S?bado, 04 de julio de 2009
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
Ángel González
Inventario de lugares propicios al amor (en Tratado de urbanismo)

Tags: lugares propicios al amor, Tratado de urbanismo, Ángel González

Publicado por elchicoanalogo @ 4:35  | ?ngel Gonz?lez
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Maravilloso poema, como muchos de ?ngel Gonz?lez.

Me ha recordado, no s? por qu?, una pel?cula de Louis Malle, Herida. En ella, los protagonistas, Irons y Binoche, encuentran, en un portal de una casa en Par?s, espacio para las caricias. Seguramente hac?a fr?o, y hab?a corrientes de aire, pero cuando el deseo apremia, cualquier sitio puede resultar c?lido.
Publicado por Invitado
Viernes, 17 de julio de 2009 | 12:54
Es uno de mis favoritos de ?ngel Gonz?lez y s?, puede recordar a Herida, otra gran historia de Malle.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 17 de julio de 2009 | 15:09