipnóticas. Una composición extraordinaria.

Maximizing The Audience (Wim Mertens)






Tags: Maximizing The Audience, Wim Mertens

Publicado por elchicoanalogo @ 10:18  | Canciones
Comentarios (2)  | Enviar
Mi?rcoles, 18 de febrero de 2009
El señor Pip es un canto de amor a la literatura, al poder evocador, sanador, aventurero, imaginativo de la literatura, a cómo una pequeña historia se queda dentro y nos hace mirar al mundo de otra manera, nos habla de otros mundos y otras formas de vivir y enciende dentro de nosotros las ganas de saber más, de ver más allá de lo que conocemos. Los libros como raíces que se enroscan en el interior.

Todo empieza con el bloqueo y la guerra civil en una isla desconocida y abandonada. El único blanco del poblado se dedica a enseñar a los niños. Y utiliza Grandes esperanzas de Dickens. A través de él organiza sus clases, pide a los adultos del pueblo que hablen de lo que conocen, los peces, el color azul, el demonio, cualquier historia que sirva para enseñar, para ver fuera de las cuatro paredes blancas.

Es una historia de amor con la literatura, una forma de integrar Grandes esperanzas en la realidad, ver cómo un libro transforma y reconforta y da lucidez. Y con la lucidez, el dolor.

Me gusta la forma en la que está escrito, con una suave melancolía, la suave melancolía de quien recuerda la infancia y sus primeros pasos en algo desconocido, de quien habla de su hogar y todo lo que haya vivió en ese momento decisivo donde una persona madura.

Matilda, la niña protagonista, la narradora, crece en sus páginas, encuentra en un libro una puerta de evasión y de conocimiento. Se pregunta por todas esas palabras desconocidas, marjales, Londres, benefactor, compara la vida de Pip con la suya, su viaje con su cabaña.

El señor Watts, un blanco en mitad de una comunidad negra, aislado de lo que fue su mundo, se dedica a leer el mejor libro del mejor escritor inglés del siglo XIX, lo hace con dotes de mago. Y es que es eso, un libro es como un truco de magia. Unas cuantas palabras y de repente te encuentras en un poblado pobre de una isla del pacífico.

El señor Pip es un gran libro, emotivo, cercano y doloroso (como dicen, el amor es dolor). Y por una vez no nos acercamos al Londres victoriano, sino a una isla de la que nadie se interesa. A las atrocidades que no conocemos, a las vidas que ignoramos.





El señor Watts nos había regalado a nosotros, los niños, otra porción del mundo. Descubrí que podía volver a ella siempre que quisiera. Es más, podía elegir cualquier momento de la historia. No es que concibiese lo que oíamos como una historia. No: yo oía a alguien contar algo sobre sí mismo y cuanto le había sucedido.

( ... )

-Hoy hemos tenido mucha suerte. Mucha. Hemos recibido una lección práctica de que, si bien es posible que no conozcamos todo el mundo, con inteligencia podemos crear un mundo nuevo. Podemos inventarlo con las cosas que encontramos y vemos alrededor. Sólo tenemos que mirar con atención y procurar ser tan imaginativos como la abuela de Daniel.
Lloyd Jones
El señor Pip (traducción de Isabel Ferrer. Salamandra)

Tags: El señor Pip, Lloyd Jones, Isabel Ferrer, salamandra

Publicado por elchicoanalogo @ 13:46  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 17 de febrero de 2009

Con este calor pienso en ti
                                    tu desnudez
tu cuello tus muñecas
las cosas que me decías
con los pies como una blanca paloma descansando en un cojín.

Con este calor pienso en ti
no sé si lo que más recuerdo
                                  lo que viene a mis ojos
es tu cuello tus muñecas
tus pies descalzos
las cosas que me decías cuando eras mía.

Con este calor amarillo pienso en ti
en la habitación de un hotel con este calor amarillo pienso en ti
                                                       y me despojo de mi soledad
         mi soledad que se parece un poco a la muerte.
Nazim Hikmet
Con este calor (en Últimos poemas 1959-1960-1961. Traducción de Fernando García Burillo)


Tags: Con este calor, Últimos poemas, Nazim Hikmet, Fernando García Burillo

Publicado por elchicoanalogo @ 23:13  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 16 de febrero de 2009
Decía Hemingway que un buen relato debe ser como un iceberg; lo que se ve es siempre menos que lo que queda oculto bajo el agua, y otorga intensidad, misterio, fuerza y significación a lo que flota en la superficie. Los cuentos de este libro cumplen con todas estas premisas. Una colección de Roberto Bolaño, consagrado unánimemente como el mejor escritor latinoamericano de su generación.


