Martes, 31 de marzo de 2009
En los últimos meses de la Guerra Civil española, un miliciano anónimo perdona la vida a un prófugo Sánchez Mazas, escritor e ideólogo falangista. Un joven periodista topa por casualidad con una historia fascinante de la Guerra Civil española, y se propone reconstruirla. Cuando las tropas republicanas se retiran hacia la frontera francesa, camino del exilio, deciden fusilar a un grupo de presos franquistas, entre los que se encuentra Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange. En la confusión, Sánchez Mazas logra huir del fusilamiento colectivo, y logrará vivir emboscado hasta el final de la guerra, protegido por un grupo de campesinos de la región, aunque siempre recordará al miliciano de extraña mirada que, tras descubrirlo y encañonarlo, no lo delató. El narrador se propone desentrañar el secreto del enigmático Sánchez-Mazas, de su asombrosa aventura de guerra, pero sólo para acabar descubriendo, en un quiebro inesperado, que el significado de esta historia se encuentra donde menos podía esperarlo, «porque uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega».


Me ha sorprendido Soldados de Salamina por su juego de espejos entre la realidad y la literatura, por su forma de afrontar un enigma que aparece en la vida del narrador de manera casual tras una entrevista con Sánchez Ferlosio y cómo la búsqueda a un enigma copa y se cruza con la vida del narrador/escritor.

Dividido en tres partes, en las dos primeras se intenta describir los días que el falangista Sánchez Mazas pasa en el bosque tras huir de un fusilamiento, quién fue el soldado que o dejó escapar y la amistad que surge con tres soldados republicanos desertores. La tercera es demoledora, fascinante y muy interesante. En ella aparecen Roberto Bolaño y Fat City, dos de mis referencias personales en los últimos meses, esta tercera parte ayuda a completar los cuentos de Bolaño, ver al escritor desde fuera de él, y es la parte más melancólica, donde se habla sobre héroes, sobre las guerras, sobre los soldados como el último reducto de la civilización, sobre el olvido y el pasado.

Me gusta cómo está tratado el tema de la guerra civil, cómo se intenta explicar aquellos años caóticos, la posición de los intelectuales, de los poetas, de cómo encendieron un país y cómo ese país se fue irremediablemente hacia la pérdida, la confusión y el naufragio. Y es que las palabras, las ideas, para bien y para mal, son peligrosas.





—Sí, pero una persona decente no es lo mismo que un héroe —replicó en el acto Bolaño—. Personas decentes hay muchas: son las que saben decir no a tiempo; héroes, en cambio, hay muy pocos. En realidad, yo creo que en el comportamiento de un héroe hay casi siempre algo ciego, irracional, instintivo, algo que está en su naturaleza y a lo que no puede escapar. Además, se puede ser una persona decente durante toda una vida, pero no se puede ser sublime sin interrupción, y por eso el héroe sólo lo es excepcionalmente, en un momento o, a lo sumo, en una temporada de locura o inspiración. Ahí está Allende, hablando por Radio Magallanes, tumbado en el suelo en un rincón de La Moneda, con la metralleta en una mano y el micrófono en la otra, hablando como si estuviera borracho o como si ya estuviera muerto, sin saber muy bien lo que dice y diciendo las palabras más limpias y más nobles que yo he escuchado nunca... Ahora me acuerdo de otra historia. Ocurrió en Madrid hace tiempo, yo la leí en la prensa. Un muchacho andaba por una calle del centro y de pronto vio una casa envuelta en llamas. Sin encomendarse a nadie entró en la casa y sacó en brazos a una mujer. Volvió a entrar y esta vez sacó a un hombre. Luego entró otra vez y sacó a otra mujer. A esas alturas del incendio ya ni siquiera los bomberos se atrevían a entrar en la casa, era un suicidio; pero el muchacho debía de saber que todavía quedaba alguien adentro, porque entró de nuevo. Y, claro, ya no volvió a salir. —Bolaño se detuvo, con el dedo índice se subió las gafas hasta que la montura rozó las cejas—. Brutal, ¿no? Bueno, pues yo no estoy seguro de que ese muchacho actuase movido por la compasión, o por vete a saber qué buen sentimiento; yo creo que actuaba por una especie de instinto, un instinto ciego que lo superaba, que podía más que él, que obraba por él. Lo más probable es que ese muchacho fuera una persona decente, no digo que no; pero puede no haberlo sido. Chucha, Javier, ni falta que le hacía: el cabrón era un héroe.
Javier Cercas
Soldados de Salamina (Tusquets)


Tags: Soldados de Salamina, Javier Cercas, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 20:36  | Libros...
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algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡por Dios!
¡doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡es intolerable!
¿tratas de joderme como a los demás?
¿por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el rincón
la próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta,
pero mis poemas no:
no soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas,
veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía.
Charles Bukowski
A la puta que se llevó mis poemas



To The Whore Who Took My Poems

some say we should keep personal remorse from the
poem,
stay abstract, and there is some reason in this,
but jezus;
twelve poems gone and I don't keep carbons and you have
my
paintings too, my best ones; its stifling:
are you trying to crush me out like the rest of them?
why didn't you take my money? they usually do
from the sleeping drunken pants sick in the corner.
next time take my left arm or a fifty
but not my poems:
I'm not Shakespeare
but sometime simply
there won't be any more, abstract or otherwise;
there'll always be mony and whores and drunkards
down to the last bomb,
but as God said,
crossing his legs,
I see where I have made plenty of poets
but not so very much
poetry.


