S?bado, 18 de abril de 2009
Música de cañerías: la música catarral del agua caliente abriéndose paso por los radiadores de míseros hoteluchos de Los Ángeles: una buena banda sonora las historias de Bukowski en este nuevo libro. “Ernest Hemingway y Henry Miller están vivos y jodidos viviendo en un cuartucho de alquiler en East Hollywood -así podría uno pensar de leer este libro-. Sórdido, obsceno y violento, en Los Ángeles de Bukowski se parece más al París de Miller que al de Hemingway, pero nuestro guía a través de este submundo está más próximo al lacónico estoicismo de Hemingway que a las rapsodias apocalípticas de Miller. Vidas de tranquila desesperación explotan en actos de violencia aparentemente fortuitos e inmotivados. En cada relato aparecen impulsos homicidas nacidos de frustraciones para las que no hay cura posible”.


Prefiero al Bukowski de las distancias cortas, de sus relatos y poemas que parecen disparos a bocajarro, un puñetazo a la realidad más edulcorada y falsa del sueño americano. Se habla del realismo sucio de sus escritos, pero en este libro hay más que un realismo gris de perdedores y escritores borrachos; está la violenta abrupta, seca, inesperada; momentos de intimidad tierna entre los muchos pasajes de un erotismo salvaje lindante con la pornografía; la amargura y la desilusión. Tal vez Bukowski sea eso, desilusión, alcohol y sexo.

Los relatos de esta colección son trazos de vidas paralelas, semejantes las unas con las otras, escritores enfermos que orinan en botellas de cristal, que malviven mientras escriben relatos y poemas que aparecerán en revistas desconocidas, que buscan en el sexo una forma de sentirse vivos o de anticipar la ausencia que es la muerte.

Supervivientes que viven por inercia, que en sus relaciones siempre está la pasión, ya sea en el sexo o en las discusiones, nunca la desidia o la dejadez, supervivientes que son como barcos naufragados, pero sin ese halo poético que a veces se les da a los perdedores. Uno no puede dejar de ver en Música de cañerías entradas de un diario, aspectos cotidianos que se rompen por un acto violento o absurdo, por un encuentro casual. Los relatos terminan de forma cortante, parece que se quedan suspendidos, colgados del abismo.

Bukowski no enfatiza ni busca una belleza formal. Escribe de forma directa y brutal, frases cortas, violentas y secas, como sus personajes, como las vidas que se cruzan en una ciudad, Los Ángeles, lejos de su glamour cinematográfico (aquí los decorados son moteles sucios, bares en penumbra, habitaciones ajadas). Y es que Bukowski retrata los callejones de la sociedad, el andar por la cuerda floja.





En Grita cuando te quemes… Su chica colgó. Se levantó y se sirvió un whisky con agua. Se lo llevó al dormitorio; se quitó la camisa, los pantalones, los zapatos, los calcetines. Se tumbó en la cama en calzoncillos, con el whisky. Eran las doce menos cuarto. Sin ambición, sin talento, sin oportunidades. Lo único que le mantenía fuera del basurero era la pura suerte, y la suerte nunca dura. En fin, era una lástima lo de Lu, pero Lu quería un triunfador. Vació el vaso y se incorporó. Cogió Resistencia, rebelión y muerte de Camus... Leyó unas páginas. Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del Hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable... su lenguaje... uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba. Dejó caer el libro al suelo e intentó dormir. Lo de dormir siempre era un problema. Se daba por satisfecho si conseguía dormir tres horas cada veinticuatro. En fin, pensó, las paredes todavía siguen ahí; si un hombre tiene cuatro paredes, tiene una oportunidad. Fuera, en la calle, no había nada que hacer.

( ... )

En Puteo Lírico… - Sí, soy el héroe. El mito. El incorruptible, el único que no se ha vendido. Mis cartas se subastan en el Este por 250 dólares. Y no puedo comprarme ni una bolsa de pedos.
Llegamos al aeropuerto internacional de Los Angeles. Ann, te quiero. Ojalá arranque el coche. Ojalá el fregadero no esté atascado. Me alegro de no haberme tirado a una groupie. Me alegro de que no se me dé bien irme a la cama con desconocidas. Me alegro de ser un imbécil. Me alegro de no saber nada. Me alegro de no haber sido asesinado. Cuando me miro las manos y veo que aún están en su sitio, pienso para mí: vaya suerte que tengo. ( … ) Todo estaba en orden. Lo que me fastidiaba era que algún día, todo se reduciría a polvo, los amores, los poemas, los gladiolos. Al final, todos acabaríamos rellenos de basura, como una empanada barata.

( … )

En Bebedora de larga distancia… Francine se dio la vuelta hacia él y él la abrazó. Los borrachos de las tres de la madrugada, en todos los Estados Unidos, miraban fijamente a las paredes, dándose finalmente por vencidos. No tenías que estar borracho para sentirte destrozado, para que te liquidase una mujer; pero podías sentirte destrozado y convertirte en un borracho. Durante un tiempo, especialmente si eras joven, podías pensar que te acompañaba la suerte; y a veces así era. Toda clase de estadísticas y de leyes entraban en acción para mantenerte en la inopia. Luego, una noche, la calurosa noche de un jueves de verano, tú te convertías en el borracho, tú estabas completamente solo en una habitación de alquiler, una habitación de tres al cuarto; y, por mucha experiencia que hubiese de noches similares, daba lo mismo; o era peor aún. Porque habías llegado a pensar que no tendrías que volver a afrontarlos. Lo único que podías hacer era encender otro cigarrillo, servirte otro whisky, mirar las paredes desconchadas a la busca de labios y de ojos. Lo que los hombres y las mujeres se hacían mutuamente era del todo incomprensible.
Charles Bukowski
Música para cañerías (traducción de J.M. Álvarez y Ángela Pérez. Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 14:23  | Libros...
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