Sofíay Mariana me han acompañado en la última semana. Ha sido una despedida agridulce, tranquila, distendida, me he sentido conforme con suaparente final en una playa gaditana, bajo la lluvia, riéndosecómplices de sus diarios y cartas escritas. Tengo la imagen en micabeza. Las nubes grises que se acercan a tierra, que agrisan elpaisaje, que alteran la calma del mar. La línea del horizonte que sedifumina y todo es un cortinaje grisáceo y cercano. El viento retozacon las hojas y las palabras de sus cuadernos, con su melenadesplegada, con la ropa de verano. Se resguardan en el chiringuitodonde Marina se encontró con la huella destruida de un amor pasado.
Me siento cercana a estas dos mujeres. Encuentran en la escritura unatabla contra el naufragio, un lugar donde asirse, recuperar el alientoy retomar la vida que han dejado en pausa. La escritura como redención,cómo búsqueda de cachitos y pasado e ideas que iluminan la parte oscurade nuestras entrañas. “Por eso me he puesto a escribir, para que no seme olvidara lo que ha podido quedar, para rescatarlo. – Bueno –diceEncarna- siempre se escribe para lo mismo, un poco en plan “restos delnaufragio”, ¿no?”
Y es que es extraño escribir, que las palabras surjan de no se sabedónde, que sigan un camino que no vemos en la realidad y que consiganaclarar el nudo vital que arrastramos. Escribes a la deriva, sin buscarnada, y encuentras un camino hacia la salida. Escribir para ordenar elcaos, para habitar los espacios invisibles.
Escribir se convierte en algo que necesitas, en ese momento del díadonde, por fin, eres. Recoges los recuerdos, las fotografías, losmonólogos interiores del día, muchos de ellos borrados por el destrozoque hacen las horas en la memoria, y te dedicas a desmenuzarlos, aordenarlos, a hacerlos corpóreos en palabras y silencios. Y entre losespacios en blanco de las palabras, los sentimientos silenciados,olvidados o borrosos, todo aquello que no has conseguido rescatar de lapérdida.
Escribes y te sientes a salvo de la tormenta aunque estés en mitad deella, un refugio contra la nada, el olvido y la desaparición. Escribespara ti mismo, para apaciguarte y comprenderte, para dar pasos en todaslas direcciones hasta encontrar la idónea, juegas con el tiempo, con larealidad, los espacios vacíos, juegas con la sensación de libertad quete da escribir.
Escribo para que mi voz interior no quede en silencio. Para ordenar laspiezas del puzzle. Para comprender los miles de fantasmas de mi alma y morir un poco con cada palabra arrancada al silencio.

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