Tags: se llevó mis poemas, Charles Bukowski

Publicado por elchicoanalogo @ 11:11  | Poes?a
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S?bado, 28 de marzo de 2009
El correo de Arantza…
Este es un e-mail tarado y demente... Lo escribo por entregas así que algunos temas quizás estén obsoletos...
Tu historia de Satie es tan bonita como todas las historias de uno mismo. No me esperaba ni despedidas a lo Bogart ni amaneceres anaranjados, ni puestas de sol con luna, la verdad. En la memoria, y gracias a dios (el que sea), los recuerdos se embellecen de un modo aún mejor, cuasi-perfecto, a través de cómo somos. Y como tengo tiempo - no lo tengo, debería estudiar pero me rebelo!- y me apetece, voy a filosofar; vamos, a soltarte la chapa como cuando íbamos en el bus a la uni o en los pasillos. Y tú tan calladito, pobrecito que seguro nunca te dejé meter baza, conociendo mi mínimo de palabras por segundo!
Me alegro de que aceptases el reto... Has salido bastante airoso, la verdad. Qué modestia la tuya diciendo que no estabas inspirado... menos mal! En un arranque de dicha máxima, me habrías escrito el guión de Qué bello es vivir II! (Víctima de los 80, la década de las sequels!). Me he deleitado leyéndote varias veces. Una lectura que me ha dejado grata y sorprendentemente ligera acostumbrada como ya estoy a tus días de gotas pesadas de interminables recorridos, nubarrones horizontales, personajes tan grises como Bilbao en Enero. Estarás descubriendo un nuevo universo menos nublado, Fer? Anyway, cualquiera que sea tu universo, me encanta que lo compartas conmigo!
En cuanto al último relato, no lo tires por favor! Bueno o tíralo, si te apetece chico, aunque a mí me gustó. Verás sufro de síndrome de Diógenes y lo guardo todo! Así que quizá no sea la más indicada para decirte de qué te tienes que deshacer. Sólo una pequeña critica: tengo la sensación de que repites el mismo patrono en todos tus relatos aunque te hayas lanzado a cambiar el tono en el reto que te lancé. A veces la narración se hace tan íntima y privada que como lectora siento que invado un espacio que no me pertenece y del que me faltan datos para poder comprenderlo. Está bien como ejercicio de exploración del alma, catarsis necesaria pero alguna vez has pensado en ponerte en el papel del otro? o de otro? o de otros? Cómo cambiaría tu relato? Aquí te lanzo otro reto, pues. (Te doy permiso para odiarme y mandarme a paseo cuando quieras, ya sabes donde hay confianza da asco...).
He estado hurgando en la memoria (te puedes creer que tenido que buscar si hurgar llevaba "h" o no?). Antes de que me dé vuelta el cerebro definitivamente y tenga que llevar Tena Ladies, quiero compartir estas "margaritadas" (1) (con tu permiso por usar tu? término, anoto a pie de página la bibliografía conocida del término y posibles referencias, ante todo rigor científico!). Verba volant, scripta manent!
Recuerdo una camisa amarilla que siempre llevabas por fuera (rebelde con causa y posible fashion victim?) y una camiseta negra de MotorHead. Pura contradicción lo tuyo! Recuerdo que comías palmeras de chocolate en los recreos del insti... Me pregunto cuánto ocupa este recuerdo en mi memoria RAM, quizá algún día sea relevante, mejor no lo deshecho... Te sentabas delante mío (no sé de qué curso hablo; todo parece uno), Iratxe Rodríguez y Diana, junto a quién no lo recuerdo. Orallo, quizás? El humo del pasillo, ay Fer cuánto tragaste tanto en el insti como en la uni! Ahora que me ha entrado algo de cordura, me siento un poco responsable del estado de tus pulmones... Espero compensártelo algún día con una buena pitanza sin queso, claro. Y de qué solíamos hablar? Cine, recuerdo, especialmente tú y Diana dándole al séptimo arte mientras otras dos se comían a besos, otros comían el bocata y los demás miraban con hambre no se sabe bien si de bocata ajeno o de las bocas de las féminas. Exámenes y demás... Nunca fui una estudiante brillante, la verdad, tan preocupada por el trabajo como vosotros, creo recordar...
Recuerdo las cintas de cassette que me prestaste Toto y Foreigner... Siempre asocio África contigo, ya ves... Aunque I wanna know what love is, tampoco la destierro. Tú y tu Heavy Metal...  MotorHead, Metallica... Para mí erais una combinación de lo más variopinta! Cómo un chico como tú podía entregarse a ese desenfreno infernal? Tan tímido y reservado... Siempre te intenté imaginar sacudiendo un melenón cardado y tocando una guitarra de aire pero aquella imagen no iba muy bien con mi concepto de ti, la verdad... Pero me parecía divertida y aún hoy en día te veo un poquito así, desenfrenado pero con el ventolín cerca! Qué escuchaba yo entonces? Bueno, mi gusto para la música es tan caótico, pésimo y dispar ahora como lo era entonces, aunque con los años me reconcilié con mi pasado y volví a recuperar algo de "gusto " escuchando a The Doors, Deep Purple, Simon & Garfunkel, The Beatles, mi Janis Joplin, Kansas, Boston, italianos enamorados y despechados como Cocciante, todo cortesía de mis dos hermanos mayores... En el insti, era adolescente colgada de los New Kids on the Block, música folk celta de los bretones Gwendal, Vivaldi - cómo no, aún me flipa bailar como loca las Cuatro Estaciones-, rap y el hip-hop de Marky Mark y el único concierto que he pagado en mi vida Public Enemy, mil pelas la entrada! Arrested Development y Everyday People; Bob Marley; Heart, All I wanna do ... (una horterada de canción ahora que entiendo la letra pero aún la escucho!). La influencia de Diana en Madonna, Jesús! Las tardes de sábado en Portu con mi amiga Yoli en el Boxer descubriendo el funky hortera de los 70 (Born to be alive y Cuba, quiero bailar la salsa), donde escribíamos nuestra amistad en la pared para luego desfogarnos bailando en el Obsession, siempre una hora antes de los lentos porque había que dejarse ver... Aquellos adolescentes torpes, sin preocupaciones, con los que todo era blanco o negro. Recuerdo las fiestas del insti en la playa, bailando con Bautista un lento... Me muero de la risa! "Que no muerdo!", me decía... Supongo que quizá todos tendríamos pretensiones un tanto "oscuras" en aquellos momentos, sin embargo me parece recordar que primaba la camaradería sobre cualquier objetivo más carnal y eso nos hacía realmente libres, Fer. Y todos juntos en la pista de baile, y otros sentados en los sofás guardándonos el sitio...
Recuerdo a Holden Caulfield. Cómo me impactó descubrir un modo de ver la vida tan políticamente incorrecto y que nadie le hubiera fulminado del mapa al tío! Yo, siempre en mi sitio, siendo protagonista secundaria de una visión del mundo que nunca me atreví a confesar o admitir. Me cayó fatal la primera que leí la historia, por aquello de ser tan, no sé, honesto? Y sin embargo, ese mismo verano volví a leerlo y entonces creo que comprendí que en mi mundo secreto de ensoñaciones perfectas había lugar para esa rebelión que quizá algún día podría llevar a cabo. Viva Holden! Recuerdo Cinco horas con Mario, otro préstamo tuyo. Me resultó tan cercana la experiencia siendo tan sólo una adolescente. El rencor de toda una vida y me juré a mí misma que yo no tendría esas cinco horas con nadie! Y entonces pasé a los libros prohibidos de mi hermana. Bendito el día que se hizo socia de Círculo de Lectores... Es gracioso cómo los padres te ven todo el día pegada a un libro y piensan en lo lista y cultivada que es una sin darse cuenta de que Las Edades de Lulú no es precisamente un cuento para niñas recatadas. Mi madre le daría un mal si supiese lo que me han enseñado los libros y lo mucho que han despertado y aún despiertan en mí. Aunque también hubo lugar para Vázquez Figueroa y los Maradentro, recreándome de nuevo en Lanzarote 1992, mi exilio algún día? Trilogía que no podía haber completado sin ti, de nuevo otro préstamo! Cuántas más cosas me habrás prestado sin querer, Fer? Ah, y Los Escarabajos Vuelan al Atardecer? Lo recuerdas? Lleno de misterios y sentimientos tan sobrenaturales... Lo he releído tantas veces... Incluso mi hermana Ana se enganchó a las historia cuando lo tuvo que leer para sus alumnos de lengua.
Recuerdo tu risa más bien silenciosa tan diferente a las estruendosas y estrepitosas carcajadas de Sergio y mías por cualquier chorrada. Las de Diana me suenan pulmonares, no sé por qué... Me asalta ahora el recuerdo del incidente del bocata de morcilla y la coca-cola pero no te veo a ti... Entonces, lo guardo para otra ocasión... Y de paso te dejo con la intriga si no lo recuerdas (ja, ja).
Recuerdo el viaje de estudios a Italia. Italia 1992... Fotografías desenfocadas, poses estrambóticas e imposibles. Qué estilismos, Jesús! Los chicos del viaje estaban primero sorprendidos por cómo aquellas adolescentes ninguneadas durante tanto tiempo se habían convertido en algo tan atractivo para los italianos y después indignados ante nuestra indiferencia hacia ellos tras descubrir qué buenos estaban los italianos. Y de las italianas, ni rastro! Qué injusta competición! Recuerdo sus quejas pueriles a los profes. Sin embargo, Fer, qué plastas eran los italianos, joé! A la luz de la luna, Diana ve una estrella fugaz sobre su Marco. Un tan Luca de ojos verdes me promete pasión en su casa de la playa y yo sólo pienso en irme a dormir al hotel porque tengo sueño y me la pela el tipo que tengo al lado, y que no se acerque más que le arreo porque me parece demasiado mayor, fíjate 24 años creo recordar. Quién dijo que yo no era romántica! Si lo pillo ahora... Por aquel entonces sólo tenía ojos para aquel pedorro que me gustaba desde 5º de primaria y con quien no crucé ni 3 palabras en toda mi vida! Extraño esos amores, los platónicos, las fantasías tan perfectas e irreales, tan sufridas pero donde uno se encuentra tan seguro porque sabe que nunca pasará nada, porque su perfección radica en esa seguridad de que nunca nos descubrirán el pecho para atacarnos el corazón.  Aunque tengo muchos recuerdos de Diana, Gurutze y Myriam a ti no te ubico... No fuiste? Recuerdo a Sergio entrando en nuestra habitación una mañana, creo. Y la visión de un pecho al descubierto pero no veo el de quién... Sería el mío? Tendré que preguntárselo al visionario, si me atrevo sin sonrojarme. A estas alturas de mi vida me moriría de la risa si así fuera! La teta callada durante años!
Recuerdo las 6 y medias de la mañanas de lunes a viernes en el bus de la uni trayecto Vitoria, comiendo gusanitos y otras guarrerías como parte de mi desayuno. Las charlas matutinas sobre amores y sexos, sobre Makar supongo... Ahora me sonrojo pensando en las barbaridades que te pude decir presa de mi propia inocencia (?) e ignorancia... Desvaríos varios y yo dando mi speech sin interrupción probablemente! Qué paciencia la vuestra, Fer! Debería hacer mi tesis sobre eso; mucha teoría y ningún fundamento!  Recuerdo alguna cabezada, ronquidos compartidos. También recuerdo esperar al bus de vuelta casa frente a las Nieves, el manicomio, ahora la biblioteca del campus (sí, ironías del destino). Nevando, 2 grados bajo cero, y un hombre en pijama y zapatillas, siempre el mismo, que se escapaba y las monjas lo llevaban de vuelta. Nos preguntaba siempre algo pero ahora no recuerdo qué era. Siempre esperando al bus y el bus siempre tarde! Recuerdo que un día vino un autobús-cama (o cómo se llame...) y los asientos eran súper altos y el respaldo enorme y altísimo,  y que cuando pude sentarme, porque casi no llegaba al asiento, no se me veía! Y Céspedes, uno de Gallarta, no sé si le recuerdas, no dejaba marchar al autobusero porque no me había visto dentro! Increíble lo de ser un ser pequeño! Recuerdo un atasco de tráfico en Sestao contigo en el bus y una horrible canción de Gorillazz (no recuerdo cómo se escribe y paso de buscarlo). Yo jurando en hebreo y tú paciente, paciente... Que ya llegamos. Si hubiese un adjetivo para ti, yo diría que paciente. Siempre te he visto así, "the quiet man", en los dos sentidos, callado y tranquilo. Y la mala leche?
Recuerdo tus "lectures" sobre el hombre cuaternario que me apasionaban.  De tus charlas aprendí que las muelas del juicio es lo único que aún tenemos de aquél (algunas personas, claro, porque recuerdo a una del insti que era el eslabón perdido en la evolución). No veas cómo se ríen mis alumnos cuando les cuento esto! Increíblemente - y digo increíblemente porque suspendí toda la historia para junio en COU!- me he acabado aficionando a la historia antigua, suscrita a History de National Geographic y con las estanterías llenas de libros y DVDs sobre celtas, anglosajones, egipcios, romanos, griegos, obviamente todos masculinos (2)! El Sr. del Vigo creo que desconoce este hecho... Prometí mandarle un e-mail pero no quiero inmiscuirme en los asuntillos de mi hermana. Para ella fue El Profesor... Y claro, no podemos traicionar esas memorias.
Recuerdo a la freaky aquella de tu clase, Josune, pobrecita la verdad, y las historias que nos contabas. Su manera de llamar a los fotocopios (los gemelos de la fotocopiadora; aún los llamo así pero con más respeto porque ahora soy mayor y también me tratan mejor...). "Ey! Señor, señor, señor", agitando los brazos como pidiendo auxilio. Jo! Les volvía locos la tía, pidiendo 20 carpetas a la vez. Cómo aquella pobre mujer corría por los pasillos haciendo aspavientos con las manos murmurando constantemente. Y hasta recuerdo un día que nos contaste que se puso a seguir al entonces señor decano, tu profe del cuaternario, por todo el aula! Y cuando se quitó los zapatos y casi os desmayáis! Y no solía llamar al habilis "el monillo" (o era el profe? Este recuerdo no se me ha quedado bien, estaría distraída cuando me lo contaste). Sin quererlo y sin saberlo, Josune ha pasado a los anales de nuestra historia, Fer, y nosotros a la suya? Y a la de otros que se cruzaron en nuestro camino fugazmente y cuya presencia nos pasó desapercibida? Qué intriga, no?
Y esto es todo de momento... Sigo estrujando la neurona pero si no paro aquí este e-mail nunca te llegará y cuando lo termine será infinito y tendrás que leerlo por partes, marcando con una rayita en la pantalla donde lo dejaste la última vez!  Gracias por pasar el tiempo leyéndome, hombre FFFs. Espero leerte pronto.
Un beso
 
 
(1) En este contexto, término que designa todo aquel recuerdo, sentimiento, experiencia, vivencia, "margarito". Para una definición más extensa y origen del mismo consultar a F.F. Feijoooooooooooooooooooo.
(2) También se puede comprobar que tengo una biografía de Boudica, reina de los Icenos, que era mujer aunque un poco macho pirolo como yo!


