Martes, 27 de octubre de 2009
Cada poco tiempo vuelvo al cine clásico y a directores como John Ford, Raoul Walsh o Howard Hawks, capaces de una sencillez expositiva y narrativa que sólo se alcanza con un absoluto dominio técnico. Sus películas son aventureras, emotivas, entrañables, sinceras, un puñado de obras maestras que nos muestran la aventura por la aventura, el drama social de los campesinos arrastrados por una crisis económica que no entienden, amores homéricos e impetuosos, el sentido de amistad y familia y desarraigo. En cierta forma, los siento como viejos amigos.

Howard Hawks fue uno de los directores del Hollywood clásico más versátiles y atractivos. Era capaz de adentrarse con igual maestría en el cine negro (Scarface, El sueño eterno); el western (Río Rojo, Río de sangre, Río Bravo, Eldorado); la aventura (Sólo los ángeles tienen alas, Hatari) o la comedia (La fiera de mi niña, Luna nueva, Bola de fuego, La novia era él).

Elegí Me siento rejuvenecer, una de sus últimas comedias, para una noche de cine. Pasado ya el tiempo de la comedia loca (screwball comedy) de los años 30, Hawks firma una película desternillante, alocada y repleta de momentos memorables con guión de los grandes I. A. L. Diamond (compinche de Billy Wilder), Charles Lederer y Ben Hecht.

El inicio de la película me hizo sentir que asistía a un salto temporal, como si hubiéramos vuelto a la impagable pareja de La fiera de mi niña y comprobásemos que fue de su amor pasados unos cuantos años de matrimonio. Como en la fiera de mi niña, Cary Grant es un científico despistado y con aire a Harold Lloyd incapaz de seguir las más sencillas instrucciones de su mujer, una paciente Ginger Rogers alejada de sus papeles junto a Fred Astaire, una típica mujer de casa de las películas norteamericanas de los años 50. Las primeras escenas nos muestran lo que el matrimonio causa en el amor: cierta docilidad y apaciguamiento y rutina (desde el inicio de la película aparece la ironía de Diamond).

El científico Grant busca la fórmula de la eterna juventud, una especie de Xanadú en forma de pastilla rejuvenecedora, todo su empeño está en conseguir esa fórmula perfecta. Y la consigue, sin saberlo, gracias a las mezclas que hace un chimpancé en las probetas del laboratorio y que esconde en la expendedora de agua. Grant prueba la fórmula escondida y se comporta como un adolescente. Durante una tarde se comportará no cómo fue en su adolescencia, sino como nunca llegó a ser, un tipo divertido, alegre, despreocupado y aventurero que coquetea con la secretaria de su jefe (una sensual, cómo no, Marilyn Monroe).

La ironía, la mala leche, continúa cuando su mujer también prueba la fórmula y pasa de ser una típica ama de casa a una adolescente traviesa, temerosa y virginal que huye de su marido. La fórmula no sólo les rejuvenece, también saca de dentro todo lo que llevan reprimido en su vida.

Si en La fiera de mi niña la locura aparece en el personaje caótico y divertidamente destructor de Katherine Hepburn, en Me siento rejuvenecer la locura y el caos lo desata una fórmula desconocida. Hawks, como siempre, dirige de forma brillante una comedia con mucha ironía y unos cuantos gags impagables. Los amigos como Hawks siempre te deparan buenos momentos.






Tags: Me siento rejuvenecer, Monkey Business, Howard Hawks, Cary Grant, Ginger Rogers, Marilyn Monroe

Publicado por elchicoanalogo @ 4:51  | Cine
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios