Mario, un joven funcionario de provincias, vive dedicado a su trabajo y, sobre todo, a su mujer, Blanca, por quien siente una profunda fascinación. Juntos forman una pareja complementaria: él encarna la sencillez, la paz del hogar, la fortaleza; ella, en cambio, representa el lado exquisito de la vida, pero también la inestabilidad. Por eso Mario vive intranquilo, siempre alerta. Percibe que algo inquietante amenaza su unión. Algo que quizá tenga relación con el oscuro pasado de Blanca.
Siempre me ha atraído la forma de escribir de Antonio Muñoz Molina, cristalina, reflexiva, con un deje melancólico y una honda capacidad poética. Y todo eso me encuentro en este libro, una historia de amor, de la idea de amor que siente y vive un funcionario paciente.
Mario no tiene grandes expectativas más allá de su amor por Blanca, sorprendido porque ella lo eligiese, se quedase con él, y preocupado por perderla a cada instante. Mario y Blanca son seres antagónicos, él, casero, sin secretos ni dobleces, ella una burguesa apegada a las modas artísticas del momento que se siente enclaustrada en una ciudad como Jaén, fuera de los grandes museos y estrenos teatrales, dos seres diferentes, distintos, que conviven a pesar de todo porque Mario actúo como salvavidas, como reconstructor de un cuerpo y un alma desarmado después de una tormentosa relación amorosa de Blanca.
A trazos, Muñoz Molina describe los misterios de la vida de Blanca, sin profundizar en ellos, como tampoco puede hacerlo el protagonista, para el que el pasado de su mujer es algo casi inalcanzable e ignoto. Leves notas que nos dan una idea de Blanca, impetuosa, imprevisible, alguien en quien el protagonista pone todo su apoyo, su vida, su bienestar, el error de vivir la vida por otra persona y olvidarse de todo lo demás.
Es hermoso ese proceso por el que el protagonista descubre su forma de amar, la vida en una capital de provincia, cómo sus anhelos no coinciden con los de su esposa y debe acomodar su paso al de ella, sus reflexiones sobre el amor, la idea del amor, las formas que tenemos de entregarnos y el momento donde algo se rompe y la persona amada se convierte en otra, en un espejismo o una idea lejana de lo que hay en nuestra cabeza. Y es que tal vez el amor es más que una persona, tal vez sea una idea, una enfermedad, algo febril y siempre pasajero, quebradizo y débil y uno, al final, no sabe si el amor es inercia, enamorarse de la idea del amor y no de la persona en sí.
Muchas gracias por el libro, Auro, a mí me ha gustado mucho.
Qué vanidad haber dado por seguro el amor de Blanca, qué insensata ceguera haber creído alguna vez que ya no existía el peligro, que la vida común iba a durar serenamente siempre, como dura el trabajo cuando se han aprobado las oposiciones. Tal vez la acusación indirecta de Blanca era cierta: él, Mario, se había convertido en un funcionario mental, había pensado que casarse era como obtener una plaza en propiedad, como ese puesto de delineante que él ocupaba en la Diputación y en el que poco a poco iba a cumulando experiencia, rutina y trienios.
Antonio Muñoz Molina
En ausencia de Blanca
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