Mi?rcoles, 29 de abril de 2009
En la cara lleva
tres años perdidos
y el frío de las seis de la mañana.

Van a partirte el corazón.
De pronto
la luz apagada,
los pasillos turbios,
la puerta que clava su ruido en la espalda.

Van a partirle el corazón.
Y arrastra
una cadena oscura
de pasiones heladas,
ese frío que cabe solamente
detrás de una palabra.

Y yo la veo caminar,
despacio,
perderse en lo que anda,
fugitiva tristeza que va y viene
de la sombra a la puerta de mi casa.

La luz artificial deja en la calle
el temblor silencioso
de tres barcas ancladas.

cuando ella cruza por mi lado siento
como un golpe de remos
y un murmullo de agua.
Luis García Montero
Canción amarga

Tags: Canción amarga, Luis García Montero

Publicado por elchicoanalogo @ 9:52  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 28 de abril de 2009
Seis magníficos relatos, de uno de los autores más valiosos y significativos de las últimas décadas, que ahondan y, si cabe, perfeccionan su personal universo literario, con un broche de oro final: el relato que da título al volumen, reconstrucción imaginaria de los últimos días de Chéjov, que alcanza cotas de auténtica genialidad.


Decía Bolaño que los mejores cuentistas eran Chéjov y Carver. Carver se centra en las complejas y frágiles relaciones familiares y amorosas de un puñado de personajes grises y rutinarios, cuentos donde todo parece a punto de irse a pique, un amor, la relación entre un hombre con su familia, la propia vida. Son cuentos que se inician y concluyen de una manera imprevisible, la libertad fuera de la presentación, nudo y desenlace, escritos a impulsos, a corazonadas. Me gusta eso de Carver, que no se sujete a una estructura convencional para contar escenas de una vida.

En Cajas está la imagen de una eterna mudanza de la madre del protagonista, una mujer que sólo se siente viva con el movimiento de cajas y muebles, de ciudades y pueblos. En Quienquiera que hubiera dormido en esta cama, todo se inicia con una llamada telefónica equivocada. A partir de ahí, la pareja protagonista conversa sobre su vida, el estado de salud, su posicionamiento ante la muerte. Intimidad es un gran cuento, un escritor visita a su ex esposa y recrea la conversación que tiene. Y el cuento es precisamente eso, cómo el escritor siempre mira a su pasada relación para crear su universo literario y el cansancio de su mujer por ser un personaje y saber que cada gesto y palabra dicha quedarán registradas en alguno de sus libros. Menudo es extraordinario, de nuevo una madrugada, dos casas vecinas, el drama de las infidelidades entre las dos casas y las horas que pasan con un ultimátum que pende sobre los protagonistas. En El elefante el protagonista se dedica a prestar dinero a su familia, cada caso es diferente, sus hijos, su ex esposa, su hermano, su madre, pero todos juntos consiguen ahogarle, no dejarle llevar una vida sin preocupaciones. Caballos en la niebla tiene la imagen poética de los caballos irrumpiendo en la ruptura de un viejo matrimonio. De nuevo la fragilidad de las relaciones, esa mirada de Carver sobre seres que se alejan el uno del otro. El libro termina de una forma portentosa con Tres rosas amarillas, sobre los últimos días de Chéjov.

Me gusta el universo de Carver, su forma directa de escribir, los seres reales y cercanos de sus cuentos.





En Intimidad… Dice: A partir de entonces, a partir del día en que te fuiste, ya nada me importaba. Ni los niños, ni Dios, ni nada. Era como si no supiera qué cataclismo me había fulminado. Era como si de pronto hubiera dejado de vivir. Había ido viviendo año tras año, y de pronto la vida cesaba. No se detenía sin más, sino con un chirrido horrible. Pensé: si para él no valgo nada, tampoco valgo nada para mí misma, para nadie. Eso fue lo peor. Sentía que se me iba a romper el corazón. ¿Qué, digo? Se me había roto. Claro que se me rompió. Así, sin más. Y sigue roto, si te interesa saberlo. Esa es la verdad, en pocas palabras. Lo puse todo en ti: todos los huevos en la misma cesta. Eso es lo que hice. Todos los huevos podridos en la misma cesta.
Dice: Encontraste a otra, ¿no es eso? No te llevó mucho tiempo. Y ahora eres feliz. Eso es lo que dicen de ti, al menos. «Ahora es feliz.» ¿Sabes? ¡Leí todo lo que me mandaste! ¿Pensabas que no iba a hacerlo? Escuche, señor, le conozco muy bien. Siempre te he conocido bien. Entonces y ahora. Conozco el fondo de tu corazón. Todos sus recovecos. No lo olvides nunca. Tu corazón es una jungla, una selva oscura. Un cubo de la basura, por si quieres saberlo. Si quieren preguntar a alguien, diles que vengan a hablar conmigo. Yo sé muy bien cómo funcionas. Tú deja que vengan por aquí: se enterarán de un buen puñado de cosas. Yo estaba allí. En primera línea, camarada. Luego me exhibiste y ridiculizaste en tu... «literatura». Para que todo el mundo me compadeciera o se permitiera juzgarme. Pregúntame si me importaba. Pregúntame si pasé vergüenza. Vamos, pregúntamelo.

( ... )

En Menudo… Cuando Molly y yo crecimos juntos ella era parte de mí y, por supuesto, yo era parte de ella. Nos amábamos. Era nuestro destino. También yo lo creía entonces. Pero ahora ya no sé en qué creer. No estoy quejándome, sólo constato un hecho. Ahora estoy inmerso en el vacío. Y he de seguir así. No existe ya destino. Sólo hechos sucesivos a los que se les da el sentido que uno cree que tienen. Impulsos y yerros, como el más común de los mortales.
Raymond Carver
Tres rosas amarillas (Traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)

Tags: Tres rosas amarillas, Raymond Carver, Jesús Zulaika, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 17:47  | Libros...
Comentarios (10)  | Enviar
Lunes, 27 de abril de 2009
Yukiko recorre las ruinas producidas por los bombardeos de Tokio en busca de Tomioka, un hombre con el que trabajó durante la guerra, cuando éste estuvo destinado en el sureste asiático. Yukiko confía en ser bien recibida por Tomioka, al que cree recientemente divorciado, pero descubre que aún sigue casado y vive con su mujer y su suegra. Sobresaltado por su visita, Tomioka deja a su familia en casa, y los amantes terminan en un hotel. (Filmaffinity)

Mikio Naruse nos cuenta una desgarradora historia de amor, centrada en una mujer que regresa a Japón tras la segunda guerra mundial y busca a su amante para reanudar su particular historia. Mientras pasean por una ciudad en ruinas tras la guerra, Yukiko descubre que Tomioka sigue casado con su mujer. Es hermoso el inicio de esta película contado con saltos en el tiempo, los personajes se encuentran en el presente y en el siguiente plano se miran en el pasado y se descubren en el pasado, un hermoso juego temporal (pensé en el inicio de Pat Garrett y Billy el niño, de Peckinpah, ese doble tiroteo a dos tiempos de los títulos de crédito). Como son hermosos los primeros planos de la actriz Hideko Takamine, sus transformaciones, el amor y dolor unidos, las sombras, las dudas y esa unión que no es capaz de romper con el hombre que ama.

La película es para el personaje de Yukiko, para su forma de entender el amor, enganchada a un hombre del que no sabe cómo separarse, cómo dejar de amar, ahí radica su drama, no puede dejar de amar a Tomioka, es superior a sus fuerzas. Tomioka es egoísta, sólo busca su satisfacción personal y carnal, alterna las mujeres a su antojo, es incapaz de ver más allá de sí.

Tomioka y Yukiko se encuentran y desaparecen del otro durante toda la película. Con el último encuentro, con la enfermedad de ella, Tomioka, en su papel de enfermero, de guarda, descubrirá su error, su amor y su cercanía con la menuda mujer. Elipsis como cuchillas recorren la historia, y en el centro, siempre en el centro, ese amor incontrolable de Yukiko, un amor febril, loco y desesperado. Como el filo de una navaja.

Tags: Nubes Flotantes, Mikio Naruse

Publicado por elchicoanalogo @ 10:56  | Cine
Comentarios (1)  | Enviar
Domingo, 26 de abril de 2009
El sol, el sabio viejo, desvanece
pequeñas dudas de oscuridad, dejadas
por resolver hasta ahora. Tiemblan
algo sus manos, y temblamos
árboles y nosotros, al sentir
que un minuto que pasa ha de arrancar
brusco, vendas de la sombra, y ahora la precisa
navaja de la luz caerá recta, y ahora
chillará la delgada inquietud de la flauta
de Iblis, y lo veremos todo, y todo más allá
de espacios de fulgor, impenetrables
como el cristal. Claro el mundo, diremos:
tú lo has querido, te lo buscaste, por la noche,
cuando sólo dormías para despertar
y no quisiste creer que la vida
ignota se te haría, más que el sueño.
Gabriel Ferrater
A media mañana (traducción de José Agustín Goytisolo)

Tags: A media mañana, Gabriel Ferrater, José Agustín Goytisolo

Publicado por elchicoanalogo @ 10:57  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Mario, un joven funcionario de provincias, vive dedicado a su trabajo y, sobre todo, a su mujer, Blanca, por quien siente una profunda fascinación. Juntos forman una pareja complementaria: él encarna la sencillez, la paz del hogar, la fortaleza; ella, en cambio, representa el lado exquisito de la vida, pero también la inestabilidad. Por eso Mario vive intranquilo, siempre alerta. Percibe que algo inquietante amenaza su unión. Algo que quizá tenga relación con el oscuro pasado de Blanca.


Siempre me ha atraído la forma de escribir de Antonio Muñoz Molina, cristalina, reflexiva, con un deje melancólico y una honda capacidad poética. Y todo eso me encuentro en este libro, una historia de amor, de la idea de amor que siente y vive un funcionario paciente.

Mario no tiene grandes expectativas más allá de su amor por Blanca, sorprendido porque ella lo eligiese, se quedase con él, y preocupado por perderla a cada instante. Mario y Blanca son seres antagónicos, él, casero, sin secretos ni dobleces, ella una burguesa apegada a las modas artísticas del momento que se siente enclaustrada en una ciudad como Jaén, fuera de los grandes museos y estrenos teatrales, dos seres diferentes, distintos, que conviven a pesar de todo porque Mario actúo como salvavidas, como reconstructor de un cuerpo y un alma desarmado después de una tormentosa relación amorosa de Blanca.

A trazos, Muñoz Molina describe los misterios de la vida de Blanca, sin profundizar en ellos, como tampoco puede hacerlo el protagonista, para el que el pasado de su mujer es algo casi inalcanzable e ignoto. Leves notas que nos dan una idea de Blanca, impetuosa, imprevisible, alguien en quien el protagonista pone todo su apoyo, su vida, su bienestar, el error de vivir la vida por otra persona y olvidarse de todo lo demás.

Es hermoso ese proceso por el que el protagonista descubre su forma de amar, la vida en una capital de provincia, cómo sus anhelos no coinciden con los de su esposa y debe acomodar su paso al de ella, sus reflexiones sobre el amor, la idea del amor, las formas que tenemos de entregarnos y el momento donde algo se rompe y la persona amada se convierte en otra, en un espejismo o una idea lejana de lo que hay en nuestra cabeza. Y es que tal vez el amor es más que una persona, tal vez sea una idea, una enfermedad, algo febril y siempre pasajero, quebradizo y débil y uno, al final, no sabe si el amor es inercia, enamorarse de la idea del amor y no de la persona en sí.





Qué vanidad haber dado por seguro el amor de Blanca, qué insensata ceguera haber creído alguna vez que ya no existía el peligro, que la vida común iba a durar serenamente siempre, como dura el trabajo cuando se han aprobado las oposiciones. Tal vez la acusación indirecta de Blanca era cierta: él, Mario, se había convertido en un funcionario mental, había pensado que casarse era como obtener una plaza en propiedad, como ese puesto de delineante que él ocupaba en la Diputación y en el que poco a poco iba a cumulando experiencia, rutina y trienios.
Antonio Muñoz Molina
En ausencia de Blanca (círculo de lectores)

Tags: En ausencia de Blanca, Antonio Muñoz Molina, Círculo de lectores

Publicado por elchicoanalogo @ 10:39  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
S?bado, 25 de abril de 2009
La teoría de la evolución de Charles Darwin supuso un hito en la historia del pensamiento. El gran naturalista británico transformó radicalmente la visión que el hombre tenía de sí mismo, iniciando una revolución conceptual cuyas consecuencias aún perviven. Menos conocida, en cambio, es la figura del oficial de la armada Robert FitzRoy, sin cuya participación la teoría de Darwin nunca hubiese visto la luz. En 1831, FitzRoy admite a bordo del Beagle al joven Charles Darwin, que lo acompañará en la famosa expedición que conmocionaría el mundo, y cuyo objetivo era cartografiar las costas de Tierra del Fuego. Ambos persiguen la verdad, aunque no tardan en comprobar que su concepto de verdad es radicalmente opuesto. Mientras FitzRoy defiende sus creencias religiosas y el «orden natural de las cosas», Darwin madura la teoría que lo haría famoso.


Dentro del libro de Harry Thompson se cruzan el libro de viajes y aventura, con la novela histórica, la biografía, la reflexión sobre el colonialismo, la esclavitud, la religión, la ciencia tal como se veían en el siglo XIX. En una página puedes estar en mitad de una tempestad, arrimando el hombro con los marineros, expectante ante los embates de las olas, y en la siguiente página ser testigo de un diálogo entre FitzRoy y Darwin sobre su forma tan diferente de entender el mundo.

Harry Thompson ha construido una novela-río que se lee con entusiasmo, con esa comezón de la aventura en alta mar y las grandes gestas de los antiguos aventureros, tiene un gran ritmo, incluso a veces sientes que las mil páginas se quedan cortas, los hechos se suceden durante 40 años en escenarios tan diferentes como el Londres dickensiano, los Andes, Tierra de fuego o Tahití. Ampliamente documentado, a veces parece un manual de la forma de navegar y de vivir en el s. XIX. Thompson escribe páginas reflexivas, nos pone al descubierto la cara salvaje de la colonización, la visión occidental y opresora del mundo, los enfrentamientos entre religión y ciencia, y, sobre todo, noveliza esa gran aventura que fue el viaje del Beagle y cuánto influyó en nuestra historia reciente.

La novela gira en torno a dos grandes protagonistas. FitzRoy es un enérgico capitán de la armada Británica. Darwin, un aspirante a clérigo apasionado por la naturaleza. Se dirigen a Tierra de fuego para cartografiar la costa sudamericana. Y en ese viaje, el enfrentamiento entre el mundo religioso del capitán y las nuevas teorías que apunta el naturalista en mitad de parajes inhóspitos.

Pero hay algo más que ese enfrentamiento. Está la colonización, ese afán de ver el mundo desde un punto de vista europeo y cómo esa visión arremete contra la vida de los nativos de cada tierra desconocida. Es curioso ver cómo por una parte FitzRoy ataca la selección natural, la supervivencia del más fuerte en el mundo animal, mientras es testigo de las matanzas de indígenas.

Las últimas páginas se leen con tristeza, cada personaje de esa expedición ha sufrido más de un revés, también con rabia por la forma de ver el mundo de hace un par de siglos y que te hace pensar en cómo, ahora, en nuestro presente, debemos estar cometiendo otros errores igual de dolorosos.





—Dígame, joven, ¿se siente usted capaz de comandar una tripulación de hombres exhaustos, medio muertos de hambre y desmoralizados en unas condiciones tan adversas?
—Señor, estoy decidido a que los hombres a mi mando reciban toda mi atención, tanto en lo que respecta a su bienestar físico como mental —dijo Fitz Roy sosegadamente.
—Para su predecesor, el Beagle fue también su primer mando. Las presiones de esa responsabilidad empujaron al capitán Stokes a tal estado de abatimiento que se quitó la vida.
—Eso es lo que he oído decir, señor. Un lamentable suceso.
—¿Y usted está seguro de que podrá mantenerse inmune a esas presiones?
Fitz Roy vaciló, y por primera vez King detectó una pequeña grieta en el aplomo del joven.Para su irritación, el almirante Otway eligió ese momento para acudir en su resca
—El sur es un lugar «donde el alma de un hombre muere dentro de él». Es lo último que escribió Stokes en su diario.Citaba a Alexander Pope, creo. ¿No es así, Fitz Roy?
—En efecto, señor.
—Pero también es verdad que el pobre Stokes era un tipo melancólico, y usted no lo es. No era el hombre apropiado para un cargotan solitario. Asumo toda la culpa —añadió en un tono que delataba que estaba lejos de asumir la.
—Los hombres están convencidos de que el barco sigue habitado por el fantasma del capitán Stokes —informó King a Fitz Roy—. Tiene en sus manos una interesante tarea, capitán.
—Empiezo a darme cuenta, señor.
Harry Thompson
Hacia los confines del mundo (traducción de Victoria Malet. Salamandra)


Tags: los confines del mundo, Harry Thompson, Victoria Malet, Salamandra

Publicado por elchicoanalogo @ 15:08  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Viernes, 24 de abril de 2009
Hay que recuperar
el tacto de la fiebre y el color de las noches,
la antigüedad del bronce y el aroma del llanto,
el grito de las águilas y el sabor del silencio,
la timidez del aire.
Hay que recuperar
la humildad de los astros y el sonido del hambre,
los caminos sin fecha y la altivez del junco,
los muertos renacidos y el susurro del puma,
la niebla en los vitrales.
Hay que recuperar
las verdes madrugadas y la sombra del río,
las campanas más tiernas y las manos sin dueño
la semilla del agua y los pasos perdidos,
la danza de las naves.
Hay que hacer lo imposible por descubrir de nuevo
ese torpe milagro, ese absurdo prodigio,
esa hermosa miseria que llamamos la vida,
con todo su caudal de ardiente escalofrío.
Antonio Porpetta
Propuesta (en Silva de extravagancias)

Tags: Propuesta, Silva de extravagancias, Antonio Porpetta

Publicado por elchicoanalogo @ 13:30  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
La Juana eligió a su familia. Cruzó más de 20 cuadras para volver a estar con Ale. Era una perra callejera, inquieta y alegre. Villera. Nuestra villera. Una mezcla de razas.

A veces metía la cabeza bajo mis sábanas para que la acariciara. En el momento más inesperado sentía su hocico en mi espalda y su lengua que me pedía atención y mimos. Escuchaba la danza traviesa de sus patas y cómo no desistía hasta que le acariciaba. Entonces, quería más, incluso intentaba subirse a la cama. Tenía que esconderme bajo las sábanas si quería que me dejara tranquilo. Entonces, con tranquilidad y resignación, se tumbaba en el colchón del suelo y se quedaba dormida junto a la Nury.

Le gustaba jugar con Diana, otra perra callejera, y rivalizaban en presentarse malolientes. Metían la cabeza en las bolsas de basura del pasaje, se revolcaban en tierras pestilentes y la Juana siempre aparecía con expresión risueña e inocente. Agachaba las orejas cuando la reñíamos por su olor. Pero, qué queríamos, era “villera”.

Tenía una mantita para dormir en el hueco de la escalera. Al lado de sus patas el cuenco de la comida. Cada vez que subía las escaleras Juana se desperezaba para recibirnos. Siempre nos esperaba a Gabriela y a mí al volver de los recados. Cuando doblábamos la esquina escuchábamos el trote jubiloso de la Juana. Ahí llega la caballería, decíamos.

Le brillaban los ojos. Una mirada fiel. Es tópico, lo sé, pero siempre me sorprende y admiro la fidelidad y el amor incondicional de los perros. Te quieren y te buscan a pesar de todo. Hay personas que no merecen tener perros. A veces le decíamos gordita, era insaciable

La Juana ha tenido una vida apacible, ha recibido el cariño y el amor de Gabriela hasta el final, se salvó del destino de otros perros callejeros y abandonados que vi en Tucumán. Una perra con suerte. Tenía una dueña sensible y que ama y sufre por los animales.

Dentro de mí siguen existiendo personas, recuerdos e imágenes de Tucumán, ha sido un momento importante e inesperado en mi vida, un resplandor en mitad de la noche. Y la Juana siempre será mi villera.



La cumbia rolinga (Amar y yo)


(Cumbia nena!)

Cumbia Tilinga, pa' lo' Rolingas!
Juniors!

Re fumado estoy flashando
Que Mick Jagger me saludó (x2)

Que flaco que estoy quedando
De tanto faso y Rock and Roll (x2)

Porque yo... Yo me la aguanto
Mirá de vago la que llevo yo...
Vivo escaviando, fumando, tomando
Bailando cumbia y Rock and Roll (x2)

Bailando cumbia y Rock and Roll
(Si es posible Roli Stone, si es posible Roli Stone)

(Repite todo)



Publicado por elchicoanalogo @ 12:13  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 23 de abril de 2009
El cielo transparente, límpido, brillante. Bochorno en las primeras horas del día del libro. Me cobijo en la lectura.

Hacia los confines del mundo. Harry Thompson. O el viaje del Beagle a mando del capitán FitzRoy y con Charles Darwin como naturalista. Más que eso. El cruce de dos personalidades opuestas en su visión del significado del mundo. Aventura, creencias, ciencia, esclavitud, colonialismo. En un capítulo saltas de emoción por encontrarte en mitad de una tormenta, en el siguiente, la visión del mundo occidental y opresora. La tristeza por llegar al final del libro y de la vida de los dos protagonistas.

La felicitación de Sylvia por el día del libro. Me recomendó El sátiro del metro, de Anita Nair. Sylvia tenía un blog al que entraba con asiduidad. Está en suspenso. O cerrado. Aun tengo una pequeña esperanza para que regrese a esto de los blogs. Coincidimos en algunos gustos. Tori Amos. Fritz Lang. Richard Ford. Seguiré su recomendación.

El sol en mi cara. Ocho minutos. Es lo que tarda la luz del sol en recorrer la distancia que nos separa. Tres de la tarde. Apeadero de Urioste. Pocos pasajeros. Ella vestida de azul y blanco. Belleza morena e inmaculada, sin las marcas devastadoras del tiempo en su mirada y en su piel.

Las calles de Bilbao bulliciosas. El sol se refleja en las lunas y las ventanillas de los coches, destellos que parecen la superficie de un lago en verano. Espejismos en mitad de la ciudad. Una mujer en el semáforo, belleza corpórea, madura, camisa roja, ombligo al aire, pelo alisado, negro. Detrás de ella, la entrada de la librería.

En la librería más mujeres que hombres, un desequilibrio esperado. Estudiantes con mochilas y carpetas, mujeres maduras con cestas llenas de libros. Me dejo llevar por los pasillos, por las estanterías, por los títulos conocidos y los que están por descubrir. Nunca me pierdo cuando no tengo un destino final. Mi mano en el cuerpo de papel de los libros, un cuerpo suave y conocido. Por mis manos pasan Plath, Kerouac, Kawabata, Muñoz Molina, Warlock, de Oakley Hall. Elijo el libro de Sylvia, El sátiro del metro, y Entrevistas breves con hombres repulsivos, de David Foster Wallace. Estoy entre dos mundos, el final del libro de Harry Thompson y mi próxima lectura. La ansiedad por no poder leer dos libros en el mismo tiempo. Me regalan una carpeta de Juan Marsé. Fugazi en el mp3. Where are the poets?

Paseo por Bilbao. El calor bajo las plantas de mis pies. En cada paso, una sensación pegajosa. Busco la sombra mientras agarro con fuerza la bolsa con los libros. El blanco de unas nubes finas y sucias bajo el azul del cielo. El sonido de los coches. Turistas hacen fotos desde el puente del arenal. Otras lenguas. El recodo de la ría. El teatro Arriaga. Entro en una cafetería y pido un café con leche. Apenas hay clientes. Un hombre trajeado intenta sacar tabaco de la máquina. La camarera prepara el café de una clienta fija, no le pregunta qué quiere y le acerca el vaso. Hojeo la carpeta de Marsé. Un dvd con un documental del escritor. Las portadas de sus libros. Tomo el café mientras leo palabras al azar.

Me siento en el parque donde se celebran las ferias de libros. Por una vez no prosigo mi paseo y dejo que  la vida pase delante de mí. Algunos adolescentes están tumbados bajo los árboles. Un par de hombres duermen la siesta en los bancos de madera. Una mujer se sienta en mi banco. Cada uno en una esquina. Entonces, imagino la escena “desde fuera”. Un plano general, dos personas en un banco y el espacio vacío entre ellos. Somos espacios en blanco. Juego nervioso con mis libros. Leo las palabras de Marsé. Sus recomendaciones. Stevenson. Baroja. Tolstoi. Stendhal. Faulkner. También Centauros del desierto. Miro al frente: Éxito, el nombre de una tienda. El sol se cuela entre las ramas de los árboles. El calor aprieta. 29 grados en el termómetro de la calle. Los puestos de helados. Los paseantes con ropas primaverales, luminosas. El vacío entre la desconocida y yo. Se levanta y se acerca a la parada del autobús. Habla con un hombre mayor. La miro en la distancia. Algo más de cuarenta años. Pequeña, muy delgada. Media melena. Llega un autobús escolar y se bajan dos críos. Se abrazan a la mujer. Sonrío. Un grupo de ancianos gritan cerca de mí. Uno levanta el puño, en broma. Madres con carritos de bebé. Músicos callejeros que cruzan el parque. Mujeres que son presencias hermosas y leves, tan hermosas y leves como las pisadas en la lluvia. Las mujeres como estrellas fugaces.

Me pregunto cómo sería la escena en silencio. Vuelvo a ponerme el mp3. Suena Hammock. El ruido difuminado, de fondo la música ambiental del dúo americano. Un niño persigue a una paloma. Le tira trozos de pan pero la paloma huye, con miedo. Entonces, el niño arranca un pedazo grande y lo tira al suelo. Aparece un gorrión y toma el pan entre su pico y se esconde tras el tronco de un árbol. El niño tira dos trozos más, uno de ellos lo agarra otro gorrión con su menudo pico y se eleva con él a la copa de un árbol. El trozo que queda es para las dos palomas. Entre dos picotazos un gorrión les quita el trozo de pan y sale volando. Las palomas siguen picoteando en el suelo, en el vacío.

Con tranquilidad me dirijo a la estación de abando. Parejas entrelazadas. Los brazos en la cintura del otro. Dos mormones hablan a un hombre negro de su libro y su religión. El hombre bosteza. Las pequeñas y frágiles nubes cada vez más sucias. Anticipo los relámpagos de esta tarde/noche. Una chica me adelanta con una rosa en la mano. Where are the poets?

