Domingo, 22 de marzo de 2009
Un escritor siempre muy ocupado y alejado viene a pasar unos días con sus hijos, un muchacho adolescente y una joven con problemas mentales, casada con un médico que la cuida con gran ternura. Los días de estancia en una isla durante un hermoso verano, se convierten en momento de crisis para todos y especialmente para el padre, que es confrontado con su incapacidad de darle a su familia lo que de él requiere. (Filmaffinity)


Todo acercamiento al cine y la figura de Ingmar Bergman me produce cierta incertidumbre, congoja y pequeñez. Cierto sentido de no estar a la altura y de no ser capaz de entender y completar todas las lecturas de su obra. Tal vez se deba a que llegué al cine de Bergman de manera temprana, en plena adolescencia, cuando vi una de sus películas para la televisión, Los dos bienaventurados, y que me atrajo y me desconcertó a partes iguales. No entendí nada pero me sentí fascinado e hipnotizado por aquellas imágenes. Luego, en la cinemateca, la avalancha de su cine, la angustia de Prisión, el surrealismo de El rito, la agonía de Gritos y susurros. Y siempre esa imagen donde me sentía pequeño y atenazado, como en un umbral de un espacio al que no consigo acceder y cuyo interior me parece hermoso, distante, una parte de mí que no puedo expresar en palabras.

Hay pocos directores que consigan aunar la imagen con la palabra como Bergman, profundizar en las relaciones de los personajes entre sí a través de los diálogos y su posición ante la cámara/espejo. Siempre me ha sorprendido esa capacidad de Bergman por adecuar la palabra en la imagen, por que no haya una quiebra entre ambas. A un diálogo intenso siguen imágenes poderosas e inolvidables.

En Como en un espejo aparece parte de la imaginería de Bergman, la isla, el faro, las representaciones teatrales, los personajes encuadrados (¿enjaulados) en primeros planos, los claroscuros. Un escritor regresa de Suiza para estar una temporada con sus hijos Minus y Karin y el marido de ésta, Martin. En el inicio, plácidas imágenes de la superficie en calma del mar que pronto reflejan nubes. Poco a poco nos adentramos en la realidad de cada uno. David, el escritor, tiene que convivir con el vacío, con explicar el silencio del creador (creador/dios, creador/artista). Minus, un adolescente que escribe obras de teatro y escarcea en la sexualidad a través de revistas eróticas siente el silencio, la ausencia y distancia del padre. Karin tiene una enfermedad mental, vaga de un mundo irreal a la realidad. Martin, el marido, es un hombre tranquilo y a la vez rodeado de un mundo en permanente cambio y explosión. Cuatro personajes que apenas salen de una casa/jaula en la costa de la isla, un hermetismo extremo (un personaje encerrado en sí, encerrado en una casa, encerrado en una isla).

Hay una interesante reflexión sobre el papel del artista. David quiere seguir la enfermedad de su hija, ver la degradación, tomar nota de todo el proceso, una forma de encontrar un punto donde apoyarse para crear, algo ajeno a sí mismo y que no comprende. David intentó suicidarse en Suiza, estar ante el vacío y traspasarlo. Por azar no lo consiguió. Eso provocó un cambio en él.

Karin se encierra en una habitación del segundo piso. La primera vez que la vemos en ella amanece, el brillo del agua se refleja en las paredes y ella, sentada, parece que está en una posición de masturbación. En esa habitación ella se mueve de la realidad al mundo de su cabeza, otra habitación donde la gente imaginada espera a alguien, un ser especial, están casi seguros que ese ser debe ser dios. Y es que en esta película Bergman habla de dios, de las dudas y su silencio, de ese estar desnudo ante el vacío y con qué se puede llenar. Karin sufre por su locura, por habitar dos mundos (encerrada en dos mundos conectados por una puerta ilusoria, la mente, y real, la puerta de la habitación grande donde se esconde), por la esperanza de un dios y cómo en su crisis lo ve como una araña que intenta penetrarla.

Minus sufre que la realidad se agrieta cuando su hermana lo seduce y mantienen un encuentro sexual dentro del casco de un barco naufragado, imagen cautivadora, poética, uterina. En el final hablará con su padre sobre dios y el amor, encontrará algo que llevaba buscando hacía tiempo, que su padre (creador) le hablara.

Película sobre (el silencio, la duda de) dios, el vacío y el deseo, como siempre me quedo en la superficie, en el umbral de Ingmar Bergman.




Tags: Como en un espejo, Ingmar Bergman

Publicado por elchicoanalogo @ 0:39  | Cine
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