Martes, 29 de septiembre de 2009
Filósofos,
para alumbrarnos, nosotros los poetas
quemamos hace tiempo
el azúcar de las viejas canciones con un poco de ron.
Y aún andamos colgados de la sombra.
Oíd,
gritan desde la torre sin vanos de la frente:
¿Quién soy yo?
¿He escapado de un sueño
o navego hacia un sueño?
¿Huí de la casa del Rey
o busco la casa del Rey?
¿Soy príncipe esperado
o príncipe muerto?
¿Se enrolla
o desenrolla el film?
Este túnel
¿me trae o me lleva?
¿Me aguardan los gusanos
o los ángeles?
¿Oísteis?
Es la nueva canción,
y la vieja canción...
¡nuestra pobre canción!
¿Quién soy yo?...
Mi vida está en el aire dando vueltas.

¡Miradla, filósofos, como una moneda que decide!
¿Cara o cruz?...

¡Cruz!
Perdí... Filósofos, perdí.

Yo no soy nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina.
Yo no soy nadie.
Y no obstante, estas manos, mis antenas de hormiga,
     han ayudado a clavar la lanza en el costado del mundo
     y detrás de la lupa de la luna hay un ojo que me ve
     como a un microbio royendo el corazón de la Tierra.
Tengo ya cien mil años y hasta ahora no he encontrado otro mástil de más fuerte
    que el silencio y la sombra donde colgar mi orgullo;
    tengo ya cien mil años y mi nombre en el cielo se escribe con lápiz.

El agua, por ejemplo, es más noble que yo.
Por eso las estrellas se duermen en el mar
y mi frente romántica es áspera y opaca.
Detrás de mi frente -filósofos, escuchad esto bien-,
detrás de mi frente hay un viejo dragón :
el sapo negro que saltó de la primera charca del mundo y está aquí, aquí, aquí...
agazapado en mis sesos, sin dejarme ver el Amor y la Justicia.

Yo no soy nadie, nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina... Yo no soy nadie, filósofos...
Y éste es el solo parentesco que tengo con vosotros.
León Felipe
Cara o cruz

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Lunes, 28 de septiembre de 2009
Estamos en los territorios de la frontera entre México y Estados Unidos a mitad del siglo XIX. Las autoridades mexicanas y del estado de Texas organizan una expedición paramilitar para acabar con el mayor número posible de indios. Es el llamado Grupo Glanton, que tiene como líder espiritual al llamado juez Holden, un ser violento y cruel, un hombre calvo, albino, sin pestañas ni cejas. Nunca duerme, le gusta tocar el violín y bailar. Viola y asesina niños de ambos sexos y afirma que nunca morirá. Todo cambia cuando los carniceros de Glanton pasan de asesinar indios y arrancarles la cabellera a exterminar a los mexicanos que les pagan. Se instaura así la ley de la selva, el terreno moral donde la figura del juez se convierte en una especie de dios arbitrario.

Hace pocas semanas leí Al otro lado del río, de Jack Ketchum, un western fronterizo y violento con algunos elementos de la literatura de terror. Meridiano de sangre comparte con Ketchum el paisaje fronterizo y la violencia cruel, sádica y brutal. Pero si en Ketchum todo era austero y directo, McCarthy se decanta por la densidad de un libro itinerante con hondas descripciones tanto del paisaje exterior y desértico como del interior de la violencia.

La carretera fue mi primer libro de McCarthy, me impresionó su realista historia post nuclear. Un padre y un hijo que viajan hacia la costa y que deben evitar a los supervivientes de la hecatombe, seres humanos que han degenerado en un mundo de cenizas y nieblas perpetuas. Me gustó la austeridad con que está narrada La carretera, cómo la violencia aparecía en pequeños e inesperados trazos. Meridiano de sangre es denso y profundamente descriptivo, un viaje errante, unos personajes que cruzan desiertos y montañas y cuyos encuentros con otros seres humanos terminan en salvajes orgías de violencia, el tiempo detenido y los ramalazos de furia.

Un muchacho se escapa de su hogar. Es mitad del s. XIX en Estados Unidos. Es decir, violencia y un país en construcción y continua lucha. El muchacho se une el grupo Clanton, que se dedica a masacrar a la población india del norte de México. En esa errar asiste a un mundo violento, deshumanizado y extraño donde la naturaleza sólo es un testigo mudo de los desmanes del grupo. A páginas y páginas donde se describe el paisaje de una manera densa se suceden párrafos de una violencia tan cruel que a veces deja el estómago del revés. Cormac McCarthy no concibe el mundo sin una violencia degenerada. Hay páginas estremecedoras y crueles.

Meridiano de sangre es una historia densa y oscura, hay que tener paciencia (y estómago) para avanzar por ella, tiene páginas aburridas, violentas y otras reflexivas. Su lectura me ha dejado mal cuerpo. He tardado demasiado tiempo en terminar este viaje al horror.




Son tiempos de mendigar, tiempos de robos. Días de cabalgar por donde no cabalga nadie salvo él. Ha dejado atrás una región de pinares y el sol declina ante él al fondo de una interminable hondonada y aquí la noche cae como un tronido y un viento crudo hace rechinar la maleza. De noche el cielo está tan salpicado de estrellas que apenas si queda un espacio negro y toda la noche caen dibujando curvas enconadas y aun así su número no decrece.
Se mantiene alejado del camino real por temor a los ciudadanos. Los pequeños lobos de la pradera se pasan la noche aullando y la madrugada le pilla en un barranco herboso adonde había ido buscando abrigo del viento. El mulo está maneado un poco más arriba y observa el este en busca de luz.
El sol que sale ese día es del color del acero. Su sombra a lomos del mulo se pierde en la lejanía. Lleva en la cabeza un sombrero que se ha hecho con hojas y las hojas se han agrietado al sol y parece un espantapájaros huido de un huerto.

( … )

Iban como hombres investidos de un propósito cuyo origen los precedía, como legatarios naturales de un orden a la vez imperativo y remoto. Pues aunque todos y cada uno de ellos eran distintos entre sí, conjuntamente formaban una cosa que no existía antes y había en aquella su alma comunitaria vacíos apenas concebibles, como esas regiones dejadas en blanco de los mapas antiguos en donde habitan monstruos y donde no hay del mundo conocido otra cosa que vientos conjeturales.

