Martes, 28 de julio de 2009
Manuel Roca y sus dos hijos viven en el campo, en una vieja granja aislada. Un día, un Mercedes viejo con cuatro hombres dentro sube por el camino polvoriento que lleva a la casa. Como si desde siempre hubiera esperado ese momento, Manuel Roca llama a sus hijos sin perder un segundo. Algo tan terrible como indescriptible está a punto de suceder, algo que cambiará la vida de todos ellos de manera irremediable, sobre todo la vida de la pequeña Nina.

Novela corta de Baricco, Sin sangre es la antítesis de Seda. Si en Seda la historia tenía el tono poético y de fábula, Sin sangre es una historia dura, austera, seca y directa, sin los alardes poéticos de Baricco, una historia que se articula sobre el horror, el dolor, el infierno, la venganza y la forma de sobrevivir ante todo eso.

Nina, una niña escondida en el suelo de una granja, asiste al asesinato de su padre y su hermano. El inicio se parece a Forajidos, aquella historia de Hemingway donde un boxeador espera que lo encuentren y lo maten cansado ya de su constante huida. Nina es descubierta por uno de los asesinos, que la mira en silencio y no avisar a sus compañeros. Desde ese instante, Nina intentará encontrar a ese hombre para sentirse segura.

Baricco escribe una historia violenta y a la vez enigmática, dura y desgarradora, una forma de enfrentarse al infierno de cada uno. Novela corta, se lee en apenas una hora con un nudo en la garganta. En la larga conversación entre una Nina envejecida y el único asesino vivo de su familia se juega con la idea de mito y realidad, con el ajuste de cuentas, con los miedos y la tranquilidad de saber que llegó el final, una conversación que desemboca en una escena inesperada y tierna.

(Gracias por el libro, Jacqui)




Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno. Intentó preguntarse de dónde procedía esa absurda fidelidad al horror, pero descubrió que no tenía respuestas. Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre. En un largo infierno idéntico a aquel del que venimos. Pero de pronto, clemente. Y sin sangre.
Alessandro Baricco
Sin sangre (Traducción de Xavier González Rovira. Quinteto. Anagrama)


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Publicado por elchicoanalogo @ 15:35  | Libros...
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