martes, 28 de abril de 2009
Seis magníficos relatos, de uno de los autores más valiosos y significativos de las últimas décadas, que ahondan y, si cabe, perfeccionan su personal universo literario, con un broche de oro final: el relato que da título al volumen, reconstrucción imaginaria de los últimos días de Chéjov, que alcanza cotas de auténtica genialidad.

Decía Bolaño que los mejores cuentistas eran Chéjov y Carver. No sé si son los mejores, cada uno tiene su lista de preferencias, pero sin lugar a dudas son dos escritores especiales, reconocibles.
Carver se centra en las complejas y frágiles relaciones familiares y amorosas de un puñado de personajes grises y rutinarios, cuentos donde todo parece a punto de irse a pique, un amor, la relación entre un hombre con su familia, la propia vida. Son cuentos que se inician y concluyen de una manera imprevisible, la libertad fuera de la presentación, nudo y desenlace, escritos a impulsos, a corazonadas. Me gusta eso de Carver, que no se sujete a una estructura convencional para contar escenas de una vida.
En “Cajas” está la imagen de una eterna mudanza de la madre del protagonista, una mujer que sólo se siente viva con el movimiento de cajas y muebles, de ciudades y pueblos. En “Quienquiera que hubiera dormido en esta cama”, todo se inicia con una llamada telefónica equivocada. A partir de ahí, la pareja protagonista conversa sobre su vida, el estado de salud, su posicionamiento ante la muerte. “Intimidad” es un gran cuento, un escritor visita a su ex esposa y recrea la conversación que tiene. Y el cuento es precisamente eso, cómo el escritor siempre mira a su pasada relación para crear su universo literario y el cansancio de su mujer por ser un personaje y saber que cada gesto y palabra dicha quedarán registradas en algún cuento. “Menudo” es extraordinario, de nuevo una madrugada, dos casa vecinas, el drama de las infidelidades entre las dos casas y las horas que pasan con un ultimátum que pende sobre los protagonistas. En “El elefante” el protagonista se dedica a prestar dinero a su familia, cada caso es diferente, sus hijos, su ex esposa, su hermano, su madre, pero todos juntos consiguen ahogarle, no dejarle llevar una vida sin preocupaciones. “Caballos en la niebla” tiene la imagen poética de los caballos irrumpiendo en la ruptura de un viejo matrimonio. De nuevo la fragilidad de las relaciones, esa mirada de carver sobre seres que se alejan el uno del otro. El libro termina de una forma portentosa con Tres rosas amarillas, sobre los últimos días de Chéjov.
Me gusta el universo de Carver, su forma directa de escribir, los seres reales y cercanos de sus cuentos.


En Intimidad… Dice: A partir de entonces, a partir del día en que te fuiste, ya nada me importaba. Ni los niños, ni Dios, ni nada. Era como si no supiera qué cataclismo me había fulminado. Era como si de pronto hubiera dejado de vivir. Había ido viviendo año tras año, y de pronto la vida cesaba. No se detenía sin más, sino con un chirrido horrible. Pensé: si para él no valgo nada, tampoco valgo nada para mí misma, para nadie. Eso fue lo peor. Sentía que se me iba a romper el corazón. ¿Qué, digo? Se me había roto. Claro que se me rompió. Así, sin más. Y sigue roto, si te interesa saberlo. Esa es la verdad, en pocas palabras. Lo puse todo en ti: todos los huevos en la misma cesta. Eso es lo que hice. Todos los huevos podridos en la misma cesta.
Dice: Encontraste a otra, ¿no es eso? No te llevó mucho tiempo. Y ahora eres feliz. Eso es lo que dicen de ti, al menos. «Ahora es feliz.» ¿Sabes? ¡Leí todo lo que me mandaste! ¿Pensabas que no iba a hacerlo? Escuche, señor, le conozco muy bien. Siempre te he conocido bien. Entonces y ahora. Conozco el fondo de tu corazón. Todos sus recovecos. No lo olvides nunca. Tu corazón es una jungla, una selva oscura. Un cubo de la basura, por si quieres saberlo. Si quieren preguntar a alguien, diles que vengan a hablar conmigo. Yo sé muy bien cómo funcionas. Tú deja que vengan por aquí: se enterarán de un buen puñado de cosas. Yo estaba allí. En primera línea, camarada. Luego me exhibiste y ridiculizaste en tu... «literatura». Para que todo el mundo me compadeciera o se permitiera juzgarme. Pregúntame si me importaba. Pregúntame si pasé vergüenza. Vamos, pregúntamelo.
( ... )
En Menudo… Cuando Molly y yo crecimos juntos ella era parte de mí y, por supuesto, yo era parte de ella. Nos amábamos. Era nuestro destino. También yo lo creía entonces. Pero ahora ya no sé en qué creer. No estoy quejándome, sólo constato un hecho. Ahora estoy inmerso en el vacío. Y he de seguir así. No existe ya destino. Sólo hechos sucesivos a los que se les da el sentido que uno cree que tienen. Impulsos y yerros, como el más común de los mortales.
Raymond Carver
Tres rosas amarillas

Tags: Tres rosas amarillas, Raymond Carver

Publicado por elchicoanalogo @ 17:47  | Libros...
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Comentarios
Buenas Fernando!!

La verdad es que, sin quererlo, te estoy convirtiendo en uno de mis referentes a la hora de leerme un libro. Ya me he enganchado, como tú, a Auster y a Bolaño. Con Murakami empezaré dentro de poco, y el siguiente en la lista era Carver, que también veo que te apasiona.

Alguno escritor más en tu lista? jejej
Saludos
Publicado por Cosar99
miércoles, 29 de abril de 2009 | 0:50
Saludos,

Pues menuda responsabilidad. Creo que los cuentos de Richard Ford recogidos en Rock Springs te pueden gustar mucho, Truman Capote y A sangre fría o Música para camaleones están muy bien. De los clásicos japoneses, Kawabata. Y si puedes conseguirlo, Justicia para un hombre solo, de Yoshimura. Si te gusta Murakami, te recomiendo Tsugumi, de Banana Yoshimoto. Eh, al novela negra me gusta mucho, sobre todo Chandler y Hammett. Y de literatura española actual, Muñoz Molina. Y siempre Benedetti. Y algunas cosas de Baricco, tan melancólico, tan de fábula.
Lo mejor es picotear y dejarse llevar por un título. Ahora estoy con Firmin, por el momento pinta bien.
Abrazos varios
Publicado por elchicoanalogo
miércoles, 29 de abril de 2009 | 1:04
Leñe, César, qué responsabilidad... Segro que disfrutas de Murakami y los cuentos austeros de Carver. Y una recomendación, el libro de relatos Rock Springs de Richard Ford. Nadie me hace caso pero siempre la dejo caer por si acaso.
Abrazos murakamianos
Publicado por elchicoanalogo
martes, 29 de septiembre de 2009 | 20:12