S?bado, 11 de abril de 2009
Basada en una obra de teatro (kabuki) del siglo XVII del maestro Chikamatsu Monzaemon. Kyoto, siglo XVII. Osan está casada con Ishun, un rico y tacaño escribiente. Cuando Osan es acusada falsamente por tener una relación con su mejor trabajador llamado Mohei, ambos huyen rápidamente de la ciudad. Ishun, por su parte, ordena a sus hombres que los encuentren y los separen para evitar el escándalo. (Filmaffinity)

Hay tres secuencias memorables dentro de Los amantes crucificados. La primera, poco después del inicio, es una secuencia corta pero que otorga a la historia de los dos amantes un destino claro, firme y fatal. Los empleados de un empapelador próspero y avaricioso salen a ver el desfile de unos delincuentes que serán ejecutados. Al paso del desfile sabemos que los delincuentes son dos amantes adúlteros, ella la mujer de un ministro, él su empleado. Atados espalda contra espalda y sobre un caballo, el macabro desfile termina con los amantes en la cruz, en un plano corto y sombrío. Es una secuencia contenida, filmada con esa capacidad de encuadre tan cercana a la pintura de Kenji Mizoguchi. No hay sobreentendidos ni énfasis, Mizoguchi rueda la escena con la distancia adecuada y le da al relato un aire fatalista. Una vez dentro, las empleadas se quejan de la injusticia, las mujeres adúlteras son condenadas a muerte, los señores de la casa son libres de hacer lo que les plazca porque en esa sociedad cerrada hay que obedecerles sin oponerse a sus deseos. Mizoguchi siempre ha sido un director cercano al mundo de la mujer.

La segunda secuencia se desarrolla en el lago Biwa. Osan, la mujer de un avaro y grotesco empapelador huye con Mohei ante las falsas acusaciones de adulterio. El drama de los dos protagonistas parte de un equívoco, Osan espera a su marido en la habitación de una doncella para pillarle in fraganti y obligarle a confesar sus infidelidades. Mohei, arrestado por intentar hacerse con cinco monedas de plata de su jefe, acude a la habitación de la doncella para despedirse de ella. Un empleado los sorprende y deben huir. La huída los lleva a la idea del suicidio. En una de las más hermosas escenas que recuerdo, donde se mezcla cierto toque onírico y los claroscuros de la noche y la niebla, Mohei detiene la barca sobre un punto del lago y ata los pies a su señora. Pero antes de proceder a su suicidio, le confiesa su amor reprimido. Y su señora Osan descubre una fuerza para vivir, se abalanza sobre el, le besa el kimono, la piel de tela y la barca sigue su camino, con suavidad. Al final de la secuencia, la balsa llega a tierra, a la vida. Una hermosa escena de amor y muerte.

La tercera escena es la huida de los ya amantes. Cruzan montes y bosques y se detienen en una cabaña para descansar. Mohei huye ladera abajo de su amada para que ella pueda regresar a su vida sin sufrir daño alguno. Pero Osan se da cuenta de la huída de su amado y corre tras él con el tobillo torcido. Mohei se esconde bajo unas cañas de bambú, escucha los gritos desesperados de Osan, que cae delante de él. Y Mohei sale de su escondite para abrazarla, para jurar que nunca la abandonará. De espaldas a cámara, se abrazan tumbados en el suelo, ruedan por él, un abrazo inseparable.

Los amantes crucificados es una película hermosa, fatalista, onírica, con un dominio apabullante de las sombras, los claroscuros y la escenografía, una historia con tres secuencias memorables para mí y donde Mizoguchi deja patente su maestría a la hora de componer y dirigir una película. Al final, los amantes cruzarán la muchedumbre hacia la cruz a lomos de un caballo, atados y con las manos estrechadas. Y sonríen.




Tags: Los amantes crucificados, Kenji Mizoguchi

Publicado por elchicoanalogo @ 21:21  | Cine
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Comentarios
Oh! Me han entrado (repentinas) ganas de volver a ver cualquier peli de Mizoguchi Sonrisa
Publicado por sylvia
Lunes, 13 de abril de 2009 | 13:00
Aprovech? la semana santa para desempolvar pel?culas de Bergman, Truffaut y Mizoguchi, y seguir? con los tres en las pr?ximas semanas, en especial con Mizoguchi, del que tengo ganas de volver a ver Vida de Oharu y El intendente Sansho. Esta pel?cula es incre?ble, Sylvia, las atm?sferas on?ricas, la historia de un amor que nace por una confusi?n, la forma de narrar de Mizoguchi...
Abrazos y se echa de menos tu blog
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 13 de abril de 2009 | 13:09