Viernes, 12 de junio de 2009
Las carreteras, los coches, la soledad y la aventura empapan estas Crónicas de motel, un libro de «historias rotas», fragmentos autobiográficos, relatos y poemas admirablemente servidos por una escritura rápida y escueta.


En Crónicas de motel no hay una estructura convencional ni una historia, el libro está formado por fragmentos, sensaciones, poemas, palabras que describen un viaje tanto exterior e interior de unos personajes que parecen diferentes encarnaciones de Sam Shepard, el actor, el escritor, el hijo, el creador, el observador, el vaquero.

Libro de emociones y miradas, de soledad, desarraigo, tristeza, abstracción, se lee a impulsos, como esos poemas que se entrelazan con los fragmentos/miradas y que a veces parecen ser como golpes en el estómago. Hay soledad, desarraigo, sexo, hay una mirada honda, desiertos que parece pueden con todo, el polvo en las ventanas de un hotel, los deseos truncados, hay las palabras justas, el tono austero, compacto.

Me sorprende la forma de escribir de Shepard, directa, desnuda, sin excesos ni afectación, este libro son sentimientos, son pensamientos fugaces y fragmentados, imágenes de carreteras, desiertos, moteles, trenes y mujeres que andan sin zapatos, un viaje y un cruce de caminos.




 
Se queda junto a la reventada maleta, contemplando las que fueran sus pertenencias. Aplastadas pastillas de jabón que se llevó del baño de los moteles. Chatas latas de judías. Un magullado mapa de Utah. El recalentado alquitrán negro empaña la blanquísima toalla que se guardaba para el primer baño a fondo de todo un mes.
De un extremo a otro de la carretera, nada se mueve. Ni un solo tallo se agita. Ni siquiera se mueve la solitaria pluma de alondra enganchada en el clavo del poste de la valla.
Avanza con la puntera de la bota por la negra pista de caucho quemado del patinazo. Sigue con la vista el brusco y enloquecido viraje de los neumáticos. El acre olor del caucho. El dulce olor de la arena abrasada.
Ahora salta un lagarto. Deja una estela pisciforme con la cola. Desaparece. Tragada por el mar de arena.
¿Debería esforzarse por salvar alguna cosa? Un simple botón de muestra. ¿Un par de calcetines? ¿Las pilas de la linterna? Debería tratar de recoger alguna cosa para llevársela a ella a su regreso. Algún detalle. Un recuerdo para que ella no pueda creer que no ha estado haciendo absolutamente nada. Que se ha pasado todos estos meses errando de un lado para otro.
Revuelve los restos de una rama de mezquite. Busca un regalo. No parece que valga la pena salvar ninguna cosa. Ni siquiera las que no se han estropeado. Ni siquiera la ropa que lleva puerta. El anillo de Turquesa. Las botas de punta afilada. La Hebilla india.
Lo arroja todo al montón de chatarra. Se queda sentado en cuclillas, completamente desnudo, en medio de la ardiente arena. Prende fuego a los restos. Después se pone en pie. Vuelve la espalda a la Highway 608. Se pone a caminar hacia las desiertas extensiones.
17/2/80
Santa Rosa, Ca.


( … )

me encontré con la doble de la Estrella
al abrirse hacia los lados la puerta del ascensor
y yo salía
y ella entraba
a las cuatro de la madrugada
y vi que estaba absolutamente pirada
le pregunté qué había tomado
dijo 6 Valium y Vino Blanco
porque hoy era el último día de rodaje
y le pareció que había que celebrarlo
jodiendo con algún tío del equipo
y colocándose
porque éste era su pueblo
y ella iba a quedarse
mientras nosotros nos íbamos
y la tortura de no ser más que una doble
dejada atrás
en un pueblo en el que le dolía haber nacido
estaba destrozándola ahora
de verdad
y eso hizo que volviera a avergonzarme
de trabajar como actor en una película
y provocar ilusiones tan estúpidas
de modo que me la llevé a mi habitación
sin planes respecto a su cuerpo
y ella se sintió desesperadamente decepcionada
intentó arrojarse por la ventana
y le dije que no valía la pena
no es más que una película estúpida
no tan estúpida, dijo ella, como la vida
1/11/81
Seattle, Wa


Sam Shepard

Crónicas de motel (traducción de Enrique Murillo. Anagrama)


Tags: Crónicas de motel, Sam Shepard, Enrique Murillo, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:51  | Libros...
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