Fugazi (Marillion)




Vodka intimate, an affair with isolation in a Blackheath cell
Extinguishing the fires in a private hell
Provoking the heartache to renew the licence
Of a bleeding heart poet in a fragile capsule
Propping up the crust of the glitter conscience
Wrapped in the christening shawl of a hangover
Baptised in the tears from the real

Drowning in the liquid seize on the Piccadilly line, rat race
Scuttling through the damp electric labyrinth
Caress Ophelia's hand with breathstroke ambition
An albatross in the marrytime tradition
Sheathed within the Walkman wear the halo of distortion
Aural contraceptive aborting pregnant conversation
She turned the harpoon and it pierced my heart
She hung herself around my neck

From the Time-Life-Guardians in their conscience bubbles
Safe and dry in my sea of troubles
Nine to five with suitable ties
Cast adrift as their side-show, peepshow, stereo hero
Becalm bestill, bewitch, drowning in the real

The thief of Baghdad hides in Islington now
Praying deportation for his sacred cow
A legacy of romance from a twilight world
The dowry of a relative mystery girl
A Vietnamese flower, a Dockland union
A mistress of release from a magazine's thighs
Magdalenes contracts more than favours
The feeding hands of western promise hold her by the throat
 
A son of a swastika of '45 parading a peroxide standard
Graffiti conjure disciples testaments of hatred
Aerosol wands whisper where the searchlights trim the barbed wire hedges
This is Brixton chess

A knight for Embankment folds his newspaper castle
A creature of habit, begs the boatman's coin
He'll fade with old soldiers in the grease stained roll call
And linger with the heartburn of Good Friday's last supper

Son watches father scan obituary columns in search of absent school friends
While his generation digests high fibre ignorance
Cowering behind curtains and the taped up painted windows
Decriminalised genocide, provided door to door Belsens
Pandora's box of holocausts gracefully cruising satellite infested heavens
Waiting, the season of the button, the penultimate migration
Radioactive perfumes, for the fashionably, for the terminally insane, insane
Do you realise? Do you realise?
Do you realise, this world is totally fugazi

Where are the prophets, where are the visionaries, where are the poets
To breach the dawn of the sentimental mercenary

Traducción en The Web Spain

Tags: Bilbao, día del libro, Fugazi, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 20:00  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar
Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
que puede ser un lirio, una violeta,
un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
y ruge cuando está sobre los mares
y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares
dioses que no se bajan a cegarla;
alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
con sólo un corazón que se partiera
para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
dice al invierno que demora: vuelve,
caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
en tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
a campo abierto, sin fijar distancia,
y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,
de un suspiro, de un verso en que se ruega,
sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
y negando lo bueno el bien propicia
porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
palpar las almas, despreciar la huella,
y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
como los vientos vaga, corre y gira;
alma que sangra y sin cesar delira
por ser el buque en marcha de la estrella.
Alfonsina Storni
Alma desnuda

Tags: Alma desnuda, Alfonsina Storni

Publicado por elchicoanalogo @ 9:15  | Poes?a
Comentarios (4)  | Enviar
Mi?rcoles, 22 de abril de 2009
Boys for Pele fue mi primer disco de Tori Amos. Una noche pude escuchar alguna de sus canciones en la radio y me quedé atrapado por la voz y el piano de Tori Amos. Más tarde pude ver varias actuaciones en televisión, pasaba de la ternura al erotismo de una manera sorprendente.

Lo primero que me impresionó fue la portada del disco, Tori Amos sentada en una mecedora con un rifle en la mano y, en un recuadro pequeño, un piano quemándose. La pierna desnuda y salpicada de barro, la mirada extraña, inquietante, una serpiente bajo la mecedora.

La música fue un shock. Acostumbrado a las guitarras y los desvaríos instrumentales propios del rock progresivo, me encontré con un disco inquieto, magnífico, melancólico en partes, ardiente en otras, con letras inteligentes, simbólicas, profundas y la voz y el piano de Tori. La voz y el piano de Tori Amos es uno, puede sacar de ambos un susurro lánguido, se detiene para gritar, para golpearlo, para enfadarse o abrazarte con su melodía, te protege o te hace trizas.

En este disco están muchas de mis canciones favoritas de Tori, el inicio con Beauty Queen/Horses, Father Lucifer, Marianne, Doughnut Song. Si hoy tuviera que escoger una canción, me decantaría por esa pequeña y frágil pieza que es Not the red baron.

Not the red baron (Tori Amos)



Not the Red Baron
Not Charlie Brown
Think I got the message figured
Another pilot down
And are there devils with halos
And beautiful capes taking them into the flames?

Not Judy G
Not Jean Jean with a hallowed heart
I see that screen go down in the flames
With every step
With every beautiful heel pointed

Not the Red Baron I'm sure
Not Charlie's wonderful dog
Not anyone I really know
Just another pilot down

Maybe I'll just sing him a last little sound
many there know some girls
With red ribbons
The prettiest red ribbons


Traducción en la página Tori Amos en español.

No el Barón Rojo,
No Charlie Brown
Creo que he entendido el mensaje
Otro piloto cae
¿Y están sus demonios con halos
Y con bellas capas llevándolos hacia las flamas?

No Judy G,
No Jean Jean con un corazón santificado
Veo esa pantalla arder en las flamas
A cada paso
Con cada hermoso tacón puntiagudo

No el Barón Rojo, estoy segura
No el maravilloso perro de Carlitos
En realidad, nadie que yo conozca
Tan sólo otro piloto derribado

Tal vez tan solo le cante un último sonidito
Allá muchos conocen a unas chicas
Con listones rojos,
Los listones rojos más hermosos



Más información en la página web de Tori Amos: http://www.toriamos.com

Tags: Not the red baron, Boys for Pele, Tori Amos

Publicado por elchicoanalogo @ 11:55  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 21 de abril de 2009
La radio siempre ha sido una presencia constante en mi vida, desde la saga de los porretas que escuchaba en los desayunos de mi infancia, pasando por los programas musicales y para solitarios noctámbulos de mi adolescencia, a los informativos y programas culturales que escucho hoy en día. Como El ojo crítico, en radio nacional, un programa que me atrapó por su sintonía.

A veces me quedo enredado y sorprendido por una melodía desconocida escuchada al azar. Esa canción al azar suele quedar en el olvido tras unas horas, incapaz de retenerla ni descubrir a su autor. Llevaba ese camino con la sintonía de El ojo crítico, una melodía melancólica, como una continua marea que explota a nuestros pies, cuando en el programa de ayer, en una casualidad austeriana, entrevistaron al compositor, Ludovico Einaudi. Sonreí. Porque conocía a Ludovico Einaudi por su disco Le Onde y por un par de bandas sonoras de películas conocidas.

Divenire pertenece al disco del mismo nombre del compositor italiano, y es la música que me acompaña hoy.

Más información sobre Ludovico Einaudi en su página web: http://www.einaudiwebsite.com/


Divenire (
Ludovico Einaudi)


Tags: Divenire, Ludovico Einaudi

Publicado por elchicoanalogo @ 13:24  | Canciones
Comentarios (2)  | Enviar
S?bado, 18 de abril de 2009
Música de cañerías: la música catarral del agua caliente abriéndose paso por los radiadores de míseros hoteluchos de Los Ángeles: una buena banda sonora las historias de Bukowski en este nuevo libro. “Ernest Hemingway y Henry Miller están vivos y jodidos viviendo en un cuartucho de alquiler en East Hollywood -así podría uno pensar de leer este libro-. Sórdido, obsceno y violento, en Los Ángeles de Bukowski se parece más al París de Miller que al de Hemingway, pero nuestro guía a través de este submundo está más próximo al lacónico estoicismo de Hemingway que a las rapsodias apocalípticas de Miller. Vidas de tranquila desesperación explotan en actos de violencia aparentemente fortuitos e inmotivados. En cada relato aparecen impulsos homicidas nacidos de frustraciones para las que no hay cura posible”.


Prefiero al Bukowski de las distancias cortas, de sus relatos y poemas que parecen disparos a bocajarro, un puñetazo a la realidad más edulcorada y falsa del sueño americano. Se habla del realismo sucio de sus escritos, pero en este libro hay más que un realismo gris de perdedores y escritores borrachos; está la violenta abrupta, seca, inesperada; momentos de intimidad tierna entre los muchos pasajes de un erotismo salvaje lindante con la pornografía; la amargura y la desilusión. Tal vez Bukowski sea eso, desilusión, alcohol y sexo.

Los relatos de esta colección son trazos de vidas paralelas, semejantes las unas con las otras, escritores enfermos que orinan en botellas de cristal, que malviven mientras escriben relatos y poemas que aparecerán en revistas desconocidas, que buscan en el sexo una forma de sentirse vivos o de anticipar la ausencia que es la muerte.

Supervivientes que viven por inercia, que en sus relaciones siempre está la pasión, ya sea en el sexo o en las discusiones, nunca la desidia o la dejadez, supervivientes que son como barcos naufragados, pero sin ese halo poético que a veces se les da a los perdedores. Uno no puede dejar de ver en Música de cañerías entradas de un diario, aspectos cotidianos que se rompen por un acto violento o absurdo, por un encuentro casual. Los relatos terminan de forma cortante, parece que se quedan suspendidos, colgados del abismo.

Bukowski no enfatiza ni busca una belleza formal. Escribe de forma directa y brutal, frases cortas, violentas y secas, como sus personajes, como las vidas que se cruzan en una ciudad, Los Ángeles, lejos de su glamour cinematográfico (aquí los decorados son moteles sucios, bares en penumbra, habitaciones ajadas). Y es que Bukowski retrata los callejones de la sociedad, el andar por la cuerda floja.





En Grita cuando te quemes… Su chica colgó. Se levantó y se sirvió un whisky con agua. Se lo llevó al dormitorio; se quitó la camisa, los pantalones, los zapatos, los calcetines. Se tumbó en la cama en calzoncillos, con el whisky. Eran las doce menos cuarto. Sin ambición, sin talento, sin oportunidades. Lo único que le mantenía fuera del basurero era la pura suerte, y la suerte nunca dura. En fin, era una lástima lo de Lu, pero Lu quería un triunfador. Vació el vaso y se incorporó. Cogió Resistencia, rebelión y muerte de Camus... Leyó unas páginas. Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del Hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable... su lenguaje... uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba. Dejó caer el libro al suelo e intentó dormir. Lo de dormir siempre era un problema. Se daba por satisfecho si conseguía dormir tres horas cada veinticuatro. En fin, pensó, las paredes todavía siguen ahí; si un hombre tiene cuatro paredes, tiene una oportunidad. Fuera, en la calle, no había nada que hacer.