Con Llamadas telefónicas he sentido que volvía al mundo de Los detectives salvajes, escritores fantasmales, Arturo Belano, el álter ego de Bolaño, México y Cataluña, mujeres errantes extraviadas, vagabundos y poetas. Cada libro de Bolaño me sorprende por lo exuberante de su escritura, por su dominio de la palabra. Cuentos que terminan de forma abrupta o inesperada, que son un retazo, un momento concreto de una vida y como tal no hace falta que expliquen todo, personajes en el límite y mucho amor y obsesión por la literatura, por esa raza extraña y compleja que son los escritores. La obra de Bolaño parece un río con numerosos afluentes que se cruzan en el momento más inesperado. Cada libro completa el anterior, lo agranda, parece que huye hacia lo ilimitado.

La ternura de una actriz porno hacia el olvidado y escondido Jack Holmes, las relaciones tempestuosas, dolientes con mujeres depresivas, los escritores que viven por su amor a la literatura, las cárceles chilenas y españolas, las vidas que se dispersan por caminos inusuales, por relaciones que no acaban en ninguna parte, la violencia seca, desértica, la frontera con Estados Unidos.

Hay mucho de extravío, de búsqueda, de locura, mucho de amores pasajeros y dolorosos, de llamadas a media noche y muerte. Cada relato es un microcosmos unido al siguiente, cada relato es un gran disfrute y la perplejidad de leer uno de los escritores más sorprendentes y condenadamente buenos de los últimos años.





B está enamorado de X. Por supuesto, se trata de un amor desdichado. B, en una época de su vida, estuvo dispuesto a hacer todo por X, más o menos lo mismo que piensan y dicen todos los enamorados. X rompe con él. X rompe con él por teléfono. Al principio, por supuesto, B sufre, pero a la larga, como es usual, se repone. La vida, como dicen en las telenovelas, continúa. Pasan los años.

( ... )

Parecía un gusano blanco, con su sombrero de paja y un Bali colgándole del labio inferior. Todas las mañanas lo veía sentado en un banco de la Alameda mientras yo me metía en la Librería de Cristal a hojear libros. Cuando levantaba la cabeza, a través de las paredes de la librería que en efecto eran de cristal, ahí estaba él, quieto, entre los árboles, mirando el vacío.
Supongo que terminamos acostumbrándonos el uno al otro. Yo llegaba a las ocho y media de la mañana y él ya estaba allí, sentado en un banco, sin hacer nada más que fumar y tener los ojos abiertos. Nunca lo vi con un periódico, con una torta, con una cerveza, con un libro. Nunca lo vi hablar con nadie. En una ocasión, mientras lo miraba desde los estantes de literatura francesa, pensé que dormía en la Alameda, sobre un banco o en los portales de alguna de las calles próximas, pero luego conjeturé que iba demasiado limpio para dormir en la calle y que seguramente se alojaba en alguna pensión cercana. Era, constaté, un animal de costumbres, igual que yo. Mi rutina consistía en ser levantado temprano, desayunar con mi madre, mi padre y mi hermana, fingir que iba al colegio y tomar un camión que me dejaba en el centro, donde dedicaba la primera parte de la mañana a los libros y a pasear y la segunda al cine y de una manera menos explícita al sexo.
Roberto Bolaño
Llamadas telefónicas (Anagrama)


Tags: Llamadas telefónicas, Roberto Bolaño, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 19:16  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar

Marcho día y noche
como un parque desolado.
Marcho día y noche entre esfinges caídas de mis ojos;
miro el cielo y su hierba que aprende a cantar;
miro el campo herido a grandes gritos,
y el sol en medio del viento.

Acaricio mi sombrero lleno de luz especial;
paso la mano sobre el lomo del viento;
los vientos, que pasan como las semanas;
los vientos y las luces con gestos de fruta y sed de sangre;
las luces, que pasan como los meses;
cuando la noche se apoya sobre las casas,
y el perfume de los claveles gira en torno de su eje.

Tomo asiento, como el canto de los pájaros;
es la fatiga lejana y la neblina;
caigo como el viento sobre la luz.

Caigo sobre mi alma.
He ahí el pájaro de los milagros;
he ahí los tatuajes de mi castillo;
he ahí mis plumas sobre el mar, que grita adiós.

Caigo de mi alma.
Y me rompo en pedazos de alma sobre el invierno;
caigo del viento sobre la luz;
caigo de la paloma sobre el viento.
Vicente Huidobro
Fatiga


Tags: Fatiga, Vicente Huidobro

Publicado por elchicoanalogo @ 8:06  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 14 de febrero de 2009
Catorce de febrero, día de los enamorados. Como en toda fecha señalada las opiniones sobre este día son típicas, están los que piensan que es un día consumista y los que creen que, al menos, se tiene que celebrar el amor un día al año.
Para mí San Valentín es una buena excusa para subir Everybody Needs Somebody to Love del gran Solomon Burke. Pensaba dedicar la canción a las parejas enamoradas, pero ya que su amor es correspondido, qué más podrían querer.
Esta canción va para aquellos con el corazón roto
para los que no son correspondidos y aún así siguen enamorados como pendejos inservibles (expresión que me apasiona)
para los críos que se sienten nerviosos ante su primera cita y practican en la mano unas chapuceras tentativas de beso
para los que buscan un amor y se desesperan y olvidan que el amor aparece sin más, que es indomable e imprevisible
para los que tienen miedo y no se arriesgan a dar el primer paso por vergüenza
para los abandonados
para los que tienen dudas (imagina un mundo sin esa persona)
para los que creen que el amor es una mierda
para los que maldicen su suerte
para los que nunca han amado
para los que nunca han sido amados
para los que amaron y creen que nunca podrán volver a hacerlo
para los casados que se amargaron en el camino (escucha a Solomon y luego dale un beso ciego a tu pareja y recupera la mirada de los primeros meses)
para los que extrañan otros labios y otra piel y otros sonidos
para los conformistas
para todos aquellos que no saben que el amor (cualquier clase de amor) es el motor de la vida


