Viernes, 16 de octubre de 2009
I
Recuerdo que hace años Arantza se quedaba dormida en mi hombro después de haber hablado de las relaciones de pareja o la nueva etapa que vivíamos con el inicio de la universidad. Ella dormía y yo miraba el paisaje que amanecía a través de la ventanilla de cristal. A veces vigilaba su sueño y  notaba los pequeños cambios en la expresión de su cara. Entonces, me preguntaba en qué tiempo/espacio se encontraba en ese instante. Cuando llegábamos a Vitoria la despertaba y nos saltábamos las clases para seguir nuestros desvaríos en la cafetería o en los pasillos de la universidad. Durante unos meses mis mañanas transcurrieron así.

Hace unos días, mientras rehacía el viejo camino y dejaba vagar mi mirada por los bosques y los montes alaveses, volví a sentirme como en aquellas mañanas junto a Arantza, antes de mi primera desaparición. Me faltaba la suave caricia de su cabeza en mi hombro o sus palabras expansivas pero ahí estaban las añejas emociones de saber dónde me dirigía, mirar un paisaje a través de una ventanilla y reconocerme en ese movimiento continuo. El autobús dejó atrás una curva y la ciudad apareció delante de los montes, tranquila, pausada, detenida. Una ciudad amigable.

A veces necesito desaparecer. Me dejo llevar por silencio y soledad y me convierto en una sombra por un par de días, un mes o 15 años como en el caso de Arantza. Tal vez, sin saberlo, me escabulla a ese espacio/tiempo de los sueños que vigilaba camino de la universidad. Es extraño desaparecer, convertirse en una sombra y vivir entre dos realidades, ser una presencia apenas intuida, un espacio en blanco entre dos palabras. Arantza dice que siempre vuelvo, aunque tarde media vida en reaparecer…



II
Mitad de la madrugada. La luna grande, gélida, blanca. Entonces me pregunté qué soy. Miré la blancura onírica de mis manos. Su forma compacta, las líneas caóticas, la piel agrietada que se parece a la de mi abuelo. Piel afuera, un conjunto de formas estructuradas según la lógica de la naturaleza; piel adentro, naufragios o palabras en constante fuga o sentimientos desconocidos o el desaliento o el nacimiento de nuevas emociones. Miré a la luna. A la blancura onírica de la luna. Su forma que recuerda a una cara (the man in the moon), los contornos del mar de la tranquilidad, la superficie cuarteada por el rastro de pasados meteoritos. Piel afuera, un pedrusco anclado a otro en mitad del infinito. Piel adentro, la cara oculta de la luna. La apariencia engaña o no muestra toda la verdad. Tal vez sea necesario empezar a mirar lo que se nos escapa, lo que no vemos, porque en esa incertidumbre y oscuridad se esconde aquello que nos es propio.

Qué soy…


Given to Fly (Pearl Jam)



He could've tuned in, tuned in
But he tuned out
A bad time, nothing could save him
Alone in a corridor, waiting, locked out
He got up outta there, ran for hundreds of miles
He made it to the ocean, had a smoke in a tree
The wind rose up, set him down on his knee

A wave came crashing like a fist to the jaw
Delivered him wings, "Hey, look at me now"
Arms wide open with the sea as his floor
Oh, power, oh

He's.. flying
Whole
High.. wide, oh

He floated back down 'cause he wanted to share
His key to the locks on the chains he saw everywhere
But first he was stripped and then he was stabbed
By faceless men, well, fuckers
He still stands

And he still gives his love, he just gives it away
The love he receives is the love that is saved
And sometimes is seen a strange spot in the sky
A human being that was given to fly

High.. flying
Oh, oh
High.. flying
Oh, oh
He's flying
Oh, oh

Tags: given to fly, pearl jam, espacios en blanco

Publicado por elchicoanalogo @ 4:39  | Espacios en blanco
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