Jueves, 29 de octubre de 2009
El día después de un viaje recuerdos y sentimientos, imágenes y sensaciones se cruzan de manera caótica y, a la vez, cálida. Miro a mi cielo y vuelvo al cielo gaditano, a la voz de mis amigos, la soledad en el avión y los aeropuertos, el cansancio, la libertad que da todo viaje, los días fuera de mi vida y de mí. Porque viajar es tomar distancia no sólo con nuestra vida, también con nosotros mismos.

La niebla y la última oscuridad de la noche. Parecía el paisaje de un sueño. Los pasajeros somnolientos tomaban un primer café o dormían con la cabeza apoyada en el hombro de su pareja. Un par de mujeres leían despreocupadas. Compré el primer libro del viaje. Experimentos con la verdad, de Paul Auster, un ensayo sobre el arte de escribir donde se cruzan caminos y lecturas al azar.

Siempre me emociona el momento donde el avión levanta el vuelo, un truco de magia imposible que me hace creer que es la tierra la que huye del contacto con el avión. A ocho mil metros se borran las barreras, la rapidez  y el caos, los nudos en el estómago y esa parte de mí donde soy sólo emociones. Es la distancia justa para mirar dentro y fuera de mí… entre dos cielos.

Hay algo atractivo en las grandes terminales. Y es ese cruce con otras miradas, otros idiomas, otros pasos. La condensación de una porción del mundo entre unas paredes de cristal. Mientras esperaba para embarcar de nuevo pensé en cómo mis viajes de los últimos años no han sido turísticos o culturales, sino que han sido viajes a otras personas. No iba a Cádiz; iba a Jesús, a Natalia, a Mamen.

Crucé la pista de aterrizaje a pie. El cielo gaditano limpio, azul, acogedor. Mi mochila roja al hombro. Y yo expectante y nervioso e impaciente por los días que estaba por vivir. Hace año y medio mi primer viaje a Cádiz fue una reacción a la necesidad de salir de las cuatro paredes que me ahogaban, que me emponzoñaban, que no me dejaban avanzar. En esta ocasión extrañaba a mis amigos.

Jesús me recibió y quien me dejó un hueco donde cobijarme por unos segundos. Me enseñó a su gente y sus lugares. Siento que lo conozco un poco mejor, que se ha quedado dentro de mí de una manera íntima, amigable. Una de los recuerdos más hermosos de este viaje fue comprobar el cariño que despierta Jesús entre sus amigos, los abrazos y mimos que recibe, la cantidad de personas que lo quieren y estiman, que buscan su compañía o su consejo. Eso dice mucho de este gaditano, es puro corazón.

Natalia apareció en uno de los lugares favoritos de Jesús, el O´Connells. Mi timidez, aún con las personas que conozco, no me ayuda a saber presentarme o despedirme, siempre la palabra y el gesto inadecuado. Natalia es una mujer chispeante, divertida, con una sempiterna sonrisa en la boca y buen humor. Y ahora madre. Hace año y medio no me atreví a abrazarla por su embarazo. En esta ocasión no supe cómo hacerlo por mi conocida torpeza. Aún así, sentirla junto a mi mejilla fue uno de esos momentos donde crees que el mundo va a cámara lenta. Algún día podré dar esos abrazos de oso que sólo he conseguido dar a un pequeño número de personas, esos abrazos donde cubro por entero a la otra persona con mi cuerpo e intento que se sienta a salvo y tranquilo entre mis brazos. Me perdí en observar sus cuidados para con Alma, su forma de mirarla, de hablar de ella, de calmarla con un simple gesto o caricia. La primera mirada a Alma: en la silla, amodorrada, extrañada, callada. Al poco rato la tenía en mis brazos, risueña, juguetona. Alma fue la principal acaparadora de miradas y cariños. Un encanto de bebé.

Mamen sólo pudo estar un momento. Sigue siendo esa mujer de frases desternillantes y mirada cercana, capaz de arrancarte una carcajada o las ganas de mimarla por su manera de ser. Una tímida aún mayor que yo que en este encuentro se despojó de su timidez. Una mujer de pequeña estatura y enorme corazón. Fue agridulce verla desaparecer por la calle San Francisco.

También me gustaría nombrar a Inés, una amiga de Jesús que se unió el domingo por la tarde, una gaditana/madrileña que supo integrarse en un desconocido grupo de obsesos lectores. Cálida, entrañable, impulsiva e inquieta, fue un placer descubrirla, hablar con ella e intentar hacerle ver qué tenía de bueno. La noche de domingo fue para desvariar sobre amores y desamores. A veces los viajes traen lugares o personas inesperadas que te reconfortan y te hacen sonreír. Viajes al sur de la frontera y al oeste del sol…

Se mezclan las imágenes de estos tres días, no consigo quedarme con una sola para describirla. Las risas, las frases inolvidables, el cielo gaditano al alcance de los sueños, los pasillos de una facultad de aires árabes, las calles luminosas y amigables, el encuentro con la escritora y profesora Nieves Vázquez, que me firmó su libro El día de la ballena, las tapas exquisitas, el bizcocho de Jesús, la placidez del atardecer en la plaza de Mina, el caos de las librerías, las noches donde me quedé prendado de un cielo donde una solitaria estrella brillaba junto a una media luna. Soy imágenes desordenadas…

Las librerías de Raimundo son los lugares perfectos para los lectores empedernidos. Librerías de viejo donde se acumulan estanterías y libros en espacios pequeños y donde pierdes la noción del tiempo y descubres pequeñas joyas o ediciones de libros que te recuerdan tu infancia en blanco y negro. Los libros amarillos, con un poco de polvo y los nombres de sus anteriores dueños. No tocabas sólo un objeto, también las huellas de docenas de personas que ya no existen, una mano tendida al pasado, a otro lector. Descubrí un libro de Akira Yoshimura enterrado entre un montón de títulos desconocidos. Fue un momento de pura felicidad y congoja, como el reencuentro con un amigo que pensabas nunca volverías a ver.

No sé cómo agradecer a estos gaditanos tan lindos los días pasados a su lado. Sólo sé que ya pasen dos meses o quince años, siempre vuelvo. Necesito estos viajes gaditanos, me lleno de la luz de su tierra y su gente.


A ocho mil metros, entre dos cielos, mi corazón vuelve a mí…



Tags: espacios en blanco, Cádiz

Publicado por elchicoanalogo @ 0:19  | Espacios en blanco
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