Everybody Needs Somebody to Love (Solomon Burke)




I'm so happy to be here tonight
so glad to be here in your wonderful city
I have a little message for you
and I want to tell every woman and every man tonight
that's ever needed someone to love
that's ever had somebody to love them
that ever had somebody's understanding
that's ever had someone to need your love all the time
someone that's with them when they're up
somebody that's with them when they're down
if you had yourself somebody like this you better hold onto them
let me tell you something
sometimes you get what you want
and you lose what you have
there's a song I sing
and I believe that everybody should sing this song you can save the whole world
listen to me

Everybody needs somebody
Everybody needs somebody
Everybody wants somebody to love
Honey to hug
Sugar to kiss
Baby to miss now
Baby to tease
sometimes to please yeah
and I need you you you
and I need you you you
in the morning baby you you you
when the sun goes down you you you
ain't no nobody around you you you

Whoa Sometimes I feel like
I feel a little sad inside
When my baby mistreats me
And I can't get a little little mad
but I need you you you
Just to see me through
somebody to hold my hand
when I feel a little lonely
oh baby say yeah

I say yeah yeah
yeah
somebody
I just want my woman to stand up and say I love you
I want someone to be a witness
I just want to say I love you
I just want somebody to say yeah

Tags: San Valentín, día de los enamorados, Everybody Needs, Somebody to Love, Solomon Burke

Publicado por elchicoanalogo @ 7:13  | Festividades
Comentarios (2)  | Enviar
Mi?rcoles, 11 de febrero de 2009
Tras Afraid of sunlight, Marillion entró en una época de discos irregulares donde alternaban grandes canciones con otras mediocres. This Strange Engine empezaba y terminaba con dos canciones espléndidas y en la mitad tenía Estonia, Radiation me aburrió cuando lo escuché, marillion.com tenía canciones interesantes como Interior Lulu, Go! o House mezcladas con otras que parecían de relleno. Al menos cada disco de Marillion era un intento de no repetirse, de buscar algo nuevo. Con Anoraknophobia regresó el productor Dave Meegan (Brave, Afraid of sunlight). Si bien el disco no llega a la calidad de sus primeras colaboraciones, había algo que apuntaba hacia la esperanza.

En su siguiente disco, Marbles, volvieron a utilizar la estrategia de vender el disco de manera anticipada (a cambio, enviaban la edición doble, extrañamente cercenada para su venta en tiendas, con 200 páginas de libreto y tu nombre en él. Como curiosidad, mi disco es el 12.772). En Marbles no hay resquicios para la duda, es uno de sus mejores trabajos, impecable, dan cabida a canciones épicas, Ocean Cloud, melodías melancólicas, Neverland, los retazos pop de Genie o Don´t Hurt Yourself, la locura de Drilling Holes o la ternura de Fantastic Place.

El disco comienza con una de mis canciones favoritas del grupo, The Invisible Man, trece minutos donde demuestran su potencial, todo lo que pueden llegar a dar como músicos. La voz de Hogarth pasa por varios matices, del susurrante al roto, Rothery aparece magistral en la guitarra, como los teclados de Mark Kelly, la base rítmica de Ian Mosley y Pete Trewavas es imaginativa. Una canción memorable.



The Invisible Man (Marillion)





The world's gone mad
And I have lost touch
I shouldn't admit it
But I have.
It slipped away while I was distracted
I haven't changed
I swear I haven't changed
How did this happen? I didn't feel myself
Evaporating...

My body has gone
But my eyes remain
Hovering. Witnessing.
Cold as a ghost ..watching the streets
Sheltering in doorways of
Venice, Vienna,
Budapest, Krakow, and Amsterdam

I have become the invisible man

The invisible heart beating against you
The invisible pulse silently thumping

I shout my name in the public places
No one seems to notice
No one understands
I stand perfectly still
In the middle of the road
I hold my nerve
I hold my nerve
Hold my nerve
But the cars don't swerve

I will hear your prayers
As you whisper alone
I am the one you felt was close
Close behind you in St. Stephen
You lit a candle
Blessings in the cold night air

I'll feel your breath as you turn to go
I'll watch you leave
From somewhere up high
As you cross the park
In the Autumn light
In the Autumn light
In the Autumn light

If I close my eyes
I can see where you live
Climb the winding stairs
Up to your apartment
The scent of you preparing
His evening meal
I must watch in dread
When he's cruel to you
In horrified silence
As you make love
I cannot lift a hand
Lift a hand to stop him
I don't exist What can I do?
What can I do?