Mi respuesta…
Paul Auster podría escribir una novela con dos gestos que acabamos de hacer. Tú me escribes sobre la memoria y el recuerdo, sobre una época de mi vida (justo la mitad de mi vida), ejerces de espejo y me devuelves una imagen que era difusa y borrosa en mi mente. Yo, enciendo el mp3 y salta una versión de la conocida forever young. Los intrincados caminos de las casualidades que se unen.
Y es que la memoria esa colectiva y selectiva. Necesitamos de otras miradas para completar el puzzle de nuestro pasado. Porque, aunque sea nuestro pasado sólo tenemos unas piezas de él. Y al recordar siempre ocurre lo mismo, recreamos los recuerdos, recuerdos reales pero no exactos, exaltados con naranjas y azules o con grises dependiendo de nuestro estado de ánimo presente.  Te diré que has confirmado alguno de mis recuerdos, otros los has completado con información que se me había escapado. ¿Nunca has paseado por una ciudad y te has visto asaltada por un resplandor azul, un resplandor rápido y sorpresivo? Y cuando te das la vuelta descubres a alguna pareja haciéndose fotos delante de una estatua por la que has pasado miles de veces. Y entonces miras la estatua con los ojos de los extranjeros (todos somos extranjeros, todos, sólo hace falta dar un paso, un único paso). Y descubres una estatua nueva que había pasado inadvertida. Y de la estatua pasas a ese resplandor azul. Y te preguntas en cuántas fotos habrás sido paisaje de fondo, una figura movida y borrosa, como los recuerdos. Y si alguien, en algún lugar desconocido del mundo, te está señalando. De nuevo, Auster podría hacer algo muy loco con todas estas suposiciones/desvaríos.
Te diré que hay un par de detalles que no son exactos, pero no te diré cuáles, no hay que romper la magia y tampoco son importantes. Tu correo me ha devuelto de golpe a los pasillos del instituto y la universidad, tan diferentes los unos a los otros. A cierta imagen de mí que intento conservar y, a la vez, disipar. Es curioso, podría mandar tu correo a mis amigos para que supieran quién fui. O al menos para que vieran una parte de lo que fui. Ese hombre tranquilo ya desde adolescente. Y no es que fuera tranquilo, era una mezcla de timidez que me impedía dar un paso hacia al otro, que me reprimía, no fuera a mostrar demasiado de mí… Paciente… sí, creo que sí, creo que me agobiaba perder el tiempo con cosas nimias y al final dejé que pasaran a través de mí. Como dicen los orientales, hay que ser tan flexible como un junco, así nunca te partirá en dos ni la mayor de las tormentas. Sólo digo una cosa, mi apariencia tranquila es apariencia. Dentro de mí hay muchos mares y capas y como quieras llamarlo, demasiadas borrascas.
Es extraño esto del presente y del pasado. Ahora que escribo sobre vías de trenes paralelas, nunca cruzadas, veo el tiempo como compartimentos estancos, como algo corpóreo, una línea férrea por la que andamos. El tiempo está quieto. Somos nosotros los que nos movemos por él, siempre hacia delante, pero el movimiento está en nosotros. Ya sabes, me gusta desvariar, juntar palabras y que lo que realmente necesito decir se quede entre los espacios en blanco.
Siempre me gustó Satie, creo que su melancolía inquietante me sedujo desde crío, cuando veía películas que no entendía. Imagina, un casi adolescente, de madrugada, viendo a Bergman (algo que repetí la semana pasada y la sensación de estar en el umbral de un espacio inaccesible se repitió, como se repetirá cuando vuelva al a veces plomizo Tarkovski). La melodía cadenciosa a piano de gymnopedie era la mejor manera de definir la melancolía. Cada nota arrastrada una tesis sobre evocación, nostalgia y melancolía. Creo que ve aquella película de Redford antes de tiempo tuvo sus contraindicaciones. Ordinary people. Y ahora, no sé, aunque no tenga lógica con este párrafo, me sale hablar de Galicia. Porque nadie me ha visto en Galicia, en esas aldeas entre montes que parecían aislarme del mundo. Y como me sentía aislado, a salvo, podía sacar una parte de mí que reprimía en Ortuella. Allá era aventurero, pasaba las tardes tumbado en la hierba o disfrutaba de chapuzones en el río, boca arriba, haciéndome el muerto y el cielo que orbitaba en espirales. Ahí sentía una libertad sanadora. Mi prima Aurora me reencontró con satie, cono otro satie, el inquietante, el que no evoca melancolía sino el que parece inquietante, el dolor al acecho en cada nota. Porque, de repente, rompía la composición en una nota extraña que se alejaba con parsimonia hasta caer en el silencio. Un silencio amenazador. Satie…
Deberías haberme acompañado en esa tarde azul y anaranjada. Porque, mientras andaba, te escribía mentalmente. Y no te ha llegado ni el diez por ciento. Me sentía juguetón, llegaba a una esquina y, como Yojimbo, tiraba un imaginario palo que me indicara por donde seguir. La voluptuosidad de andar por andar, de perderse de todo, incluso de uno mismo, como un camaleón que se integra en el paisaje. Si hubiera venido te habría hablado de mi incapacidad para escribir lo que realmente tengo dentro, de cómo si escribo cosas grises es para que no se me queden dentro porque luego, cuando la gente me conoce, se sorprenden de mi sonrisa pequeña y mis bromas, piensan que se van a encontrar a un intelectual atormentado (no me considero intelectual, que conste, es el apelativo que me han dicho últimamente unas cuantas personas, prefiero gafapasta, que eso sí que soy. También supe que intelectual es una manera sutil de llamarte feo). Te habría presentado a ese amor platónico que estuvo a punto de romperme el corazón por un simple cambio de peinado. Su cara, su cara lunar, onírica, saltimbanqui y girondiana seguía ahí. Un día, Arantza, nos damos un paseo por Bilbao para ver si la encontramos. Fue una tarde resplandeciente. Y normalmente tengo tardes así, cada vez que salgo de esta habitación (la habitación cerrada de, cómo no, Auster). Hay quien se asombra cuando ve que soy un tipo ligero y con humor (normalmente negro, herencia gallega). El universo está despejado, es la mirada la que está llena de nubes. No sé, siempre he pensado que, a pesar de todo, la vida es linda. Merece la pena por un beso a oscuras.
Recuerda que soy un escritor aficionado. Es decir, hace unos años echaba unas canastas cada mañana. Tenía rachas increíbles, más de treinta tiros encestados sin fallo. Pero eso no me hacía jugador profesional. Esto de escribir ha sido un proceso sorprendente, casi ajeno a mí. Primero unas cartas de esas escritas a mano y luego a desvariar porque sentía que cuando escribo todo estaba en orden. Los relatos salieron sin pensarlo. Poco a poco. Un par al año. Sólo que esta vez, con lo del encargo, tenía que crear más de uno para que hubiera más de una posibilidad de elección. Y sí, son parecidos. Si fueran canciones podría decirse que pertenecen a un disco conceptual donde se repite la melodía principal en varias partes. Y sí, son muy íntimos, pero no tanto como la gente cree. Porque a veces construyo una ficción a partir de una frase real. Y sólo una frase es real y lo demás castillos en el aire. Intento meter algo de verdad en la mentira. Intento agarrarme a algo que me ayude a iniciar el relato. Es que no sé cómo escribir, no tengo las herramientas adecuadas. Y os sorprendería saber lo que es verdad y lo que no… Recojo el reto, es fácil, tengo un relato medio empezado donde el tono es diferente, hay luz y no soy yo. Sólo tomé mis esperas en los aeropuertos, luego, todo vuela fuera de mí. Ser otro… es que me resulta tan difícil escribir desde un ser inventado. Ya escribir me resulta complicado…
Dicen, decís, que soy callado. Pero no es así. Me gusta escuchar. Recuerda que desde crío estoy atrapado en historias ajenas, ya fueran en libros, tebeos o películas. Recuérdame en el instituto, ese cinéfilo pedante incipiente que fui. Entonces, me atrae lo que me tengáis que decir. Y disfruto escuchando, ser testigo de otras vidas esta vez reales, al alcance de la mano. Luego ya me desfogo con mis escritos, que son demasiado extensos. Que son demasiado. Sin más. Me contagiáis de vitalidad. O me preocupáis. O me hacéis ver otra vida. O que lo que siento no es algo extraño y hay otro que ha pasado por algo parecido. Y como dice el proverbio, más vale estar callado y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo.
Recuerdo nuestros viajes en autobús. Cómo no hacerlo. Te dormías en mi hombro. Era la última oscuridad y no estábamos acostumbrados a madrugar tanto. Y sí, hablabas, hablabas mucho, creo que era lo que más me gustaba de ti. Es que me gustan las mujeres habladoras. Me sentía cómodo con tus desvaríos sobre Makar, vuestras experiencias, eh, íntimas, cómo veías eso tan extraño de las relaciones. Hablábamos en el autobús, en los pasillos de la universidad, en la cafetería, donde, si recuerdas, a veces jugábamos a fútbol con nuestras monedas. Una época que recuerdo con dolor y una sonrisa. Extraño, ¿no? Josune… no recordaba el nombre. Pero sí  que era la estudiante más estrambótica que he visto. Ahora que me fijo, podría ser una versión anticipada de Cañizares, la de camera café. Me senté a su lado en una clase. No por burlarme de ella. Sino por curiosidad. Y se pasó esa clase hablando bajito, consigo misma, como si rezara. Y en esa clase del cuaternario nos dejaron tocar un cráneo, imagina, unos aprendices de hamlet.
El humo de tus cigarrillos, las clases de del Vigo, el chiste que soltaste sobre el timbre de la casa blanca (clin-ton), cómo cogías la carpeta, la cinta de public enemy, cómo Diana y tú parecías una, inseparables, Bautista y su mundo de modelos, la profesora de inglés malos pelos, tu forma de ser despreocupada (y acá pongo, “en apariencia” porque nunca se sabe lo que hay piel adentro), las charlas en la entrada del instituto, recuerdos en fuga. Por eso necesitamos a los otros. Para confirmar y completar recuerdos. Para no tergiversarlos en exceso.
Holden Caulfield llegó tarde a mi vida, creo que fue en el año más loco que he vivido, 2005, de cámara tranquilo a tipo febril que se enamora de una argentina y se va a Tucumán por tres meses. La gente cambió su mirada y su percepción sobre quién era yo. Creo que la historia que más me impactó en mi adolescencia fue 2001. La película y la novela. Porque es curioso. Parten de la misma base, un par de relatos cortos y durante cuatro años Clarke y Kubrick hacen algo diferente. La relación del hombre con el universo. Las preguntas que nunca tendrán respuesta, de dónde venimos, dónde vamos, los simbolismos del monolito, la computadora, el viaje más allá de las estrellas y el infinito, un viaje espermatozóico y el niño de las estrellas. Aún estoy alucinado (RAE: Sorprender, asombrar, deslumbrar). La literatura es peligrosa, ya lo sabes, Arantza, porque te da autonomía, independencia y libertad. Imagina, lo primero que se hace en los totalitarismos es prohibir y quemar libros. El papel arde a Fahrenheit 451. Y es que no hay nada más peligroso que una idea, una semilla que germinará en sublevación. Por eso quiero que la gente lea, que Sergio lea, hay que luchar contra el adoctrinamiento, contra las ideas impuestas y el pensamiento repetido y falso. Los escarabajos al atardecer… es una de mis lecturas de infancia/adolescencia, junto a cinco panes de cebada o los mochuelos y tantos otros, una lista inacabable.
No fue a ese viaje de estudias del que tengo muchas referencias por vosotros, retazos de historias y risas y alcohol. Como el tiempo mi vida estaba dividida en estancos. Semana santa en Madrid, verano en la Ribeira. Y esos dos estancos de mi vida me gustaban, los necesitaba para oxigenarme, para ser yo en libertad.
Y si has llegado hasta acá, felicidades. Eres una campeona. Y si no lo remedias y me dices que no, creo que subiera nuestros correos al blog para tenerlos juntos y poder ubicarlos siempre que necesite leerte. Y le pondré esta canción de forever young, aunque, en fin, mejor crecer, salir adelante y acumular buenos recuerdos. Qué haríamos sin nostalgia… Y pasó de corregir tres páginas de documento, te lo envío tal cual…
Abrazos y cariños varios y desvariados y margaritos, y, en fin, qué lindo reencontrarte

Fernando

Y la sensación que tengo de haberte escrito el diez por ciento de lo que tendía que contarte…




Forever Young (Youth Group, sobre una canción de Alphaville)

http://www.goear.com/listen/b85d179/forever-young-youth-group



Let's dance in style let's dance for a while,
Heaven can wait we're only watching the skies,
Hoping for the best but expecting the worst,
Are you gonna drop the bomb or not?

Let us die on let us live forever,
Don't have the power but we never say never,
Sitting in the sandpit life is a short trip,
Music's for the sad man

Can you imagine when this race is run,
Turning up our faces into the sun,
Praising our leaders getting in tune,
Music's played by the mad man

Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever forever,
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever

Some are like water Some are like the heat,
Some are melodies Some are the beat,
Sooner or later they'll all be gone,
Why don't they stay on?
It's hard to get without a cause,
I don't want to perish like a fading voice,
Youth is like diamonds in the sun,
And diamonds are forever,
So many adventures couldn't happened today,
So many songs that we forgot to play,
So many dreams swimming out in the blue,
Let them come true
Forever young I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young,
Do you really want to live forever?
Forever, forever
Forever young, I want to be forever young
Do you really want to live forever?
Forever, forever...

