S?bado, 28 de marzo de 2009
El correo de Arantza…
Este es un e-mail tarado y demente... Lo escribo por entregas así que algunos temas quizás estén obsoletos...
Tu historia de Satie es tan bonita como todas las historias de uno mismo. No me esperaba ni despedidas a lo Bogart ni amaneceres anaranjados, ni puestas de sol con luna, la verdad. En la memoria, y gracias a dios (el que sea), los recuerdos se embellecen de un modo aún mejor, cuasi-perfecto, a través de cómo somos. Y como tengo tiempo - no lo tengo, debería estudiar pero me rebelo!- y me apetece, voy a filosofar; vamos, a soltarte la chapa como cuando íbamos en el bus a la uni o en los pasillos. Y tú tan calladito, pobrecito que seguro nunca te dejé meter baza, conociendo mi mínimo de palabras por segundo!
Me alegro de que aceptases el reto... Has salido bastante airoso, la verdad. Qué modestia la tuya diciendo que no estabas inspirado... menos mal! En un arranque de dicha máxima, me habrías escrito el guión de Qué bello es vivir II! (Víctima de los 80, la década de las sequels!). Me he deleitado leyéndote varias veces. Una lectura que me ha dejado grata y sorprendentemente ligera acostumbrada como ya estoy a tus días de gotas pesadas de interminables recorridos, nubarrones horizontales, personajes tan grises como Bilbao en Enero. Estarás descubriendo un nuevo universo menos nublado, Fer? Anyway, cualquiera que sea tu universo, me encanta que lo compartas conmigo!
En cuanto al último relato, no lo tires por favor! Bueno o tíralo, si te apetece chico, aunque a mí me gustó. Verás sufro de síndrome de Diógenes y lo guardo todo! Así que quizá no sea la más indicada para decirte de qué te tienes que deshacer. Sólo una pequeña critica: tengo la sensación de que repites el mismo patrono en todos tus relatos aunque te hayas lanzado a cambiar el tono en el reto que te lancé. A veces la narración se hace tan íntima y privada que como lectora siento que invado un espacio que no me pertenece y del que me faltan datos para poder comprenderlo. Está bien como ejercicio de exploración del alma, catarsis necesaria pero alguna vez has pensado en ponerte en el papel del otro? o de otro? o de otros? Cómo cambiaría tu relato? Aquí te lanzo otro reto, pues. (Te doy permiso para odiarme y mandarme a paseo cuando quieras, ya sabes donde hay confianza da asco...).
He estado hurgando en la memoria (te puedes creer que tenido que buscar si hurgar llevaba "h" o no?). Antes de que me dé vuelta el cerebro definitivamente y tenga que llevar Tena Ladies, quiero compartir estas "margaritadas" (1) (con tu permiso por usar tu? término, anoto a pie de página la bibliografía conocida del término y posibles referencias, ante todo rigor científico!). Verba volant, scripta manent!
Recuerdo una camisa amarilla que siempre llevabas por fuera (rebelde con causa y posible fashion victim?) y una camiseta negra de MotorHead. Pura contradicción lo tuyo! Recuerdo que comías palmeras de chocolate en los recreos del insti... Me pregunto cuánto ocupa este recuerdo en mi memoria RAM, quizá algún día sea relevante, mejor no lo deshecho... Te sentabas delante mío (no sé de qué curso hablo; todo parece uno), Iratxe Rodríguez y Diana, junto a quién no lo recuerdo. Orallo, quizás? El humo del pasillo, ay Fer cuánto tragaste tanto en el insti como en la uni! Ahora que me ha entrado algo de cordura, me siento un poco responsable del estado de tus pulmones... Espero compensártelo algún día con una buena pitanza sin queso, claro. Y de qué solíamos hablar? Cine, recuerdo, especialmente tú y Diana dándole al séptimo arte mientras otras dos se comían a besos, otros comían el bocata y los demás miraban con hambre no se sabe bien si de bocata ajeno o de las bocas de las féminas. Exámenes y demás... Nunca fui una estudiante brillante, la verdad, tan preocupada por el trabajo como vosotros, creo recordar...
Recuerdo las cintas de cassette que me prestaste Toto y Foreigner... Siempre asocio África contigo, ya ves... Aunque I wanna know what love is, tampoco la destierro. Tú y tu Heavy Metal...  