I will scream in your ear
As you're passing by
I will wrap my arms around you
You won't hear, you won't feel me
I will walk stride for stride with you
I will try to help
When you stumble
You will stumble through me.

I have become the invisible man
It's all I am
Invisible

I have read all your letters
I know what you contain
I have dreamt your dreams
My head..
My head is haunted
I will scream again
"I am perfectly sane"
"I am perfectly sane"
But I am
The invisible man
I am
The invisible man

Talk to me
Acknowledge me
Confide in me
Confess to me ... or
Leave me be
Leave me be




La traducción en el Foro sobre Marillion

El hombre invisible

El mundo se ha vuelto loco
Y he perdido el contacto
No lo debería admitir,
Pero lo he hecho.
Se escabulló mientras estaba distraído.
No he cambiado
Te juro que no he cambiado
¿Cómo sucedió esto?

No me di cuenta
De que me evaporaba...

Mi cuerpo se ha ido,
Pero mis ojos se han quedado
Merodeando. Siendo testigos.
Frío como un fantasma...
Observando las calles
Refugiándome en los portales de Venecia, Viena,
Budapest, Cracovia y Ámsterdam.

Me he convertido en el hombre invisible

El corazón invisible latiendo contra ti.
El pulso invisible golpeando silenciosamente con fuerza.

Grito mi nombre en los lugares públicos
Nadie parece darse cuenta
Nadie lo entiende
Me quedo completamente quieto
En medio de la carretera
Aguanto los nervios
Aguanto los nervios
Aguanto los nervios
Pero los coches no me esquivan

Escucharé tus oraciones
Mientras susurras a solas
Yo era el que sentiste tener cerca
Cerca detrás de ti en St.Stephen
Encendiste una vela
Bendiciones en el frío aire de la noche

Sentiré tu aliento
Cuando te des la vuelta para marcharte
Observaré cómo te vas
Desde algún lugar en lo alto
Mientras cruzas el parque
A la luz del otoño
A la luz del otoño
A la luz del otoño

Si cierro los ojos
Puedo ver donde vives
Subiendo las escaleras de caracol
Que van a tu apartamento
El olor al prepararle
La comida por la tarde
Tengo que observar con pavor
Cuando es cruel contigo
En un horrible silencio
Mientras hacéis el amor
No puedo levantar la mano
Levantar la mano para pararle
No existo, ¿Qué puedo hacer?
¿Qué puedo hacer?...

Gritaré en tu oído
Cuando estés pasando a mi lado
Te estrecharé entre mis brazos
No me oirás, no me sentirás
Avanzaré contigo paso a paso
Trataré de ayudarte
Cuando te tropieces
Te tropezarás a través de mí.

Me he convertido en el hombre invisible
Es todo lo que soy...
...invisible

Me he leído todas tus cartas
Sé lo que llevas en tu interior
He soñado tus sueños
Mi cabeza...
Mi cabeza está angustiada
Gritaré otra vez:
“ESTOY COMPLETAMENTE CUERDO”
Pero soy
El hombre invisible
Soy
El hombre invisible

Háblame
Reconóceme
Confía en mí
Confiésate conmigo
Déjame ser
¡Déjame ser!

Tags: The Invisible Man, Marbles, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 20:32  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 10 de febrero de 2009
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince. 3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes. 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
Roberto Bolaño
Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Tags: arte de escribir cuentos, Roberto Bolaño

Publicado por elchicoanalogo @ 20:47  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
El sonido de mensajes de móvil en mitad de la oscuridad y el viento. El brillo verde sobre el techo de mi habitación. Los buenos deseos.
La risa cadenciosa y acogedora de Mariola, sus bromas sobre mi edad, su disfraz de hippie para carnaval, su voz que te rodea y te conmueve.
El Zorionak de mis padres y hermanas. Mi padre y su broma anual de tirarme de las orejas. Mi hermana pequeña y su buen gusto para la ropa (por fin ropa de mi talla después de los más de 30 kilos perdidos)
Oier intentando adivinar mi edad. Su voz de dibujos animados.
La voz musical, despreocupada y alegre de Clara cantando cumpleaños feliz veintitantos años después de la última vez.
Valkiria, de Bryan Singer. Una tarde cinéfila. Los niños jugando en la entrada del cine. El café cargado antes de la sesión. La vida y el murmullo alrededor.
Un atardecer bajo la lluvia y la voz de Blanca. Los montes que poco a poco desaparecían tras la niebla y la noche.
Mi pelo tímidamente mojado, las luces reflejadas en los charcos de la carretera y más mensajes de móvil. La radio retransmitiendo los partidos de fútbol en el autobús de regreso.
Diana desde Houston. Su voz sonriente, con buenas noticias y grandes proyectos de futuro.
Las últimas llamadas del día.
Me confiesan un secreto que me hace sentir vulnerable y menos ingenuo y extraño.
Sergio y yo hablando de mi edad y Lisboa. Viejos recuerdos de mi viaje.
El correo/disertación de Kike.
Los saludos en vídeo de Pablo y sus amigos desde Buenos Aires.
El vídeo…


