Jueves, 18 de junio de 2009
El narrador vio por primera vez a aquel hombre en 1971, o 1972, cuando Allende aún era presidente de Chile. Entonces se hacía llamar Ruiz-Tagle y se deslizaba con la distancia y la cautela de un gato por los talleres literarios de la universidad de Concepción. Escribía poemas también distantes y cautelosos, seducía a las mujeres, despertaba en los hombres una indefinible desconfianza. Volvió a verlo después del Golpe. Pero en esa ocasión el narrador aún ignoraba que aquel aviador, Wieder, que escribía con humo versículos de la Biblia con un avión de la Segunda Guerra Mundial, y Ruiz-Tagle, el aprendiz de poeta, eran uno y el mismo.


Estrella distante es un juego de máscaras, huidas, viajes, poesía, espejos, exilio y laberintos. Todo parte de un taller de poesía en el Chile de inicios de los 70, de un hombre que atrae a las mujeres de los cursos, un hombre que parece tímido, frío, extraño, una de sus encarnaciones de hombre de mil caras.

Como en otras novelas de Bolaño (Los detectives salvajes y el misterio de Cesárea Tinarejo), el narrador cuenta la búsqueda de un poeta desaparecido. Me gusta este juego de Bolaño, la historia de un hombre que antes del golpe militar se adentra en los círculos literarios para encontrar a futuras víctimas, un paso previo para su particular y sádica concepción de la literatura. Y este es un libro que sigue al hombre de las mil caras, asesino, frío, distante, que escribe poemas en el cielo con su pequeño avión, pero también a otras sombras que se quedaron en mitad del camino, poetas revolucionarios o perdedores o que alcanzan inesperadamente la fama, chilenos exiliados con esa nostalgia del que quiere volver a su país pero que no puede.

Me fascina el mundo de Bolaño, cómo hay lugares comunes y sus libros parecen entrecruzarse los unos con los otros, como si en cada uno de ellos dejara un rastro de migas por el que poder regresar una y otra vez. La forma de escribir de Bolaño es sorprendente, leí estas 157 páginas de Estrella distante del tirón, sin pausas, asombrado por este escritor febril y apasionado.





En un momento de la cena-homenaje, tal vez a los postres, le gritó a Wieder: ¡Carlos, mañana te vas a matar! A todos les pareció de pésimo gusto. Entonces ocurrió el incidente con el marino. Luego hubo discursos y a la mañana siguiente, después de dormir tres o cuatro horas, Wieder voló hasta el Polo Sur. El viaje fue pródigo en incidentes y en más de una ocasión estuvo a punto de cumplirse el pronóstico de la desconocida, a la que por cierto ninguno de los invitados volvió a ver. Cuando regresó a Punta Arenas Wieder declaró que el mayor peligro había sido el silencio. Ante el estupor fingido o real de los periodistas, explicó que el silencio eran las olas del Cabo de Hornos estirando sus lenguas hacia el vientre del avión, olas como descomunales ballenas melvilleanas o como manos cortadas que intentaron tocarlo durante todo el trayecto, pero silenciosas, amordazadas, como si  en  aquellas latitudes  el sonido fuera materia exclusiva de los hombres. El silencio es como la lepra, declaró Wieder, el silencio es como el comunismo, el silencio es como una pantalla blanca que hay que llenar. Si la llenas, ya nada malo puede ocurrirte. Si eres puro, ya nada malo puede ocurrirte. Si no tienes miedo, ya nada malo puede ocurrirte. Según Bibiano, aquélla era la descripción de un ángel. ¿Un ángel fieramente humano?, pregunté. No, huevón, respondió Bibiano, el ángel de nuestro infortunio.
Roberto Bolaño
Estrella distante (Anagrama)


Tags: Estrella distante, Roberto Bolaño, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:37  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios