A veces busco en el orden de mi habitación cierto orden interior, como si colocar cada libro, película, papel o foto en su lugar me ayudase a hacer lo mismo con mis emociones y pensamientos.
Bajé los libros que estaban sin sitio en las estanterías, colocados en torres sobre las baldas, rozando el techo. A través de la ventana veía caer las finas capas de lluvia. Entraba una luz blanquecina, casi gris. Alguno de esos libros lleva conmigo más de 20 años. Las historias tragicómicas de Tom Sharpe, mis escarceos con los textos filosóficos de Aristóteles o Nietzsche, las novelas de acción rápida en mitad de la segunda guerra mundial o un viaje en el tiempo al reino de Arturo y sus caballeros. Limpié las tapas, las hojas tan amarillas como los árboles en otoño, leí párrafos al azar, me reí con las ocurrencias de Wilt y recordé a Fernando Martín Espina, “el 10”. Aún me falta colocar los libros por autores y países, un orden estricto para poder ubicar con facilidad cada libro. Pensé en cómo me gustaría hacer lo mismo con mis sentimientos y recuerdos. Un orden estricto para saber dónde buscarlos.
Cuando hago limpieza aparece lo inesperado. Recuerdos de mis viajes. Fui a por media docena de sobres. Coloqué en los sobres los recuerdos de cada lugar visitado. Los billetes de avión o autobús, facturas de los libros comprados, los llaveros y los calendarios, los abones de transportes, las fotografías. Cada sobre/ciudad separado del otro. Como compartimentos estancos. Y mi vida es así, una sucesión de compartimentos estancos que no se cruzan ni se mezclan.
No sé, tal vez fuera el polvo de los libros, sentía un nudo en la garganta, como si estuviera a punto de llorar, ese instante anterior a la primera lágrima. La fugacidad del tiempo, la imposibilidad de atrapar algunos momentos de mi vida y revivirlos, ciertos aspectos de mi pasado casi olvidados, tanto los entrañables como los duros, algunas personas que nunca volverán a estar, la única foto que guardo de Gabriela, una foto de carné en blanco y negro de hace 20 años, cuando era niña.
Aún me queda ordenar las cartas recibidas en los últimos meses, separarlas por remitentes, dejar a un lado las que aún no he respondido para hacerlo en las próximas semanas, anotar en un mapa las ciudades desde las que Carolina me envió una postal y escribir sobre esos viajes, sobre ese recorrido del que soy testigos desde hace seis años. Aún me queda la parte más personal.
(Tiré a la basura papeles y recuerdos. Necesitaba deshacerme de algunas cargas que guardaba. Mandar todo a la mierda y empezar de cero. A veces quiero eso, empezar de cero, pero justo cuando pensaba en esa idea, un sobre de Clara con dos libros. Y lo primero fue mirar su letra (su voz), elegir Nubosidad variable como lectura y luego buscar un lugar donde ubicarles. Fue como despertar. No hay orden posible, en cualquier momento un acontecimiento externo puede con él. Y el caos tiene cierta belleza.)
Woke Up (Marillion)
Woke up in a city that doesn’t sleep
Full of rain
You woke me up
Woke up in a city down by the sea
Like a dream
You woke me up
I woke up in a city full of snow
And history and beauty and Christmas-lights and cold
With angels that come when all is lost
In golden light at dead of night
They take you home
And I woke up
I woke up
Woke up in a city that doesn’t sleep
You woke me up, You woke me up, You woke me up
And I woke up in a city by the sea
You woke me up, You woke me up, You woke me up
You woke me up
I woke up in a city full of rain
The world had stopped
I woke up to feel no pain
Day from night
Anti-gravity and light
It’s so clear, just what I’m doing here
The blinding obvious is what you showed to me.
Traducción en The Web Spain Tags: Woke Up, happiness is the road, Marillion