Tags: cumpleaños

Publicado por elchicoanalogo @ 20:36  | Great White Way
Comentarios (2)  | Enviar
Lunes, 09 de febrero de 2009
Llega un momento en la vida en el que cumplir años se vuelve una tarea rutinaria, un paso del tiempo insulso, como si uno hiciera mecánicamente lo que ha hecho durante lustros, siempre lo mismo. Hasta que llegas a una edad en la que dices: Bueno aquí ya solo queda la mitad o menos (mi crisis de los 40). Y empiezas a intentar hacer todo lo que no has hecho en la vida, tarea absurda pues si no lo has hecho hasta ahora será por algo, probablemente porque tus convicciones y principios hasta este momento te indicaban que ese era el camino que debías seguir. Por fortuna las convicciones y principios pueden variar mientras uno está vivo y se puede uno ciscar en sus principios veinteañeros o en los de cualquier otra época de su vida, lo cual no quiere decir que fueran erróneos, son distintos, porque distinto es también nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y la química de nuestro organismo; la producción de hormonas es distinta, la composición de las drogas generadas en nuestro cuerpo para excitar al cerebro también e incluso las que anulan voluntades y crean otras y es lo que llamamos amor, ese estado placentero fruto subjetivo de unas percepciones sensoriales que muchas veces son objetivas, como la contemplación de un cuadro, oír una pieza o leer un libro. El cuadro, la pieza y el libro son para todos iguales, son el mismo pero en cada individuo crea una sensación distinta que en algunas ocasiones produce placer. Esto es con lo que me quedo de la vida, la persecución de esos momentos en los que uno se siente vivo gracias al placer que ha generado nuestro cuerpo. Parece vacuo, y es así, pero es lo poco a lo que podemos asirnos para darle un sentido a la vida. Por lo que te conmino a seguir cumpliendo años persiguiendo tus deseos y esquivando las penas.
Kike García
Disertación


Publicado por elchicoanalogo @ 11:14  | Voces amigas
Comentarios (2)  | Enviar
S?bado, 07 de febrero de 2009
Hay canciones que me ponen de buen humor y alejan cualquier sentimiento extraño. Solsbury Hill, de Peter Gabriel me hace bien, me hace sonreír y mover mis pies arrítmicos.



Solsbury Hill (Peter Gabriel)




Climbing up on Solsbury Hill
I could see the city lights
Wind was blowing, time stood still
Eagle flew out of the night
He was something to observe
Came in close, I heard a voice
Standing stretching every nerve
Had to listen had no choice
I did not believe the information
I just had to trust imagination
My heart going boom boom boom
"Son," he said "Grab your things,
I've come to take you home."

To keepin' silence I resigned
My friends would think I was a nut
Turning water into wine
Open doors would soon be shut
So I went from day to day
Tho' my life was in a rut
"Till I thought of what I'd say
Which connection I should cut
I was feeling part of the scenery
I walked right out of the machinery
My heart going boom boom boom
"Hey" he said "Grab your things
I've come to take you home."

When illusion spin her net
I'm never where I want to be
And liberty she pirouette
When I think that I am free
Watched by empty silhouettes
Who close their eyes but still can see
No one taught them etiquette
I will show another me
Today I don't need a replacement
I'll tell them what the smile on my face meant
My heart going boom boom boom
"Hey" I said "You can keep my things,
they've come to take me home."

Traducción en este enlace:
http://letras-traducidas.net/solsbury-hill-peter-gabriel/

Tags: Solsbury Hill, Peter Gabriel

Publicado por elchicoanalogo @ 0:01  | Canciones
Comentarios (4)  | Enviar
Viernes, 06 de febrero de 2009
Wilkie Collins, autor de novelas memorables como La piedra lunar o La dama de blanco, escribió numerosas historias breves en las que abunda el terror y lo sobrenatural. En el inolvidable relato de La dama del sueño, Isaac Scatchard la noche anterior a su 40 cumpleaños sueña con una mujer de gran belleza intentando matarle con un cuchillo. Siete años después conoce a Rebecca quien se convierte en la realidad en el mortal peligro anunciado en el sueño.


En La dama del sueño se recopilan cuatro relatos que basculan entre los fantasmagórico y lo misterioso. Tres de ellos ya aparecían en La reina de corazones

La dama del sueño. Es un relato excelente, con una gran atmósfera de pesadilla, y un personaje principal sin suerte que parece abocado a no poder dormir por la incertidumbre de ser encontrado por una mujer que primero fue un sueño.