MotorHead, Metallica... Para mí erais una combinación de lo más variopinta! Cómo un chico como tú podía entregarse a ese desenfreno infernal? Tan tímido y reservado... Siempre te intenté imaginar sacudiendo un melenón cardado y tocando una guitarra de aire pero aquella imagen no iba muy bien con mi concepto de ti, la verdad... Pero me parecía divertida y aún hoy en día te veo un poquito así, desenfrenado pero con el ventolín cerca! Qué escuchaba yo entonces? Bueno, mi gusto para la música es tan caótico, pésimo y dispar ahora como lo era entonces, aunque con los años me reconcilié con mi pasado y volví a recuperar algo de "gusto " escuchando a The Doors, Deep Purple, Simon & Garfunkel, The Beatles, mi Janis Joplin, Kansas, Boston, italianos enamorados y despechados como Cocciante, todo cortesía de mis dos hermanos mayores... En el insti, era adolescente colgada de los New Kids on the Block, música folk celta de los bretones Gwendal, Vivaldi - cómo no, aún me flipa bailar como loca las Cuatro Estaciones-, rap y el hip-hop de Marky Mark y el único concierto que he pagado en mi vida Public Enemy, mil pelas la entrada! Arrested Development y Everyday People; Bob Marley; Heart, All I wanna do ... (una horterada de canción ahora que entiendo la letra pero aún la escucho!). La influencia de Diana en Madonna, Jesús! Las tardes de sábado en Portu con mi amiga Yoli en el Boxer descubriendo el funky hortera de los 70 (Born to be alive y Cuba, quiero bailar la salsa), donde escribíamos nuestra amistad en la pared para luego desfogarnos bailando en el Obsession, siempre una hora antes de los lentos porque había que dejarse ver... Aquellos adolescentes torpes, sin preocupaciones, con los que todo era blanco o negro. Recuerdo las fiestas del insti en la playa, bailando con Bautista un lento... Me muero de la risa! "Que no muerdo!", me decía... Supongo que quizá todos tendríamos pretensiones un tanto "oscuras" en aquellos momentos, sin embargo me parece recordar que primaba la camaradería sobre cualquier objetivo más carnal y eso nos hacía realmente libres, Fer. Y todos juntos en la pista de baile, y otros sentados en los sofás guardándonos el sitio...
Recuerdo a Holden Caulfield. Cómo me impactó descubrir un modo de ver la vida tan políticamente incorrecto y que nadie le hubiera fulminado del mapa al tío! Yo, siempre en mi sitio, siendo protagonista secundaria de una visión del mundo que nunca me atreví a confesar o admitir. Me cayó fatal la primera que leí la historia, por aquello de ser tan, no sé, honesto? Y sin embargo, ese mismo verano volví a leerlo y entonces creo que comprendí que en mi mundo secreto de ensoñaciones perfectas había lugar para esa rebelión que quizá algún día podría llevar a cabo. Viva Holden! Recuerdo Cinco horas con Mario, otro préstamo tuyo. Me resultó tan cercana la experiencia siendo tan sólo una adolescente. El rencor de toda una vida y me juré a mí misma que yo no tendría esas cinco horas con nadie! Y entonces pasé a los libros prohibidos de mi hermana. Bendito el día que se hizo socia de Círculo de Lectores... Es gracioso cómo los padres te ven todo el día pegada a un libro y piensan en lo lista y cultivada que es una sin darse cuenta de que Las Edades de Lulú no es precisamente un cuento para niñas recatadas. Mi madre le daría un mal si supiese lo que me han enseñado los libros y lo mucho que han despertado y aún despiertan en mí. Aunque también hubo lugar para Vázquez Figueroa y los Maradentro, recreándome de nuevo en Lanzarote 1992, mi exilio algún día? Trilogía que no podía haber completado sin ti, de nuevo otro préstamo! Cuántas más cosas me habrás prestado sin querer, Fer? Ah, y Los Escarabajos Vuelan al Atardecer? Lo recuerdas? Lleno de misterios y sentimientos tan sobrenaturales... Lo he releído tantas veces... Incluso mi hermana Ana se enganchó a las historia cuando lo tuvo que leer para sus alumnos de lengua.
Recuerdo tu risa más bien silenciosa tan diferente a las estruendosas y estrepitosas carcajadas de Sergio y mías por cualquier chorrada. Las de Diana me suenan pulmonares, no sé por qué... Me asalta ahora el recuerdo del incidente del bocata de morcilla y la coca-cola pero no te veo a ti... Entonces, lo guardo para otra ocasión... Y de paso te dejo con la intriga si no lo recuerdas (ja, ja).
Recuerdo el viaje de estudios a Italia. Italia 1992... Fotografías desenfocadas, poses estrambóticas e imposibles. Qué estilismos, Jesús! Los chicos del viaje estaban primero sorprendidos por cómo aquellas adolescentes ninguneadas durante tanto tiempo se habían convertido en algo tan atractivo para los italianos y después indignados ante nuestra indiferencia hacia ellos tras descubrir qué buenos estaban los italianos. Y de las italianas, ni rastro! Qué injusta competición! Recuerdo sus quejas pueriles a los profes. Sin embargo, Fer, qué plastas eran los italianos, joé! A la luz de la luna, Diana ve una estrella fugaz sobre su Marco. Un tan Luca de ojos verdes me promete pasión en su casa de la playa y yo sólo pienso en irme a dormir al hotel porque tengo sueño y me la pela el tipo que tengo al lado, y que no se acerque más que le arreo porque me parece demasiado mayor, fíjate 24 años creo recordar. Quién dijo que yo no era romántica! Si lo pillo ahora... Por aquel entonces sólo tenía ojos para aquel pedorro que me gustaba desde 5º de primaria y con quien no crucé ni 3 palabras en toda mi vida! Extraño esos amores, los platónicos, las fantasías tan perfectas e irreales, tan sufridas pero donde uno se encuentra tan seguro porque sabe que nunca pasará nada, porque su perfección radica en esa seguridad de que nunca nos descubrirán el pecho para atacarnos el corazón.  