Lunes, 06 de abril de 2009
El primer acercamiento a la figura de Mishima lo tuve en plena adolescencia, cuando vi la película que le dedicó Schrader. En ella se cruzaban las obras del escritor con su vida y terminaba, de forma abrupta, con su torpe intento de golpe de estado y su posterior suicidio. Dentro de la película, si no recuerdo mal, tenía una especial relevancia la historia de El pabellón de oro.

Me he encontrado con un libro poético (poesía en prosa), escrito de forma reflexiva e intimista, lleno de símbolos e imágenes estéticamente hermosas. Y denso. Es un libro que he leído con un ritmo lento, intentando captar todas esas reflexiones sobre la vida, la belleza y el vacío, sobre el mundo exterior e interior, sobre la libertad, la carnalidad y los deseos y las barreras que nos ponemos.

Mishima trata de explicar el incendio del famoso templo a cargo del novicio Mizoguchi, torturado por su tartamudez que le hace sentir ajeno a la vida y a los hombres. Desde su infancia se siente atraído por el pabellón, primero en las palabras de su padre sacerdote y luego en su primera visita al templo, primera visita decepcionante porque su ideal de belleza enmudece ante la realidad pero que poco a poco se abisma en él y se convierte en el centro de su vida. El pabellón de oro ejerce como catalizador, como barrera entre el novicio y la vida, como encarnación del ideal de belleza.

Tengo un pequeño caos en mi cabeza, como si sólo hubiera andado por la superficie del personaje y sus motivaciones y reflexiones. Encadenado al ideal de belleza sólo puede destruirlo para empezar a vivir, en una especie de destino fatal e inquebrantable. Y hasta ese momento de libertad, Mishima repasa la vida entera de Mizoguchi en un largo monólogo interior, su pasado, las formas de maldad que se manifiestan en él, sus encuentros siempre insatisfactorios e incompletos con los otros, su lucha por superar su tara que le hace sentir fuera de la vida.

Hay imágenes de un lirismo apabullante, ceremonias del té, despedidas, encuentros incompletos a la luz de la luna, suicidios y muertes, descripciones profusas de la naturaleza, de cómo la naturaleza se conecta con la vida y el vacío que deja a su paso. Y en el centro, El pabellón de oro como belleza y barrera con la vida.





Estaba convencido que las mujeres no podrían amarme nunca. Esto, que está muy por encima de lo que la gente imagina, es una certeza confortable y tranquilizadora; puede que tú mismo te hayas dado cuenta. Entre mi negativa absoluta de reconciliarme con mis condiciones de existencia y esta convicción, no hay necesariamente contradicción. Porque si yo hubiese creído poder ser amado, tal como soy, por las mujeres, esto me habría llevado a reconciliarme de igual modo con mis condiciones de existencia. El valor para juzgar implacablemente la realidad y el valor para combatir este juicio, según, me di cuenta, se compenetraban como dos ladrones en el acto de robar. Sin mover siquiera un dedo, yo podía pasar a tomar disposiciones combativas.

(... )

Yo había, en aquel momento, experimentado una falsa alegría al creer que mi deseo, que la satisfacción de mi deseo, me daría la prueba evidente de mi imposibilidad de vivir el amor. Pero la carne me había traicionado: lo que mi espíritu quería hacer, lo había hecho la carne poniéndose en su lugar. De modo que yo me encontraba ante una nueva contradicción. Expresándome de un modo un poco vulgar, diría que, seguro de no ser amado jamás, yo no había hecho más que soñar con el amor; y que, para terminar, había substituido este amor por el deseo, lo cual me había traído la paz. Pero al mismo tiempo descubrí que este deseo exigía de mí el olvido de mis condiciones de existencia, dejar de lado lo que constituía la sola y única barrera entre mí y el amor: la certeza de no ser amado nunca. Yo había creído que el deseo era una cosa muy clara, y nunca sospeché que estuviese sujeto a dejarse ver, por poco que fuese, a la luz del sueño.

( ... )

Porque, si bien la Belleza puede ofrecerse a cualquiera, ella no pertenece a nadie. La Belleza, ¿cómo decirlo?, sí… es como una muela cariada, que nos roza la lengua, nos la agarra, nos hace daño, que yergue su existencia como un alfiler. Finalmente no podemos ya más con el dolor y el dentista nos la arranca. Entonces, al contemplar en el hueco de nuestra mano aquella pequeña cosa marrón, sucia, sanguinolenta, uno se dice más o menos: “¿Es esto? ¿Es esto lo que me hacía tanto daño, lo que no cesaba de recordarme su existencia de un modo tan desagradable, lo que me clavaba raíces tan tenaces? ¡No es más que materia muerta! Pero, esta cosa y la de hace un instante, ¿son realmente la misma cosa? Si ésta, al principio, formaba parte de mi envoltura exterior, ¿cómo, por qué conexión, ligándose a mi yo interno, pudo convertirse en una fuente de dolor? ¿Sobre que base reposaba? Y esa base, ¿existía en mí? ¿O bien existía en este objeto? Sea lo que fuere, lo que me han arrancado de las encías y lo que yace en el hueco de mi mano son dos cosas totalmente diferentes. De una manera positiva, ESTO ya no es AQUELLO. Y bien, ¿tú ves?, con la Belleza ocurre lo mismo. Matar al gato significaba arrancar la muela que causaba dolor, extirpar la Belleza de raíz. ¿Queda resuelto el problema? Yo no lo sé. Las raíces de lo Bello, a pesar de todo, no habían sido cortadas; se mató la bestia, pero no, tal vez, su belleza. Y es para burlarse de esta solución demasiado cómoda que Choshu se pone las sandalias sobre la cabeza. Él sabía, por así decirlo, que no hay otra solución, sino soportar el dolor de muelas.
Yukio Mishima
El pabellón de oro (traducción de Juan Marsé. Círculo de lectores)





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Publicado por elchicoanalogo @ 13:54  | Libros...
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Comentarios
SonrisaLa obsecion por ese templo y como lo ve en cada persona u objeto que se le aparece a traves de los a?os como lo marco a fuego ese trauna en la infancia!!Enfurru?ado.me encanto ese libro.
Lamento haberlo regalado donde puedo conseguirlo?
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009 | 0:11
Jukio , que fue un tipo extravagante,interesante...Chica
Lastima que se hizo el sepuku.Mal para nosotros los lectores!!!Llorando
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009 | 0:16
Es una historia compleja, obsesiva con un gran personaje principal, un libro introspectivo? Mishima fue un tipo peculiar.
Ac? en Espa?a se puede conseguir con facilidad, pero veo por la ip que eres de Argentina, as? que no puedo ayudarte en eso, aunque imagino que lo tendr?n en las librer?as del grupo Ateneo.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009 | 8:51