( ... )

En Puteo Lírico… - Sí, soy el héroe. El mito. El incorruptible, el único que no se ha vendido. Mis cartas se subastan en el Este por 250 dólares. Y no puedo comprarme ni una bolsa de pedos.
Llegamos al aeropuerto internacional de Los Angeles. Ann, te quiero. Ojalá arranque el coche. Ojalá el fregadero no esté atascado. Me alegro de no haberme tirado a una groupie. Me alegro de que no se me dé bien irme a la cama con desconocidas. Me alegro de ser un imbécil. Me alegro de no saber nada. Me alegro de no haber sido asesinado. Cuando me miro las manos y veo que aún están en su sitio, pienso para mí: vaya suerte que tengo. ( … ) Todo estaba en orden. Lo que me fastidiaba era que algún día, todo se reduciría a polvo, los amores, los poemas, los gladiolos. Al final, todos acabaríamos rellenos de basura, como una empanada barata.

( … )

En Bebedora de larga distancia… Francine se dio la vuelta hacia él y él la abrazó. Los borrachos de las tres de la madrugada, en todos los Estados Unidos, miraban fijamente a las paredes, dándose finalmente por vencidos. No tenías que estar borracho para sentirte destrozado, para que te liquidase una mujer; pero podías sentirte destrozado y convertirte en un borracho. Durante un tiempo, especialmente si eras joven, podías pensar que te acompañaba la suerte; y a veces así era. Toda clase de estadísticas y de leyes entraban en acción para mantenerte en la inopia. Luego, una noche, la calurosa noche de un jueves de verano, tú te convertías en el borracho, tú estabas completamente solo en una habitación de alquiler, una habitación de tres al cuarto; y, por mucha experiencia que hubiese de noches similares, daba lo mismo; o era peor aún. Porque habías llegado a pensar que no tendrías que volver a afrontarlos. Lo único que podías hacer era encender otro cigarrillo, servirte otro whisky, mirar las paredes desconchadas a la busca de labios y de ojos. Lo que los hombres y las mujeres se hacían mutuamente era del todo incomprensible.
Charles Bukowski
Música para cañerías (traducción de J.M. Álvarez y Ángela Pérez. Anagrama)

Tags: Música de cañerías, Charles Bukowski, Anagrama, J.M Álvarez, Ángela Pérez

Publicado por elchicoanalogo @ 14:23  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 17 de abril de 2009
Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.
Leopoldo María Panero
Ars Magna (en Poesía 1970 - 1985)

Tags: Ars magna, Leopoldo María Panero

Publicado por elchicoanalogo @ 12:28  | Poes?a
Comentarios (2)  | Enviar
Jules y Jim son dos inseparables amigos que se enamoran de una misma mujer, Catherine. Uno de ellos finalmente se casa con ella... (Filmaffinity)

Antes de la primera guerra mundial, en una habitación parisina, Catherine quema unos papeles (para deshacerse de pasadas mentiras). El pequeño fuego alcanza su falda y Jim lo apaga. Jules y Jim son dos artistas bohemios, despreocupados y conversadores que se enamoran de la sonrisa de una estatua, sonrisa que descubren en una estudiante, Catherine, mundana, impulsiva, inesperada. Jules, Jim y Catherine forman un trío peculiar, amigable, un triángulo que será amoroso, aunque al inicio sea Jules el que se case con Catherine y le pida a Jim que no intervenga. Truffaut rueda esta primera parte de forma febril, rápida, a trompicones, se intercalan las tomas aéreas con los planos congelados y un montaje apresurado, cortante, tal vez demasiado rápido para la historia y con una literaria voz en off.

Tras la primera guerra mundial, Jules y Catherine viven juntos en un chalet de Alemania y Jim se reúne con sus antiguos amigos. Jules sabe de los escarceos de su mujer con otros hombres, de sus ideas sobre el amor libre, de sus imprevisibles huidas. Jim aparece para retomar la antigua amistad y el triángulo amoroso se consolida. Catherine buscará a Jim e iniciaran su particular romance (Truffaut filma con un romanticismo avasallador su primer anoche juntos, tal vez la mejor escena de la película). Un romance donde se cruzan otras personas, otros triángulos, cartas en la distancia que son como diálogos de sordos, una conversación siempre desfasada. Esta parte es más comedida en su montaje, siguen los planos aéreos, los rectificados rápidos, pero no es tan abrupta en su forma, se apacigua.

Truffaut filma una historia de amor loco, de amor libre, habla sobre la moralidad de tres personas que deciden vivir juntos ese amor. A veces consigue escenas particularmente brillantes (los momentos amorosos de Jim y Catherine), aunque en ocasiones se hace difícil entender el comportamiento de sus personajes: a Jules sólo le preocupa que su mujer no le deje solo, y le pide a Jim que se case con ella para estar los tres juntos; Catherine es voluble, inestable y por momentos incongruente.



Tags: Jules y Jim, François Truffaut

Publicado por elchicoanalogo @ 12:14  | Cine
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 16 de abril de 2009

La esperanza tan dulce
tan pulida, tan triste
la promesa tan leve
no me sirve

no me sirve tan mansa  
la esperanza

la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

no me sirve tan sabia
tanta rabia

el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

no me sirve tan bueno
tanto trueno

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

Sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
y el corazón alerta
sí me sirve

me sirve cuando avanza
la confianza

me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve

me sirve la medida
de tu vida

me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve

me sirve tu batalla
sin medalla

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve

me sirve tu sendero
compañero.
Mario Benedetti
Me sirve y no me sirve (en Letras de emergencia)


Tags: Me sirve y no me sirve, Mario Benedetti, Letras de emergencia

Publicado por elchicoanalogo @ 10:04  | Mario Benedetti
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 15 de abril de 2009
Un par de pequeñas referencias en el libro que Carlos Romeo le dedicó a King Crimson me descubrieron a Sean Malone y su proyecto Gordian Knot. Al buscar información sobre el músico supe que Sean fue miembro de Cynic, una banda de death/trash metal de los 80 con influencias progresivas y jazzísticas, además de ser músico de sesión de los más variopintos grupos y estilos musicales. También colaboró en el primer disco de O.S.I., junto a Jim Matheos, Kevin Moore y Mike Portnoy. Y con el siempre inquieto Mike Portnoy realizó un disco tributo a Rush: Cygnus & The Sea Monsters.

A finales de los 90 Sean Malone formó su proyecto Gordian Knot, ayudado por antiguos miembros de Cynic y otros artistas conocidos como Trey Gunn (King Crimson) o John Myung (Dream Theater). Gordian Knot es un disco excelente donde se mezcla la música progresiva, el jazz, la contundencia del trash en algunos paisajes y algunos momentos que recuerdan a los King Crimson de los ochenta. Los temas se apoyan en todo tipo de bajos (sticks, warr guitar) y guitarras y sorprende la equilibrada combinación de delicadeza y dureza en la mayor parte de sus composiciones. A unas guitarras afiladas le siguen un momento de tranquilidad y sosiego. Es un disco que se disfruta por su variedad, sus instrumentales dinámicas y el riesgo de un puñado de grandes músicos.

Más información en la página de Sean Malone: http://www.seanmalone.net/


Code/Anticode






Reflections






Rivers Dancing





Grace




Tags: Gordian Knot, Sean Malone, Cynic, Trey Gunn, John Myung, Sean Reinert

Publicado por elchicoanalogo @ 11:44  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar
Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decían que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una máquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no les sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: «No tienen agallas —decía ella—. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro...». Tenía un carácter rayano en la locura; un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidiaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchillas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía, por el contrario, realzarla.
Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviese algo que ver con el asunto.
—¿Tomas algo? —pregunté.
—Claro, ¿por qué no?
No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener la edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.
—¿Crees que soy bonita? —preguntó.
—Sí, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia. ..
—La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy
bonita?
—Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creí que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentí repugnancia y horror.
Ella me miró y se echó a reír.
—¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?
Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.
—Mira —dijo a Cass—, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
—¡Vete a la mierda, amigo! —dijo ella.
—Será mejor que la controles —me dijo el encargado.
—No te preocupes —dije yo.
—Es mi nariz —dijo Cass—, puedo hacer lo que quiera con ella.
—No —dije—, a mí me duele.
—¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
—Sí, me duele, de veras.
—De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo.
Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo, acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
—¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
—Por la mañana —dije, y me di la vuelta.
Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.
—Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la
noche.
—No hay problema —dije—. En realidad no tenemos por qué hacerlo.
—No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.
Se fue al baño. Salió en seguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.
—Ven, amor.
Fui.
Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo, acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.
—¿Cómo te llamas? —pregunté.
—¿Qué diablos importa? —preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entró ella con una gran hoja: una oreja de elefante.
—Sabía que estabas en la bañera —dijo—, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.
Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.
—¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
—Lo sabía.
Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.
Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.
—Esos hijos de puta —decía—, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
—La culpa la tienes tú por aceptar la copa.
—Yo creía que se interesaban por mí, no sólo por mi cuerpo.
—A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el bar West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.
—Vaya, cabrón, has vuelto.
Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nunca la había visto vestida así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
—Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza...
—No, no seas tonto, es la moda.
—Estás chiflada.
—Te he echado de menos —dijo.
—¿Hay otro?
—No, no hay ninguno. Sólo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes.
Pero para ti es gratis.
—Sácate esos alfileres.
—No, es la moda.
—Me hace muy desgraciado.
—¿Estás seguro?
—Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardó en el bolso.
—¿Por qué estropeas tu belleza? —pregunté—. ¿Por qué no aceptas vivir con ella sin más?
—Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
—Vale —dije—, tengo mucha suerte.
—No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
—Gracias.
Tomamos otra copa.
—¿Qué andas haciendo? —preguntó.
—Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
—A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
—No creo que quisiese establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
—Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso.
Salimos juntos. Por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.
Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil, sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa... de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quitó aquel vestido de cuello alto y lo vi... vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
—Maldita sea, condenada, ¿qué has hecho? —dije desde la cama.
—Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?
La arrastré a la cama y la besé. Me empujó y se echó a reír:
—Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
—Sí —dije—, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.
Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.
Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó:
—¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutían ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos mucho. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como un fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente: «No». La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.
Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dijo el encargado.
—Siento lo de tu amiga.
—¿El qué? —pregunté.
—Lo siento. ¿No lo sabías?
—No.
—Suicidio, la enterraron ayer.
—¿Enterrada? —pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de
un momento a otro, ¿cómo podía haber muerto?
—La enterraron las hermanas.
—¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
—Se cortó el cuello.
—Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel «no». Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.
Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé: «¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CÁLLATE YA!». Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
Charles Bukowski
La chica más guapa de la ciudad (en Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Traducción de J.M. Álvarez y Ángela Pérez. Anagrama)

