No recuerdo el momento exacto donde empezó mi fascinación por La Antártida. Debió ser en aquellas escapadas adolescentes donde me tumbaba en un campo de trigo mientras dejaba vagar mi imaginación hacia tierras ignotas y aventureras. Llegar a La Antártida, imaginé, sería como deshacerse de uno mismo por la majestuosidad y grandeza del paisaje, unos instantes donde se quebrarían los límites de mi cuerpo y podría “dejar-de-ser”. Para mí, el continente antártico es una mezcla de magia, poesía, locura y abismo. Llegar a La Antártida supondría un epílogo como el que vive el astronauta Bowman al final de 2001.
Herzog siempre ha buscado el límite en sus historias y personajes, ya fuera Kaspar Hauser o Fitzcarraldo, la selva amazónica o este paraje blanco e inabarcable de La Antártida. Encuentros en el fin del mundo surgió al ver las imágenes subacuáticas de un amigo buceador de Herzog. Inevitablemente, el director alemán quedó fascinado y dirigió sus pasos hasta el continente blanco. Allá rodó un documental de profundas imágenes poéticas y con sentido del humor sobre la relación del hombre con la naturaleza que le rodea. Herzog no quería otra historia de “pingüinos”
Es interesante ver la llegada del equipo a la base McMurdo, parece un deslucido y embarrado pueblo minero. Maquinaria gigante, edificios despersonalizados, agujeros en la tierra. En esa base conviven docenas de científicos y trabajadores. Soñadores, filósofos, viajeros que intentan salirse del mapa hasta llegar a la última frontera, cada habitante de la base es una mirada bohemia de trotamundo, de persona inquieta que quiere romper con lo convencional. Físicos, biólogos, lingüistas (la ironía de intentar salvar a cualquier especie pero no al último hablante de una lengua), mecánicos, un antiguo preso con la mochila siempre preparada por si tiene que marcharse de la base… uno de los puntos interesantes de este documental es cómo La Antártida sirve de encuentro entre gente que se desmarcó de la rutina de la sociedad y buscó un sueño más arriesgado y loco.
La imágenes de los parajes antárticos dominan el documental, imágenes lunares, deslumbrantes, un mundo diferente y extraño al resto del planeta. El sonido de las focas bajo el mar helado, los barrancos de hielo de 45 metros de altura y 300 metros de profundidad bajo el agua, el silencio y las ventiscas, las cumbres heladas y los microorganismos unicelulares. Y pingüinos (algunos de esos pingüinos abandonarán la manada o la búsqueda de comida y se adentrarán en la tierra hasta morir. Sí, podría ser una historia de Herzog).
Encuentros en el fin del mundo es un estimable documental con esa pizca de locura de las películas de Herzog, una galería de excéntricos científicos y unos paisajes que empequeñecen todos los inventados en los libros de ciencia ficción. Algún día llegaré a La Antártida…
Información: http://www.filmaffinity.com/es/film896911.html
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