Aunque tengo muchos recuerdos de Diana, Gurutze y Myriam a ti no te ubico... No fuiste? Recuerdo a Sergio entrando en nuestra habitación una mañana, creo. Y la visión de un pecho al descubierto pero no veo el de quién... Sería el mío? Tendré que preguntárselo al visionario, si me atrevo sin sonrojarme. A estas alturas de mi vida me moriría de la risa si así fuera! La teta callada durante años!
Recuerdo las 6 y medias de la mañanas de lunes a viernes en el bus de la uni trayecto Vitoria, comiendo gusanitos y otras guarrerías como parte de mi desayuno. Las charlas matutinas sobre amores y sexos, sobre Makar supongo... Ahora me sonrojo pensando en las barbaridades que te pude decir presa de mi propia inocencia (?) e ignorancia... Desvaríos varios y yo dando mi speech sin interrupción probablemente! Qué paciencia la vuestra, Fer! Debería hacer mi tesis sobre eso; mucha teoría y ningún fundamento!  Recuerdo alguna cabezada, ronquidos compartidos. También recuerdo esperar al bus de vuelta casa frente a las Nieves, el manicomio, ahora la biblioteca del campus (sí, ironías del destino). Nevando, 2 grados bajo cero, y un hombre en pijama y zapatillas, siempre el mismo, que se escapaba y las monjas lo llevaban de vuelta. Nos preguntaba siempre algo pero ahora no recuerdo qué era. Siempre esperando al bus y el bus siempre tarde! Recuerdo que un día vino un autobús-cama (o cómo se llame...) y los asientos eran súper altos y el respaldo enorme y altísimo,  y que cuando pude sentarme, porque casi no llegaba al asiento, no se me veía! Y Céspedes, uno de Gallarta, no sé si le recuerdas, no dejaba marchar al autobusero porque no me había visto dentro! Increíble lo de ser un ser pequeño! Recuerdo un atasco de tráfico en Sestao contigo en el bus y una horrible canción de Gorillazz (no recuerdo cómo se escribe y paso de buscarlo). Yo jurando en hebreo y tú paciente, paciente... Que ya llegamos. Si hubiese un adjetivo para ti, yo diría que paciente. Siempre te he visto así, "the quiet man", en los dos sentidos, callado y tranquilo. Y la mala leche?
Recuerdo tus "lectures" sobre el hombre cuaternario que me apasionaban.  De tus charlas aprendí que las muelas del juicio es lo único que aún tenemos de aquél (algunas personas, claro, porque recuerdo a una del insti que era el eslabón perdido en la evolución). No veas cómo se ríen mis alumnos cuando les cuento esto! Increíblemente - y digo increíblemente porque suspendí toda la historia para junio en COU!- me he acabado aficionando a la historia antigua, suscrita a History de National Geographic y con las estanterías llenas de libros y DVDs sobre celtas, anglosajones, egipcios, romanos, griegos, obviamente todos masculinos (2)! El Sr. del Vigo creo que desconoce este hecho... Prometí mandarle un e-mail pero no quiero inmiscuirme en los asuntillos de mi hermana. Para ella fue El Profesor... Y claro, no podemos traicionar esas memorias.
Recuerdo a la freaky aquella de tu clase, Josune, pobrecita la verdad, y las historias que nos contabas. Su manera de llamar a los fotocopios (los gemelos de la fotocopiadora; aún los llamo así pero con más respeto porque ahora soy mayor y también me tratan mejor...). "Ey! Señor, señor, señor", agitando los brazos como pidiendo auxilio. Jo! Les volvía locos la tía, pidiendo 20 carpetas a la vez. Cómo aquella pobre mujer corría por los pasillos haciendo aspavientos con las manos murmurando constantemente. Y hasta recuerdo un día que nos contaste que se puso a seguir al entonces señor decano, tu profe del cuaternario, por todo el aula! Y cuando se quitó los zapatos y casi os desmayáis! Y no solía llamar al habilis "el monillo" (o era el profe? Este recuerdo no se me ha quedado bien, estaría distraída cuando me lo contaste). Sin quererlo y sin saberlo, Josune ha pasado a los anales de nuestra historia, Fer, y nosotros a la suya? Y a la de otros que se cruzaron en nuestro camino fugazmente y cuya presencia nos pasó desapercibida? Qué intriga, no?
Y esto es todo de momento... Sigo estrujando la neurona pero si no paro aquí este e-mail nunca te llegará y cuando lo termine será infinito y tendrás que leerlo por partes, marcando con una rayita en la pantalla donde lo dejaste la última vez!  Gracias por pasar el tiempo leyéndome, hombre FFFs. Espero leerte pronto.
Un beso
 