Traducción en el siguiente enlace: http://www.letrastraducidas.com/The_Youth_Group/The_O.C./Forever_Young-9662.htm

Tags: Forever young, youth group

Publicado por elchicoanalogo @ 0:14  | Great White Way
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Viernes, 27 de marzo de 2009
«Era una muchachita menuda, pulcra, de aspecto bastante relamido, con pelo castaño liso y muy repeinado [...]. No llevaba maquillaje, ni pintura de labios ni joyas. Las gafas sin montura le daban un aire de bibliotecaria.» Tal es Orfamay Quest, La hermana pequeña que, sorprendentemente, introducirá a Philip Marlowe en uno de los casos más complicados de su carrera. Publicada en 1949, la novela, esperada con expectación desde que seis años antes apareciera «La dama del lago» (BA 0703), refleja en parte el glamour y las miserias de Hollywood que Raymond Chandler (1888-1959) había tenido ocasión de conocer con motivo de su acceso al mundo del cine en los años anteriores. La acción trepidante en que se ve envuelto el detective está matizada aquí por un Marlowe más crepuscular, con el que Chandler perseveró en su empeño de dar plena dimensión literaria al género negro.


Me gusta la novela negra clásica, los puntos en común en los que se sostiene, el detective duro y descreído, las mujeres fantasmales y sensuales, los ambientes cargados de humo, los misterios donde se descubre una moralidad enfermada, la parte baja de la sociedad, baja en cuanto a moralidad, no en cuanto a dinero, las respuestas rápidas e irónicas.

Todo esto está en La hermana pequeña, del gran Raymond Chandler. Reaparece un Marlowe mayor, cansado, cínico y descreído que va por detrás en un caso que se le presenta y luego tiene que aceptar las piezas tal y cómo llegan, juntarlas en un puzzle que no se descubre hasta la última página.

Más allá del misterio y los asesinatos, aquí hay una profunda negrura con respecto a la conducta del ser humano, una crítica contra Hollywood y todo lo que le rodea, una mirada sobre los bajos fondos y las grandes casas. Me gusta el Marlowe cansado del mundo en el que se adentra, las reflexiones sobre una ciudad que era tranquila hasta que creció y se corrompió, la galería de personajes al cual más peligroso, ya vengan de un pueblo de Kansas o sea un gángster huido de Cleveland. Todo tiene esa melancolía del descreído.

Chandler es directo, austero e irónico. En pocas frases te describe un decorado, una mujer o una situación, y a la vez hay un profundo sustento literario.

Gran libro de un gran escritor.





Ellos siguieron sentados, devolviéndome la mirada. La princesa naranja tecleaba en su máquina de escribir. Las conversaciones policiales le hacían tanta impresión como las piernas a un director de baile. Ellos tenían la cara tranquila y curtida de hombres sanos que llevan una vida dura. Tenían la mirada que tienen todos ellos, nublada y gris como el agua congelada. La boca dura y firme, patas de gallo muy marcadas a los lados de los ojos y esa expresión dura y hueca que no significa nada, que no es exactamente cruel pero que está a mil kilómetros de ser amable. Los vulgares trajes de confección que llevaban sin ningún estilo, como con desprecio. El aspecto de hombres que son pobres y sin embargo están orgullosos de su poder y siempre están buscando la manera de hacértelo sentir, de machacarte con él y sonreír mientras te ven retorcerte, implacables sin malicia, crueles pero no siempre brutales. ¿Cómo esperabas que fueran? La civilización no significaba nada para ellos. De ella sólo veían los fallos, la suciedad, las heces, las aberraciones y el asco.

( … )

- Ahora tenemos personajes como este Steelgrave que son dueños de restaurante., tenemos tipos como ese gordo que me chilló antes. Hay dinero a espuertas, pistoleros, comisionistas, chicos en busca de dinero fácil, maleantes de Nueva York, Chicago y Detroit… y hasta de Cleveland. Esa gente es dueña de los restaurantes de moda, de los clubes nocturnos, de los hoteles y de las casas de apartamentos. Y en esas casas vive toda clase de timadores, bandidos y aventureras. Putas de superlujo, decoradores mariquitas, diseñadoras lesbianas, toda la chusma de una ciudad grande y despiadada, con menos personalidad que un vaso de papel. En las urbanizaciones elegantes, el querido papá lee la crónica de deportes delante de un ventanal, con los zapatos quitados, convencido de que es un tío con clase porque posee un garaje para tres coches. Mamá está delante de su tocador de princesa, intentando disimular con maquillaje las bolsas de los ojos. Y el hijo del alma está pegado al teléfono, llamando a una serie de colegialas que no saben hablar, pero que llevan la polvera llena de preservativos.
Raymond Chandler
La hermana pequeña (traducción de Juan Manuel Ibeas. Alianza editorial)


Tags: La hermana pequeña, Raymond Chandler, Juan Manuel Ibeas, Alianza editorial

Publicado por elchicoanalogo @ 18:55  | Libros...
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Mi?rcoles, 25 de marzo de 2009

Aquello. 
                  No eso. 
                                    Ni 
-mucho menos- esto.

Aquello.

Lo que está en el umbral
de mi fortuna.
Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;
sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,
ni el sol marchita, ni la noche apaga.

Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.
Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.
Ángel González
Deixis en fantasma (en Deixis en fantasma)


Tags: Deixis en fantasma, Ángel Gonzalez

Publicado por elchicoanalogo @ 11:06  | ?ngel Gonz?lez
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Martes, 24 de marzo de 2009
Eddie Van Halen fue uno de mis primeros héroes de adolescencia junto a Fernando Martín, Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick. Era una época que se prestaba a dejarse asombrar por artistas y deportistas conocidos, uno necesita puntos de referencia en esos años de paso a la edad adulta donde te sientes perdido ante tanto cambio.

El disco 1984 fue la primera referencia que tuve de Van Halen, en concreto la conocida y comercial canción Jump, radiada a cualquier hora. Compré el disco esperando canciones parecidas y me encontré con un grupo de rock divertido y, hacia el final del disco, con canciones diferentes y portentosas. Tenía trabajo, quería más música de Van Halen y debía mirar tanto al pasado con David Lee Roth como al presente con los nuevos discos con Sami Haggar.

Conecté con facilidad con la música de Van Halen, me daba igual la época, los temas cachondos y cabareteros de la era Roth, los teclados de la era Haggar. Y dentro de los discos que compré poco a poco y con el esfuerzo de un adolescente sin dinero destacaba Fair Warning, un disco que rompía con los tres primeros del grupo y donde el grupo buscaba una seriedad y experimentación que antes no habían alcanzado. Las canciones se suceden rápidas (el disco sólo dura media hora), son portentosas, una constante búsqueda de nuevos sonidos y melodías. Desde el inicio Unchained se convirtió en una de mis canciones favoritas. Y el final me apasionaba con la extraña instrumental Sunday Afternoon In The Park y la última canción del disco, One Foot Out The Door.

Llevo unos días explorando mis viejos discos de rock, y escucharlos me lleva a la época del cambio y el paso a la madurez. Hay canciones que pasaron desapercibidas en su momento y que ahora se quedan en primer plano, muchos recuerdos y los pasos por un pasillo de ladrillos rojos tan frágiles como las pisadas en la lluvia. Fair Warning es todo eso.


Unchained (Van Halen)



You said
I cannot get there from here, baby
And I don't care where I'm goin'
Here's to your thin red line
I'm stepping over
Thought you'd never miss me
'Til I got a Fat City address
Non-stop talker, what a rocker!
Blue eyed murder in a size 5 dress
Change, nothing stays the same
Unchained, yeah you hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah you hit the ground running
No, I don't ask for permission
This is my chance to fly
Maybe enough ain't enough for you
But it's my turn to try
Thought you'd never miss me
'Til I got a Fat City address
Non-stop talker, what a rocker!
Blue-eyed murder in a side-swiped dress
Change, nothing stays the same
Unchained, and ya hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running
Change, nothing stays the same
Unchained, and ya hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running
Take a look at this!
Hey, man, that suit is you!
You'll get some leg tonight for sure!
Tell us how you do!
(Come on, Dave, give me a break.)
Hey, hey, hey, hey, one break coming up!
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running
Change, and nothing stays the same
Unchained, yeah ya hit the ground running



Sunday Afternoon In The Park / One Foot Out The Door (Van Halen)



I grabbed that telephone
I thought we were alone
Telling me there's company
Your husband's comin' home
I've been thinking about this Saturday night with you
I've been thinking about it all week long
And now I'm gonna lose it 'cause that
Son-of-a-bitch got me singin' that same old song
Got one foot out the door
Tryin' to hit the road
Ain't no match for your mean old man
I think it's time to roll
Got one foot out the door
Got one foot out the door
Think I'm gonna fight him?
Don't you let him put down
Put that to the floor
Put the pedal to the metal
And you beat it out of town
No comin' back, back for more

Tags: Fair Warning, Unchained, Sunday Afternoon, in The Park, One Foot Out The Door, Van Halen

Publicado por elchicoanalogo @ 22:03  | Canciones
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Tras conseguir un gran éxito con "El perfume" Süskind escribió otras novelas, entre ellas ésta, "La historia del señor Sommer". Es una novela corta narrada desde la perspectiva de un niño que ve como a través de los años el misterioso señor Sommer camina sin parar de pueblo en pueblo; descubrir porqué lo hace será un paso decisivo en su aprendizaje de la vida. Dotada de una extraordinaria ternura, la historia se completa con las bellísimas ilustraciones de Sempé.


Lo primero que llama la atención de La historia del señor Sommer es la hermosa ilustración de la portada de Sempé, lo que te hace evocar las primeras lecturas de El pequeño Nicolás, las travesuras de una pandilla memorable que está dentro del recuerdo colectivo de más de una generación de lectores. La portada te hace sentir que vas a pisar terreno conocido y a lo largo del relato te quedas embobado por la belleza y claridad de los dibujos.

Y lo segundo que llama la atención es la historia en sí, como el mismo autor de El perfume es capaz de cambiar de tono y escribe una historia entrañable, cálida y cercana sobre un niño que sube a los árboles y que se encuentra con el misterioso señor Sommer, un hombre que pasa cada día caminando diez, doce o catorce horas, alguien tan ajeno y enigmático como sus caminatas.

Me ha gustado mucha esta historia contada con esa inocencia y lógica aplastante de los niños, al menos de los niños de libros capaces de hablar de las leyes de Galileo. Hay un mundo recurrente, subir a los árboles, el deseo de volar, el primer amor, la primera decepción. En una narración tan cálida hay recovecos para lo gris, lo temible.

Aunque tengo el tono de libro para niños es un libro que se disfruta de mayor, que te ayuda a recordar de dónde vienes y cómo hubo una vez donde el mundo era puro misterio, y que ese misterio no tenía por que ser siempre tierno.

Maravilloso el personaje del niño, de su familia, el señor Sommer, un hombre sin frases, una parte del paisaje, y que poco a poco descubrimos la razón de sus caminatas, un buen libro para volver a plantearse qué es este mundo que nos rodea. Y un libro precioso, entrañable, de los que se leen con una media sonrisa.





