Viernes, 13 de marzo de 2009
Los deslumbrados lectores de Catedral, primer libro publicado en España de Carver, reencontrarán en De qué hablamos cuando hablamos de amor la atmósfera y los personajes de un autor que dominó indiscutiblemente el panorama literario norteamericano de los años 80. Parejas que se despedazan, compañeros que parten desesperadamente a la aventura, hijos que intentan comunicarse con sus padres, un universo injusto, violento, tenso, a veces irrisorio... En palabras de Roberto Fernández Sastre, Carver no designa lo intolerable, sino que lo nombra. Sin concesiones hacia nada ni hacia nadie, rescata lo real en su esencialidad amorfa y brutal.


Mi primer Carver. Había leído algún relato suyo en la antología del cuento norteamericano que montó Richard Ford, además de la adaptación de varios de sus relatos en la película Vidas Cruzadas de Robert Altman. Pero De qué hablamos cuando hablamos de amor es mi primer acercamiento serio a Raymond Carver. Y estoy alucinado y sorprendido, aún trato de digerir lo leído.

Aquí no hay relatos al uso, una coherencia de una historia con presentación, nudo, desenlace, unos personajes que empiezan y terminan algo. No. Aquí hay trozos de vidas tomados al azar, retratos de supervivientes, de seres solitarios o desahuciados, de gente que va por la vida intentando comprenderla o sencillamente superarla. Relatos que parecen inconclusos, que son conversaciones que parecen intranscendentes, personas cercanas, de carne y hueso, identificables.

Hay una violencia soterrada en muchos de los relatos que no termina por estallar, y cuando lo hace es de forma arbitrario y total, una austeridad en la forma de escribir que me recordó a McCarthy, son pinceladas de la vida gris y sucia de un puñado de supervivientes. Cada cuento es un acercamiento a lo complicado en las relaciones, no sólo de amor, también de amistad o familiar.

Merecen la pena estos relatos/retratos de Raymond Carver.





Bien, entonces la besé. Le incliné la cabeza sobre el respaldo del sofá y la besé, y aún siento su lengua moviéndose inquieta para meterse dentro de mi boca. ¿Comprendes lo que digo? Uno puede vivir obedeciendo todas las normas y un buen día, de pronto, nada importa un pimiento. Se te acaba la buena estrella, ¿entiendes?

( ... )

Él ve reflejado en el cristal cómo ella se estudia las uñas. Luego ella levanta la cabeza. Pregunta con viveza si le va a enseñar la ciudad, de todas formas.
Él asiente: ponte las botas y vámonos.
Pero se queda en las ventana, recordando. Habían reído. Se habían apoyado el uno en el otro y habían reído hasta que se les saltaron las lágrimas, mientras todo lo demás –el frío y el lugar adonde él iba a ir- quedaba fuera. Al menos durante cierto tiempo.
Raymond Carver
De qué hablamos cuando hablamos de amor (traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)

Tags: Raymond Carver, Jesús Zulaika, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 19:20  | Libros...
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