( … )

Recorrieron la frontera durante semanas en busca de indicios de los apaches. Desplegados por aquella llanura avanzaban en constante elisión, agentes tonsurados de lo real repartiéndose el mundo que encontraban a su paso, dejando lo que había sido y ya no volvería a ser extinguido por igual a sus espaldas. Jinetes espectrales, pálidos de polvo, anónimos bajo el calor almenado. Por encima de todo parecían ir totalmente a la ventura, primordiales, efímeros, desprovistos de todo orden. Seres surgidos de la roca absoluta y abocados al anonimato y alojados en sus propios espejismos para errar famélicos y condenados y mudos como las gorgonas por los yermos brutales de Gondwanalandia en una época anterior a la nomenclatura cuando cada uno era el todo.
Cormac McCarthy
Meridiano de sangre (traducción de Luis Murillo Fort. Debolsillo)

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Domingo, 27 de septiembre de 2009
La bocina de un de un transatlántico me despierta a primerísima hora de la mañana. Sobresaltado, doy un salto de la cama. Abro las contraventanas y observo durante un instante la vista del Panteón. Luego, corro las cortinas de gasa y dejo que el sol lisboeta inunde las paredes blancas de la habitación.

Abro las ventanas para que el frescor del amanecer entre en el apartamento. Con el viento húmedo del Tajo se cuelan los murmullos próximos de los ‘gorras’ que se pelean por atraer la atención de los conductores que se acercan hasta la ‘Feria das ladras’.

Apenas amanece en Alfama pero el bullicio ya lo impregna todo en el barrio. Sentado sobre la cama, enciendo un cigarrillo más en el preciso instante en el que suena una canción de Dulce Pontes en el despertador del móvil: ‘Fado dos fados’. Recuerdo un paseo por el barrio de Graça, una cerveza en la terraza de un garito cerca del Convento de Sao Vicente de Fora, y otra más justo al paso del tranvía número 28, en aquel pequeño rincón cerquita de casa que tanto me gustó el primer día.

Lisboa es una ciudad maravillosa, amable y llena de luz por todos sus rincones. La gente se esfuerza por hacerse entender y al menor contratiempo te presta ayuda. Los edificios, aparentemente derruidos, esconden interiores alucinantes con estupendas vistas y ambientes enloquecidos. Los viejos azulejos de tonos azules y verdes que cubren las fachadas de las casas semidestrozadas dan paso a interiores que sorprenden y enloquecen. Sin duda, merece la pena.
Iñaki Calvo
Lisboa, apuntes


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Viernes, 25 de septiembre de 2009
Si uno se deja llevar por las imágenes del tráiler de Malditos bastardos esperará una película violenta, muy violenta, repleta de acción, matanzas y cuerpos masacrados y deformados por las balas. Una especie de Doce del patíbulo pasados de vueltas. Pero, como suele ocurrir, un tráiler no siempre muestra la realidad, el tono y los temas de una película.

Tarantino utiliza el logo de los años sesenta del estudio Universal para abrir su película. Es la primera referencia cinéfila de las muchas que sacuden la película. Por ella se pasean guiños al cine de esos francotiradores que fueron Sam Fuller y Robert Aldrich, los movimientos imposibles y la tensión de Welles y Hitchcok, la violencia a cámara lenta de Peckinpah y las largas escenas y los planos deudores de Sergio Leone. Tarantino ama el cine de una manera obsesiva y se nota en sus películas.

Malditos bastardos empieza a modo de western. Una lechería en mitad de la Francia ocupada, un hombre partiendo leña (Leone, Sturges… ) y un coronel nazi, Hanz Landa, el “caza judíos” (irónicamente interpretado por Christoph Waltz), que llega a su altura y le interroga sobre unos judíos de la zona. Sólo la joven Shosanna conseguirá escapar de la emboscada del coronel Landa. Ya en la primera secuencia vemos lo que realmente será la película, grandes bloques de secuencias donde los personajes se cruzan, hablan con esos diálogos tarantinianos entre lo absurdo, lo cómico y lo tenso que terminan en estallidos de violencia incontrolada.

Tras la presentación de Shosanna y el coronel Landa, le toca el turno al teniente Aldo Raine, encarnado con mucha sorna por un sorprendente Brad Pitt. Raine organiza un comando de soldados judíos cuya misión es ajusticiar a todo soldado nazi con la mayor de las crueldades, devolver golpe por golpe. Resuenan imágenes de Doce del patíbulo. También hay hueco para Goebbels y su industria de propaganda, Zoller un héroe de guerra, una especie de sargento York alemán, que se enamora de Shosanna, la espía y actriz alemana Bridget Von Hammersmark.

Hay que olvidarse de las imágenes del tráiler y entrar en el juego que plantea Tarantino, esas largas escenas dialogadas y las aisladas escenas de violencia. Mientras se ve la película puedes imaginar lo mucho que ha disfrutado el director escribiéndola y dirigiéndola, cómo intenta otorgar a cada larga secuencia la lógica de una pequeña película, cada secuencia con su presentación, su nudo y un desenlace que inicia la siguiente secuencia. El final, en el cine parisino donde se estrena la última película de propaganda nazi, es antológico.

Con algunas bajadas de ritmo, Malditos bastardos es una gran película de Tarantino donde se pueden ver sus señas de identidad, los diálogos absurdos, los contrapicados extremos donde los personajes hablan a cámara, los travellings circulares, los estallidos de violencia, los complejos movimientos de cámara y una cinefagia insaciable.

(Con tanto cruce de idioma lo ideal sería ver esta película en versión original subtitulada, pero eso, en Bilbao, es imposible, por lo que no he podido ver Malditos bastardos en las mejores condiciones, me han escamoteado una parte importante de la película)

Información:
http://www.malditosbastardos.es
http://www.filmaffinity.com/es/film746997.html






Tags: Malditos bastardos, Inglourious Basterds, Quentin Tarantino, Brad Pitt, Diane Kruger, Christoph Waltz, Mélanie Laurent

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Jueves, 24 de septiembre de 2009
Las primeras imágenes de Frozen River destilan sutileza. El paraje nevado de la frontera entre Estados Unidos y Canadá, un barrio de casas prefabricadas y una mujer, Ray, que intenta controlar su llanto en un contenido y hermoso primer plano. Ray es una superviviente. Vive con sus hijos en una casa prefabricada, sueña con un hogar mejor, una de esas grandes casas de tres habitaciones, y está a punto de conseguirlo. Pero llora, sola, porque su marido ha huido con el dinero que tenían ahorrado y ve cómo se aleja su sueño de un hogar en un gran camión. Ve la casa sobre el tráiler desaparecer por la carretera, su sueño tan cerca y a la vez tan lejos. Parece el territorio de los cuentos de Richard Ford. Supervivientes y perdedores con sus frágiles vidas en un paraje entristecido. Territorio conocido.

El camino de Ray se cruza con el de otra superviviente, Lila, que vive en esa zona de la frontera que pertenece a la tribu india Mohawk. Lila ha perdido a su marido y su suegra le ha robado a su niño de un año. Vive en una desmadejada roulotte en mitad de un bosque. Es contrabandista. Primero de tabaco, algo que todos sus vecinos hacían, luego de personas, inmigrantes ilegales que introduce en el país a través del río helado al que alude el título de la película. Deja el dinero que gana en la puerta de su suegra. Quiere que le compre una cuna mejor a su hijo.

Ray y Lila utilizan el coche de amplio maletero de Ray para pasar inmigrantes de un lugar al otro de la frontera. Y en cada viaje las dos mujeres se reconocen, se acercan, conocen el drama de la otra.

Una de las reflexiones interesantes de Frozen River es la capacidad de estas dos mujeres para sobrevivir, cómo anteponen cualquier valor moral sobre lo que están haciendo a su deseo de conseguir un hogar para ellas y sus hijos. La supervivencia es dura y cruel. También cómo el hogar está en un consejo tribal, una desconocida o el sueño de una casa prefabricada.

Otro de los puntos fuertes es el paraje nevado, casi detenido, de la frontera, y ese monumental río helado sobre el que viajan Ray y Lila, perfecta definición de sus vidas, un camino sobre una superficie que en cualquier momento se puede resquebrajar y hundirlas.

Courtney Hunt ha escrito y dirigido una película extraordinaria, un drama duro, realistas y sin excesos sensibleros, con un guión sin fisuras, literario en los detalles y en el desarrollo de algunas escenas, protagonizada por dos actrices en estado de gracia.



Tags: Frozen River, Courtney Hunt, Melissa Leo, Misty Upham

Publicado por elchicoanalogo @ 4:56  | Cine
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Mi?rcoles, 23 de septiembre de 2009
Falling into Infinity supuso un cambio en la música de Dream Theater. El grupo intentó simplificar su música y alejarse de las canciones extremadamente complejas y virtuosas de sus anteriores discos para centrarse en canciones cortas y melódicas.

El disco se inicia con una de mis canciones favoritas del grupo, New Millenium, ocho minutos de virtuosismo controlado, sin dejarse llevar hasta la extenuación como lo harán en sus siguientes discos. Una introducción interesante, el protagonismo del bajo de John Myung, un buen estribillo y la parte instrumental donde se lucen todos los músicos.

El resto del disco es irregular, los mejores momentos se alcanzan justo en esas canciones largas y complejas que querían pulir y algún que otro ramalazo a Metallica en sus canciones cortas. Después de este disco seguí a trompicones la música de Dream Theater, a veces empalagado de tantas notas por segundo, a veces con curiosidad por comprobar si había algún cambio en su forma de entender la música.

El primer disco que escuché de Dream Theater me llegó desde Japón. Images and Words apareció en una carta que un amigo japonés le había enviado a mi hermana mayor. Ya desde el inicio con Pull Me Under me sedujo el rock progresivo del grupo, con influencias variopintas, Rush, Metallica, Yes… Images and words fue la banda sonora de uno de mis últimos veranos en Galicia y le tengo un especial cariño.

Awake y A Change of Seasons aumentaron mi entusiasmo por la banda, ritmos metálicos junto a complejos desarrollos instrumentales en canciones largas y atractivas y un virtuosismo que aún no se había desbocado. Pero con Falling into Infinity sufrí mi primera decepción y desde entonces Dream Theater sólo consigue atraerme a retazos con sus proyectos paralelos o con canciones como este New Millenium.

Información:
http://www.dreamtheater.net/
http://es.wikipedia.org/wiki/Dream_Theater


New Millenium (Dream Theater)




A single star behind me
A red sky burns ahead
A lonely light below me
Awake among the dead
An overwhelming feeling
Leaves me numb and strange
A sense of new beginning
I sense a wind of change

Out with the old useless
People so cold ruthless
Welcome in a new millennium
How many times must I
Live out this nightmare I
Can't wait until a new millennium

I've got this feeling
The tide is turning now baby
Funny feeling
Everything's gonna be alright now

Living out a constant deja vu
Keep your head up
Please be patient we will get to you
Keep your head up
Just have some faith and you can see it through
Keep your head up
But faith don't pay the rent that's overdue
Keep your head up
All that's glittering is turning blue
Keep your head up
What they want from me ain't gotta clue
Keep your head up
Swallow pride before it swallows you
Keep your head up
Don't dare bite the hand that's starving you
Keep your head up

How can you keep your head
And not go insane
When the only light at the end
Of the tunnel is another train

Lies ten feet tall
Have broken my fall
Welcome you all new millennium
It's well overdue
And I can't wait to
Welcome in a new millennium

I've got this feeling
The tide is turning now baby
Funny feeling
Everything's gonna be alright now



Tags: New Millenium, falling into infinity, Dream Theater

Publicado por elchicoanalogo @ 13:26  | Canciones
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S?bado, 19 de septiembre de 2009
Recuerdo el amor que me nacía al tiempo de la lluvia.
Recuerdo los baúles y las colchas de hilo,
las flores de lavanda volando por espacios abiertos y felices,
aquella despiadada multitud de grillos debajo de las lápidas,
y tus besos, pan y aceite, detrás de los postigos.

Recuerdo aquellos días cuando tú me besabas
tras las torres caídas del castillo y las olas.
Y recuerdo las noches naufragando tu cuerpo
en aquella penumbra universal del hambre.

Yo entonces era otra.
Pero no he renunciado ni al amor ni a la herida.
Elsa López
Recuerdo el amor que me nacía al tiempo de la lluvia... (en Del amor imperfecto)

Tags: Del amor imperfecto, Elsa López

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Viernes, 18 de septiembre de 2009
En una remota provincia de China, las mujeres crearon hace siglos un lenguaje secreto para comunicarse libremente entre sí: el nu shu. Aisladas en sus casas y sometidas a la férrea autoridad masculina, el nu shu era su única vía de escape. Mediante sus mensajes, escritos o bordados en telas, abanicos y otros objetos, daban testimonio de un mundo tan sofisticado como implacable.