Tags: Charles Bukowski, Anagrama, J.M. Alvarez, Angela Perez

Publicado por elchicoanalogo @ 0:01  | Libros...
Comentarios (6)  | Enviar
Martes, 14 de abril de 2009
Suecia, mediados del siglo XIX. Un vehículo sumergido en la niebla traquetea hacia la ciudad. Dentro viajan una trouppe de artistas ambulantes liderada por el Dr. Vogler, mago e hipnotizador al que acompañan una bruja anciana, experta en pócimas de amor, y su mujer, que ejerce de ayudante de Vogler vestida de hombre. Al pasar en una ciudad se convierten en el blanco de las burlas y humillaciones de un comité encabezado por el cínico Dr. Vergerus, consejero médico, quiénes le piden a Vogler que les conceda una representación. En la mansión, aquella noche, reina una pesada atmósfera de sortilegio. Al día siguiente tendrá lugar la representación delante de todos los invitados... (Filmaffinity)

El inicio de El rostro parece sacado del lejano expresionismo alemán y por momentos remite a la naturaleza extraña y medieval de El séptimo sello, un bosque neblinoso que cruza una compañía de artistas ambulantes. En su camino encuentran a un moribundo fantasmal. Todo son sombras, claroscuros, presencias intrigantes y primeros planos. Un inicio de cine de terror. El dr. Vogler comanda la compañía, una compañía extraña, llena de máscaras, el charlatán, la anciana con aspecto de bruja y filtros amorosos, una mujer de rasgos andróginos disfrazada de ayudante del doctor y el dr. Vogler, con peluca y barba oscuras. Las autoridades los retienen para comprobar el número de su teatro magnético y humillarlos (algo parecido hizo Bergman más tarde con El rito, extraña película)

Algunos de los temas de esta inquietante película son la apariencia, los espejos, las máscaras, el enfrentamiento entre la ciencia y el arte/apariencia, la muerte, el papel del artista y cómo a través del arte hace tambalearse otros principios, cuestionando la realidad a través de aparentes engaños. Me quedo con el enfrentamiento entre el mago Dr. Vogler y el científico Dr. Vergerus, con las máscaras que ambos llevan dejándonos ver a otro ser distinto bajo ellas, el miedo del científico Vergerus ante lo inexplicable; las dos caras de Vogler, disfrazado es el personaje inquietante y mudo, casi sobrenatural, sin la barba y la peluca, el artista humillado que pide los honorarios por su representación.

…Y la belleza sobrehumana de Ingrid Thulin.

A veces nos empeñamos en querer descubrir todos los significados de una obra, en desmenuzarla y autopsiarla hasta una solución única que nos tranquilice, como si fuera una fórmula matemática que comprender. Hay películas o libros que disfruto aún quedándome en la superficie o con la sensación de estar ante un misterio permanente. Creo que lo importante del arte, más allá de la compresión, es que nos sacuda, nos haga plantearnos docenas de preguntas donde reflexionemos sobre aspectos de la vida en los que no solemos reparar. Borges, Bergman o Ford siguen haciéndome pensar después del final.





Tags: El rostro, Ingmar Bergman

Publicado por elchicoanalogo @ 12:57  | Cine
Comentarios (2)  | Enviar
Lunes, 13 de abril de 2009
Un día. Sólo un día. Casi nada.
Un montón ordenado de minutos,
un simple recorrido
por la redonda senda
estelada de números y dudas.
Una pizca en el torrente
voraz del universo.
Una huella en la niebla,
un humo que se marcha,
un vuelo ya olvidado
de aquel insecto mínimo
cuyo nombre jamás preguntaremos.

Y sin embargo, siempre, nuestra vida,
acaba siendo un día, sólo un día,
un día irrepetible ocupando su centro
y una serie de años sin sentido
sirviendo de ropaje a su memoria.
Es aquel claro día
en el que amanecemos al asombro,
porque todo es verdad a nuestro paso,
y sin ira miramos el espejo,
y por primera vez nos descubrimos
como queremos ser:
indemnes,
             plenos,
            limpios,
                          libres,
                                  nuestros.
Antonio Porpetta
Un dia (en Cuaderno de los acercamientos)

Tags: Un día, Cuaderno de acercamientos, Antonio Porpetta

Publicado por elchicoanalogo @ 21:18  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 11 de abril de 2009
Basada en una obra de teatro (kabuki) del siglo XVII del maestro Chikamatsu Monzaemon. Kyoto, siglo XVII. Osan está casada con Ishun, un rico y tacaño escribiente. Cuando Osan es acusada falsamente por tener una relación con su mejor trabajador llamado Mohei, ambos huyen rápidamente de la ciudad. Ishun, por su parte, ordena a sus hombres que los encuentren y los separen para evitar el escándalo. (Filmaffinity)

Hay tres secuencias memorables dentro de Los amantes crucificados. La primera, poco después del inicio, es una secuencia corta pero que otorga a la historia de los dos amantes un destino claro, firme y fatal. Los empleados de un empapelador próspero y avaricioso salen a ver el desfile de unos delincuentes que serán ejecutados. Al paso del desfile sabemos que los delincuentes son dos amantes adúlteros, ella la mujer de un ministro, él su empleado. Atados espalda contra espalda y sobre un caballo, el macabro desfile termina con los amantes en la cruz, en un plano corto y sombrío. Es una secuencia contenida, filmada con esa capacidad de encuadre tan cercana a la pintura de Kenji Mizoguchi. No hay sobreentendidos ni énfasis, Mizoguchi rueda la escena con la distancia adecuada y le da al relato un aire fatalista. Una vez dentro, las empleadas se quejan de la injusticia, las mujeres adúlteras son condenadas a muerte, los señores de la casa son libres de hacer lo que les plazca porque en esa sociedad cerrada hay que obedecerles sin oponerse a sus deseos. Mizoguchi siempre ha sido un director cercano al mundo de la mujer.

La segunda secuencia se desarrolla en el lago Biwa. Osan, la mujer de un avaro y grotesco empapelador huye con Mohei ante las falsas acusaciones de adulterio. El drama de los dos protagonistas parte de un equívoco, Osan espera a su marido en la habitación de una doncella para pillarle in fraganti y obligarle a confesar sus infidelidades. Mohei, arrestado por intentar hacerse con cinco monedas de plata de su jefe, acude a la habitación de la doncella para despedirse de ella. Un empleado los sorprende y deben huir. La huída los lleva a la idea del suicidio. En una de las más hermosas escenas que recuerdo, donde se mezcla cierto toque onírico y los claroscuros de la noche y la niebla, Mohei detiene la barca sobre un punto del lago y ata los pies a su señora. Pero antes de proceder a su suicidio, le confiesa su amor reprimido. Y su señora Osan descubre una fuerza para vivir, se abalanza sobre el, le besa el kimono, la piel de tela y la barca sigue su camino, con suavidad. Al final de la secuencia, la balsa llega a tierra, a la vida. Una hermosa escena de amor y muerte.

La tercera escena es la huida de los ya amantes. Cruzan montes y bosques y se detienen en una cabaña para descansar. Mohei huye ladera abajo de su amada para que ella pueda regresar a su vida sin sufrir daño alguno. Pero Osan se da cuenta de la huída de su amado y corre tras él con el tobillo torcido. Mohei se esconde bajo unas cañas de bambú, escucha los gritos desesperados de Osan, que cae delante de él. Y Mohei sale de su escondite para abrazarla, para jurar que nunca la abandonará. De espaldas a cámara, se abrazan tumbados en el suelo, ruedan por él, un abrazo inseparable.

Los amantes crucificados es una película hermosa, fatalista, onírica, con un dominio apabullante de las sombras, los claroscuros y la escenografía, una historia con tres secuencias memorables para mí y donde Mizoguchi deja patente su maestría a la hora de componer y dirigir una película. Al final, los amantes cruzarán la muchedumbre hacia la cruz a lomos de un caballo, atados y con las manos estrechadas. Y sonríen.




