Viernes, 10 de julio de 2009
En los 60, el inclasificable director Chris Marker dirigió La jetee, un cortometraje a base de fotos fijas sobre la historia de amor de un viajero en el tiempo y una mujer (años más tarde Terry Gilliam versionaría ese largometraje para su película 12 monos). Audrey Niffenegger explora esa vía del amor entre un viajero en el tiempo y una mujer en La mujer del viajero en el tiempo.

Henry viaja en el tiempo, no utiliza ni máquinas ni grandes trucos, sólo se desvanece en el presente y aparece en su pasado o en su futuro. Su vida no es normal, no hay una línea temporal clara y los tiempos se mezclan, como los recuerdos, se ve a sí mismo con otras edades, puede interactuar con sus otros yo temporales. Clare es una niña de seis años que a finales de los 70 se encuentra con un hombre desnudo en su jardín. Le dice que es un viajero en el tiempo. Y la niña le cree. Es uno de tantos primeros encuentros que Henry y Clare tendrán a lo largo de su vida (si el tiempo se pliega y retrocede o avanza es difícil saber exactamente cuándo es la primera vez para todo). A partir de entonces recibirá la visita de varios Henrys de diferentes edades. Un continuo cruce que nunca acabará.

Narrado como un puzzle, La mujer del viajero en el tiempo no se detiene tanto en las paradojas del tiempo o en encontrar una explicación a los viajes de Henry, es una historia de amor de dos seres que llevan todo el tiempo juntos. Es eso, una historia de cómo una mujer se entrega a un amor anormal y vive para ese amor sin barreras temporales. Se alternan los puntos de vista de los dos protagonistas, los diferentes Henrys que viajan adelante y atrás, que se encuentran entre sí, las escenas se completan a lo largo del libro en un puzzle, uno le va tomando cariño a esta relación tan extraña.

(Clara, gracias por el regalo)




Henry sabía muchísimas cosas que no quería contarme, y la mayor parte del tiempo no me permitía que me acercara a él. Por lo tanto, a mí siempre me embargaba la sensación de estar profundamente insatisfecha. Cuando, al final, lo encontré en el presente, pensé que sería como antes; pero, de hecho, en cierto sentido ha sido muchísimo mejor. En primer lugar, y sobre todo, ya no se niega a tocarme, al contrario, Henry me acaricia, me besa y me hace el amor constantemente. Me siento como si me hubiera convertido en una persona diferente, en alguien que se sumerje en un cálido estanque de placer. Además, ¡me cuenta cosas! Todo lo que le pregunto sobre él, su vida y su familia... me lo cuenta, con nombres, lugares y fechas. Sucesos que me parecían del todo misteriosos de pequeña se me revelan como perfectamente lógicos. No obstante, lo mejor de todo es que lo veo durante largos períodos de tiempo: horas y días. Sé dónde encontrarlo. Va a trabajar y regresa a casa. A veces abro mi agenda solo para mirar la entrada donde dice: Henry DeTamble, Dearborn, 714, 11°, Chicago, Illinois-60610, 312-431-8313. Un apellido, una dirección, un número de teléfono. ¡Puedo llamarlo por teléfono! Es un milagro. Me siento como Dorothy el día que su casa aterrizó en Oz y el mundo pasó de ser en blanco y negro a convertirse en un mundo en color. Hemos dejado atrás Kansas.
Audrey Niffenegger
La mujer del viajero en el tiempo (traducción de Silvia Alemany Vilalta. Debolsillo)

Tags: la mujer del viajero, en el tiempo, Audrey Niffenegger, Silvia Alemany Vilalta, Debolsillo

Publicado por elchicoanalogo @ 4:52  | Libros...
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Comentarios
A mi me dejo cierta sensaci?n de vacio...
Un abrazo...
Publicado por solamenteAnna
Viernes, 10 de julio de 2009 | 12:00
Saludos de nuevo, Anna,

Le? este libro en el momento de ?nimo adecuado y me dej? llevar por esta historia de amor temporal. Me gust? mucho la elipsis final. Por cierto, acabo de terminar la lluvia antes de caer, admirable, te lo recomiendo.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 10 de julio de 2009 | 12:10