En el reino exterior, el reino de los hombres, el caos y la inestabilidad y los cambios de poder. En el reino interior, el reino de las mujeres, las tradiciones, los ritos, la serenidad y la invisibilidad. Lisa See se centra en ese reino interior donde viven las mujeres, unas mujeres invisibles que deben enclaustrarse en el segundo piso de las casas y que ven la vida y el horizonte a través de las ventanas de las habitaciones.

Lirio Blanco, en esa edad cercana a la muerte donde uno mira hacia atrás con distancia y nostalgia y con el ánimo de contar la verdad, recuerda su vida en un pueblecito chino y cómo, por ser mujer, debe atenerse a unas tradiciones duras donde la mujer ocupa un lugar secundario y casi invisible en la vida del hogar.

El abanico de seda es una conmovedora historia, contada como un susurro, como un largo monólogo nostálgico donde Lirio Blanco rememora todas las etapas que tuvo que vivir como mujer (el vendado de sus pies para empequeñecerlos, el casamiento con un desconocido… ) y su amistad con su alma gemela, Flor de nieve, una amistad hermosa y, a la vez, turbulenta porque nunca conseguimos dominar nuestros sentimientos ni nos ponemos en la piel del otro, siempre hay un punto de egoísmo que nos hace mirar únicamente nuestras emociones hasta que es demasiado tarde. Una amistad que se apoya en el lenguaje secreto de las mujeres escrito en abanicos o ropas, un lenguaje secreto y, a la vez, a la vista del mundo.

Narrado con sencillez y calidez, El abanico de seda se lee con emoción y, a la vez, con interés por todos esos ritos de la cultura china, ritos que caen sobre las mujeres. Cada ceremonia es una sorpresa, cada acto social tiene un rito, un canto, unas reglas.

Uno de los puntos que me han parecido curiosos de esta novela es el trato de las mujeres entre sí, cómo muchas de ellas están tan apegadas a las tradiciones que creen que su única bendición es tener un hijo varón. También, el encierro en el piso de arriba en cuanto empieza el vendado.

Buen libro, conmovedor, y con un final muy emotivo.



Al año siguiente empezó en serio mi educación en la habitación de las mujeres, aunque yo ya sabía muchas cosas. Sabía que los hombres casi nunca entraban allí; era una pieza reservada para nosotras, donde podíamos hacer nuestro trabajo y compartir nuestros pensamientos. Sabía que pasaría casi toda mi vida en una habitación como aquélla. También sabía que la diferencia entre nei —el reino interior del hogar— y wai —el reino exterior de los hombres— constituía el núcleo de la sociedad confuciana. Tanto si eres rico como si eres pobre, emperador o esclavo, la esfera doméstica pertenece a las mujeres y la esfera exterior a los hombres. Las mujeres no deben salir de sus cámaras interiores ni siquiera mediante la imaginación. Entendía asimismo los dos ideales confucianos que gobernaban nuestra vida. El primero lo formaban las Tres Obediencias: «Cuando seas niña, obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando seas viuda, obedece a tu hijo.» El segundo correspondía a las Cuatro Virtudes, que definen el comportamiento, la forma de hablar, el porte y la ocupación de las mujeres: «Sé sobria, comedida, sosegada y recta en tu actitud; sé serena y agradable en tus palabras; sé contenida y exquisita en tus movimientos; sé perfecta en la artesanía y el bordado.» Si las niñas no se apartan de esos principios, se convierten en mujeres virtuosas.

( … )

Pienso a menudo en los primeros meses de nuestro vendado. Recuerdo que mi madre, mi tía, mi abuela y hasta Hermana Mayor repetían ciertas frases para animarnos. Una de ellas era: “Si te casas con un pollo, te quedas con un pollo; si te casas con un gallo, te quedas con un gallo”. Como solía ocurrirme en aquella época con muchas cosas, yo oía esas palabras pero no entendía su significado. El tamaño de mis pies determinaría mis probabilidades de contraer un buen matrimonio. Mis diminutos pies serían ofrecidos a mis futuros suegros como prueba de mi disciplina personal y de mi capacidad para soportar los dolores del parto y cualquier desgracia que pudiera sobrevenirme. Mis diminutos pies demostrarían a todo el mundo la obediencia que guardaba a mi familia natal, y sobre todo a mi madre, lo cual también causaría una buena impresión en mi futura suegra. Los zapatos que bordaba simbolizarían para mis futuros suegros mi habilidad para la costura y, por extensión, para el resto de las tareas domésticas. Y aunque en aquella época yo no lo sabía, mis pies serían algo que fascinaría a mi esposo durante los momentos más íntimos y privados entre un hombre y una mujer. Su deseo de verlos y tenerlos en las manos no disminuyó nunca en los años que vivimos juntos, ni siquiera después de que yo hubiera parido cinco hijos, ni siquiera después de que el resto de mi cuerpo hubiera dejado de ser un estímulo para el trato carnal.

( … )

Os preguntaréis por qué estaba tan afligida sin iba a volver al hogar paterno al cabo de tres días. La explicación es sencilla: la expresión que utilizamos para “casarse” es buluo fujia, que significa “no caer inmediatamente en la casa del esposo”. La partícula luo significa “caer”, como caen las hojas en otoño o como caer muerto. Y en nuestro dialecto local la palabra “esposa” se pronuncia igual que “huésped”. Durante el resto de mi vida yo no sería más que un huésped en la casa de mi esposo, no de la clase de huésped que se agasaja con manjares, regalos y cariño o con blandas camas, sino de esos que siempre se contemplan como extraños y sospechosos.
Lisa See
El abanico de seda (traducción de Gemma Rovira Ortega. Salamandra. Quinteto)

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Jueves, 17 de septiembre de 2009
Debajo de la almohada
una mano,
mi mano,
que se agranda,
se agranda
inexorablemente,
para emerger,
de pronto,
en la más alta noche,
abandonar la cama,
traspasar las paredes,
mezclarse con las sombras,
distenderse en las calles
y recubrir los techos de las casas sonámbulas.
A través de mis párpados
yo contemplo sus dedos,
apacibles,
tranquilos,
de ciclópeas falanges;
los millares de ríos
zigzagueantes,
resecos,
que recorren la palma desierta de esa mano,
desmesurada,
enorme,
adherida al insomnio,
a mi brazo,
a mi cuerpo
diminuto,
perdido
en medio de las sábanas;
sin explicarme cómo esa mano
es mi mano,
ni saber por qué causa se empeña en disminuirme.
Oliverio Girondo
Nocturno 2 ( en Persuasión de los días)

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Lunes, 14 de septiembre de 2009
Conocí a Porcupine Tree con su disco Stupid Dream. No fue la mejor manera de adentrarme en su música. Sentí el disco irregular, buenos momentos (sobre todo el trío final compuesto por A Smart Kid, la instrumental Tinto Brass y la muy triste Stop Swimming) se cruzaban con canciones cercanas al brit pop más insulso. Fue un encuentro extraño. Aunque había algo que me hizo repetir con otros discos. Descubrí que sus discos anteriores me atraían, y mucho, por su música progresiva cercana a los Floyd, por sus improvisaciones instrumentales (los 40 minutos improvisados de Moonloop son uno de los viajes más extraordinarios que se puede escuchar en la música), por la forma de entender la música de Steven Wilson y cómo hizo avanzar a sus Porcupine Tree desde su primigenia psicodelia a los trazos más metálicos y oscuros de la acutalidad.

