Martes, 30 de junio de 2009
A un discípulo de Mesmer le encargan que cure el hipo que sufre un sudamericano pobre abandonado en un hospital de París en la primavera de 1938. En apariencia, nada puede pasar. Sin embargo el mesmerista Pierre Pain se verá envuelto en una intriga en donde se planea un asesinato ritual de proporciones planetarias.


En una nota preliminar Bolaño explica la aventura de su libro Monsieur Pain. Escrito a principios de los 80 obtuvo un par de premios en dos concursos literarios. Toda esa aventura la recoge en uno de los cuentos de Llamadas telefónicas. A finales de los 90 salió a la luz tras el éxito del escritor.

Monsieur Pain es un libro extraño, de una rara atracción, una historia que mezcla lo detectivesco con lo sobrenatural, los seguimientos por las calles de París con el mesmerismo, Poe y Kafka con el Auster de La trilogía de Nueva York.

Acuden a Pain para que visite a un moribundo, el poeta peruano César Vallejo, en la Francia de antes de la segunda guerra mundial. Se suceden los encuentros inesperados, las calles en penumbra, la mezcla de realidad y sueño, un hospital que parece sacado de una pesadilla kafkiana, todo cruzado con una sensación continua de irrealidad, de búsqueda de lo indecible, de lo intangible, de cierta cordura en la ilógica de la historia.





Ya no llovía. De alguna manera, pensé, las personas que nos sirven de puente hacia los pacientes revelan el estado más profundo de éstos. Los intermediarios como radiografías. La teoría, ciertamente, era aventurada y en el fondo no creía en ella. ¿Qué me había revelado madame Reynaud de mi futuro paciente si no su propio deseo, un deseo morboso, de verme curar por fin a alguien? ¿Y qué significaba esto si no el justificado deseo de afianzar su confianza en mí? Puesto que no había salvado a su esposo, y ése era mi papel y mi misión cuando aparecí en su vida, debía salvar ahora al esposo de su amiga y dar fe con este acto de una realidad, de un orden lógico y superior dentro del cual podíamos seguir siendo quienes éramos. Tal vez llegar, finalmente, a reconocernos, y tras el reconocimiento cambiar, en mi caso aspirar a la felicidad. (Una felicidad razonable, parecida a la diligencia y a la confianza.) Sin embargo había algo que no calzaba, que intuía en los silencios de madame Reynaud, en mi propio estado sensorial, alerta por razones que desconocía. Un malestar extraordinario subyacía detrás de las cosas más nimias. Creo que vislumbraba el peligro, pero ignoraba su naturaleza.
Roberto Bolaño
Monsieur Pain (Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 21:30  | Libros...
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