Lunes, 28 de septiembre de 2009
Estamos en los territorios de la frontera entre México y Estados Unidos a mitad del siglo XIX. Las autoridades mexicanas y del estado de Texas organizan una expedición paramilitar para acabar con el mayor número posible de indios. Es el llamado Grupo Glanton, que tiene como líder espiritual al llamado juez Holden, un ser violento y cruel, un hombre calvo, albino, sin pestañas ni cejas. Nunca duerme, le gusta tocar el violín y bailar. Viola y asesina niños de ambos sexos y afirma que nunca morirá. Todo cambia cuando los carniceros de Glanton pasan de asesinar indios y arrancarles la cabellera a exterminar a los mexicanos que les pagan. Se instaura así la ley de la selva, el terreno moral donde la figura del juez se convierte en una especie de dios arbitrario.

Hace pocas semanas leí Al otro lado del río, de Jack Ketchum, un western fronterizo y violento con algunos elementos de la literatura de terror. Meridiano de sangre comparte con Ketchum el paisaje fronterizo y la violencia cruel, sádica y brutal. Pero si en Ketchum todo era austero y directo, McCarthy se decanta por la densidad de un libro itinerante con hondas descripciones tanto del paisaje exterior y desértico como del interior de la violencia.

La carretera fue mi primer libro de McCarthy, me impresionó su realista historia post nuclear. Un padre y un hijo que viajan hacia la costa y que deben evitar a los supervivientes de la hecatombe, seres humanos que han degenerado en un mundo de cenizas y nieblas perpetuas. Me gustó la austeridad con que está narrada La carretera, cómo la violencia aparecía en pequeños e inesperados trazos. Meridiano de sangre es denso y profundamente descriptivo, un viaje errante, unos personajes que cruzan desiertos y montañas y cuyos encuentros con otros seres humanos terminan en salvajes orgías de violencia, el tiempo detenido y los ramalazos de furia.

Un muchacho se escapa de su hogar. Es mitad del s. XIX en Estados Unidos. Es decir, violencia y un país en construcción y continua lucha. El muchacho se une el grupo Clanton, que se dedica a masacrar a la población india del norte de México. En esa errar asiste a un mundo violento, deshumanizado y extraño donde la naturaleza sólo es un testigo mudo de los desmanes del grupo. A páginas y páginas donde se describe el paisaje de una manera densa se suceden párrafos de una violencia tan cruel que a veces deja el estómago del revés. Cormac McCarthy no concibe el mundo sin una violencia degenerada. Hay páginas estremecedoras y crueles.

Meridiano de sangre es una historia densa y oscura, hay que tener paciencia (y estómago) para avanzar por ella, tiene páginas aburridas, violentas y otras reflexivas. Su lectura me ha dejado mal cuerpo. He tardado demasiado tiempo en terminar este viaje al horror.




Son tiempos de mendigar, tiempos de robos. Días de cabalgar por donde no cabalga nadie salvo él. Ha dejado atrás una región de pinares y el sol declina ante él al fondo de una interminable hondonada y aquí la noche cae como un tronido y un viento crudo hace rechinar la maleza. De noche el cielo está tan salpicado de estrellas que apenas si queda un espacio negro y toda la noche caen dibujando curvas enconadas y aun así su número no decrece.
Se mantiene alejado del camino real por temor a los ciudadanos. Los pequeños lobos de la pradera se pasan la noche aullando y la madrugada le pilla en un barranco herboso adonde había ido buscando abrigo del viento. El mulo está maneado un poco más arriba y observa el este en busca de luz.
El sol que sale ese día es del color del acero. Su sombra a lomos del mulo se pierde en la lejanía. Lleva en la cabeza un sombrero que se ha hecho con hojas y las hojas se han agrietado al sol y parece un espantapájaros huido de un huerto.

( … )

Iban como hombres investidos de un propósito cuyo origen los precedía, como legatarios naturales de un orden a la vez imperativo y remoto. Pues aunque todos y cada uno de ellos eran distintos entre sí, conjuntamente formaban una cosa que no existía antes y había en aquella su alma comunitaria vacíos apenas concebibles, como esas regiones dejadas en blanco de los mapas antiguos en donde habitan monstruos y donde no hay del mundo conocido otra cosa que vientos conjeturales.

( … )

Recorrieron la frontera durante semanas en busca de indicios de los apaches. Desplegados por aquella llanura avanzaban en constante elisión, agentes tonsurados de lo real repartiéndose el mundo que encontraban a su paso, dejando lo que había sido y ya no volvería a ser extinguido por igual a sus espaldas. Jinetes espectrales, pálidos de polvo, anónimos bajo el calor almenado. Por encima de todo parecían ir totalmente a la ventura, primordiales, efímeros, desprovistos de todo orden. Seres surgidos de la roca absoluta y abocados al anonimato y alojados en sus propios espejismos para errar famélicos y condenados y mudos como las gorgonas por los yermos brutales de Gondwanalandia en una época anterior a la nomenclatura cuando cada uno era el todo.
Cormac McCarthy
Meridiano de sangre (traducción de Luis Murillo Fort. Debolsillo)

Tags: Meridiano de sangre, Cormac McCarthy, Luis Murillo Fort, debolsillo

Publicado por elchicoanalogo @ 4:04  | Libros...
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