Lunes, 10 de agosto de 2009
Mi primer acercamiento a la literatura balcánica es este fresco de Ivo Andric, Un puente sobre el drina, crónica de la ciudad de Visegrad articulada en un puente monumental que fue testigo de la vida de sus habitantes, sus conversaciones distraídas, los cambios y las brutalidades de los diferentes ejércitos.

Un puente sobre el Drina se centra en una ciudad bosnia que pasa por manos otomanas, austro-húngaras y serbias, diferentes ocupaciones que deja una mezcla de creencias y religiones y leyendas. Cada aspecto de la vida está visto desde diferentes puntos, la construcción del puente crea héroes propios de cada comunidad que se encuentra a ambos lados del río, una historia y sentimientos distintos sobre un mismo hecho.

Andric sigue el puente en todos esos siglos, no se centra en una familia como recurso para contar la historia y el crecimiento de la ciudad, a la explicación del contexto histórico siguen retazos de algunos habitantes de la ciudad, de sus leyendas, de sus conversaciones en la kapia del puente, ese lugar donde se ensancha y se reúnen los ciudadanos para sentarse en el sofá de piedra y dejar que la vida pase. Mujeres que se rebelan contra un matrimonio, torturadores y torturados empalados en mitad del puente, comerciantes, los hombres que son tomado como bufones del pueblo y caminan sobre las partes peligrosas del puente, estudiantes que traen de Sarajevo la política y los cambios que producirán en la vida de la ciudad, la llegada del tren y cómo es un anticipo del final del puente, maestras enamoradas de quien no deben, los diferentes referentes de la fe.

Un puente sobre el Drina es un buen paso para adentrarse en la cultura balcánica, sus héroes y leyendas, las distintas ocupaciones, Andric mezcla la novela histórica con la fábula, los grandes acontecimientos con la intimidad de algunos personajes de la ciudad y se centra en el periodo que va de mediados del XIX hasta la primera guerra mundial. Tiene partes muy hermosas. Gran libro.




Pero en la kapia, situada entre el cielo, el río y las montañas, las generaciones sucesivas aprendieron a no afligirse en exceso por lo que llevaban consigo las aguas turbias del Drina. Allí aprendieron a adoptar la filosofía inconsciente de la pequeña ciudad: la vida es un milagro incomprensible; se gasta y se diluye sin cesar, y no obstante, dura y permanece sólidamente "como el puente sobre el Drina".

( … )

Las gentes se dividieron en perseguidos y perseguidores. La bestia hambrienta que vive dentro de los hombres, y que no se atreve a aparecer en tanto no queden eliminados los obstáculos que representan las buenas costumbres y las leyes, quedó en libertad. Los actos de violencia, el pillaje e incluso el asesinato, como suele ocurrir en la historia de la humanidad, no sólo quedaron en silencio, sino que fueron autorizados con la condición de que se llevasen a cabo en nombre de intereses elevados y al amparo de una serie de palabras que representaban el orden.
Ivo Andric
Un Puente Sobre el Drina (traducción de Luis del Castillo. Debolsillo)

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:29  | Libros...
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