Domingo, 10 de mayo de 2009
Hoy mis pasos estaban escritos de antemano. Por una vez tenía un destino marcado, claro y directo. Gabriela me había enviado un pequeño relato con aires a Cortázar y Bukowski, una mezcla fascinante. Yo protagonizaba un viaje en metro que empezaba en Buenos Aires y terminaba en la estación bilbaína de Santutxu en una acrobática ruptura del espacio y tiempo. En el vagón unos pocos pasajeros. Y entre los pasajeros, una mujer hermosa. Al llegar a mi estación yo le diría “eres preciosa”. Y la mujer me seguiría para preguntarme si le parecería igual de hermosa con marcas en su nariz. Un relato pequeño, tierno y cálido.

Decidí comportarme como el personaje del relato e ir en metro hasta Santutxu. Me sentía extraño al seguir unos pasos ya escritos, donde yo no tenía ningún poder de decisión, como empujado por una marea invisible y pasada. Tal vez el destino inventado por Gabriela se hiciera realidad.

El vagón saturado de pasajeros. Me quedé en una esquina, de pie, observando las caras de mis vecinos. Si mi destino estaba escrito, debería acompañarme la mujer hermosa dibujada por Gabriela. A mi lado un señor mayor me preguntaba si era el metro a Bilbao. Hablamos un poco, esas conversaciones ligeras entre desconocidos. Cada poco tiempo el hombre miraba la pantalla de su móvil, se lo llevaba al oído, indeciso, tenía miedo de no escucharlo entre el ruido de los raíles y las conversaciones cruzadas de tanta gente.

Frente a mí se colocaron dos mujeres. Una maquillada con suavidad, ropa elegante y una carpeta con el logotipo de una academia de inglés. La otra, melena suavemente enmarañada mirada inquieta, mejillas carnosas, como los labios, de color apagados. Iba de una a otra, atónito.

Pensé en el relato que me encargó Blanca, ese que tengo en la punta de los dedos pero que no saco a este teclado. Podría escribir sobre un hombre al que le escriben un relato y un día después de leerlo vive cada acontecimiento inventado. Un destino creado de la nada y cumplido. Y la sensación de pasmo y extrañeza en el hombre. Y el miedo porque el relato tiene un final abierto y no sabe cuál será el próximo paso a dar.

La mujer de melena suavemente enmarañada y mejillas carnosas me miraba a ráfagas. Esas miradas perdidas de quien no sabe dónde ponerlas en un vagón atestado de personas, una de esas miradas que vagan de un lado a otro, que miran sin ver. Era una mujer de una belleza apacible.

Sonreí. Creo que la sonreí de manera inconsciente. Estuve a punto de dejar escapar una carcajada. Me sentía extraño y desubicado, como esas personas que van a un adivino e, inconscientes, se obligan a cumplir con todas las profecías marcadas. Me sentía como una marioneta y no controlaba mis hilos.

Quedaban pocas paradas para la estación de Santutxu. Tenía que tomar una decisión. Si mi destino estaba escrito, la mujer seguiría conmigo hasta esa estación y yo, entonces, me vería empujado a decir que era preciosa. El siguiente paso, según el relato de Gabriela, es que ella me seguiría, le agradaría mi respuesta a su pregunta y me invitaría a tomar un café.

En un principio mi paseo era puro divertimento, ir hasta Santutxu para comprobar qué pasaba. Pero empecé a sentir que no tenía capacidad de decisión, que todo esto estaba predestinado, que el universo entero dependía de un momento de inspiración de Gabriela que había marcado a fuego mi destino. Y quise rebelarme. Di un paso hacia las puertas al ver el rótulo de Abando y esperé a que se abrieran. Al salir vi a la mujer de melena suavemente enmarañada y mejillas carnosas a mi lado. Y en un segundo, cuando ya no sabía qué demonios estaba ocurriendo, cuando me sentía empujado a recitar mi pequeño monólogo, eres preciosa, nos separamos en sentido contrario.

Me pregunto si el relato de Gabriela era correcto aunque no exacto (Abando por Santutxu), si la mujer hermosa del tren era parte de un destino burlado, si hubiéramos tomado un café de habérselo propuesto y si de ese café dependía la estabilidad del universo.

De todas maneras, fue el viaje en metro más loco, enamoradizo y pletórico que recuerdo. Anything can happen…



Desde el punto de ignición
al esfuerzo final
la meta del viaje
es no llegar
(cualquier cosa puede ocurrir)
Prime mover (Rush)

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:25  | Espacios en blanco
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Comentarios
"Me sent?a como una marioneta y no controlaba mis hilos".

Seguramente leiste "Niebla" de tu compatriota. Recuerdas como Augusto Perez negaba que el escritor lo matara. Si me acuerdo bien, en esta novela/nivola por primera vez en la literatura el personaje principal se confronta con su creador, quiere decir escritor.

Te recomiendo la pel?cula "M?s extra?o que la ficci?n"
Publicado por veraria
Domingo, 10 de mayo de 2009 | 23:30
Saludos, Verica

S?, vi M?s extra?o que la ficci?n, buena pel?cula con ese interesante juego escritora/personaje. Como Niebla.
Esto lo escrib? hace un par de meses despu?s de recibir un cuento de mi ex e irme al metro para ver si se cumpl?a?
Abrazos

Fernando
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 11 de mayo de 2009 | 8:51