Tags: Los amantes crucificados, Kenji Mizoguchi

Publicado por elchicoanalogo @ 21:21  | Cine
Comentarios (2)  | Enviar
Viernes, 10 de abril de 2009
Viernes santo. Día gris, lluvioso y nostálgico. Podría hablar sobre la niebla perpetua desde hace horas, de las ondas de las gotas que sacuden los charcos de la carretera, de la quietud y la soledad, de las gotas colgadas de las últimas ramas de los árboles. Ben-Hur en la televisión. La primera película que vi en el cine, con cuatro años. Sólo recuerdo la escena de la batalla de galeras, luego, imagino, dormí en una butaca roja que me envolvía por entero. También Bukowski y Música de cañerías. Relatos abruptos, degenerados, directos, perdedores y escritores que orinan dentro de botellas vacías. La otra cara del sueño americano, de la vida imaginada, de las luces blancas y las aceras relucientes. Hay suciedad, espasmos, sexo interrumpido, algo parecido al amor y mucha mala leche. El Bukowski que me gusta es el de las distancias cortas, poemas y relatos que son balas certeras disparadas al cielo.

Hay nombres que ya es imposible que recuerde, hay caras sin nombre, caras que no sé si volverán a tener nombre, con los años voy perdiendo unos recuerdos y ganando otros gracias a vuestra memoria, a la mirada desde otra perspectiva. Y es que la memoria es un fino y quebradizo hilo. Se me mueren los nombres y las caras, se me desvanecen tras esa línea de niebla del horizonte, ya no sé si la chica de nuestras fotos se llama Verónica, si alguna vez he conocido a otra Verónica que no fuera la secretaria de Tele7, si la Gema de la que me hablas también es aquella que estudió conmigo en EGB y que ahora trabaja en la casa del libro de Bilbao. Voy barajando los recuerdos y en cada cruce de cartas pierdo más de una. ¿Cómo se llamaba la chica del corazón tallado en la puerta? Recuerdo la puerta del improvisado y caótico garaje de maderos marrones y gris, recuerdo que el culo del coche sobresalía y siempre había que dejar la puerta abierta. Recuerdo la mañana que me acerqué a leer las palabras talladas en la puerta, un juego que hacíamos en cada puerta vieja que nos encontrábamos, nuestros nombres y fechas, imaginando que el tiempo avanzaría muy lento, incapaces de vislumbrar el día donde hubieran pasado 20 años de nuestra travesura. Recuerdo, en fin, Arantza, recuerdo el vuelco de mi corazón al ver otro corazón tallado en la puerta. Y dentro de ese corazón, mi nombre y el de otra chica, cuyo cuerpo y cara difumino y confundo con su hermana. Pero no recuerdo su nombre. Sólo el golpe seco de mi corazón. 

Esa foto nuestra de 1991 es el regreso a la nostalgia, a los días donde tenías las responsabilidades acotadas, estudiar durante los próximos X años, no había otra preocupación más que esa y descubrir y asumir los cambios de la adolescencia. Qué época tan jodida, Arantza, esa de la adolescencia, no sabíamos nada, la timidez, los sustos, los primeros roces, sentirse culpable porque descubres algo que no sabes definir y luego descubres que es excitación. Y el amor tan infantil, tan inocente, sin vestigios de maldad, de resentimientos, de pérdida. No recuerdo muchos nombres de nuestros compañeros, pero sí la cara de una niña, roja de llorar, porque había visto a su novio besarse con otra chica. Fue en Gallarta, en tu Gallarta, en uno de mis paseos. Ese dolor que parece insoportable, pero que aunque sea tan inicial, tan inocente, hace callo y endurece. Creo que es eso, hoy me he levantado endurecido.

Estoy de humor extraño, no malhumorado o enrabietado o triste, no sé, me siento fuera de algo. No sé exactamente de qué, pero siento como si me hubieran sacado de alguna parte y estuviera a la intemperie, esperando a que las formas se definan y se delimiten. Como en aquella película de La niebla, pero sin monstruos dentro.

Gabriela me dijo que necesitaba una mujer. Y respondí que lo sabía, pero que las mujeres no me necesitan a mí. No soy el tipo de hombre que buscan, alguien salvador o metrosexual o protector. No soy ningún príncipe azul ni un superhéroe, no soy más que un hombre, un “pendejo inservible”, como una vez aseguró en broma Gabriela. Es difícil acercarse al ideal de una mujer, ser aquello que espera y hacer en cada momento lo deseado y en la forma deseada. No sé, ¿necesito una mujer? Extraño el sexo, mucho, pero eso no me hace lanzarme tras las primeras piernas con tacones de 10 centímetros. O subirme a un árbol como aquel personaje de Amarcord y gritar aquello de “¡quiero una mujer!”. Extraño el sexo como culminación del amor. Estar con quien amo y que todo tenga sentido. Morir durante un instante dentro de otro cuerpo. Porque todo esto del sexo es la muerte anticipada, es la agonía, es el umbral al vacío y la ausencia. Es el primer dolor y el último. ¿Necesito una mujer?  Tal vez necesite morir por un segundo.

Dónde estará la chica del corazón tallado, los nombres de las caras borrosas, los recuerdos desaparecidos y las personas que nos acompañan en esa foto…




Tags: Gallarta, Cabaceira

Publicado por elchicoanalogo @ 12:03  | Great White Way
Comentarios (2)  | Enviar
Jueves, 09 de abril de 2009

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres  

sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro

te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos

estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
Mario Benedetti
Chau número tres (en Poemas de otros)


Tags: Chau número tres, Mario Benedetti, Poemas de otros

Publicado por elchicoanalogo @ 20:55  | Mario Benedetti
Comentarios (0)  | Enviar
En el prefacio de Música para camaleones Truman Capote habla sobre el proceso de escritura y de cómo reflexionó sobre su estilo y lo depuró hasta la “limpieza narrativa” y sencillez de los relatos de este libro:

Para empezar, creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, son recargados. Yo prefiero escribir de menos. Sencilla, claramente, como un arroyo del campo. Pero noté que mi escritura se estaba volviendo demasiado densa, que utilizaba tres páginas para llegar a resultados que debería alcanzar en un simple párrafo. ( … ) La respuesta, que se me reveló tras meses de meditación, era sencilla, pero no muy satisfactoria. En verdad, no hizo nada para disminuir mi depresión; de hecho, la aumentó. Porque la respuesta creaba un problema en apariencia insoluble, y si no podía resolverlo, más valdría que dejase de escribir. El problema era: ¿cómo puede un escritor combinar con éxito en una sola estructura —digamos el relato breve— todo lo que sabe acerca de todas las demás formas literarias? Pues esa era la razón por la que mi trabajo a menudo resultaba insuficientemente iluminado; había fuerza, pero al ajustarme a los procedimientos de la forma en que trabajaba, no utilizaba todo lo que sabía acerca de la escritura: todo lo que había aprendido de guiones cinematográficos, comedias, reportaje, poesía, relato breve, novela corta, novela. Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponibles en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿cómo? ( … ) Me situé a mí mismo en el centro de la escena, y de un modo severo y mínimo, reconstruí conversaciones triviales con personas corrientes: el administrador de mi casa, un masajista del gimnasio, un antiguo amigo del colegio, mi dentista. Tras escribir centenares de páginas acerca de esa sencilla clase de temas, terminé por desarrollar un estilo: había encontrado una estructura dentro de la cual podía integrar todo lo que sabía acerca del escribir. Más tarde, utilizando una versión modificada de ese procedimiento, escribí una novela real corta (Ataúdes tallados a mano) y una serie de relatos breves. El resultado es el presente volumen: Música para camaleones.

Música para camaleones es un paso más en ese cruce de realidad y ficción que ya había explotado Capote en A sangre fría, pero esta vez incluyéndose en cada pincelada, autor y protagonista de las historias que cuenta. Por sus páginas aparecen detalles que ya apuntó en El arpa de hierba, historias de Nueva Orleáns, personajes famosos como Marilyn Monroe o Errol Flynn, se desnuda en el último relato, una auto entrevista divertida, sincera y con cierto desgarro personal. Con un estilo que mezcla el periodismo, los guiones de cine, los trazos biográficos, Truman Capote construye un puñado de relatos originales, conmovedores, divertidos y audaces.

Dividido en tres partes, en la primera Capote escribe seis cuentos directos, sencillos, historias que parecen triviales, pura anécdota, pero que tienen la capacidad de hablar sobre los diferentes aspectos del alma humana. La segunda parte la ocupa la novela corta Ataúdes tallados a mano, un paso delante con A sangre fría, tan apasionante como esa novela, una historia de crímenes e investigación, un retrato no sólo de un psicópata, también de un policía que convierte la investigación de los crímenes que asolan una pequeña comunidad en su único objetivo vital. Ataúdes tallados a mano es memorable, de nuevo el periodismo se cruza con la ficción de la escritura. La última parte son siete retratos que van desde su asistenta a Marilyn Monroe, pasando por un asesino del clan Mason, conversaciones que parecen escenas de una película, rápidas, jugosas, con historias inesperadas o frívolas y siempre interesantes, con un dominio increíble de la escritura por parte de Capote.

Un gran libro donde se cruzan realidad y ficción.





No importa de quién sea la culpa. A veces todos nosotros dejamos a los demás ahí fuera, a la intemperie, y nunca comprendemos la razón.

( … )

P: Si le concedieran un deseo, ¿cuál elegiría?
R: Despertarme una mañana y sentir que al fin soy una persona madura, vacía de resentimientos, ideas vengativas y otras emociones infantiles e inútiles. En otras palabras, descubrirme a mí mismo como adulto.

( … )

Pero aún no soy un santo. Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio. Claro que podría ser todas esas cosas dudosas y, no obstante, ser un santo. Pero aún no soy un santo; no, señor.
Truman Capote
Música para camaleones (traducción de Benito Gómez Ibáñez. Anagrama)

Tags: Música para camaleones, Truman Capote, Benito Gómez Ibáñez, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 16:10  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 06 de abril de 2009
Todo está roto, mutilado, mudo,
caído a ciegas
desde un cielo sombrío.
                                  Nada
me alumbra en esta hora.

