Jueves, 21 de mayo de 2009
Sofía y Mariana me han acompañado en la última semana. Ha sido una despedida agridulce, tranquila, distendida, me he sentido conforme con su aparente final en una playa gaditana, bajo la lluvia, riéndose cómplices de sus diarios y cartas escritas. Tengo la imagen en mi cabeza. Las nubes grises que se acercan a tierra, que agrisan el paisaje, que alteran la calma del mar. La línea del horizonte que se difumina y todo es un cortinaje grisáceo y cercano. El viento retoza con las hojas y las palabras de sus cuadernos, con su melena desplegada, con la ropa de verano. Se resguardan en el chiringuito donde Marina se encontró con la huella destruida de un amor pasado.

Me siento cercana a estas dos mujeres. Encuentran en la escritura una tabla contra el naufragio, un lugar donde asirse, recuperar el aliento y retomar la vida que han dejado en pausa. La escritura como redención, cómo búsqueda de cachitos y pasado e ideas que iluminan la parte oscura de nuestras entrañas. Por eso me he puesto a escribir, para que no seme olvidara lo que ha podido quedar, para rescatarlo. – Bueno –dice Encarna- siempre se escribe para lo mismo, un poco en plan “restos del naufragio”, ¿no?

Y es que es extraño escribir, que las palabras surjan de no se sabe dónde, que sigan un camino que no vemos en la realidad y que consigan aclarar el nudo vital que arrastramos. Escribes a la deriva, sin buscar nada, y encuentras un camino hacia la salida. Escribir para ordenar el caos, para habitar los espacios invisibles.

Escribir se convierte en algo que necesitas, en ese momento del día donde, por fin, eres. Recoges los recuerdos, las fotografías, los monólogos interiores del día, muchos de ellos borrados por el destrozo que hacen las horas en la memoria, y te dedicas a desmenuzarlos, a ordenarlos, a hacerlos corpóreos en palabras y silencios. Y entre los espacios en blanco de las palabras, los sentimientos silenciados, olvidados o borrosos, todo aquello que no has conseguido rescatar de la pérdida.

Escribes y te sientes a salvo de la tormenta aunque estés en mitad de ella, un refugio contra la nada, el olvido y la desaparición. Escribes para ti mismo, para apaciguarte y comprenderte, para dar pasos en todas las direcciones hasta encontrar la idónea, juegas con el tiempo, con la realidad, los espacios vacíos, juegas con la sensación de libertad que te da escribir.

Escribo para que mi voz interior no quede en silencio. Para ordenar las piezas del puzzle. Para comprender los miles de fantasmas de mi alma y morir un poco con cada palabra arrancada al silencio.



Tags: espacios en blanco

Publicado por elchicoanalogo @ 4:25  | Espacios en blanco
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Comentarios

De forma inesperada, sin buscarlo, encontré la respuesta a la pregunta.

Igual has modificado la razón con el paso del tiempo, pero esta me ha gustado, y mucho. Como cada uno de los sentimientos y reflexiones que aparecen en los espacios en blanco.

 

 

 

Publicado por Invitado
Martes, 18 de enero de 2011 | 2:38

Soy muy perezoso para reescribir nada, solo lo hago cuando alguien me señala algún fallo, tampoco suelo releer lo que escribo, pero de este artículo no tocaría esas tres últimas líneas, ahí están, todavía, las razones por la que escribo...

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 18 de enero de 2011 | 17:55