¡Volar con el bergantín! Mi relato favorito de los cuatro. Es un impresionante relato de suspense y tensión, un hombre atado y amordazado en la bodega de un barco, rodeado por barriles de pólvora, con una vela que se va consumiendo poco a poco. Un relato conciso, que va in crescendo y que es capaz de hacer sudar al lector. 

Fauntleroy. Es el relato que menos me ha gustado. En una pequeña reunión se cuenta la verdad sobre un hombre, Fauntleroy, que es tomado como ejemplo de villano. Es de esos relatos que se disfrutan al recordarlo más que al leerlo, cómo y por qué realizó todos aquellos sacrificios por una persona, cómo soportaría la visión que tenían lo demás de él.

La mano muerta. Otro gran relato de suspense con toques de terror. Un hombre se aloja en una posada en la única habitación libre. En la cama de al lado, un cadáver. Y fuera, la lluvia. Wilkie Collins es un maestro en jugar con los elementos de la naturaleza y unirlos a la acción. El relato tiene un gran tono de suspense y miedo, por momentos me recordó a Poe.

En resumen, un pequeño gran libro de relatos y un ejemplo de por qué a Borges le entusiasmaba la obra de Wilkie Collins.





Isaac cerró la puerta con llave, dejó la vela sobre la cómoda y se dispuso a acostarse. El helado viento otoñal seguía soplando y su gemido solemne, monótono y creciente que recorría el bosque, era triste y lúgubre de oír en el silencio de la noche. Isaac se sentía extrañamente desvelado. Cuando se tendió en la cama, decidió dejar la vela encendida hasta que empezara a adormilarse, porque había algo deprimente, que podía llegar a ser insoportable, en la idea de permanecer despierto a oscuras, oyendo el gemido fúnebre e incesante del viento en el bosque. 
Wilkie Collins
La dama del sueño y otros relatos (traducción de Manuel Giménez y Ani Fabré. Ediciones Obelisco)

Tags: La dama del sueño, Wilkie Collins, Manuel Giménez, Ani Fabré, Ediciones Obelisco

Publicado por elchicoanalogo @ 8:58  | Libros...
Comentarios (6)  | Enviar
Jueves, 05 de febrero de 2009

Si yo muriera joven,
sin poder publicar libro alguno,
sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
pido que, si se quisiesen molestar por mi causa,
no se molesten.
Si así ocurrió, así es verdad.

Aunque mis versos nunca sean impresos
tendrán su propia belleza, si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos y quedar por imprimir,
porque las raíces pueden estar bajo la tierra
pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza. Nada puede impedirlo.

Si yo muriera muy joven, oigan esto:
nunca fui sino una criatura que jugaba.
Fui gentil como el sol y el agua,
de una religión universal que sólo los hombres no conocen.
Fui feliz porque no pedí ninguna cosa,
ni procuré hallar nada,
ni hallé que hubiese más explicación
que la de que la palabra explicación no tiene ningún sentido.

No deseé sino estar al sol o a la lluvia,
al sol cuando había sol
y a la lluvia cuando estaba lloviendo
(y nunca la otra cosa).
Sentir calor y frío y viento,
y no ir más lejos.

Una vez amé, pensé que me amarían,
pero no fui amado.
Pero no fui amado por la única gran razón:
porque no tenía que ser.

Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
y sentándome otra vez en la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes para los que son amados
como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.
Fernando Pessoa
Si yo muriera joven



Se eu morrer novo

Se eu morrer novo,
sem poder publicar livro nenhum
Sem ver a cara que têm os meus versos em letra impressa,
Peço que, se se quiserem ralar por minha causa,
Que não se ralem.
Se assim aconteceu, assim está certo.

Mesmo que os meus versos nunca sejam impressos,
Eles lá terão a sua beleza, se forem belos.
Mas eles não podem ser belos e ficar por imprimir,
Porque as raízes podem estar debaixo da terra
Mas as flores florescem ao ar livre e à vista.
Tem que ser assim por força. Nada o pode impedir.

Se eu morrer muito novo, oiçam isto:
Nunca fui senão uma criança que brincava.
Fui gentio como o sol e a água,
De uma religião universal que só os homens não têm.
Fui feliz porque não pedi cousa nenhuma,
Nem procurei achar nada,
Nem achei que houvesse mais explicação
Que a palavra explicação não ter sentido nenhum.

Não desejei senão estar ao sol ou à chuva -
Ao sol quando havia sol
E à chuva quando estava chovendo
(E nunca a outra cousa),
Sentir calor e frio e vento,
E não ir mais longe.

Uma vez amei, julguei que me amariam,
Mas não fui amado.
Não fui amado pela unica grande razão -
Porque não tinha que ser.

Consolei-me voltando ao sol e a chuva,
E sentando-me outra vez a porta de casa.
Os campos, afinal, não são tão verdes para os que são amados
Como para os que o não são.
Sentir é estar distraido.


Tags: Si yo muriera joven, Fernando Pessoa

Publicado por elchicoanalogo @ 9:08  | Poes?a
Comentarios (4)  | Enviar
Mi?rcoles, 04 de febrero de 2009
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos ha aprendido a conocer la selva y sus leyes, a respetar a los animales y a los indígenas que la pueblan, pera también a cazar el temible tigrillo como jamás ningún blanco pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor---del verdadero, del que hace sufrir--- que dos veces al ano le lleva el dentista Rubicundio Loachamin para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez. En ellas intenta alejarse dentro de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes, pero no saben como enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado sus crías.


En un par de horas se puede leer Un viejo que leía novelas de amor y acompañar a Antonio José Bolívar Proaño por sus recuerdos, su vida en la selva amazónica y su tierna afición por las novelas amorosas. 

Luis Sepúlveda crea un personaje entrañable con el que pronto te encariñas, un hombre sencillo que aprende a acercarse a la naturaleza, a convivir en la selva y encontrar su hogar entre los shuar, el río desmedido, la vegetación inacabable. Entre jirones de recuerdos conocemos su peregrinaje en busca de una oportunidad, cómo aprende a vivir sin las reglas de la civilización, su pasión por las novelas que tratan de amores dolorosos.

Hay un amor desmedido por la naturaleza, por conservar aquello que nos recuerda y nos ata a quiénes somos, una evidente tristeza por un mundo que se desintegra (Antonio José Bolívar se ocupaba de mantenerlos a raya, en tanto los colonos destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto) y un amor por los libros sin igual, capaz de hacer remontar un libro al bueno de Antonio José Bolívar para hacerse con alguno y quedarse boquiabierto ante una modesta biblioteca.

Es hermoso ver cómo lee Antonio José Bolívar sobre lugares que desconoce, cómo intenta comprender qué es Venecia o una góndola, hacerse una idea de ciudad y de besos ardientes. Es hermoso este viejo que leía novelas de amor, hermoso y triste. 





Antonio José Bolívar Proaño sabía leer, pero no escribir.
A lo sumo, conseguía garrapatear su nombre cuando debía firmar algún papel oficial, por ejemplo en época de elecciones, pero como tales sucesos ocurrían muy esporádicamente casi lo había olvidado.
Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas.
Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuan hermoso podía ser también el lenguaje humano.
Leía con ayuda de una lupa, la segunda de sus pertenencias queridas. La primera era la dentadura postiza.

( … )

Se emocionó de ver tanto libro junto. La maestra poseía unos cincuenta volúmenes ordenados en un armario de tablas, y se entregó a la placentera tarea de revisarlos ayudado por la lupa recién adquirida.
Fueron cinco meses durante los cuales formó y pulió sus preferencias de lector, al mismo tiempo que se llenaba de dudas y respuestas. ( … )
El Rosario, de Florence Barclay, contenía amor, amor por todas partes. Los personajes sufrían y mezclaban la dicha con los padecimientos de una manera tan bella, que la lupa se le empañaba de lágrimas.

( … )

- ¿V
erdad que sabes leer, compadre?
-Algo.
- ¿Y qué estás leyendo?
- Una novela. Pero quédate callado. Si hablas se mueve la llama, y a mí se me mueven las letras.
El otro se alejó para no estorbar, mas era tal la atención que el viejo dispensaba al libro, que no soportó quedar al margen.
- ¿De qué trata?
- Del amor.
Ante la respuesta del viejo, el otro se acercó con renovado interés.
- No jodas. ¿Con hembras ricas, calentonas?
El viejo cerró de sopetón el libro haciendo vacilar la llama de la lámpara.
- No. Se trata del otro amor. Del que duele.

Luis Sepúlveda
Un viejo que leía novelas de amor (Tusquets)

Tags: viejo leía novelas amor, Luis Sepúlveda, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 10:37  | Libros...
Comentarios (5)  | Enviar
Lunes, 02 de febrero de 2009

Un año de Después del naufragio. En un año, además de mis desvaríos, viajes y lecturas, he agregado las palabras de gente que quiero. Aquí están los poemas de Mariola y sus relatos cortos, ganadores de un par de concursos; junto a mis palabras, las de Iñaki, que me las enviaba por correo para que las dejara en el blog; la mirada de Blanca en una fotografía que quedó segunda en un concurso; los sentimientos de Gabriela en sus poemas y cuentos que son como fotogramas, trazos inacabados; Pablo me habló del arte del mate y sus significados ocultos; Lorena puso su voz en un par de canciones de su grupo 3 de corazones y su hermana Luciana, un poema; los pensamientos sobre raíles de Jesús se cruzan con mis desvaríos y su oda al pescaíto frito le da un toque de humor y luz gaditana a esta página; Andrea ha dejado su ternura en un cuento otoñal y rescaté un correo de Leslie sobre su abuelo conmovedor; Esther me permitió compartir Ayer y Guillermo Monti me envió su cuento influenciado por Moby Dick y Melville. Este blog tiene otras palabras, otras miradas diferentes a la mía. Es lo que me gusta.