En la época que aún me subía a los árboles -hace mucho, mucho tiempo, muchos años y décadas: yo medía entonces poco más de un metro, calzaba zapatos del veintiocho y era tan ligero que podía volar -no, no es mentira, yo entonces podía volar- o, por lo menos, casi, mejor dicho: hubiera podido volar, de haberlo deseado de verdad e intentando hacerlo como es debido, porque… porque me acuerdo bien, una vez por un pelo no levanté el vuelo, y fue precisamente en otoño, en mi primer año de colegio, un día en que, al volver a casa, soplaba un viento tan fuerte que, sin abrir los brazos, podía inclinar el cuerpo hacia delante como una saltador de esquí y todavía más, sin caerme… y aquel día, mientras caminaba con el viento de cara por los prados al bajar la cuesta de la escuela -porque la escuela estaba en lo alto de una montañita, en las afueras del pueblo-, sólo con que saltara un poco con los brazos abiertos el viento me levantaba, y sin el menor esfuerzo daba yo saltos de dos o tres metros de alto y diez o doce metros de largo -quizá no tan altos ni tan largos, pero ¡qué importa! -; lo cierto es que yo casi volaba, y si llego a desabrocharme el abrigo, sujetando una punta con cada mano, como alas, el viento me habría levantado y yo hubiera volado desde la montaña de la escuela, por encima del valle, hacia el bosque, y por encima del bosque, bajado al lago donde estaba nuestra casa y allí, con gran asombro de mi padre, de mi madre, de mi hermana y de mi hermano, que ya eran muy viejos y pesados para volar, hubiera dado una vuelta por encima del jardín, con elegancia, planeando sobre el lago, casi hasta la otra orilla y, por fin, habría dejado que el viento me llevara otra vez a casa, para llegar a tiempo de almorzar.
Patrick Süskind
La historia del señor Sommer (traducción de Ana M. de la Fuente. Seix Barral)

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Publicado por elchicoanalogo @ 20:02  | Libros...
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Lunes, 23 de marzo de 2009
Roberto Bolaño, ese escritor que, como ha escrito Vila-Matas, «abre brechas por las que habrán de circular las nuevas corrientes literarias del próximo milenio», ha reunido en este libro cinco cuentos y dos conferencias. Entre los cuentos, todo ellos imprescindibles, encontramos El gaucho insufrible, es decir, la aventura de Héctor Pereda, un ejemplar abogado argentino que se reconvirtió en gaucho de las pampas, o El policía de las ratas, las andanzas de Pepe el Tira, sobrino de la mítica Josefina la Cantora, y detective en un mundo de alcantarillas. De las dos conferencias, Literatura + enfermedad = enfermedad, es un espléndido entramado de humor e inteligencia, y en Los mitos de Chtulu, con una ironía a veces muy sutil y otras bastante sanguinaria, Bolaño hace rodar unas cuantas cabezas de la escena literaria.


Hace un mes que leo tres de los libros de relatos de Bolaño, ya parece una presencia imprescindible en mi día a día. Y me sorprende esa cohesión en sus relatos, cómo parece que los cuentos pueden entrelazarse entre los distintos libros, anécdotas que se repiten, como los viajes de regreso a Chile después del golpe militar, los días de cárcel, los personajes itinerantes, errantes, lo escritores desconocidos o perdidos.

El gaucho insufrible comienza con un relato de un par de páginas, Jim, sobre un americano triste en México (como los personajes peckinpahnianos), No más peleas, decía Jim. Ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras comunes y corrientes. Conciso y directo. El gaucho insufrible narra la huida de un abogado a la pampa argentina en los tiempos del corralito, cómo llega a un territorio mítico (mitificado) y encuentra allá una pobreza austera y un grupo de gauchos inútiles y sobre todo un hogar al que volverá tras su temporal regreso a Buenos Aires. El policía de las ratas es un cuento original, las ratas como protagonistas y entre ellas pepe el tira con ese dolor de la lucidez al descubrir que el mundo en el que vive está condenado por los individuos que lo forman. El viaje de Álvaro Rousselot tiene cierto aire a Borges, un libro sobre la creación, un escritor de moderado éxito que ve cómo un director francés adapta sus novelas y las mejora, como un juego de espejos. Y también, como un juego de espejos, Dos cuentos católicos, dos historias que discurren paralelas hasta que en un punto se cruzan y dan un nuevo sentido al relato.

Para finalizar, dos conferencias donde Bolaño habla sobre la creación y la escritura, donde dispara sus dardos envenenados y se pregunta sobre el arte de escribir y, sobre todo, sobre los escritores. Lo hace con un humor salvaje y despiadado. Y parece que su lista negra es extensa.

Bolaño se ha convertido en un escritor al que leer una y otra vez, un mundo que empiezo a reconocer y que me asombra por su capacidad de brecha, de fabulación y de cruce entre realidad y ficción (o es la ficción que se adentra en la realidad).





Y menos aún se puede afirmar que uno ya ha leído todos los libros, pues incluso aunque los libros se acaben nunca acaba uno de leerlos todos, algo que bien sabía Mallarmé. Los libros son finitos, los encuentros sexuales son finitos, pero el deseo de leer y de follar es infinito, sobrepasa nuestra propia muerte, nuestros miedos, nuestras esperanzas de paz. ¿Y qué le queda a Mallarmé en este ilustre poema, cuando ya no le quedan, según él, ni ganas de leer ni ganas de follar? Pues le queda el viaje, le quedan las ganas de viajar. Y ahí está tal vez la clave del crimen. Porque si Mallarmé llega a decir que lo que queda por hacer es rezar o llorar o volverse loco, tal vez habría conseguido la coartada perfecta. Pero en lugar de eso Mallarmé dice que lo único que resta por hacer es viajar, que es como si dijera navegar es necesario, vivir no es necesario, frase que antes sabía citar en latín y que por culpa de las toxinas viajeras de mi hígado también he olvidado, o lo que es lo mismo, Mallarmé opta por el viajero con el torso desnudo, por la libertad que también tiene el torso desnudo, por la vida sencilla (pero no tan sencilla si rascamos un poco) del marinero y del explorador que, a la par que es una afirmación de la vida, también es un juego constante con la muerte y que, en una escala jerárquica, es el primer peldaño de cierto aprendizaje poético. El segundo peldaño es el sexo y el tercero los libros. Lo que convierte la elección mallarmeana en una paradoja o bien en un regreso, en un volver a empezar desde cero. Y llegado a este punto no puedo, antes de volver al ascensor, dejar de pensar en un poema de Baudelaire, el padre de todos, en el que éste habla del viaje, del entusiasmo juvenil del viaje y de la amargura que todo viaje a la postre deja en el viajero, y pienso que tal vez el soneto de Mallarmé es una respuesta al poema de Baudelaire, uno de los más terribles que he leído, el de Baudelaire, un poema enfermo, un poema sin salida, pero acaso el poema más lúcido de todo el siglo XIX.
Roberto Bolaño
El gaucho insufrible (Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 8:42  | Libros...
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Domingo, 22 de marzo de 2009
Un escritor siempre muy ocupado y alejado viene a pasar unos días con sus hijos, un muchacho adolescente y una joven con problemas mentales, casada con un médico que la cuida con gran ternura. Los días de estancia en una isla durante un hermoso verano, se convierten en momento de crisis para todos y especialmente para el padre, que es confrontado con su incapacidad de darle a su familia lo que de él requiere. (Filmaffinity)


Todo acercamiento al cine y la figura de Ingmar Bergman me produce cierta incertidumbre, congoja y pequeñez. Cierto sentido de no estar a la altura y de no ser capaz de entender y completar todas las lecturas de su obra. Tal vez se deba a que llegué al cine de Bergman de manera temprana, en plena adolescencia, cuando vi una de sus películas para la televisión, Los dos bienaventurados, y que me atrajo y me desconcertó a partes iguales. No entendí nada pero me sentí fascinado e hipnotizado por aquellas imágenes. Luego, en la cinemateca, la avalancha de su cine, la angustia de Prisión, el surrealismo de El rito, la agonía de Gritos y susurros. Y siempre esa imagen donde me sentía pequeño y atenazado, como en un umbral de un espacio al que no consigo acceder y cuyo interior me parece hermoso, distante, una parte de mí que no puedo expresar en palabras.

Hay pocos directores que consigan aunar la imagen con la palabra como Bergman, profundizar en las relaciones de los personajes entre sí a través de los diálogos y su posición ante la cámara/espejo. Siempre me ha sorprendido esa capacidad de Bergman por adecuar la palabra en la imagen, por que no haya una quiebra entre ambas. A un diálogo intenso siguen imágenes poderosas e inolvidables.

En Como en un espejo aparece parte de la imaginería de Bergman, la isla, el faro, las representaciones teatrales, los personajes encuadrados (¿enjaulados) en primeros planos, los claroscuros. Un escritor regresa de Suiza para estar una temporada con sus hijos Minus y Karin y el marido de ésta, Martin. En el inicio, plácidas imágenes de la superficie en calma del mar que pronto reflejan nubes. Poco a poco nos adentramos en la realidad de cada uno. David, el escritor, tiene que convivir con el vacío, con explicar el silencio del creador (creador/dios, creador/artista). Minus, un adolescente que escribe obras de teatro y escarcea en la sexualidad a través de revistas eróticas siente el silencio, la ausencia y distancia del padre. Karin tiene una enfermedad mental, vaga de un mundo irreal a la realidad. Martin, el marido, es un hombre tranquilo y a la vez rodeado de un mundo en permanente cambio y explosión. Cuatro personajes que apenas salen de una casa/jaula en la costa de la isla, un hermetismo extremo (un personaje encerrado en sí, encerrado en una casa, encerrado en una isla).

Hay una interesante reflexión sobre el papel del artista. David quiere seguir la enfermedad de su hija, ver la degradación, tomar nota de todo el proceso, una forma de encontrar un punto donde apoyarse para crear, algo ajeno a sí mismo y que no comprende. David intentó suicidarse en Suiza, estar ante el vacío y traspasarlo. Por azar no lo consiguió. Eso provocó un cambio en él.

Karin se encierra en una habitación del segundo piso. La primera vez que la vemos en ella amanece, el brillo del agua se refleja en las paredes y ella, sentada, parece que está en una posición de masturbación. En esa habitación ella se mueve de la realidad al mundo de su cabeza, otra habitación donde la gente imaginada espera a alguien, un ser especial, están casi seguros que ese ser debe ser dios. Y es que en esta película Bergman habla de dios, de las dudas y su silencio, de ese estar desnudo ante el vacío y con qué se puede llenar. Karin sufre por su locura, por habitar dos mundos (encerrada en dos mundos conectados por una puerta ilusoria, la mente, y real, la puerta de la habitación grande donde se esconde), por la esperanza de un dios y cómo en su crisis lo ve como una araña que intenta penetrarla.

Minus sufre que la realidad se agrieta cuando su hermana lo seduce y mantienen un encuentro sexual dentro del casco de un barco naufragado, imagen cautivadora, poética, uterina. En el final hablará con su padre sobre dios y el amor, encontrará algo que llevaba buscando hacía tiempo, que su padre (creador) le hablara.

Película sobre (el silencio, la duda de) dios, el vacío y el deseo, como siempre me quedo en la superficie, en el umbral de Ingmar Bergman.