Entré en una cafetería para sentir el primer contacto con The Incident, la nueva obra de Porcupine Tree. La portada, el libreto, las fotos y las letras, ese contacto físico que había perdido años atrás. Al llegar a casa me tumbé en la cama, puse el CD y seguí la letra a la par que la música. The incident es una canción de 55 minutos dividida en 14 secciones y la primera impresión me hizo recordar a discos como Signify mezclados con la dureza de los riffs de sus últimos discos. Había algo que me gustaba y me sorprendía y, a la vez, cierta sensación de escuchar algo ya conocido.

A los discos hay que dejarles crecer, prestarles atención, descubrir sus secretos con paciencia. Con cada escucha The Incident se fue apoderando de mí, la vieja sensación de otros tiempos. La sorpresa de su música crecía ante las melodías que uno puede esperar en Porcupine Tree. Potentes riffs de guitarra se mezclan con suaves interludios instrumentales. La salvajada inicial de The Blind House, la electrónica en The Incident, el homenaje a los Pink Floyd de Animals en  la autobiográfica Time Flies, el quedo final con I Drive the Hearse, todo con esas letras oscuras y oníricas, el inconmensurable trabajo de Gavin Harrison en la batería y el poder evocador de la música de Steven Wilson. Un disco que sigue creciendo en cada escucha, que me hace disfrutar como hacía tiempo no disfrutaba un disco.

Aún me queda por escuchar el EP que acompaña el disco pero ya puedo decir, tras cuatro días dedicados al disco, que The Incident es una buena composición de 55 minutos.

Información:
http://www.porcupinetree.com
http://es.wikipedia.org/wiki/Porcupine_Tree
http://puntvalles.com/pt/
http://porcupinetree.es/




The Incident



At junction 8 the traffic starts to slow
Artilleries of braking lights
and bluish glow
Ascending in a plumage of twisted steel
Shattered glass and confetti
dashed upon the wheel

When a car crash gets you
off you've lost your grip
When a fuck is not enough
you know you've slipped
When the church is full it means
you've just been had
When the world has gone to
seed you're so detached

Got a feeling that I want you to be there

Driving by on my way to somewhere else
I fill my lungs with a noxious
burning smell
There is weed and grey
concrete like this for miles
Dead souls in my rear view
 mirror hitch a ride for a while

I want to be loved




Time Flies



I was born in '67
The year of Sgt. Pepper and Are You Experienced?
It was a suburb of heaven,
yeah and it would have been forever
It all seemed to make so much sense.

But after a while you realize time flies.
And the best thing that you can do is take whatever comes to you.
'Cos time flies.

She said luck is what you make it
You just reach out and take it
Now let's dance a while
She said nothing ever happens
If you don't make it happen.
And if you can't laugh then smile.

And laughing under Summer showers
Is still the way I see you now.

How does time break down
With no marker, things slow down.
A conference of the strange
and your family is deranged.

I could tell you what I'm thinking
While we sit here drinking,
But Im not sure where to start
You see there's something wrong here,
I'm sorry if I'm not clear,
Can you stop smoking your cigar.

And the coat you wore to Alton Towers
Is still the way I see you now


Tags: The Incident, Porcupine Tree

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S?bado, 12 de septiembre de 2009
El primer acercamiento a La roja insignia del valor se lo debo a la versión cinematográfica que realizó John Huston en los años 50 en una de sus películas menos conocidas, una película maltratada por los productores con abundantes cortes y que aún así tenía una fuerza excepcional y la maestría propia de ese gran contador de historias que era Huston.

La roja insignia del valor está considerado uno de los grandes clásicos de la literatura norteamericana. Stephen Crane la escribió con algo más de 20 años y en ella narra las andanzas de un muchacho que se alista en el ejército para combatir en la guerra civil. Mientras espera entrar por primera vez en la batalla el muchacho piensa en la guerra, ese ideal romántico de quienes nunca han combatido y se pregunta cómo será su actitud en mitad del combate. Cuando llega la oportunidad de responder a sus dudas huye de la batalla. Y en la huída, las reflexiones y el monólogo interior del personaje.

Crane escribe con maestría las dudas de un muchacho que sale por primera vez de su pueblo para combatir, el caos que significa toda guerra, esa cosa extraña que es la cobardía o el valor y cómo cualquier persona puede caer de un lado o del otro sin preverlo. En la primera parte del libro el muchacho intenta buscar las dudas que él tiene en sus compañeros de armas y se prepara para la contienda. En mitad de la primera batalla el muchacho huye y comprueba el grado de crueldad y locura de la guerra, una guerra en mitad de una naturaleza que es ajena a ella. El muchacho deambulará entre cadáveres y el sonido de cañones y moribundos mientras intenta encontrar una justificación a su huida, a la guerra, a un mundo imprevisible. Sin pretenderlo, el muchacho encontrará su batallón y se reintegrará a él en una irónica segunda oportunidad.

Escrito con agudeza, La roja insignia del valor se luce en las reflexiones del torturado protagonista, en los combates, en esa naturaleza que es testigo del desvarío humano (una naturaleza que a veces me recordó a la posterior La delgada línea roja… el edén sacudido por el infierno… ). Una gran historia antibelicista, una de las primeras y que dio pie a las que vinieron en el siglo XX.




Una vez la línea se encontró con el cuerpo de un soldado muerto. Yacía de espaldad, con los ojos fijos en el cielo. Iba vestido con un extraño traje de un marrón amarillento. El muchacho pudo ver que las suelas de sus zapatos estaban gastadas hasta ser delgadas como el papel, y por un enorme desgarrón en una de ellas surgía el pie del muerto desoladamente. Y era como si el destino hubiera traicionado al soldado. Una vez muerto, descubría a sus enemigos la pobreza que durante él había, quizá, ocultado a sus amigos.