El otoño destila delgadas babas pálidas
que amenazan la tenue
cintura de los álamos,
grises los álamos de plata gris al borde
de tanta y tanta noche.

-¿Dónde estás tú?, pregunto, y sólo
ese yo que soy tú podría responderme.

Hay un eco infinito en los vacíos
desvanes tristes de la infancia perdida.
Y no encuentro las huellas de tu paso,
que tal vez fuera el mío.

                                ¿Cuándo?
                                                 ¿Dónde?
José Ángel Valente
Vacío

Tags: Vacío, José Ángel Valente

Publicado por elchicoanalogo @ 20:15  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
El primer acercamiento a la figura de Mishima lo tuve en plena adolescencia, cuando vi la película que le dedicó Schrader. En ella se cruzaban las obras del escritor con su vida y terminaba, de forma abrupta, con su torpe intento de golpe de estado y su posterior suicidio. Dentro de la película, si no recuerdo mal, tenía una especial relevancia la historia de El pabellón de oro.

Me he encontrado con un libro poético (poesía en prosa), escrito de forma reflexiva e intimista, lleno de símbolos e imágenes estéticamente hermosas. Y denso. Es un libro que he leído con un ritmo lento, intentando captar todas esas reflexiones sobre la vida, la belleza y el vacío, sobre el mundo exterior e interior, sobre la libertad, la carnalidad y los deseos y las barreras que nos ponemos.

Mishima trata de explicar el incendio del famoso templo a cargo del novicio Mizoguchi, torturado por su tartamudez que le hace sentir ajeno a la vida y a los hombres. Desde su infancia se siente atraído por el pabellón, primero en las palabras de su padre sacerdote y luego en su primera visita al templo, primera visita decepcionante porque su ideal de belleza enmudece ante la realidad pero que poco a poco se abisma en él y se convierte en el centro de su vida. El pabellón de oro ejerce como catalizador, como barrera entre el novicio y la vida, como encarnación del ideal de belleza.

Tengo un pequeño caos en mi cabeza, como si sólo hubiera andado por la superficie del personaje y sus motivaciones y reflexiones. Encadenado al ideal de belleza sólo puede destruirlo para empezar a vivir, en una especie de destino fatal e inquebrantable. Y hasta ese momento de libertad, Mishima repasa la vida entera de Mizoguchi en un largo monólogo interior, su pasado, las formas de maldad que se manifiestan en él, sus encuentros siempre insatisfactorios e incompletos con los otros, su lucha por superar su tara que le hace sentir fuera de la vida.

Hay imágenes de un lirismo apabullante, ceremonias del té, despedidas, encuentros incompletos a la luz de la luna, suicidios y muertes, descripciones profusas de la naturaleza, de cómo la naturaleza se conecta con la vida y el vacío que deja a su paso. Y en el centro, El pabellón de oro como belleza y barrera con la vida.





Estaba convencido que las mujeres no podrían amarme nunca. Esto, que está muy por encima de lo que la gente imagina, es una certeza confortable y tranquilizadora; puede que tú mismo te hayas dado cuenta. Entre mi negativa absoluta de reconciliarme con mis condiciones de existencia y esta convicción, no hay necesariamente contradicción. Porque si yo hubiese creído poder ser amado, tal como soy, por las mujeres, esto me habría llevado a reconciliarme de igual modo con mis condiciones de existencia. El valor para juzgar implacablemente la realidad y el valor para combatir este juicio, según, me di cuenta, se compenetraban como dos ladrones en el acto de robar. Sin mover siquiera un dedo, yo podía pasar a tomar disposiciones combativas.

(... )

Yo había, en aquel momento, experimentado una falsa alegría al creer que mi deseo, que la satisfacción de mi deseo, me daría la prueba evidente de mi imposibilidad de vivir el amor. Pero la carne me había traicionado: lo que mi espíritu quería hacer, lo había hecho la carne poniéndose en su lugar. De modo que yo me encontraba ante una nueva contradicción. Expresándome de un modo un poco vulgar, diría que, seguro de no ser amado jamás, yo no había hecho más que soñar con el amor; y que, para terminar, había substituido este amor por el deseo, lo cual me había traído la paz. Pero al mismo tiempo descubrí que este deseo exigía de mí el olvido de mis condiciones de existencia, dejar de lado lo que constituía la sola y única barrera entre mí y el amor: la certeza de no ser amado nunca. Yo había creído que el deseo era una cosa muy clara, y nunca sospeché que estuviese sujeto a dejarse ver, por poco que fuese, a la luz del sueño.

( ... )

Porque, si bien la Belleza puede ofrecerse a cualquiera, ella no pertenece a nadie. La Belleza, ¿cómo decirlo?, sí… es como una muela cariada, que nos roza la lengua, nos la agarra, nos hace daño, que yergue su existencia como un alfiler. Finalmente no podemos ya más con el dolor y el dentista nos la arranca. Entonces, al contemplar en el hueco de nuestra mano aquella pequeña cosa marrón, sucia, sanguinolenta, uno se dice más o menos: “¿Es esto? ¿Es esto lo que me hacía tanto daño, lo que no cesaba de recordarme su existencia de un modo tan desagradable, lo que me clavaba raíces tan tenaces? ¡No es más que materia muerta! Pero, esta cosa y la de hace un instante, ¿son realmente la misma cosa? Si ésta, al principio, formaba parte de mi envoltura exterior, ¿cómo, por qué conexión, ligándose a mi yo interno, pudo convertirse en una fuente de dolor? ¿Sobre que base reposaba? Y esa base, ¿existía en mí? ¿O bien existía en este objeto? Sea lo que fuere, lo que me han arrancado de las encías y lo que yace en el hueco de mi mano son dos cosas totalmente diferentes. De una manera positiva, ESTO ya no es AQUELLO. Y bien, ¿tú ves?, con la Belleza ocurre lo mismo. Matar al gato significaba arrancar la muela que causaba dolor, extirpar la Belleza de raíz. ¿Queda resuelto el problema? Yo no lo sé. Las raíces de lo Bello, a pesar de todo, no habían sido cortadas; se mató la bestia, pero no, tal vez, su belleza. Y es para burlarse de esta solución demasiado cómoda que Choshu se pone las sandalias sobre la cabeza. Él sabía, por así decirlo, que no hay otra solución, sino soportar el dolor de muelas.
Yukio Mishima
El pabellón de oro (traducción de Juan Marsé. Círculo de lectores)





Tags: El pabellón de oro, Yukio Mishima, Juan Marsé, Círculo de lectores

Publicado por elchicoanalogo @ 13:54  | Libros...
Comentarios (3)  | Enviar
Mi?rcoles, 01 de abril de 2009
Llevo unos días donde no dejo de escuchar esta canción de Marillion, una cara b de su single del año 1991 No one can. Me vienen imágenes de las espaciosas y tranquilas calles de Vitoria, de la cafetería de la universidad, del walkman negro y gastado donde escuchaba Holidays in eden y de los viajes en autobús con Arantza durmiendo en mi hombro.

Hay un momento donde cruzamos por un lugar ya transitado. Ahora estoy en ese punto de cruce pero con la ventaja de un regreso compartido, de una segunda mirada a lo ya vivido. En los viajes de regreso siempre vemos detalles que se nos pasaron por alto la primera vez.

Yo te sigo, a ver dónde vamos.




A Collection (Marillion)

http://www.goear.com/listen/760a1f5/a-collection-marillion



I've got a photograph
I took a picture of you
I took your picture in front of my favourite view

You play the part so well
You look so sure and free
No one could ever tell that you belong to me

And 'cause you lie so well
I've got to pin you down
Under lock and key
So you will always be in my collection

If you can't speak you can't lie
If you can't run, you can't hide
I know a place you can't die
So no one lives inside
My collection

I want to capture you
I want to immortalise
The way you play with your hair
The way you flash your eyes

I taste the air you breathe
I taste the food you eat
I keep your nails and hair
And some of the clothes you wear

If you can't speak you can't lie
If you can't run, you can't hide
And if you're dead you can't die
So no one lives inside
No one lives inside my collection

I've got some photographs
I'd like to show them to you
Though you don't know the girls
You'll recognise the view..


Traducción en Foro sobre Marillion


Tengo una fotografía
Tomé una foto de ti
Tomé tu foto frente a mi vista favorita

Posaste tan bien
Te ves tan segura y libre
Nadie podría decir que me perteneces

Y porque mentiste tan bien
Tengo que amarrarte
Bajo candado y llave
As siempre estarás en mi colección

Si no puedes hablar, no puedes mentir
Si no puedes correr, no puedes esconderte
Conozco un lugar donde no puedes morir
Así que nadie vive dentro de
mi colección

Quiero capturarte
quiero inmortalizar
la manera en la que juegas con tu pelo
la manera en la que destellas tus ojos

pruebo el aire que respiras
degusto la comida que comes
guardo tus uñas y cabello
y algunas de las ropas que usaste

Si no puedes hablar, no puedes mentir
Si no puedes correr, no puedes esconderte
Conozco un lugar donde no puedes morir
Así que nadie vive dentro de
mi colección

tengo algunas fotografías
me gustaría mostrártelas
Aunque no conozcas a las chicas
reconocerás la vista…


Tags: A Collection, Holidays in eden, Marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 22:32  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar