Jueves, 09 de abril de 2009
En el prefacio de Música para camaleones Truman Capote habla sobre el proceso de escritura y de cómo reflexionó sobre su estilo y lo depuró hasta la “limpieza narrativa” y sencillez de los relatos de este libro:

Para empezar, creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, son recargados. Yo prefiero escribir de menos. Sencilla, claramente, como un arroyo del campo. Pero noté que mi escritura se estaba volviendo demasiado densa, que utilizaba tres páginas para llegar a resultados que debería alcanzar en un simple párrafo. ( … ) La respuesta, que se me reveló tras meses de meditación, era sencilla, pero no muy satisfactoria. En verdad, no hizo nada para disminuir mi depresión; de hecho, la aumentó. Porque la respuesta creaba un problema en apariencia insoluble, y si no podía resolverlo, más valdría que dejase de escribir. El problema era: ¿cómo puede un escritor combinar con éxito en una sola estructura —digamos el relato breve— todo lo que sabe acerca de todas las demás formas literarias? Pues esa era la razón por la que mi trabajo a menudo resultaba insuficientemente iluminado; había fuerza, pero al ajustarme a los procedimientos de la forma en que trabajaba, no utilizaba todo lo que sabía acerca de la escritura: todo lo que había aprendido de guiones cinematográficos, comedias, reportaje, poesía, relato breve, novela corta, novela. Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponibles en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿cómo? ( … ) Me situé a mí mismo en el centro de la escena, y de un modo severo y mínimo, reconstruí conversaciones triviales con personas corrientes: el administrador de mi casa, un masajista del gimnasio, un antiguo amigo del colegio, mi dentista. Tras escribir centenares de páginas acerca de esa sencilla clase de temas, terminé por desarrollar un estilo: había encontrado una estructura dentro de la cual podía integrar todo lo que sabía acerca del escribir. Más tarde, utilizando una versión modificada de ese procedimiento, escribí una novela real corta (Ataúdes tallados a mano) y una serie de relatos breves. El resultado es el presente volumen: Música para camaleones.

Música para camaleones es un paso más en ese cruce de realidad y ficción que ya había explotado Capote en A sangre fría, pero esta vez incluyéndose en cada pincelada, autor y protagonista de las historias que cuenta. Por sus páginas aparecen detalles que ya apuntó en El arpa de hierba, historias de Nueva Orleáns, personajes famosos como Marilyn Monroe o Errol Flynn, se desnuda en el último relato, una auto entrevista divertida, sincera y con cierto desgarro personal. Con un estilo que mezcla el periodismo, los guiones de cine, los trazos biográficos, Truman Capote construye un puñado de relatos originales, conmovedores, divertidos y audaces.

Dividido en tres partes, en la primera Capote escribe seis cuentos directos, sencillos, historias que parecen triviales, pura anécdota, pero que tienen la capacidad de hablar sobre los diferentes aspectos del alma humana. La segunda parte la ocupa la novela corta Ataúdes tallados a mano, un paso delante con A sangre fría, tan apasionante como esa novela, una historia de crímenes e investigación, un retrato no sólo de un psicópata, también de un policía que convierte la investigación de los crímenes que asolan una pequeña comunidad en su único objetivo vital. Ataúdes tallados a mano es memorable, de nuevo el periodismo se cruza con la ficción de la escritura. La última parte son siete retratos que van desde su asistenta a Marilyn Monroe, pasando por un asesino del clan Mason, conversaciones que parecen escenas de una película, rápidas, jugosas, con historias inesperadas o frívolas y siempre interesantes, con un dominio increíble de la escritura por parte de Capote.

Un gran libro donde se cruzan realidad y ficción.





No importa de quién sea la culpa. A veces todos nosotros dejamos a los demás ahí fuera, a la intemperie, y nunca comprendemos la razón.

( … )

P: Si le concedieran un deseo, ¿cuál elegiría?
R: Despertarme una mañana y sentir que al fin soy una persona madura, vacía de resentimientos, ideas vengativas y otras emociones infantiles e inútiles. En otras palabras, descubrirme a mí mismo como adulto.

( … )

Pero aún no soy un santo. Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio. Claro que podría ser todas esas cosas dudosas y, no obstante, ser un santo. Pero aún no soy un santo; no, señor.
Truman Capote
Música para camaleones (traducción de Benito Gómez Ibáñez. Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 16:10  | Libros...
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