( … )

Al pasear la mirada por su alrededor, el muchacho sintió una llamarada de asombro al ver el cielo azul y puro y el sol que brillaba entre los árboles y los campos. Era sorprendente que la naturaleza hubiera continuado avanzando tranquilamente en su dorado proceso en medio de tanta destrucción.
Stephen Crane
La roja insignia del valor (traducción de Micaela Misiego. Anaya)


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Viernes, 11 de septiembre de 2009
De la luz del otoño
Extraigo alguna consecuencia,
Un cimiento menor para estas convicciones:
Que la vida es más lenta de lo que suponemos,
Que su afamado brillo
Nos impone la espera de lo bello inmutable
( y es acaso un error, quizá una burla),
que las tardes contienen una fracción de hiel,
que donde haya renuncia habrá milagro…
cosas que ya sabía.
En la luz del otoño me ha parecido verlas.
Antonio Cabrera
Ante el otoño en Con el aire

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Martes, 08 de septiembre de 2009
Los años 50 retratados con maestría por Richard Yates en esta magnífica novela tienen demasiados parentescos con los tiempos que vivimos. Frank y April Wheeler tratan de sostener sus ideas incluso contra ellos mismos y sus debilidades en una época en la que la pérdida, muchas veces inconsciente, de valores, parecen fundamentales e irreemplazables. A partir de este matrimonio analizado bajo un microscopio que nunca se permite ser condescendiente, Yates arma el retrato de un país que ha perdido el rumbo y del que no se puede esperar sino el desastre. Sin embargo, esa lucidez, que mucho tiene de tristeza, es una indagación profunda y por momentos conmovedora sobre lo que el mundo hace con las personas y lo que las personas dejan que su sociedad haga con ellas.

A principio de la década de los 60 Richard Yates escribió uno de las historias más tristes que recuerde sobre el matrimonio, los ideales a medio camino y la dureza de enfrentarse a la realidad de una vida gris.

Vía revolucionaria está escrito de manera prodigiosa, es lo primero que me dejó boquiabierto, el gusto por la palabra, por encontrar el mejor modo de acercarse a los personajes de Frank y April, de mostrar su mundo interior y la ruina exterior. Contado a saltos, Frank y April es un matrimonio joven, ya asentado en una rutina que desprecian y con muchos ideales aventureros en la cabeza. Ven cómo aquella vida soñada tiempo atrás, aquella vida planificada como un desplante a los caminos impuestos por la sociedad, se va desmoronando y alejando, haciendo que pierdan el impulso que una vez tuvieron, los sueños creados, las ganas de una vida mejor. Su matrimonio se desmorona en peleas continuas, en golpes reprimidos, en amarguras y quejas ante el otro.

Frank quiere buscarse a sí mismo, tiene más de 30 años y trabaja en un empleo que odia, una especia de gota dentro de la masa gris de oficinistas y pasajeros del último tren. April es una prototípica ama de casa. Siente que su vida no da para más. Que algo ha fallado en el camino. Frank y April. De un cuartito de Nueva York a una casa en el campo. De los primeros coqueteos eróticos a los gritos y peleas. Sus vidas parecen despojos de sueños.

Hasta que deciden cumplir uno de sus sueños. Marcharse a Europa y dejar atrás el vacío que les rodea. Y aquí se acentúa el drama. El miedo a los pasos de gigante y valientes, los pasos a medio camino, el perder una rutina que es cómoda y descubrir que, tal vez, sólo tal vez, esa rutina es menos engorrosa de lo que se pensaba.

Richard Yates retrata con dureza y tristeza a Frank, crea un gran personaje en April, teje una historia triste, amarga, fúnebre y que te deja sin aliento. La búsqueda de sueñas en mitad de la ruina…

Este libro me ha dejado noqueado.




¿No era cierto que a partir de entonces toda su vida había sido una sucesión de momentos que él en realidad no había querido vivir? aceptar un empleo aburridísimo para demostrar que podía ser tan responsable como cualquier otro padre de familia, mudarse a un apartamento discreto y demasiado caro para demostrar que como adulto que era creía en los fundamentos del orden y la buena salud, tener otro hijo para demostrar que el primero no había sido un error, comprar una casa en el campo porque ése era el siguiente paso lógico y tenía que demostrarse a sí mismo que era capaz de darlo, y por la sencilla razón de que estaba casado con una mujer que había conseguido ponerle siempre a la defensiva, que le quería cuando era simpático, que vivía conforme a lo que le apetecía hacer en cada momento dado, y que de bunas a primeras – y esto era lo más jodido-, de buenas a primeras podía querer abandonar a su marido.

( … )

-Para que luego hablen de decadencia -declaró-: ¿a qué grado de decadencia puede llegar la sociedad? Vamos a ver. Este país es a todas luces la capital psiquiátrica y psicoanalítica del mundo. Ni el propio Freud habría soñado con discípulos más acérrimos que la población de Estados Unidos. ¿No tengo razón? Toda nuestra maldita cultura está enfocada a eso; es la nueva religión, el chupete espiritual e intelectual de todos. Y, a pesar de ello, mirad lo que pasa cuando un tío se chala de verdad. Llaman a la poli, lo hacen desaparecer rápida y sigilosamente y lo encierran para que no despierte al vecindario. Hay que ver, a la hora de la verdad todavía estamos en la Edad Media. Es como si hubiera un tácito acuerdo colectivo de vivir en un estado de autoengaño absoluto. ¡Al cuerno la realidad! Disfrutemos de un montón de bonitas carreteras y de bonitas casas pintadas de blanco y rosa y de azul cielo; seamos buenos consumidores y que exista una gran uniformidad, y eduquemos a nuestros hijos en un baño de sentimentalismo (papá es un gran hombre porque se gana la vida, y mamá una gran mujer porque ha aguantado a papá todos estos años) y si la realidad aparece un día y nos mete miedo, todos estaremos muy ocupados y haremos ver que no pasa nada.

( … )

La gracia de llorar estaba en cortarlo antes de ponerse más sentimental de la cuenta. La gracia de la zozobra misma consistía en frenarla mientras aún era sincera, mientras todavía tenía sentido. Porque la cosa se corrompía con facilidad.
Richard Yates
Vía revolucionaria (traducción de Luis Murillo Fort. Punto de lectura)

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Publicado por elchicoanalogo @ 6:24  | Libros...
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Dicen
que el primero es el más importante.
Eso es muy romántico,
pero no en mi caso.

