sábado, 17 de octubre de 2009
Todo comienza pocos días después del funeral del padre, en Minnesota, cuando Erik Davidsen y su hermana Inga encuentran una breve, inesperada y perturbadora nota entre los papeles del muerto. Es del año 1937, la firma Lisa y alude a una tragedia, quizá un asesinato, a algo que jamás debe ser contado. Erik es psiquiatra, psicoanalista, un hombre que trabaja escuchando relatos, descifrando aquello que sus pacientes no osan –o no saben– decir de sí mismos o decirse a sí mismos. Inga es escritora y en su último libro habla de la incoherencia de los recuerdos hasta que son vueltos a imaginar en palabras, del tiempo como una propiedad del lenguaje, de la organización de nuestras percepciones en narraciones con principio y fin. Ya de vuelta en Nueva York, los hermanos intentan desvelar los secretos del pasado de su padre, el porqué de su persistente melancolía, reconstruir la historia de su familia de emigrantes noruegos. Pero Inga y Erik también deben enfrentarse a sus propios secretos y relatos. Erik se ha divorciado hace no demasiado tiempo, y la soledad ha comenzado a perturbar su trabajo, a convertirlo en alguien que jamás imagino ser. Y está fascinado por Miranda, su nueva vecina, una joven negra con su hija de cinco años y un perturbado ex que la acosa. Inga, que estuvo casada con Max Blaustein, un escritor de culto muerto cinco años antes, tiene que proteger a su hija, y protegerse a sí misma, del acoso y las revelaciones de un vengativo periodista sobre la doble vida de Max. O, como dice ella, tiene que reescribir su propia historia de principio a fin...

Hace unos días terminé Elegía para un americano, una de las mejores sorpresas de este año. Era mi primer libro que leía de Siri Hustvedt, y ante las primeras lecturas a un escritor uno nunca sabe qué se va a encontrar, cómo será ingresar en su mundo literario. Hustvedt escribe sobre la memoria, la soledad y los fantasmas. Y es que este libro podría tomarse como una continua conversación entre los vivos y los muertos, cómo la presencia de estos últimos aún se cruza por la vida e influye en ella.
Erik, un psicoanalista divorciado y solitario, descubre en su antigua casa los diarios de su padre recientemente fallecido. A partir del encuentro de esos diarios Hustvedt monta un ejercicio en torno a la memoria, la paternidad, la creación, las raíces y esa cosa extraña y compleja que son las relaciones humanas. Erik se enamora de su vecina, una diseñadora gráfica acosada por su ex. Su hermana Inga, escritora y viuda del famoso escritor Max Blaustein, tiene que convivir con la sombra de su marido y el aura que dejó de personaje mítico. Ambos intentan reconstruir la imagen de su padre fallecido y a la vez de su propia vida.
Hustvedt escribe de manera poética y conmovedora sobre un puñado de personajes que se cruzan, que conviven, que desentrañan parte de su pasado y cómo intentan adecuar los nuevos conocimientos a su vida. A veces alcanzar el equilibrio es pura casualidad. A partir de la narración Erik, de los fragmentos del diario de su padre (tomados de los diarios del padre de Hustvedt), de trozos de las obras de Max, nos adentramos en un laberinto melancólico y reflexivo donde los muertos nos hablan y los vivos intentan recomponer su vida de la mejor manera que pueden.
Elegía para un americano está maravillosamente escrito, es un libro profundo, reflexivo, con algún destello divertido y, sobre todo, conmovedor.


Mi hermana decía que fue "la época de los secretos", pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que lo importante de aquellos años no era lo que había sino lo que faltaba. En una ocasión una de mis pacientes dijo: "Tengo fantasmas que deambulan dentro de mí, pero no siempre hablan. A veces no tienen nada que decir." Sarah solía entrecerrar los ojos o mantenerlos casi siempre cerrados porque temía que la luz la cegara. Creo que todos llevamos fantasmas dentro y que es preferible que hablen a que no lo hagan. Una vez muerto mi padre, ya no pude volver a conversar con él en persona, pero continúe haciéndolo en mi mente. No dejaba de verlo en sueños ni de oír sus palabras. Sin embargo, lo que habría de mantenerme ocupado durante un largo periodo de mi vida fue lo que nunca nos dijo, lo que nunca nos contó. Al final resultó que él no era la única persona que guardaba secretos.
( … )
A menudo he pensado que ninguno de nosotros somos quienes creemos ser, que cada cual concilia la terrible extrañeza que nos produce nuestra vida interior con todo tipo de mentiras que puedan convenirnos. No es que quisiera engañarme a mí mismo, pero comprendí que, bajo la persona que creía ser, había otra que vagaba por un mundo paralelo, un mundo del que Miranda me había hablado, por unas calles y entre unos edificios que no reconocía.
Siri Hustvedt
Elegía para un americano (traducción de Cecilia Ceriani)

Tags: Elegía para un americano, Siri Hustvedt

Publicado por elchicoanalogo @ 4:26  | Libros...
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Me alegro que te haya gustado. He reabierto el blog. Nos leemos... Sonrisa
Publicado por sylvia
lunes, 19 de octubre de 2009 | 18:34
Repetiré con esta escritora, seguro. Qué manera de escribir. Y ya tardabas con tu vuelta, leñe, que se te extrañaba. Abrazos y cariños
Publicado por elchicoanalogo
lunes, 19 de octubre de 2009 | 18:38
Todavía no la he descubierto a Siri, pero me gusta lo que dices de su escritura!
Manuela's secret
Publicado por Invitado
jueves, 22 de octubre de 2009 | 14:03
Saludos, manuela, qué bueno leerte por acá...
El libro es maravilloso, la escritura de Siri sorprendente, a veces laberíntica, reflexiva. Voy a hacerme con más libros suyos.
Abrazos y, por cierto, cómo me gusta tu blog
Publicado por elchicoanalogo
jueves, 22 de octubre de 2009 | 18:36