Viernes, 07 de agosto de 2009
Sandra Foster estudia las modas, desde las muñecas Barbie hasta el grunge: cómo empiezan y qué significan. Bennett O´Reilly es un especialista en teoría del caos que observa la conducta de un grupo de monos. Aunque ambos trabajan para la corporación Hitek, no se conocen hasta el día que se produce un error en la entrega de un paquete. Es un momento de sincronía que les sumerge en un sistema caótico propio con todo tipo de equívocos, una beca de investigación de un millón de dólares, café con leche, tatuajes, pelo corto, y una serie de coincidencias que dejan a Bennett sin monos, sin dinero y casi sin trabajo. Sandra acude al rescate aportando un rebaño de ovejas y una idea para un nuevo proyecto conjunto. ¿Qué otro animal podría ilustrar mejor la teoría del caos y la mentalidad de rebaño que tan a menudo caracteriza la conducta humano y su aceptación de los modos? Pero los descubrimientos científicos rara vez son directos y nunca resultan simples. Los contratiempos y desastres, los corazones rotos y los callejones sin salida abundan. Y las posibles soluciones son escasas.

Oveja mansa es la segunda novela que leo de Connie Willis tras Tránsito. Si en ésta trataba sobre las experiencias cercanas a la muerte, en Oveja mansa Connie Willis reflexiona sobre las modas, el espíritu gregario de la sociedad, los avances científicos, la teoría del caos y todas esas casualidades que son el motor de nuevos descubrimiento.

De inicio lento y con una buena dosis de comedia, la novela se lee con una sonrisa en la cara, tiene un toque de comedia loca de los años 30 y 40 y algunas situaciones que te hacen recordar a Tom Sharpe y sus peculiares personajes destrozones.

La doctora Foster intenta encontrar el inicio de la moda del pelo corto en las mujeres allá por la década de los años 20. En su camino se tropieza con una ayudante torpe, despistada y paradigma del espíritu gregario que necesitan las modas para asentarse, una corporación científica que sólo busca acrónimos y nuevas formas de interacción entre sus empleados y un científico despistado inmune a las modas.

Me gusta la novela, cómo parece que no cuenta nada pero se para en reflexionar sobre el papel de la ciencia en la vida y las modas tan peregrinas y extrañas que nunca se sabe cómo empiezan pero que enseguida asumimos (cada capítulo se inicia con la descripción de alguna moda pasajera, desde el cubo de Rubik a los maratones de baile).

Siempre he pensado que la comedia es uno de los géneros más difíciles de la literatura. Y bajo el manto de comedia se puede poner en solfa nuestras creencias y formas de actuar. Esta Oveja mansa es un ejemplo. Un libro divertido y con mala leche.

Connie Willis
Oveja mansa (traducción de Rafael Marín Trechera. Ediciones B)

Tags: Oveja mansa, Connie Willis, Rafael Marín Trechera, Ediciones B

Publicado por elchicoanalogo @ 4:01  | Libros...
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