Algo entre nosotros hubo y no hubo,
sucedió y tuvo su efecto.

No me tiemblan las manos
cuando encuentro pequeños recuerdos
y un fajo de cartas atadas con una cuerda
–si al menos fuera una cinta–.

Nuestro único encuentro tras los años
fue una conversación de dos sillas junto a una fría mesita.

Otros amores
hasta ahora respiran profundamente en mí.
A éste le falta aliento para suspirar.

Y sin embargo justo así, como es,
puede algo que los otros no pueden todavía:
no recordado,
ni siquiera soñado,
me acostumbra a la muerte.
Wislawa Szymborska
Primer amor

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:47  | Poes?a
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Lunes, 07 de septiembre de 2009
Vacaciones de Ferragosto me recordó a aquellas comedias italianas de los años 50 sencillas, vitales y cálidas de Dino Risi o Luigi Comencini protagonizadas por Alberto Sordi. En menos de 80 minutos, Gianni Di Gregorio realiza una película simpática, risueña y donde aparentemente no se cuenta nada.

Gianni vive con su madre casi centenaria, le lee a Dumas para que duerma, no trabaja más que cuidando a su madre y tiene graves problemas económicos. Antes de la festividad de Ferragosto su administrador le pide que cuide de su madre por un par de días a cambio de saldar sus deudas con la comunidad de vecinos. Y Gianni acepta. Así se inicia esta pequeña historia de encuentro entre cuatro mujeres ancianas y un hombre paciente de sonrisa sempiterna que le gusta cocinar y beber vino blanco.

Apenas hay acción en esta película ni giros extraños del guión, la historia parece una compilación de anécdotas risueñas. Gianni Di Gregorio hace una película cariñosa, cariñosa con los personajes y con el espectador, al que le entrega una historia protagonizada por ancianos sin tratarlos de manera pueril o secundaria. Así, de refilón, entre platos de comida y vino blanco, se habla de la soledad de cuatro mujeres mayores, de cómo al inicio todo son encontronazos hasta que se habitúan a la compañía de las otras y cómo, al final, eligen la casa de Gianni como encuentro y celebración de su amistad.

Una película entrañable que se hace extraordinariamente corta.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film456458.html



Tags: Vacaciones de Ferragosto, Gianni Di Gregorio

Publicado por elchicoanalogo @ 4:39  | Cine
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Domingo, 06 de septiembre de 2009
La Isla fue mi primera película de Kim Ki Duk. Sin apenas saber nada del director coreano vi una película enigmática, basada en el poder de las imágenes, el silencio y escenas que orbitaban de lo hermoso a lo cruel. La isla fue un shock y Kim Ki Duk uno de los directores actuales a los que intento seguir la pista.

El arco tiene todo lo que uno espera en el cine de Kim Ki Duk. Pocos diálogos, el silencio de los protagonistas, el agua y un par de detalles de violencia y crueldad. Como en Primavera, verano… donde la acción trascurría en un templo en mitad de un lago, o La isla, en pequeñas cabañas de pescadores sobre el agua, la historia de El Arco se desarrolla en un pesquero en alta mar donde vive un anciano con una adolescente que secuestró cuando era una niña y con la que se espera casar en cuanto cumpla 17 años. La fascinación de director coreano por el mar, la naturaleza y la pesca es evidente. El anciano ataca con un arco a quien quiera acercarse a la chica. El arco como arma y como instrumento musical (muerte y arte). Hasta que en uno de los grupos de pescadores aficionados aparece un joven y la chica se enamora de él. Ahí está el drama. La chica que, como el personaje de Novecento de Baricco, lleva diez años sin pisar tierra, descubre en el chico el mundo desconocido. Y se aleja del anciano, ya no más sonrisas y cercanía. El barco pesquero como testigo de su lucha y distanciamiento. Y a su alrededor, sólo agua.

A veces la decisión de Kim Ki Duk de contar esta historia de amor sin palabras va en contra de la película, escenas que en anteriores películas como Hierro 3 fluían con naturalidad acá parecen un poco encalladas y artificiales. Aunque no todo es silencio. Está el sonido del mar, de las flechas al rasgar el aire, del motor del barco, de una cuerda que se tensa alrededor del cuello y de la música de las cuerdas del arco.

El Arco no llega al nivel de Hierro 3 o Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera, pero es una buena película, con imágenes poderosas y un par de escenas inquietantes y muy poéticas y que termina de manera inesperada, hermosa, onírica y turbadora.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film876006.html




Tags: El archo, the bow, Kim Ki-duk

Publicado por elchicoanalogo @ 22:15  | Cine
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                    a partir de Federico García Lorca

Quiero este quieto instante repetido
a la orilla del río que nos lleva 
y ver pasar el agua que se queda
esperando mi tácito cadáver.

Quiero dormir,
esconder la cabeza
tras la almohada del mundo,
suspender la vigilia de la vida
en un sueño consciente de sí mismo.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo,
y que el tiempo, ese viejo que cojea
en los relojes, deje de marcar
a todas horas
el norte de mis días.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo,
pero que todos sepan que no he muerto,
que sólo me he ausentado de la casa
para sentir nostalgia del infierno.
Javier Almuzara
Al margen de la vida (en Constantes vitales)

Tags: Al margen de la vida, Constantes vitales, Javier Almuzara

Publicado por elchicoanalogo @ 4:51  | Poes?a
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S?bado, 05 de septiembre de 2009

Herzog siempre ha buscado el límite en sus historias y personajes, ya fuera Kaspar Hauser o Fitzcarraldo, la selva amazónica o este paraje blanco e inabarcable de La Antártida. Encuentros en el fin del mundo surgió al ver las imágenes subacuáticas de un amigo buceador de Herzog. Inevitablemente, el director alemán quedó fascinado y dirigió sus pasos hasta el continente blanco. Allá rodó un documental de profundas imágenes poéticas y con sentido del humor sobre la relación del hombre con la naturaleza que le rodea. Herzog no quería otra historia de pingüinos.

Es interesante ver la llegada del equipo a la base McMurdo, parece un deslucido y embarrado pueblo minero. Maquinaria gigante, edificios despersonalizados, agujeros en la tierra. En esa base conviven docenas de científicos y trabajadores. Soñadores, filósofos, viajeros que intentan salirse del mapa hasta llegar a la última frontera, cada habitante de la base es una mirada bohemia de trotamundo, de persona inquieta que quiere romper con lo convencional. Físicos, biólogos, lingüistas (la ironía de intentar salvar a cualquier especie pero no al último hablante de una lengua), mecánicos, un antiguo preso con la mochila siempre preparada por si tiene que marcharse de la base… uno de los puntos interesantes de este documental es cómo La Antártida sirve de encuentro entre gente que se desmarcó de la rutina de la sociedad y buscó un sueño más arriesgado y loco.

