Jueves, 23 de abril de 2009
El cielo transparente, límpido, brillante. Bochorno en las primeras horas del día del libro. Me cobijo en la lectura.

Hacia los confines del mundo. Harry Thompson. O el viaje del Beagle a mando del capitán FitzRoy y con Charles Darwin como naturalista. Más que eso. El cruce de dos personalidades opuestas en su visión del significado del mundo. Aventura, creencias, ciencia, esclavitud, colonialismo. En un capítulo saltas de emoción por encontrarte en mitad de una tormenta, en el siguiente, la visión del mundo occidental y opresora. La tristeza por llegar al final del libro y de la vida de los dos protagonistas.

La felicitación de Sylvia por el día del libro. Me recomendó El sátiro del metro, de Anita Nair. Sylvia tenía un blog al que entraba con asiduidad. Está en suspenso. O cerrado. Aun tengo una pequeña esperanza para que regrese a esto de los blogs. Coincidimos en algunos gustos. Tori Amos. Fritz Lang. Richard Ford. Seguiré su recomendación.

El sol en mi cara. Ocho minutos. Es lo que tarda la luz del sol en recorrer la distancia que nos separa. Tres de la tarde. Apeadero de Urioste. Pocos pasajeros. Ella vestida de azul y blanco. Belleza morena e inmaculada, sin las marcas devastadoras del tiempo en su mirada y en su piel.

Las calles de Bilbao bulliciosas. El sol se refleja en las lunas y las ventanillas de los coches, destellos que parecen la superficie de un lago en verano. Espejismos en mitad de la ciudad. Una mujer en el semáforo, belleza corpórea, madura, camisa roja, ombligo al aire, pelo alisado, negro. Detrás de ella, la entrada de la librería.

En la librería más mujeres que hombres, un desequilibrio esperado. Estudiantes con mochilas y carpetas, mujeres maduras con cestas llenas de libros. Me dejo llevar por los pasillos, por las estanterías, por los títulos conocidos y los que están por descubrir. Nunca me pierdo cuando no tengo un destino final. Mi mano en el cuerpo de papel de los libros, un cuerpo suave y conocido. Por mis manos pasan Plath, Kerouac, Kawabata, Muñoz Molina, Warlock, de Oakley Hall. Elijo el libro de Sylvia, El sátiro del metro, y Entrevistas breves con hombres repulsivos, de David Foster Wallace. Estoy entre dos mundos, el final del libro de Harry Thompson y mi próxima lectura. La ansiedad por no poder leer dos libros en el mismo tiempo. Me regalan una carpeta de Juan Marsé. Fugazi en el mp3. Where are the poets?

Paseo por Bilbao. El calor bajo las plantas de mis pies. En cada paso, una sensación pegajosa. Busco la sombra mientras agarro con fuerza la bolsa con los libros. El blanco de unas nubes finas y sucias bajo el azul del cielo. El sonido de los coches. Turistas hacen fotos desde el puente del arenal. Otras lenguas. El recodo de la ría. El teatro Arriaga. Entro en una cafetería y pido un café con leche. Apenas hay clientes. Un hombre trajeado intenta sacar tabaco de la máquina. La camarera prepara el café de una clienta fija, no le pregunta qué quiere y le acerca el vaso. Hojeo la carpeta de Marsé. Un dvd con un documental del escritor. Las portadas de sus libros. Tomo el café mientras leo palabras al azar.

Me siento en el parque donde se celebran las ferias de libros. Por una vez no prosigo mi paseo y dejo que  la vida pase delante de mí. Algunos adolescentes están tumbados bajo los árboles. Un par de hombres duermen la siesta en los bancos de madera. Una mujer se sienta en mi banco. Cada uno en una esquina. Entonces, imagino la escena “desde fuera”. Un plano general, dos personas en un banco y el espacio vacío entre ellos. Somos espacios en blanco. Juego nervioso con mis libros. Leo las palabras de Marsé. Sus recomendaciones. Stevenson. Baroja. Tolstoi. Stendhal. Faulkner. También Centauros del desierto. Miro al frente: Éxito, el nombre de una tienda. El sol se cuela entre las ramas de los árboles. El calor aprieta. 29 grados en el termómetro de la calle. Los puestos de helados. Los paseantes con ropas primaverales, luminosas. El vacío entre la desconocida y yo. Se levanta y se acerca a la parada del autobús. Habla con un hombre mayor. La miro en la distancia. Algo más de cuarenta años. Pequeña, muy delgada. Media melena. Llega un autobús escolar y se bajan dos críos. Se abrazan a la mujer. Sonrío. Un grupo de ancianos gritan cerca de mí. Uno levanta el puño, en broma. Madres con carritos de bebé. Músicos callejeros que cruzan el parque. Mujeres que son presencias hermosas y leves, tan hermosas y leves como las pisadas en la lluvia. Las mujeres como estrellas fugaces.

