jueves, 30 de julio de 2009
He desempolvado la mochila roja. Ropa veraniega y Raymond Carver. Me espera el calor de Madrid, un calor acrecentado por el asfalto y el cemento, los edificios que todo lo rodean y amurallan, la lejanía de la costa. Y me espera una nueva habitación de hotel,  ruidos desconocidos, vagabundear en soledad por calles extranjeras y ajenas a mí, cafeterías donde observar otras miradas y otros gestos. Sólo pisaba Madrid en verano como punto de embarque para mis viajes argentinos (Madrid como el último atisbo del verano antes de transformarlo en invierno).

En los últimos días parece que todo me habla de amor. Historias como Once o Cumbres borrascosas, correos electrónicos, anuncios de bodas, conversaciones telefónicas con pequeños interrogatorios en tercer grado. Todo era amor, que decía Girondo. Verica me recordó una frase de la película 2046, de Wong Kar Wai: “en el amor lo importante es el momento. No te vale nada si conoces a la persona ideal demasiado pronto o demasiado tarde”. Tal vez sea eso, tal vez llegamos a algunas personas en el momento inadecuado y no sabemos cómo amarlas o qué pasos dar, no estamos preparados para ofrecer lo que se espera de nosotros, para entender y recibir al otro, para dejarnos llevar o frenar en el momento oportuno. Me he encontrado con el amor en etapas donde era o inmaduro o excesivamente cínico. Una alteración temporal y todo se hace astillas, el universo dividido y alterado y nuestras entrañas desgajadas. Un amor que podía ser y que se aleja para siempre.

A veces vemos el amor como una salvación. Buscamos a alguien que nos contenga, que nos ayude y que nos salve de nosotros mismos, que nos dé un camino y un final, un lugar donde detenernos. Una motivación para vivir. Y entonces el otro se resquebraja en miles de imágenes falsas. Amamos la imagen que inventamos, no la realidad. Y eso es duro. Es duro engañarse. Y es duro ser una imagen falsa. No puedes hacer nada para adecuarte a esa imagen que otro inventa. Hay quien me inventa a través de mis fotos y mis escritos, que me califica por las partes que muestro a los demás en este blog o en facebook. Y yo no soy sólo “ese tipo”. Soy algo más. Soy testarudo y egoísta, soy despistado y frágil, soy lector y cinéfago, soy melancólico e impertinente. Sólo soy un hombre. Creo que tememos ver la realidad (ahora, recuerdos de las clases de filosofía y las discusiones sobre si los sentidos nos engañaban… )

Es extraño este verano sin frío ni viajes transoceánicos. Es extraño irse a la cama y dejar que el pensamiento vague por los últimos meses. Pensar en si todo ocurrió demasiado pronto o demasiado tarde. De nuevo las frases condicionales que no tienen lógica. Hace un año algo hizo un gran crack dentro de mí, algo se hundió, como un barco naufragado, una parte de mí se fue a pique. Sentí que había llegado a mi límite y que no podía con la vida, con esa vida que yo compliqué, que necesitaba estarme quieto y desaparecer por un tiempo. Nada de amor ni de dejar que alguien se acercase a mí. Construí una especie de muralla. Sólo estos escritos para hablar de mí.

Y sin embargo. Y sin embargo siempre esta pequeña luz de esperanza por encontrar el amor en el momento más inesperado, en este viaje, en uno de mis paseos por cualquier calle anónima, en un cine. No un amor salvador. No. Ni “la única persona en mi vida”. No. Sólo un amor. De esos que te hacen sonreír, de esos que te dan una fuerza inesperada. De esos que te iluminan las entrañas. Un amor puro y pacífico.

Extraño el cariño. Más que el sexo. Extraño los abrazos que te abarcan por completo y te redimen y te dan fuerzas y te sostienen y donde, sencillamente, estás y eres tú. Y extraño las conversaciones en susurros, la comicidad, la química, que alguien me mire con una mirada infinita y diferente y abarcativa. Y sí. Extraño soplar la superficie de un cuerpo en movimiento y la yema de mis dedos a 1 milímetro de otra piel.

El último abrazo que recibí fue de Verica. En el aeropuerto de Belgrado. Un día antes. Verica y yo en una gasolinera. Las maletas a nuestro alrededor. Y nosotros bailando unos sencillos pasos de salsa mientras susurrábamos la melodía. Mi mirada pasaba de mis pies a los suyos. Mi mano, apresada en la suya, daba vueltas y se retorcía al ritmo de una melodía invisible. No sé, los abrazos de amigo son tan importantes como los abrazos de los amantes. También dan fuerza y luz.

Hay quien me ha dicho que cuando hablo de desempolvar mi mochila roja me refiero a mi corazón. Nunca lo había pensado de esa manera. Sólo hablaba de esa mochila que ha pasado por tantas ciudades en los últimos años. Pero, bien pensado, es una buena analogía. Y sí, tal vez sea el momento de desempolvar mi mochila roja/corazón. A pesar del dolor y del caos.


Enlightened (Marillion)



I thought I was born to take and to damage
But I'm giving and healing and feeling
Ultramarine and ultra-serene
Climbing the forks of the lightning
She told me today it'll be okay it's all right, it's all right
I'm a submarine in this ocean

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