Domingo, 12 de julio de 2009
Hablar con Arantza es un ejercicio de memoria, de viaje en el tiempo, de confrontar los recuerdos con la realidad, saber que todo lo que vivimos y sentimos está difuminado y es extraño en este presente, incapaces de recuperar nuestros sentimientos y pensamientos añejos, incapaces de reencarnarnos en los que fuimos y hemos ido dejando por el camino, como restos de un naufragio o de un viaje siempre inconcluso, a la deriva, sin destino final claro.

A veces, dos horas al teléfono es un suspiro. Dos horas y sólo pudimos hablar de recuerdos compartidos o solitarios, de viejos relatos que guardamos en los cajones y que retomamos poco a poco o dejamos que agonicen en silencio, de nuestras perspectivas para este verano, de amores. Siempre de amores (y Arantza que rió a carcajadas con mi “el amor es una mierda” ).

Entre calada y calada Arantza me recordó una declaración de amor escrita años atrás. Ella me había enviado el inicio de un cuento. Visual. Cinematográfico. Y yo le devolví un escrito de la época en la que ella no estuvo en mi vida. Hacía tiempo que no pensaba en él. Quiero, si fuera posible… Releerlo fue complicado. Porque ya no existía ese sentimiento que me impulsó a escribir semejante declaración de amor febril y desvariada. Leía con los ojos del presente. Y entonces, la quiebra. Sentía las palabras distantes, ajenas a mí. Como si todo aquello no fuera conmigo, como si leyera los sentimientos de otra persona.

Entonces. Entonces, mientras hablaba con Arantza (y luego, cuando le envié la declaración de amor escrita una madrugada de hace cuatro años), fue como intentar capturar todos los hombres que he sido, todas esas piezas que he perdido en el pasado. Mi vida anterior. O mi otra vida. O “a life I used to live”.

En mi vida anterior fui cámara, es extraño recordarlo, pero trabajé más de seis años en una televisión local, estaba enamorado, sentía que me encaminaba a un punto crucial en mi vida, tenía límites y horarios. Algo por lo que levantarme. Más atrás. Más atrás era un hombre predecible, austero, quieto y tranquilo. Pasaba mi tiempo libre en el cine o la cinemateca bilbaína, siempre rodeado de historias. Un poco más adelante. Mis viajes a Tucumán, la sensación de movimiento, de ir a alguna parte. Hace mucho tiempo, la soledad casi absoluta. Seis años atrás, el primer síntoma de cansancio vital, un viaje solitario a Lisboa. Y la imagen de hombre predecible, austero, quieto y tranquilo se rompió. Ahora me dicen que me creen capaz de cualquier cosa, no se extrañan si desparezco unos días y al regresar digo que he estado en Serbia. Hace un año y medio. Un grito ahogado de madrugada, sin nadie a quien abrazarme y el inicio de un gran cambio, desempolvar mi mochila roja para dejarme llevar por la vida.

Not all who wander are lost


Mi vida actual: siete espacios en blanco.






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Comentarios
Peregrino que vas buscando en vano
un camino mejor que tu camino,
?c?mo quieres que yo te d? la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegar?s jam?s a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
?lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ?oh, caminante!
Todav?a te queda muy distante
ese pa?s inc?gnito que sue?as...
Y so?ar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empe?as en so?ar, te empe?as
en aventar la llama de tu vida.

Rub?n Dar?o
Publicado por solamenteAnna
Lunes, 13 de julio de 2009 | 11:45
Muy bueno el poema de Dar?o, Anna, gracias por ponerlo.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 13 de julio de 2009 | 13:44