S?bado, 11 de julio de 2009
La lluvia antes de caer es la voz de Rosamond. Y 20 fotografías familiares que abarcan 50 años de exilios en el campo en tiempos de guerra, amistades truncadas, sueños de niñez, pasiones inesperadas y rotas, complicadas relaciones materno filiales y la confrontación con el propio ser, con esa sombra que son los recuerdos, reales pero siempre inexactos, imperfectos e imposibles de alcanzar.

Rosamond, antes de morir, graba cuatro cintas para Imogen, el último eslabón de una cadena que le unía a su prima y hermana de sangre Beatrix, a su pasado, a una historia laberíntica. Imogen es ciega, desapareció tiempo atrás de su vida y con su larga confesión quiere decirle de dónde viene, la vida de las mujeres que lleva dentro.

Escoge 20 fotografías para hablar sobre ellas, sobre lo evidente, lo que retrata, y lo invisible, las pequeñas historias familiares que esconden recuerdos que van de los entrañables a los oscuros y dolorosos, de los momentos de puro amor al odio exacerbado e imparable.

Jonathan Coe escribe esta larga carta oral con sencillez y esa cercanía que da el monólogo de la protagonista, un monólogo al interior y, a la vez, a la nada. Una novela protagonizada por mujeres, por una voz que se entrecorta, que tiene que coger aire en los momentos difíciles y sonríe con pasados amores y se desploma en las rupturas, en las desapariciones que a lo largo de los años ha tenido que soportar Rosamond. Este libro es lo más parecido a una voz.




Una foto no es mucha cosa, la verdad. Sólo puede capturar un momento entre millones de momentos de la vida de una persona, o de la vida de una casa. Pero estas fotos que tengo delante, las que pretendo describirte…, tienen cierto valor, creo, aunque sólo sea porque me ayudan a recordar. Son la prueba de que las cosas de las que me acuerdo (o algunas de esas cosas, por lo menos) sucedieron de verdad y no son vagos recuerdos, ni fantasías, ni imaginaciones. ¿Pero qué pasa con los recuerdos de los que no hay fotos, ni prueba, ni confirmación posible?

( … )

“No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita”. “¿Tu lluvia favorita?”, dejo Thea. Recuerdo que frunció el ceño sopesando aquellas palabras, y luego exclamó: “Pues la mía es la lluvia antes de caer”. Rebecca se sonrió al oír aquello, pero yo dije (en plan pedante, supongo); “Pero, cielo, antes de caer, en realidad no es lluvia”. Y Thea me dijo: “¿Y entonces qué es?” Y yo le expliqué: “Pues es sólo humedad. Humedad en las nubes”. Thea bajó la vista y se concentró una vez más en escoger los guijarros de la playa; cogió dos y se puso a golpearlos uno contra otro. Parecía que el ruido y la sensación le gustaban. Yo seguí: “¿Entiendes entonces que no existe la lluvia antes de caer? Tiene que caer para que sea lluvia”: era una tontería explicarle aquello a una niña pequeña; casi me arrepentía de haber empezado. Pero por lo visto Thea no tenía ningún problema en captar la idea; más bien al revés, porque al poco rato se quedó mirándome y meneó la cabeza con gesto de pena, como si discutir aquellas cosas con una idiota estuviera poniendo a prueba su paciencia. “Ya sé que no existe”, dijo. “Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?”
Jonathan Coe
La lluvia antes de caer (traducción de Javier Lacruz. Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 21:07  | Libros...
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