 
(1) En este contexto, término que designa todo aquel recuerdo, sentimiento, experiencia, vivencia, "margarito". Para una definición más extensa y origen del mismo consultar a F.F. Feijoooooooooooooooooooo.
(2) También se puede comprobar que tengo una biografía de Boudica, reina de los Icenos, que era mujer aunque un poco macho pirolo como yo!


Mi respuesta…
Paul Auster podría escribir una novela con dos gestos que acabamos de hacer. Tú me escribes sobre la memoria y el recuerdo, sobre una época de mi vida (justo la mitad de mi vida), ejerces de espejo y me devuelves una imagen que era difusa y borrosa en mi mente. Yo, enciendo el mp3 y salta una versión de la conocida forever young. Los intrincados caminos de las casualidades que se unen.
Y es que la memoria esa colectiva y selectiva. Necesitamos de otras miradas para completar el puzzle de nuestro pasado. Porque, aunque sea nuestro pasado sólo tenemos unas piezas de él. Y al recordar siempre ocurre lo mismo, recreamos los recuerdos, recuerdos reales pero no exactos, exaltados con naranjas y azules o con grises dependiendo de nuestro estado de ánimo presente.  Te diré que has confirmado alguno de mis recuerdos, otros los has completado con información que se me había escapado. ¿Nunca has paseado por una ciudad y te has visto asaltada por un resplandor azul, un resplandor rápido y sorpresivo? Y cuando te das la vuelta descubres a alguna pareja haciéndose fotos delante de una estatua por la que has pasado miles de veces. Y entonces miras la estatua con los ojos de los extranjeros (todos somos extranjeros, todos, sólo hace falta dar un paso, un único paso). Y descubres una estatua nueva que había pasado inadvertida. Y de la estatua pasas a ese resplandor azul. Y te preguntas en cuántas fotos habrás sido paisaje de fondo, una figura movida y borrosa, como los recuerdos. Y si alguien, en algún lugar desconocido del mundo, te está señalando. De nuevo, Auster podría hacer algo muy loco con todas estas suposiciones/desvaríos.
Te diré que hay un par de detalles que no son exactos, pero no te diré cuáles, no hay que romper la magia y tampoco son importantes. Tu correo me ha devuelto de golpe a los pasillos del instituto y la universidad, tan diferentes los unos a los otros. A cierta imagen de mí que intento conservar y, a la vez, disipar. Es curioso, podría mandar tu correo a mis amigos para que supieran quién fui. O al menos para que vieran una parte de lo que fui. Ese hombre tranquilo ya desde adolescente. Y no es que fuera tranquilo, era una mezcla de timidez que me impedía dar un paso hacia al otro, que me reprimía, no fuera a mostrar demasiado de mí… Paciente… sí, creo que sí, creo que me agobiaba perder el tiempo con cosas nimias y al final dejé que pasaran a través de mí. Como dicen los orientales, hay que ser tan flexible como un junco, así nunca te partirá en dos ni la mayor de las tormentas. Sólo digo una cosa, mi apariencia tranquila es apariencia. Dentro de mí hay muchos mares y capas y como quieras llamarlo, demasiadas borrascas.
Es extraño esto del presente y del pasado. Ahora que escribo sobre vías de trenes paralelas, nunca cruzadas, veo el tiempo como compartimentos estancos, como algo corpóreo, una línea férrea por la que andamos. El tiempo está quieto. Somos nosotros los que nos movemos por él, siempre hacia delante, pero el movimiento está en nosotros. Ya sabes, me gusta desvariar, juntar palabras y que lo que realmente necesito decir se quede entre los espacios en blanco.
Siempre me gustó Satie, creo que su melancolía inquietante me sedujo desde crío, cuando veía películas que no entendía. Imagina, un casi adolescente, de madrugada, viendo a Bergman (algo que repetí la semana pasada y la sensación de estar en el umbral de un espacio inaccesible se repitió, como se repetirá cuando vuelva al a veces plomizo Tarkovski). La melodía cadenciosa a piano de gymnopedie era la mejor manera de definir la melancolía. Cada nota arrastrada una tesis sobre evocación, nostalgia y melancolía. Creo que ve aquella película de Redford antes de tiempo tuvo sus contraindicaciones. Ordinary people. Y ahora, no sé, aunque no tenga lógica con este párrafo, me sale hablar de Galicia. Porque nadie me ha visto en Galicia, en esas aldeas entre montes que parecían aislarme del mundo. Y como me sentía aislado, a salvo, podía sacar una parte de mí que reprimía en Ortuella. Allá era aventurero, pasaba las tardes tumbado en la hierba o disfrutaba de chapuzones en el río, boca arriba, haciéndome el muerto y el cielo que orbitaba en espirales. Ahí sentía una libertad sanadora. Mi prima Aurora me reencontró con satie, cono otro satie, el inquietante, el que no evoca melancolía sino el que parece inquietante, el dolor al acecho en cada nota. Porque, de repente, rompía la composición en una nota extraña que se alejaba con parsimonia hasta caer en el silencio. Un silencio amenazador. Satie…
Deberías haberme acompañado en esa tarde azul y anaranjada. Porque, mientras andaba, te escribía mentalmente. Y no te ha llegado ni el diez por ciento. Me sentía juguetón, llegaba a una esquina y, como Yojimbo, tiraba un imaginario palo que me indicara por donde seguir. La voluptuosidad de andar por andar, de perderse de todo, incluso de uno mismo, como un camaleón que se integra en el paisaje. Si hubiera venido te habría hablado de mi incapacidad para escribir lo que realmente tengo dentro, de cómo si escribo cosas grises es para que no se me queden dentro porque luego, cuando la gente me conoce, se sorprenden de mi sonrisa pequeña y mis bromas, piensan que se van a encontrar a un intelectual atormentado (no me considero intelectual, que conste, es el apelativo que me han dicho últimamente unas cuantas personas, prefiero gafapasta, que eso sí que soy. También supe que intelectual es una manera sutil de llamarte feo). Te habría presentado a ese amor platónico que estuvo a punto de romperme el corazón por un simple cambio de peinado. Su cara, su cara lunar, onírica, saltimbanqui y girondiana seguía ahí. Un día, Arantza, nos damos un paseo por Bilbao para ver si la encontramos. Fue una tarde resplandeciente. Y normalmente tengo tardes así, cada vez que salgo de esta habitación (la habitación cerrada de, cómo no, Auster). Hay quien se asombra cuando ve que soy un tipo ligero y con humor (normalmente negro, herencia gallega). El universo está despejado, es la mirada la que está llena de nubes. No sé, siempre he pensado que, a pesar de todo, la vida es linda. Merece la pena por un beso a oscuras.
Recuerda que soy un escritor aficionado. Es decir, hace unos años echaba unas canastas cada mañana. Tenía rachas increíbles, más de treinta tiros encestados sin fallo. Pero eso no me hacía jugador profesional. Esto de escribir ha sido un proceso sorprendente, casi ajeno a mí. Primero unas cartas de esas escritas a mano y luego a desvariar porque sentía que cuando escribo todo estaba en orden. Los relatos salieron sin pensarlo. Poco a poco. Un par al año. Sólo que esta vez, con lo del encargo, tenía que crear más de uno para que hubiera más de una posibilidad de elección. Y sí, son parecidos. Si fueran canciones podría decirse que pertenecen a un disco conceptual donde se repite la melodía principal en varias partes. Y sí, son muy íntimos, pero no tanto como la gente cree. Porque a veces construyo una ficción a partir de una frase real. Y sólo una frase es real y lo demás castillos en el aire. Intento meter algo de verdad en la mentira. Intento agarrarme a algo que me ayude a iniciar el relato. Es que no sé cómo escribir, no tengo las herramientas adecuadas. Y os sorprendería saber lo que es verdad y lo que no… Recojo el reto, es fácil, tengo un relato medio empezado donde el tono es diferente, hay luz y no soy yo. Sólo tomé mis esperas en los aeropuertos, luego, todo vuela fuera de mí. Ser otro… es que me resulta tan difícil escribir desde un ser inventado. Ya escribir me resulta complicado…
Dicen, decís, que soy callado. Pero no es así. Me gusta escuchar. Recuerda que desde crío estoy atrapado en historias ajenas, ya fueran en libros, tebeos o películas. Recuérdame en el instituto, ese cinéfilo pedante incipiente que fui. Entonces, me atrae lo que me tengáis que decir. Y disfruto escuchando, ser testigo de otras vidas esta vez reales, al alcance de la mano. Luego ya me desfogo con mis escritos, que son demasiado extensos. Que son demasiado. Sin más. Me contagiáis de vitalidad. O me preocupáis. O me hacéis ver otra vida. O que lo que siento no es algo extraño y hay otro que ha pasado por algo parecido. Y como dice el proverbio, más vale estar callado y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo.
