lunes, 27 de abril de 2009
Yukiko recorre las ruinas producidas por los bombardeos de Tokio en busca de Tomioka, un hombre con el que trabajó durante la guerra, cuando éste estuvo destinado en el sureste asiático. Yukiko confía en ser bien recibida por Tomioka, al que cree recientemente divorciado, pero descubre que aún sigue casado y vive con su mujer y su suegra. Sobresaltado por su visita, Tomioka deja a su familia en casa, y los amantes terminan en un hotel. (Filmaffinity)

Al final, demasiado tarde para cambiar el curso de la vida, el egocéntrico y mujeriego Tomioka descubrirá que ama a Yukiko y que su muerte le dejará desamparado y a la deriva. Y es en ese final, con los primeros planos blanquecinos de Yukiko y la negrura en la expresión de Tomioka, donde reside la fuerza y la explicación de esta película: dos seres que nunca convergen en un mismo punto, que aman a destiempo y que sólo pueden malvivir entre ellos.
Mikio Naruse nos cuenta una desgarradora historia de amor, centrada en una mujer que regresa a Japón tras la segunda guerra mundial y busca a su amante para reanudar su particular historia. Mientras pasean por una ciudad en ruinas tras la guerra, Yukiko descubre que Tomioka sigue casado con su mujer. Es hermoso el inicio de esta película contado con saltos en el tiempo, los personajes se encuentran en el presente y en el siguiente plano se miran en el pasado y se descubren en el pasado, un hermoso juego temporal (pensé en el inicio de Patt Garrett y Billy el niño, del indomable Peckinpah, ese doble tiroteo a dos tiempos de los títulos de crédito). Como son hermosos los primeros planos de la actriz Hideko Takamine, sus transformaciones, el amor y dolor unidos, las sombras, las dudas y esa unión que no es capaz de romper con el hombre que ama.
La película es para el personaje de Yukiko, para su forma de entender el amor, enganchada a un hombre del que no sabe cómo separarse, cómo dejar de amar, ahí radica su drama, no puede dejar de amar a Tomioka, es superior a sus fuerzas. Tomioka es egoísta, sólo busca su satisfacción personal y carnal, alterna las mujeres a su antojo, es incapaz de ver más allá de sí.
Tomioka y Yukiko se encuentran y desaparecen del otro durante toda la película. Con el último encuentro, con la enfermedad de ella, Tomioka, en su papel de enfermero, de guarda, descubrirá su error, su amor y su cercanía con la menuda mujer. Elipsis como cuchillas recorren la historia, y en el centro, siempre en el centro, ese amor incontrolable de Yukiko, un amor febril, loco y desesperado. Como el filo de una navaja.








Tags: Nubes Flotantes, Mikio Naruse

Publicado por elchicoanalogo @ 10:56  | Cine
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Comentarios
El comentario no está mal , pero que maldita manía de contar el final de la película de entrada!
Publicado por Jorge Caviglia
viernes, 17 de julio de 2009 | 15:02