Me pregunto cómo sería la escena en silencio. Vuelvo a ponerme el mp3. Suena Hammock. El ruido difuminado, de fondo la música ambiental del dúo americano. Un niño persigue a una paloma. Le tira trozos de pan pero la paloma huye, con miedo. Entonces, el niño arranca un pedazo grande y lo tira al suelo. Aparece un gorrión y toma el pan entre su pico y se esconde tras el tronco de un árbol. El niño tira dos trozos más, uno de ellos lo agarra otro gorrión con su menudo pico y se eleva con él a la copa de un árbol. El trozo que queda es para las dos palomas. Entre dos picotazos un gorrión les quita el trozo de pan y sale volando. Las palomas siguen picoteando en el suelo, en el vacío.

Con tranquilidad me dirijo a la estación de abando. Parejas entrelazadas. Los brazos en la cintura del otro. Dos mormones hablan a un hombre negro de su libro y su religión. El hombre bosteza. Las pequeñas y frágiles nubes cada vez más sucias. Anticipo los relámpagos de esta tarde/noche. Una chica me adelanta con una rosa en la mano. Where are the poets?

Fugazi (Marillion)




Vodka intimate, an affair with isolation in a Blackheath cell
Extinguishing the fires in a private hell
Provoking the heartache to renew the licence
Of a bleeding heart poet in a fragile capsule
Propping up the crust of the glitter conscience
Wrapped in the christening shawl of a hangover
Baptised in the tears from the real

Drowning in the liquid seize on the Piccadilly line, rat race
Scuttling through the damp electric labyrinth
Caress Ophelia's hand with breathstroke ambition
An albatross in the marrytime tradition
Sheathed within the Walkman wear the halo of distortion
Aural contraceptive aborting pregnant conversation
She turned the harpoon and it pierced my heart
She hung herself around my neck

From the Time-Life-Guardians in their conscience bubbles
Safe and dry in my sea of troubles
Nine to five with suitable ties
Cast adrift as their side-show, peepshow, stereo hero
Becalm bestill, bewitch, drowning in the real

The thief of Baghdad hides in Islington now
Praying deportation for his sacred cow
A legacy of romance from a twilight world
The dowry of a relative mystery girl
A Vietnamese flower, a Dockland union
A mistress of release from a magazine's thighs
Magdalenes contracts more than favours
The feeding hands of western promise hold her by the throat
 
A son of a swastika of '45 parading a peroxide standard
Graffiti conjure disciples testaments of hatred
Aerosol wands whisper where the searchlights trim the barbed wire hedges
This is Brixton chess

A knight for Embankment folds his newspaper castle
A creature of habit, begs the boatman's coin
He'll fade with old soldiers in the grease stained roll call
And linger with the heartburn of Good Friday's last supper

Son watches father scan obituary columns in search of absent school friends
While his generation digests high fibre ignorance
Cowering behind curtains and the taped up painted windows
Decriminalised genocide, provided door to door Belsens
Pandora's box of holocausts gracefully cruising satellite infested heavens
Waiting, the season of the button, the penultimate migration
Radioactive perfumes, for the fashionably, for the terminally insane, insane
Do you realise? Do you realise?
Do you realise, this world is totally fugazi

Where are the prophets, where are the visionaries, where are the poets
To breach the dawn of the sentimental mercenary

Traducción en The Web Spain

Tags: Bilbao, día del libro, Fugazi, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 20:00  | Great White Way
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