Recuerdo nuestros viajes en autobús. Cómo no hacerlo. Te dormías en mi hombro. Era la última oscuridad y no estábamos acostumbrados a madrugar tanto. Y sí, hablabas, hablabas mucho, creo que era lo que más me gustaba de ti. Es que me gustan las mujeres habladoras. Me sentía cómodo con tus desvaríos sobre Makar, vuestras experiencias, eh, íntimas, cómo veías eso tan extraño de las relaciones. Hablábamos en el autobús, en los pasillos de la universidad, en la cafetería, donde, si recuerdas, a veces jugábamos a fútbol con nuestras monedas. Una época que recuerdo con dolor y una sonrisa. Extraño, ¿no? Josune… no recordaba el nombre. Pero sí  que era la estudiante más estrambótica que he visto. Ahora que me fijo, podría ser una versión anticipada de Cañizares, la de camera café. Me senté a su lado en una clase. No por burlarme de ella. Sino por curiosidad. Y se pasó esa clase hablando bajito, consigo misma, como si rezara. Y en esa clase del cuaternario nos dejaron tocar un cráneo, imagina, unos aprendices de hamlet.
El humo de tus cigarrillos, las clases de del Vigo, el chiste que soltaste sobre el timbre de la casa blanca (clin-ton), cómo cogías la carpeta, la cinta de public enemy, cómo Diana y tú parecías una, inseparables, Bautista y su mundo de modelos, la profesora de inglés malos pelos, tu forma de ser despreocupada (y acá pongo, “en apariencia” porque nunca se sabe lo que hay piel adentro), las charlas en la entrada del instituto, recuerdos en fuga. Por eso necesitamos a los otros. Para confirmar y completar recuerdos. Para no tergiversarlos en exceso.
Holden Caulfield llegó tarde a mi vida, creo que fue en el año más loco que he vivido, 2005, de cámara tranquilo a tipo febril que se enamora de una argentina y se va a Tucumán por tres meses. La gente cambió su mirada y su percepción sobre quién era yo. Creo que la historia que más me impactó en mi adolescencia fue 2001. La película y la novela. Porque es curioso. Parten de la misma base, un par de relatos cortos y durante cuatro años Clarke y Kubrick hacen algo diferente. La relación del hombre con el universo. Las preguntas que nunca tendrán respuesta, de dónde venimos, dónde vamos, los simbolismos del monolito, la computadora, el viaje más allá de las estrellas y el infinito, un viaje espermatozóico y el niño de las estrellas. Aún estoy alucinado (RAE: Sorprender, asombrar, deslumbrar). La literatura es peligrosa, ya lo sabes, Arantza, porque te da autonomía, independencia y libertad. Imagina, lo primero que se hace en los totalitarismos es prohibir y quemar libros. El papel arde a Fahrenheit 451. Y es que no hay nada más peligroso que una idea, una semilla que germinará en sublevación. Por eso quiero que la gente lea, que Sergio lea, hay que luchar contra el adoctrinamiento, contra las ideas impuestas y el pensamiento repetido y falso. Los escarabajos al atardecer… es una de mis lecturas de infancia/adolescencia, junto a cinco panes de cebada o los mochuelos y tantos otros, una lista inacabable.
No fue a ese viaje de estudias del que tengo muchas referencias por vosotros, retazos de historias y risas y alcohol. Como el tiempo mi vida estaba dividida en estancos. Semana santa en Madrid, verano en la Ribeira. Y esos dos estancos de mi vida me gustaban, los necesitaba para oxigenarme, para ser yo en libertad.
Y si has llegado hasta acá, felicidades. Eres una campeona. Y si no lo remedias y me dices que no, creo que subiera nuestros correos al blog para tenerlos juntos y poder ubicarlos siempre que necesite leerte. Y le pondré esta canción de forever young, aunque, en fin, mejor crecer, salir adelante y acumular buenos recuerdos. Qué haríamos sin nostalgia… Y pasó de corregir tres páginas de documento, te lo envío tal cual…
Abrazos y cariños varios y desvariados y margaritos, y, en fin, qué lindo reencontrarte

