Viernes, 19 de junio de 2009
En los años de entreguerras, un trasatlántico, el Virginian, recorría las rutas entre Europa y América, con su carga de millonarios, de turistas, de emigrantes... En el Virginian tocaba cada noche un pianista extraordinario, llamado Novecento, con una técnica maravillosa, capaz de arrancar notas mágicas, inauditas. Se hablaba de su inusitado duelo pianístico nada menos que con Jelly Roll Morton, el inventor del jazz... Se decía que el melancólico pianista había nacido en el barco, del que jamás habría descendido. Se decía que nadie sabía la razón.


Novecento es un monólogo sobre uno de esos personajes oníricos que tan bien construye Baricco, un pianista que nace en un barco y nunca llegará a pisar tierra. De nuevo la atracción por el mar y la música, por personajes soñadores, poéticos y locos. Tal vez la forma de monólogo le reste la poesía y las imágenes líricas y el tono de fábula de otras historias de Baricco, pero se disfruta esta historia que se lee en una hora, conmueve y arranca más de un momento entrañable. Tiene esa escritura abstracta tan propia de Baricco.

Danny Boodman es un pianista con dos caras, la tranquila y forma de los conciertos en la primera plata, la caótica e inventiva de los conciertos improvisados en la planta de los inmigrantes. En cada viaje entre Europa y América ve pasar el mundo en forma de mil o dos mil pasajeros, un mundo finito, entre la realidad y la imaginación, de tal forma que llega a conocer todos aquellos lugares que nunca ha visto, conoce el olor de las calles de París por otras palabras que hace suyas. Toca de una manera única, tiene que hacerlo si su mirada siempre se topa con un horizonte de mar, una música que atrapa y que alucina, que emociona y es febril.

Es un libro pequeño y hermoso.




Sabía escuchar. Y sabía leer. No los libros, eso lo sabe hacer cualquiera, sabía leer a la gente. Los signos que la gente lleva encima: lugares, ruidos, olores, su tierra, su historia… Toda escrita encima. Leía y, con infinita atención, catalogaba, clasificaba, ordenaba… Cada día añadía un pequeño retazo a aquel inmenso mapa que estaba dibujándose en la cabeza, inmenso, el mapa del mundo, del mundo entero, de una punta a la otra, ciudades enormes y esquinas de bar, largos ríos, charcos, aviones, leones, un mapa fantástico. Después viajaba por su superficie de maravilla, mientras sus dedos se deslizaban por las teclas, acariciando las curvas de un ragtime.
Alessandro Baricco
Novecento (traducción de Xavier González Rovira. Anagrama)

Tags: Novecento, Alessandro Baricco, Xavier González Rovira, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 8:21  | Libros...
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Comentarios
Buenas Fernando.

Me apunto este mini-libro, tiene buena pinta.

POr cierto, tienes un premio en mi blog al tuyo, por ser el uno de los inductores en el conocimiento de Auster (y de Bola?o o Murakami)

Saludos
Publicado por cosar99
Jueves, 25 de junio de 2009 | 23:16
Saludos, C?sar,

muchas gracias por el premio, en cuanto me recupere de mi viaje me pongo a seguir con la cadena. Creo que ?ste de Baricco podr?a gustarte mucho, peque?ito pero estimable y con alguna imagen muy po?tica.
Abrazos y cari?os
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 26 de junio de 2009 | 13:26