El blog en cifras. 385 artículos, 26.116 visitas a los artículos y 316 comentarios (la mitad míos, obvio ). Las cifras, como siempre, parecen frías. Esta página es un lugar modesto, pequeño.



Publicado por elchicoanalogo @ 13:20  | Great White Way
Comentarios (7)  | Enviar
Domingo, 01 de febrero de 2009
La lluvia enrojecida por las luces de las farolas.
La voz de Steve Hogarth en Beyond you (si fueras un bebé te escondería en los pliegues de mi corazón… )
La luz amarillenta y cansada de diciembre.
Los cumpleaños disfrazados de vaqueros e indios.
El último beso, porque el primero está en tu recuerdo y el último aún en tus labios, palpitante, húmedo, tierno, ilimitado. El primer beso, por la explosión desconocida.
Ver tu reflejo en los ojos de quien amas.
Los regalos fuera de temporada: Un dibujo de tu sobrino, unas manoplas de lana de una peruana loca, un libro de Woody Allen de quien al principio sólo era unas palabras que luego fueron una voz y que se convirtieron en un abrazo de mi amiga Auro.
Las dedicatorias de los libros, una historia detrás de cada nombre, de cada frase.
Un camino. Cualquier camino. Un horizonte infinito. Sólo tú y tus pasos, sin pasado que recordar, sin futuro, porque el futuro cambia con cada paso.
Los viajes relámpago para estar con los amigos.
Mi familia.
Las llamadas de madrugada, la tenue luz azulada del televisor sobre las paredes oscuras y estrellas titilantes en la ventana.
El vuelo despreocupado de una gaviota sobre la superficie del mar y cómo remonta los acantilados.
Los capones de Mariola.
Richard Ford. Sin más.
El cielo de Galicia, las luciérnagas en el camino y las estrellas quebradizas con su código morse.
Los desvaríos de Oliverio Girondo. Mujeres voladoras, llorar a lágrima viva, todo era amor…
Las tardes de río, la hierba bajo tu piel, las libélulas que pasan ante tus oídos, las arañas de agua.
Una serpiente enredada entre tus piernas y un cocodrilo encerrado en una sala de reuniones (las entrevistas más curiosas en mi época de Tele7).
Las manos de Neil Peart cuando toca la batería.
Echar a andar por el placer de hacerlo y acabar a 22 kilómetros de casa, con Iñaki fumando un cigarrillo tras otro.
Las llamadas, años atrás, de Gabriela sólo porque me extrañaba y quería escuchar mi voz (tan neutra, tan pastosa y que a ella le gustaba).
El corazón yendo boom, boom, boom (estoy escuchando Solsbury Hill, de Peter Gabriel)
La madrugada acariciando la mano de mi sobrino recién nacido y él que me agarró el dedo y ya no la soltó hasta que tuvo hambre.
La ignominia que rodea a Kike y nuestras conversaciones sobre Bukowski.
Los gatos callejeros que te persiguen para que les des comida y mimos (Gertrudis)
El hombre tranquilo, de John Ford.
El sonido de una locomotora, la finitud y la aventura que traen consigo.
La sensación de estar en casa, ya sea en Ortuella, la Ribeira, Tucumán, Compostela o en el camino.
Pasar una tarde en un aeropuerto y ver cientos de reencuentros, de despedidas, de abrazos, lloros, emociones desatadas, ahí recordamos que lo que realmente importa son las personas que queremos.
Las sonrisas de Clara y Jacqui, la mirada infinita de Blanca, como de horizonte, los cuentos de Carolina.
The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum, de King Crimson.
Las segundas oportunidades. Volver a saber de ti 15 años después de nuestro último encuentro.
Cualquier buena historia, ya sea en cine, hojas o a viva voz (mi abuelo recordando la emboscada que sufrió en la guerra civil, mi tío Carlos y sus bromas, mi tío Polo, hablador incansable).
Los encuentros con Sergio. Dos días sin verle y es un caudal de noticias y sorpresas.
Fat city, de John Huston.
Encontrar libros descatalogados en una feria de ocasión (La roja insignia del valor, El tesoro de Sierra madre) y dar un salto de emoción.
Las veces donde me siento ante esta pantalla y dejo mi mente en blanco y, de repente, cientos y miles de palabras en pequeños cuentos de infancia o muerte.
Las mujeres habladoras.
Las huellas en mi piel.
The Analog Kid, de Rush. Cuando Geddy Lee canta aquello de la chica de ojos aduladores y piernas bronceadas baila al final de su sueño. El solo de Alex Lifeson.
El suelo nevado, el sonido de la nieve quebrada, la blancura que te devuelve a la infancia.
Los momentos donde creemos que no podemos más y comprobamos que sí, que podemos un poco más, que somos más fuertes de lo que creemos, y esperamos a que vuelvan las fuerzas para salir adelante.
Volver a casa, donde sea que esté.
El amor, porque si la vida merece la pena es por el amor.

Publicado por elchicoanalogo @ 21:54  | Great White Way
Comentarios (4)  | Enviar