La imágenes de los parajes antárticos dominan el documental, imágenes lunares, deslumbrantes, un mundo diferente y extraño al resto del planeta. El sonido de las focas bajo el mar helado, los barrancos de hielo de 45 metros de altura y 300 metros de profundidad bajo el agua, el silencio y las ventiscas, las cumbres heladas y los microorganismos unicelulares. Y pingüinos (algunos de esos pingüinos abandonarán la manada o la búsqueda de comida y se adentrarán en la tierra hasta morir. Sí, podría ser una historia de Herzog).

Encuentros en el fin del mundo es un estimable documental con esa pizca de locura de las películas de Herzog, una galería de excéntricos científicos y unos paisajes que empequeñecen los inventados en los libros de ciencia ficción.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film896911.html






Tags: Encuentros en, el Fin del Mundo, Werner Herzog

Publicado por elchicoanalogo @ 4:13  | Cine
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Jueves, 03 de septiembre de 2009
Hay algo en el cine de Wong Kar Wai que me sobrepasa, y es la emoción que trasmiten sus películas cómo cuenta una historia sin agarrarse a los parámetros del cine convencional y academicista y se deja llevar por las posibilidades de un personaje, un encuadre, un decorado o la música. Wong Kar Wai no tiene miedo a rodar sin un guión al uso, como un mago siempre tiene un truco en la manga que hace que sus películas avancen y conmuevan y te dejen sin aliento.

En Chungking Express asistimos a dos historias de amor curiosas, febriles, poéticas y emotivas. En la primera, un policía que anda por la cuerda floja de una relación amorosa extinta se tropieza con una traficante de drogas, una de esas mujeres fatales que poblaron el cine negro americano allá por los años 40. Una mujer con peluca rubia, gafas de sol y gabardina (se ha vuelto precavida, nunca sabe cuándo va a llover o cuando hará sol). El azar y la caducidad y el desamor. De eso nos habla Wong Kar Wai. Un encuentro en el azar (el policía que, sentado en un bar, decide enamorarse de la siguiente mujer que entre); la caducidad del amor, cómo todo lo que existe en esta vida tiene fecha de caducidad y a veces no conseguimos asumirlo; el desamor en constantes llamadas a alguien que nunca lo encuentras al otro lado del teléfono, en correr para gastar todo el agua del cuerpo y que así no quede para lágrimas, en terminar, literalmente, con quien nos ha abierto la herida. Esta primera parte tiene una secuencia espléndida, arrebatada, el policía cena mientras la mujer descansa en la cama. Antes de marcharse, le quita los zapatos.

En la segunda historia un solitario agente de policía sufre el desgarro por el abandono de su novia azafata. Descansa de su turno en una tienda de comida para llevar. Allí conoce a la camarera. El azar de un encuentro que marcará un cambio. La camarera entra en la casa del policía a escondidas, juega a ser un fantasma que todo lo trastoca, plancha, limpia, compra peces. Sin saberlo, la casa y la vida del policía dan un vuelco. Imágenes cautivadoras y seductoras (un avión de juguete que aterriza en la espalda desnuda y sudorosa de la azafata). Y un billete de avión dibujado en una servilleta de papel.

Chungking Express es azar y caducidad y soledad, es un puesto de comida donde se cruzan los personajes y se pierden, es (des)amor e improvisación, es correr bajo la lluvia para quedarse sin agua que llorar. Wong Kar Wai es un director impulsivo, libre, que se deja llevar por un ambiente indefinido y cómo consigue llenarlo de luz, música y momentos llenos de magia.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film648726.html


Tags: Chungking Express, Wong Kar-Wai

Publicado por elchicoanalogo @ 21:25  | Cine
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Un hermoso poema de mi amiga Marlene, por ahora sin título...

...tarde, tu mejilla ensordecida, envilecida
roza mis poros abiertos, mojados
tarde, tu lengua palpita jugando escenas
en el navegar de nuestros movimientos desesperados,
tarde, lamentos de piel, emocionados,
duelen la ternura, duelen lagrimas enrarecidas,  
en la sombra vacía de mi mirada
tarde, solo es tarde...
ya no siento nada,
inmóvil mi alma partió para siempre,  
hacia el ancho y misterioso universo,  
de los desconocidos, que se amaban...
Marlene Recalde

Publicado por elchicoanalogo @ 19:23  | Voces amigas
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En esa admirable película que es Los viajes de Sullivan, Preston Sturges se cuestiona sobre su cine a través de un director de películas comerciales, John. L. Sullivan, que decide dirigir un drama y se viste de vagabundo para encontrar material con el que construir un drama social. En ese viaje, Sullivan descubre que los espectadores también necesitan comedias y películas ligeras que les hagan reír y disfrutar de la vida. Fellini rueda su propio ejercicio de reflexión y cuestionamiento sobre el cine en Ocho y medio, al igual que lo hará Allen en Recuerdos… (su película más felliniana, demasiado parecida al original).

Kitano aborda ese momento donde un creador busca nuevas miras y quiere cambiar de rumbo. Cansado de historias violentas de yakuzas, Kitano aparece en Glory to the filmmaker! como protagonista absoluto en un ejercicio introspectivo irregular y que va a trompicones.

La película comienza con Kitano en busca de nuevas historias que nunca haya abordado con anterioridad. Intenta, sin éxito, un drama familiar clásico que lo empariente con Yasujiro Ozu, películas románticas, el terror japonés tan de moda en Hollywood, una historia de ninjas o la infancia de un chaval en el Japón de la década de los 50. Un inicio fragmentado pero con buenos momentos de ironía y crítica sobre los elementos que conforman cada género cinematográfico.

Glory to the filmmaker! es la reflexión de Kitano sobre su cine, una continua pregunta sobre lo hecho hasta ahora y los siguientes pasos a dar y cierta mala leche. Una película que me gustó en sus primeros minutos, me hizo reír y me acabó cansó por momentos.


Información: http://www.filmaffinity.com/es/film832226.html




Tags: Glory to the filmmaker!, Takeshi Kitano

Publicado por elchicoanalogo @ 14:27  | Cine
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