Tags: Como en un espejo, Ingmar Bergman

Publicado por elchicoanalogo @ 0:39  | Cine
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Viernes, 20 de marzo de 2009
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Trabajos de oficina
Mi fiel secretaria es de las que se toman su función al-pie-de-la-letra, y ya se sabe que eso significa pasarse al otro lado, invadir territorios, meter los cinco dedos en el vaso de leche para sacar un pobre pelito.
Mi fiel secretaria se ocupa o querría ocuparse de todo en mi oficina. Nos pasamos el día librando una cordial batalla de jurisdicciones, un sonriente intercambio de minas y contraminas, de salidas y retiradas, de prisiones y rescates. Pero ella tiene tiempo para todo, no sólo busca adueñarse de la oficina, sino que cumple escrupulosa sus funciones. Las palabras, por ejemplo, no hay día en que no las lustre, las cepille, las ponga en su justo estante, las prepare y acicale para sus obligaciones cotidianas. Si se me viene a la boca un adjetivo prescindible –porque todos ellos nacen fuera de la órbita de mi secretaria, y en cierto modo de mí mismo-, ya está ella lápiz en mano atrapándolo y matándolo sin darle tiempo a soldarse al resto de la frase y sobrevivir por descuido o costumbre. Si la dejara, si en ese mismo instante la dejara, tiraría estas hojas al canasto, enfurecida. Está tan resuelta a que yo viva una vida ordenada, que cualquier movimiento imprevisto la mueve a enderezarse, toda orejas, toda rabo parado, temblando como un alambre al viento. Tengo que disimular, y so pretexto de que estoy redactando un informe, llenar algunas hojitas de papel rosa o verde con las palabras que me gustan, con sus juegos y brincos y sus rabiosas querellas. Mi fiel secretaria arregla entretanto la oficina, distraída en apariencia pero pronto al salto. A mitad de un verso que nacía tan contento, el pobre, la oigo que inicia su horrible chillido de censura, y entonces mi lápiz vuelve al galope hacia las palabras vedadas, la tacha presuroso, ordena el desorden, fija, limpia y da esplendor, y lo que queda está probablemente muy bien, pero esta tristeza, este gusto a traición en la lengua, esta cara de jefe con su secretaria.


Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.


La tristeza del cronopio
A la salida del Luna Park un cronopio advierte
que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas
                     que remonta Corrientes a las once y veinte
y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto.
Meditación del cronopio: "Es tarde, pero menos tarde
                                    para mí que para los famas,
para los famas es cinco minutos más tarde,
llegarán a sus casas más tarde,
se acostarán más tarde.
Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa
                                            y menos acostarme,
yo soy un cronopio desdichado y húmedo".
Mientras toma café en el Richmond de Florida,
moja el cronopio una tostada con sus lágrimas
                                                           naturales.
Julio Cortázar
Historias de Cronopios y de Famas (Alfaguara)

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Publicado por elchicoanalogo @ 23:23  | Libros...
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La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero “Hotel de Belgique”.
Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por que estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y aceptar taimadamente su nombre de nube, su replica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por que te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en le piso de arriba! Hay un piso arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las cosas ya sabidas, no el hotel de enfrente: la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mi como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.   
Julio Cortázar
Historias de Cronopios y de Famas (Alfaguara)

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Publicado por elchicoanalogo @ 18:58  | Libros...
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Jueves, 19 de marzo de 2009
Tu imagen melancólica
en el cristal tan tenue
borrada por la lluvia
es la imagen de un niño
que aún se asoma a su adentro
buscando a tientas la quebrada imagen
de lo que quiso ser.
José Ángel Valente
Retorno

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Publicado por elchicoanalogo @ 21:47  | Poes?a
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Historias de cronopios y de famas (1962) es uno de los libros legendarios de Julio Cortázar. Postulación de una mirada poética capaz de enfrentar las miserias de la rutina y del sentido común, Cortázar toma aquí partido por la imaginación creadora y el humor corrosivo de los surrealistas. Esta colección de cuentos y viñetas entrañables es una introducción privilegiada al mundo inagotable de uno de los más grandes escritores de este siglo y un antídoto seguro contra la solemnidad y el aburrimiento. Con este libro, Cortázar sella un pacto de complicidad definitiva e incondicional con sus lectores.


La primera página ya advierte de lo que encontraremos en Historias de cronopios y de famas, una ruptura con la realidad, una nueva mirada a lo que nos rodea, fuera la lógica y la estructura, una forma de inventar el mundo a cada paso con un afán descubridor.

Porque este libro, además de poético y surrealista, tiene mucho humor, desenmascara esa forma que tenemos de entender la realidad y de negar a los objetos y la vida otras características, otras existencias.

Dividido en cuatro partes, Manual de instrucciones es un inicio poético, entrañable, original e inasible, desde las instrucciones para, llorar, cantar o subir una escalera, actos subvertidos y reinventados en una nueva y su aplastante lógica. Ocupaciones raras se centra en una familia extraña, divertida, traviesa, capaz de construir patíbulos, poner boa arriba el funcionamiento de una oficina de correos o hacerse dueños del velatorio de un vecino, historias ocurrentes, locas, inesperadas. Material plástico, con capítulos poético como el hombre capaz de abstraer objetos de todo lo que le rodea, un hombre que vendía palabras, una secretaria que las ordenaba o un mundo donde los escribas han desplazado a lectores y los libros avasallan el mundo entero, secando mares y ocupando cada palmo de tierra. La última parte da título al libro, es la más alocada y donde se estructura el mundo en tres categorías, famas, cronopios y esperanzas, toda una aventura para el lector.

Historia de cronopios y de famas es apabullante y uno debe desprenderse de cualquier idea preconcebida con la escritura. Aquí hay libertad y pasión por crear lo (in)imaginable.





Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.

( ... )

Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

( ... )

Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida esta llena de hermosuras así.

( ... )

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.
Julio Cortázar
Historia de Cronopios y de Famas (Alfaguara)

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Publicado por elchicoanalogo @ 21:44  | Libros...
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Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009
En el presente volumen, de título provocador, el escritor chileno Roberto Bolaño ha reunido una colección de 13 relatos, tal vez para demostrarnos que no es supersticioso con el número. El séptimo, dedicado a Juan Villoro, de los mejores de la serie, da título a la recopilación. Su obra es bien conocida en España y desde su novela Los detectives salvajes su producción atrae el interés como uno de los representantes más atractivos de la narrativa hispanoamericana.


Bolaño empieza a ser territorio conocido, siempre está la sorpresa que deparan sus cuentos y, a la vez, la esperada socarronería, los viajes por México, Barcelona, Chile, Arturo Belano, los poetas franceses, la reflexión sobre la identidad de quienes desaparecen sin dejar, los amores fugaces y las mujeres misteriosas, volubles y que se quedan prendidas dentro de uno. Y, cómo no, un amor desaforado por la literatura y la escritura. Es como ver a un viejo amigo que te habla de un pasado común y a la vez te cuenta todas las novedades de su ausencia.

Los cuentos de Bolaño parece que tienen una continuidad, que no se desmiembran del resto de su obra, fluyen como un todo coherente y febril, como un paisaje inamovible. Hay historias sorprendentes, Fotos, donde reaparece Belano, un relato construido en una frase, media docena de páginas con el único punto del final, Putas asesinas, un extraño y fascinante monólogo entre una mujer y su presa anónima, Vagabundo en Francia y Bélgica, tras la pista de un poeta menor desaparecido, Últimos atardeceres en la tierra, las vacaciones de padre e hijo en Acapulco, su encuentro con una serie de personajes singulares, una yanqui en un hotel, un clavadista, una puta sin rostro y con un vestido blanco. Cada relato es una pieza de un engranaje perfecto, de un microcosmos caótico y, también, con un sentido.

Se juntan una galería de imágenes infinitas y a la vez que parecen pertenecer a una misma novela, uno de los trucos de Bolaño. La carretera en un desierto que anochece, los vestidos blancos de mujeres desconocidas, el hombre torturado en una silla, los pueblos perdidos de México y Cataluña, los paseos urbanos sin destino de madrugada, los dardos afilados contra otros escritores, la pasión por algunos poetas, esas mujeres tan extravagantes y a la vez tan cercanas que pinta Bolaño.





Tú no sabes nada de pintura, Max, pero intuyo que sabes mucho de soledad. Te gustan mis Reyes Católicos, te gusta la cerveza, te gusta tu patria, te gusta el respeto, te gusta tu equipo de fútbol, te gustan tus amigos o compañeros o camaradas, la banda o grupo o pandilla, el pelotón que te vio quedarte rezagado hablando con una tía buena a la que no conocías, y no te gusta el desorden, no te gustan los negros, no te gustan los maricas, no te gusta que te falten al respeto, no te gusta que te quiten el sitio. En fin, son tantas las cosas que no te gustan que en el fondo te pareces a mí. Nos acercamos, tú y yo, desde los extremos del túnel, y aunque lo único que vemos son nuestras siluetas seguimos caminando resueltamente hacia nuestro encuentro. En la mitad del túnel por fin podrán nuestros brazos entrelazarse, y aunque allí la oscuridad es tan grande que no podremos contemplar nuestros rostros, sé que avanzaremos sin temor y que nos tocaremos la cara (tú lo primero que me tocarás será el culo, pero eso también es parte de tu deseo de conocer mi rostro), palparemos nuestros ojos y pronunciaremos acaso una o dos palabras de reconocimiento. Entonces me daré cuenta (entonces podría darme cuenta) de que no sabes nada de pintura, pero sí de soledad, que es casi lo mismo. Algún día nos encontraremos en el medio de ese túnel, Max, y yo palparé tu cara, tu nariz, tus labios, que suelen expresar mejor que nadie tu estupidez, tus ojos vaciados, los pliegues minúsculos que se forman en tus mejillas cuando sonríes, la falsa dureza de tu rostro cuando te pones serio, cuando cantas tus himnos, esos himnos que no comprendes, tu mentón que a veces parece una piedra pero que más a menudo, supongo, parece una hortaliza, ese mentón tuyo tan típico, Max (tan típico, tan arquetípico que ahora pienso que es él quien te ha traído, quien te ha perdido). Y entonces tú y yo podremos volver a hablar, o hablaremos por primera vez, pero hasta entonces deberemos revolcarnos, quitarnos nuestras ropas y enrollarlas en nuestros cuellos o en los cuellos de los muertos. Esos que viven en la voluta inmóvil.
Roberto Bolaño
Putas asesinas (Anagrama)


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Viernes, 13 de marzo de 2009
Los deslumbrados lectores de Catedral, primer libro publicado en España de Carver, reencontrarán en De qué hablamos cuando hablamos de amor la atmósfera y los personajes de un autor que dominó indiscutiblemente el panorama literario norteamericano de los años 80. Parejas que se despedazan, compañeros que parten desesperadamente a la aventura, hijos que intentan comunicarse con sus padres, un universo injusto, violento, tenso, a veces irrisorio... En palabras de Roberto Fernández Sastre, Carver no designa lo intolerable, sino que lo nombra. Sin concesiones hacia nada ni hacia nadie, rescata lo real en su esencialidad amorfa y brutal.


Mi primer Carver. Había leído algún relato suyo en la antología del cuento norteamericano que montó Richard Ford, además de la adaptación de varios de sus relatos en la película Vidas Cruzadas de Robert Altman. Pero De qué hablamos cuando hablamos de amor es mi primer acercamiento serio a Raymond Carver. Y estoy alucinado y sorprendido, aún trato de digerir lo leído.

Aquí no hay relatos al uso, una coherencia de una historia con presentación, nudo, desenlace, unos personajes que empiezan y terminan algo. No. Aquí hay trozos de vidas tomados al azar, retratos de supervivientes, de seres solitarios o desahuciados, de gente que va por la vida intentando comprenderla o sencillamente superarla. Relatos que parecen inconclusos, que son conversaciones que parecen intranscendentes, personas cercanas, de carne y hueso, identificables.