Fernando

Y la sensación que tengo de haberte escrito el diez por ciento de lo que tendía que contarte…




Forever Young (Youth Group, sobre una canción de Alphaville)

http://www.goear.com/listen/b85d179/forever-young-youth-group



Let's dance in style let's dance for a while,
Heaven can wait we're only watching the skies,
Hoping for the best but expecting the worst,
Are you gonna drop the bomb or not?

Let us die on let us live forever,
Don't have the power but we never say never,
Sitting in the sandpit life is a short trip,
Music's for the sad man

Can you imagine when this race is run,
Turning up our faces into the sun,
Praising our leaders getting in tune,
Music's played by the mad man

Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever forever,
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever

Some are like water Some are like the heat,
Some are melodies Some are the beat,
Sooner or later they'll all be gone,
Why don't they stay on?
It's hard to get without a cause,
I don't want to perish like a fading voice,
Youth is like diamonds in the sun,
And diamonds are forever,
So many adventures couldn't happened today,
So many songs that we forgot to play,
So many dreams swimming out in the blue,
Let them come true
Forever young I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young
Do you really want to live forever?
Forever, forever...

Traducción en el siguiente enlace: http://www.letrastraducidas.com/The_Youth_Group/The_O.C./Forever_Young-9662.htm

Tags: Forever young, youth group

Publicado por elchicoanalogo @ 0:14  | Great White Way
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