Hay una violencia soterrada en muchos de los relatos que no termina por estallar, y cuando lo hace es de forma arbitrario y total, una austeridad en la forma de escribir que me recordó a McCarthy, son pinceladas de la vida gris y sucia de un puñado de supervivientes. Cada cuento es un acercamiento a lo complicado en las relaciones, no sólo de amor, también de amistad o familiar.

Merecen la pena estos relatos/retratos de Raymond Carver.





Bien, entonces la besé. Le incliné la cabeza sobre el respaldo del sofá y la besé, y aún siento su lengua moviéndose inquieta para meterse dentro de mi boca. ¿Comprendes lo que digo? Uno puede vivir obedeciendo todas las normas y un buen día, de pronto, nada importa un pimiento. Se te acaba la buena estrella, ¿entiendes?

( ... )

Él ve reflejado en el cristal cómo ella se estudia las uñas. Luego ella levanta la cabeza. Pregunta con viveza si le va a enseñar la ciudad, de todas formas.
Él asiente: ponte las botas y vámonos.
Pero se queda en las ventana, recordando. Habían reído. Se habían apoyado el uno en el otro y habían reído hasta que se les saltaron las lágrimas, mientras todo lo demás –el frío y el lugar adonde él iba a ir- quedaba fuera. Al menos durante cierto tiempo.
Raymond Carver
De qué hablamos cuando hablamos de amor (traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 19:20  | Libros...
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Jueves, 12 de marzo de 2009
Nubosidad variable es un cruce de diarios, cartas, recuerdos y reflexiones entre Sofía y Mariana, dos amigas de la infancia y adolescencia que se reencuentran de manera casual en una exposición (como escribe Martín Gaite por boca de una de sus protagonistas la sorpresa es una liebre, y el que sale de caza, nunca la verá dormir en el erial)

Carmen Martín Gaite ha construido un libro exuberante, donde prima el amor por la escritura, donde se habla de ese poder sanador que tiene, esos diálogos interiores donde abrimos las entrañas y descubrimos a los demás, a nosotros mismos, lo que guardamos dentro, una forma de cicatrizar heridas, de recomponer el puzzle que es nuestra vida, de ordenar el caos de recuerdos difusos y palabras nunca dichas y ajustes de cuentas.

Se alternan las cartas de las dos protagonistas, cartas escritas al azar, por necesidad, sin saber nada la una de la otra, porque esas cartas no se echan a un buzón tras ser escritas, sino que se suceden una a otra hasta que se las dan en mano en un final emotivo y distendido. Cartas intimistas, donde se va desgranando la vida de cada una. Sofía, un ama de casa culta que se adormece entre cuatro paredes y parece haber dejado pasar la vida y que recupera en esas cartas el gusto por inventar historias, por (re)crear con sus manos el mundo que le rodea. Mariana, psiquiatra dentro de una relación conflictiva, una relación que se deshace a cada paso y que angustia y destroza todo lo que tiene alrededor, huye a Cádiz, a Puerto Real, para tomar distancia e intentar salir del centro de esa tormenta en la que vive.

Martín Gaite se recrea en las historias secundarias, en los personajes que desaparecen casi nada más aparecer, con un gusto por el detalle exhaustivo, por hablar sobre los sentimientos que nos golpean, por encontrar una salida y despertar de la pesadilla en que a veces convertimos la vida. Nubosidad variable es un libro que he disfrutado a sorbos, poco a poco. Me he sentido cercano a las dos protagonistas, tan reales, de carne y hueso, tan frágiles y a la vez con un punto de fuerza que les da refugiarse en la escritura.






Más que irme, me largo. Me he liado la manta a la cabeza y he salido en estampida. De momento no pienso en las consecuencias, procuro sacarle placer a la sensación misma de la huida. Veremos lo que me dura, probablemente poco, porque ha sido una decisión a contrapelo de mi propio acuerdo. Siempre que decido hacer un viaje supedito el proyecto a fechas libres, a compromisos pendientes. O sea, que prevalece la sensatez. Pero lo de ahora es un arrebato, como la espantada de un torero que tira los trastos y echa a correr ante un toro que amenaza con derrotes de muerte.

( ... )

Recobrar siempre ha sido más excitante que cobrar, aunque también más propenso a espejismos. Y por cierto, ahora que escribo esto, me pregunto si no será igualmente un espejismo imaginar que te he recobrado a ti. De todas maneras, bendito espejismo, Sofía, caso de que lo sea. No sabes lo bien que me está sentando pensar en ti como la única destinataria posible de esta carta, que es a su vez mi única tabla de salvación. Y no tengo prisa por terminarla, me pasó lo mismo con la de hace una semana. Tengo toda la noche por delante. Con la ventaja de que hoy no caben interrupciones, porque nadie sabe dónde estoy en este momento. Ni siquiera tú

( ... )

Solamente prestamos atención a lo que ya vivimos o a lo que esperamos vivir; a lo que nos está pasando casi nunca le hacemos caso, contamos con ello como algo normal.

( ... )

Los gusanos verdes son las horas muertas, las horas podridas de mi vida entera, horas gastadas en sortear los escollos de la realidad para lograr aprobar materias que no me acuerdo de qué trataban, en las que ni siquiera me doy por examinado, a pesar de haber lidiado tanto con ellas. Porque lo único que sé de esas asignaturas es que siempre hay que estar haciéndoles frente como si fuera la primera vez, y el miedo a suspenderlas sigue siendo el mismo. Muy parecido, además, al miedo de haber perdido los papeles donde pudiera constar que se han aprobado. Se estudiaban para la nota. No eran optativas. Aprobado en hija de familia. Aprobado en noviazgo. Aprobado en economía doméstica. Aprobado en trato conyugal y en deberes con la parentela política. Aprobado en partos, aprobado en suavizar asperezas, en buscar un sitio para cada cosa y en poner a mal tiempo buena cara. Aprobado en paternidad activa, aunque esta asignatura, por ser las más difícil, está sometida a continua revisión. Tales materias, sobre todo la última, pueden llegar a ser apasionantes. Depende de cómo se tomen. Pero se parecen a los problemas de logaritmos en una cosa: en que de una vez para otra ya no se sabe cómo se resolvieron, ni por qué los tenía uno que resolver. Gusanera gris y gusanera verde de conocimientos borrosos, discutibles, agobiantes.

( ... )

No nos damos cuenta, Mariana, de lo maravilloso que es poderle preguntar a alguien: ¿Te acuerdas?, y notar que sí, que se acuerda. Los recuerdos cultivados a solas forman una madeja embarullada por dentro, enganchada entre pinchos, llegas a no diferenciar lo que te pasó de otros jirones descabalados procedentes de escenas callejeras o del cine; pero lo peor es que, de tanto moverte en esa maraña, el ayer te vampiriza, te enrarece el aire y te tapa la luz del día en que estás viviendo. Es difícil salirse del tumor del pasado dejando indemne el tejido del presente, tan delicado y frágil como un pétalo.

( ... )

Pensar es ir saltando de una habitación a otra sin ilación aparente, estancias del presente y del pasado, algunas aún accesibles, otras cerradas para siempre o derruidas, nuestras o no, tan pronto morada estable como refugio eventual del que solamente quedó un olor o una sombra movediza proyectada en el techo, en qué ciudad sería, yo tardaba en dormirme y oía ruidos por el pasillo, hotel, casa de gente conocida, de qué mano entre allí. Habitaciones que se dislocan, bifurcan e intercambian volúmenes y adornos cuando surgen en sueños al servicio de un argumento con pegotes de cine o de novelas, y las transita uno disfrazado, sin atreverse a reconocerlas del todo, luchando por entender qué oscura fuerza nos ha vuelto a traer a esos umbrales y por recordar adónde llevaba el largo corredor que se adivina al fondo.
Los recuerdos están repartidos por habitaciones que el pensamiento visita cuando se le antoja, a un ritmo imprevisible, ajeno a nuestras riendas. Pensar es ir saltando de una habitación a otra, y en esta aventura, si os veis embarcados en ella, no le pidáis razones cronológicas. Cada habitación lleva cuatro o cinco dentro, como las cajitas chinas, con la diferencia de que de una vez para otra alguien a tus espaldas las revuelve y transfigura. Sólo sabes que la de fuera es esa cuyas paredes estás viendo y tocando cuando la cabeza se dispara y empieza a divagar.
Carmen Martín Gaite
Nubosidad variable (Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 22:21  | Libros...
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Mi?rcoles, 11 de marzo de 2009
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
Jorge Luis Borges
Despedida


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Viernes, 06 de marzo de 2009
Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Inflexible y con una voluntad de hierro, Walt vive en un mundo en perpetua evolución, pero las circunstancias harán que se vea obligado, frente a sus vecinos inmigrantes, a enfrentarse a sus antiguos prejuicios. (Filmafinnity)

A lo largo de los años Clint Eastwood ha conseguido una sencillez difícil de alcanzar para contar sus historias de manera apabullante, directa y conmovedora, tanto delante como detrás de las cámaras. Parece que su cine fluye sin esfuerzo, sin treguas ni trampas, sin complicados mecanismos embaucadores. Es de una sinceridad, concisión e inteligencia extrema, como su forma de actuar, los gestos justos, adecuados, siempre certeros, un laconismo que resulta cercano y realista.

De nuevo, Clint Eastwood habla de la complejidad en las relaciones humanas, de la soledad y la familia, de las guerras y sus barbaries, de la violencia y su forma de enfrentarse a ella.

Soledad… Eastwood interpreta a un veterano de la guerra de Corea enviudado recientemente. Es huraño, racista, malhumorado y malhablado. Vive solo en un barrio al que poco a poco se han mudado inmigrantes asiáticos, quedando Walt como una isla. Sabe más de la muerte que de la vida, y ese no saber vital le hace no haber echado raíces en sus hijos, en sus nietos. Nadie le acompaña en sus tardes de cerveza y porche y mira las fotos antiguas de su mujer. No hay mayor soledad que la vejez y los recuerdos.

La familia… Gran Torino es emocionante y hermosa, y esa emoción parte de la idea, de la verdad, de que la familia no sólo es aquella con la que nos une la sangre, también se puede encontrar fuera, en unos vecinos venidos de otra parte del mundo. Es hermosa la relación de amistad con Sue, su vecina adolescente, ella le guía por un mundo y unas costumbres que no conoce. En cambio, con su hermano Thao, ejerce el papel de padre que no supo hacer con sus hijos, llega al punto de enorgullecerse de considerarlo su amigo.

Relaciones… Walt Kowalski es huraño y racista. Pero el acercamiento a sus vecinos le hace crecer y ver otra realidad (sarcástico, se dice al espejo que tiene más en común con sus vecinos que con su familia). Ese conocimiento le enseña a sonreír, a mirar por los demás, a entrar en una comunidad, sentir que pertenece a un grupo, una familia. Eastwood filma con intimismo y delicadeza los ritos y costumbres de los vecinos asiáticos, su idioma, sus creencias. Las explica no sólo al personaje de walt, también a los espectadores, te hace participe de otro mundo. Su mirada es integradora. Ethan Edwards tardó 10 años en encontrar a su sobrina secuestrada por los indios en Centauros del desierto, pero en esa búsqueda encontró una parte de sí que no conocía. La diferencia entre Ethan y Walt es que Ethan vuelve al desierto, solo, y Walt descubre una familia en el lugar más insospechado.

La guerra, la violencia, la muerte… veterana de Corea, con una medalla de plata que le quema en la piel, Walt es una mezcla de patriota amargado y lúcido. Tiene que cargar con sus recuerdos de guerra, con la barbarie, con aquellas cosas que no le ordenaron hacer. Se confiesa con Thao, y encuentra la paz como encontró la familia, de forma inesperada (esa confesión está a la altura de aquel momento de Sin perdón donde Munny habla de la muerte). En esta película hay un sacrificio personal, una forma de enfrentarse a la violencia de manera noble, digna e imprevista. Si uno ve el trailer parece que nos encontramos ante un Harry el sucio jubilado. Pero el personaje que crea Eastwood va más allá de eso. Intenta comprender una vez que se da cuenta que la violencia engendra más violencia y busca la manera de que finalice.

Gran Torino es una de las grandes películas de Clint Eastwood, es una de esas gemas de su filmografía, tan lúcida como triste. Con momentos de humor, se acerca a esas películas finales de John Ford cada vez más intimistas.





Tags: Gran Torino, Clint Eastwood

Publicado por elchicoanalogo @ 21:22  | Cine
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Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...
Fernando Pessoa
Llueve en silencio (traducción de Ángel Crespo)


(Otra traducción)

Llueve. Hay silencio, porque la misma lluvia
no hace ruido sino con sosiego.
Llueve. El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de lo que no sabe, el sentimiento es ciego.
Llueve. Mi ser (quien soy) reniego...

Tan calma es la lluvia que se suelta al aire
(ni parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas susurrante,
que de sí misma al susurrar se olvidase.
Llueve. Nada apetece...

No aletea viento, no hay cielo que yo sienta.
Llueve longincua e indistintamente,
como cosa cierta que nos mienta,
como una gran deseo que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...



Chove

Chove. Há silêncio, porque a mesma chuva
Não faz ruído senão com sossego.
Chove. O céu dorme. Quando a alma é viúva
Do que não sabe, o sentimento é cego.
Chove. Meu ser (quem sou) renego...

Tão calma é a chuva que se solta no ar
(Nem parece de nuvens) que parece
Que não é chuva, mas um sussurrar
Que de si mesmo, ao sussurrar, se esquece.
Chove. Nada apetece...

Não paira vento, não há céu que eu sinta.
Chove longínqua e indistintamente,
Como uma coisa certa que nos minta,
Como um grande desejo que nos mente.
Chove. Nada em mim sente...


Tags: Llueve en silencio, Fernando Pessoa, Ángel Crespo, Chove

Publicado por elchicoanalogo @ 11:42  | Poes?a
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Mi?rcoles, 04 de marzo de 2009
Drácula se publicó por primera vez en 1897 y su acción transcurre fundamentalmente en Transilvania, una región del Este europeo, crisol de diversas culturas -rumana, húngara, eslava y gitana- y tierra abonada para fenómenos tan espeluznantes como el vampirismo... Drácula, el muerto viviente, reina en la noche y busca a sus víctimas para succionarles la sangre. Siente deseos eróticos y acecha a las jóvenes hermosas para vampirizarlas. Espía los sueños, aparece en cualquier lugar y ejerce una diabólica fascinación.


Tenemos en mente las imágenes de tantas adaptaciones cinematográficas que todos llegamos contaminados a la lectura de Drácula. Se confunden las caras de Lugosi o Lee con Peter Cushing, imágenes adquiridas.

Drácula es un gran libro de terror y aventuras, un terror que viene dado por los escenarios y unos personajes inquietantes (están especialmente logradas la estancia de Jonathan Harker en el castillo de Drácula y el atraque en puerto del barco que lleva a Drácula hasta Inglaterra), la aventura de un grupo de personas que tiene que luchar ante lo desconocido en una trepidante persecución por Europa. El movimiento, la llegada de la noche, las atmósferas tenebrosas y turbadoras, las imágenes de pesadilla, el erotismo soterrado, el miedo y las dudas, la lucha entre el bien y el mal, un barco con cadáveres, el cuello blanco de una mujer dormida y entregada, la muerte a través de los siglos.

El libro está compuesto de diarios, cartas y periódicos. Así, tenemos un mismo hecho contado desde varios puntos de vista y el ritmo crece en cada capítulo. Drácula es un libro intenso, tal vez falle en su resolución, rápida y desconcertante, pero te atrapa desde las primeras páginas y crea un mundo donde muerte y erotismo van de la mano.




- Ya le dije, señorita, que todo eso son tonterías, fábulas. ¡Nada, menos que nada! Todas esas historias de encantamientos, de hechicería, sólo son para las viejas que están un poco majaretas. Todo se ha inventado por los hoteleros y otros negociantes, a fin de atraerse clientes. Cuando pienso en ello me pongo furioso. Y no les basta con imprimirlo en papeles o propagar tales cuentos como si fuesen verdad, sino que llegan a grabarlos en piedra. Mire a su alrededor, por todas partes, todas esas losas que yerguen su cabeza con orgullo, en el fondo, se ven aplastadas bajo el peso de las mentiras grabadas en ella. “Aquí yace fulana…”, o bien “A la venerada memoria…” Y bajo la mayoría de estas losas, no hay nadie. A nadie le importa un ardite la memoria de tal o cual persona. Oh, todo son mentiras, de una especie o de otra, pero sólo mentiras. ¡Dios del cielo! Será estupendo cuando, el día del Juicio Final, lleguen todos, tropezando entre sí y arrastrando penosamente sus losas sepulcrales para demostrar que ellos estaban debajo. Algunos no lo lograrán, ya que sus manos habrán estado demasiado tiempo en el agua del mar para poder agarrar su losa.

( ... )

- Eres inteligente, querido John. Razonas bien y tienes un espíritu abierto, pero también estás lleno de prejuicios. No permites que tus oídos oigan y tus ojos vean, ni crees en las cosas que no forman parte de tu existencia cotidiana. ¿No piensas que hay cosas que, aunque no las comprendas, existen? ¿Qué algunas personas ven lo que los demás no vemos? Existen cosas que los hombres no perciben porque conocen (O creen conocer) otras que se les ha enseñado. ¡Ah! He aquí el defecto de la ciencia; ésta quisiera poder explicarlo todo, y cuando no consigue explicar algo, declara que no hay nada que explicar. Sin embargo, por doquier y a diario vemos aparecer teorías nuevas, mejor dicho, se dicen nuevas, si bien suelen ser más viejas, aunque finjan lo contrario, como esas ancianas pretenciosas que asisten a la Ópera.
Bram Stoker
Drácula (traducción de Mario Montalbán. Debolsillo)



De propina, un artículo de Arturo Pérez-Reverte sobre Drácula:

A menudo llegan cartas pidiendo que recomiende un libro para jóvenes. Algo que los anime a leer. En literatura, la palabra jóvenes resulta ambigua y peligrosa, de modo que no suelo meterme en ese tipo de jardines. Cada cabeza es un mundo aparte. Por lo demás, creo que, salvo contadas excepciones, lo que establece la diferencia entre un libro para jóvenes y otro para adultos es la edad de quien lo lee. Unos textos encuentran a su lector en el momento adecuado, y otros no. El conde de Montecristo, por ejemplo, puede fascinar lo mismo a un joven de quince años que a un abuelo de setenta. Y no sabría decir cuándo es más placentero y provechoso leer La línea de sombra, El guardián entre el centeno, La cartuja de Parma, Moby Dick o La montaña mágica.
Hay una novela, sin embargo, con la que tengo la certeza de ir sobre seguro, pues no conozco a ninguno de sus lectores, jóvenes o adultos, que no hable de ella con entusiasmo. Con su título ocurre como con tantas obras maestras: el cine lo hizo todavía más popular, devorándolo, y al fijarlo en el imaginario colectivo desvinculó el mito de la fuente original. Pero ese libro extraordinario sigue ahí, en librerías y bibliotecas, en buen y sólido papel impreso, esperando que manos afortunadas lo abran y se estremezcan con su invención perfecta, su belleza y su trama sobrecogedora. La novela se llama Drácula y fue escrita –a máquina, innovación técnica absoluta en aquel momento– por su autor, Bram Stoker, hace ciento diez años.
Drácula es de una modernidad que apabulla. Para construirla, Stoker se zambulló en leyendas medievales, supersticiones y brumas balcánicas, vampirismo y hombres lobo, sin que nada de eso entorpeciese con erudiciones inoportunas, a la hora de escribir, la limpia eficacia de su historia, a la que aplica una factura técnica complicada, impecablemente resuelta, que ya quisieran para sí muchos de los que, a estas alturas del tiempo y la literatura, pretenden romper o reinventar las reglas del juego. La historia, que empieza cuando el joven inglés Jonathan Harker viaja a Transilvania para negociar una venta con un aristócrata local, se fragmenta en cartas, diarios íntimos, recortes de prensa, grabaciones fonográficas e incluso el espeluznante diario de a bordo –pieza maestra dentro de la obra maestra– del capitán de un navío, el Démeter, que con su perro negro ocupa por mérito propio un lugar en la nomenclatura de barcos legendarios y misteriosos de la gran literatura de todos los tiempos.
Además, están los personajes. Complejos, humanos hasta el dolor, inhumanos hasta la crueldad objetiva y fría, los seres que pueblan Drácula mantienen al lector pegado a sus páginas: las dos amigas atrapadas por una atracción fatal, la desnudez fetichista de sus pies –¡cómo insiste en eso el autor!– cuando se entregan al terrible seductor, la violación-vampirización de Lucy, la impotente lucidez de Van Helsing, el sacrificio del compañero generoso, la dramática empresa de los tres amigos y su estaca en el corazón, la fanática fe del miserable y leal loco Renfield en su maestro-mesías, a prueba de manicomios… Y, por encima de todos, desde que una mano fuerte, fría como la nieve, estrecha la del joven Harker en el castillo de los Cárpatos, la extraordinaria e implacable sombra que planea sobre la novela: ese espléndido conde Drácula, cuya engañosa ancianidad y bigote blanquecino quedaron borrados para siempre, en la iconografía clásica del mito –160 adaptaciones cinematográficas–, por la magnífica palidez engominada de Bela Lugosi, la elegancia aristocrática de Christopher Lee, la escalofriante cortesía de Frank Langella y todas las derivaciones, variantes o sucedáneos generados en torno; desde bodrios infames para la tele hasta obras maestras como el mítico, genial, Vampiros del maestro John Carpenter.
Y es que, por encima de todo eso, Drácula es una novela magnífica que a ningún lector deja indiferente. «La mejor del siglo», afirmaba de ella Oscar Wilde en 1897; y con Don Juan y Fausto, según André Malraux, «los únicos mitos creados por los tiempos modernos». Un pedazo de libro, vamos. De los que enganchan –literalmente– por el pescuezo. Así que, señora, caballero, profesor de literatura o quien diablos sea usted, permítame una sugerencia: si esa lastimosa criatura suya no abre nunca un libro, cómprele Drácula, o hágaselo leer y comentar en clase. A usted, de paso, tampoco le vendría mal. Échele un vistazo, y ya me contará. Tan seguro estoy de eso que, si no funciona, yo mismo le devuelvo su dinero.

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Martes, 03 de marzo de 2009

Aquí estoy,
¡Azotadme!
Merezco que me azoten.

No lamí la rompiente,
la sombra de las vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,
durante años;
descalzo,
estremecido,
absorto,
iluminado.

No me postré ante el barro,
ante el misterio intacto
del polen,
de la calma,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por pudor,
por cansancio.

No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,
los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,
de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado...

¡como hubiera deseado!
Oliverio Girondo
¡Azotadme! (en Persuasión de los días)


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