Viernes, 30 de octubre de 2009
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.  

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.  

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.
Luis García Montero
Problemas de geografía personal (en Poesía Urbana. Renacimiento)

Tags: Problemas, de Geografía Personal, Poesía Urbana, Luis García Montero, Renacimiento

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Jueves, 29 de octubre de 2009
El día después de un viaje recuerdos y sentimientos, imágenes y sensaciones se cruzan de manera caótica y, a la vez, cálida. Miro a mi cielo y vuelvo al cielo gaditano, a la voz de mis amigos, la soledad en el avión y los aeropuertos, el cansancio, la libertad que da todo viaje, los días fuera de mi vida y de mí. Porque viajar es tomar distancia no sólo con nuestra vida, también con nosotros mismos.

La niebla y la última oscuridad de la noche. Parecía el paisaje de un sueño. Los pasajeros somnolientos tomaban un primer café o dormían con la cabeza apoyada en el hombro de su pareja. Un par de mujeres leían despreocupadas. Compré el primer libro del viaje. Experimentos con la verdad, de Paul Auster, un ensayo sobre el arte de escribir donde se cruzan caminos y lecturas al azar.

Siempre me emociona el momento donde el avión levanta el vuelo, un truco de magia imposible que me hace creer que es la tierra la que huye del contacto con el avión. A ocho mil metros se borran las barreras, la rapidez  y el caos, los nudos en el estómago y esa parte de mí donde soy sólo emociones. Es la distancia justa para mirar dentro y fuera de mí… entre dos cielos.

Hay algo atractivo en las grandes terminales. Y es ese cruce con otras miradas, otros idiomas, otros pasos. La condensación de una porción del mundo entre unas paredes de cristal. Mientras esperaba para embarcar de nuevo pensé en cómo mis viajes de los últimos años no han sido turísticos o culturales, sino que han sido viajes a otras personas. No iba a Cádiz; iba a Jesús, a Natalia, a Mamen.

Crucé la pista de aterrizaje a pie. El cielo gaditano limpio, azul, acogedor. Mi mochila roja al hombro. Y yo expectante y nervioso e impaciente por los días que estaba por vivir. Hace año y medio mi primer viaje a Cádiz fue una reacción a la necesidad de salir de las cuatro paredes que me ahogaban, que me emponzoñaban, que no me dejaban avanzar. En esta ocasión extrañaba a mis amigos.

Jesús me recibió y quien me dejó un hueco donde cobijarme por unos segundos. Me enseñó a su gente y sus lugares. Siento que lo conozco un poco mejor, que se ha quedado dentro de mí de una manera íntima, amigable. Una de los recuerdos más hermosos de este viaje fue comprobar el cariño que despierta Jesús entre sus amigos, los abrazos y mimos que recibe, la cantidad de personas que lo quieren y estiman, que buscan su compañía o su consejo. Eso dice mucho de este gaditano, es puro corazón.

Natalia apareció en uno de los lugares favoritos de Jesús, el O´Connells. Mi timidez, aún con las personas que conozco, no me ayuda a saber presentarme o despedirme, siempre la palabra y el gesto inadecuado. Natalia es una mujer chispeante, divertida, con una sempiterna sonrisa en la boca y buen humor. Y ahora madre. Hace año y medio no me atreví a abrazarla por su embarazo. En esta ocasión no supe cómo hacerlo por mi conocida torpeza. Aún así, sentirla junto a mi mejilla fue uno de esos momentos donde crees que el mundo va a cámara lenta. Algún día podré dar esos abrazos de oso que sólo he conseguido dar a un pequeño número de personas, esos abrazos donde cubro por entero a la otra persona con mi cuerpo e intento que se sienta a salvo y tranquilo entre mis brazos. Me perdí en observar sus cuidados para con Alma, su forma de mirarla, de hablar de ella, de calmarla con un simple gesto o caricia. La primera mirada a Alma: en la silla, amodorrada, extrañada, callada. Al poco rato la tenía en mis brazos, risueña, juguetona. Alma fue la principal acaparadora de miradas y cariños. Un encanto de bebé.

Mamen sólo pudo estar un momento. Sigue siendo esa mujer de frases desternillantes y mirada cercana, capaz de arrancarte una carcajada o las ganas de mimarla por su manera de ser. Una tímida aún mayor que yo que en este encuentro se despojó de su timidez. Una mujer de pequeña estatura y enorme corazón. Fue agridulce verla desaparecer por la calle San Francisco.

También me gustaría nombrar a Inés, una amiga de Jesús que se unió el domingo por la tarde, una gaditana/madrileña que supo integrarse en un desconocido grupo de obsesos lectores. Cálida, entrañable, impulsiva e inquieta, fue un placer descubrirla, hablar con ella e intentar hacerle ver qué tenía de bueno. La noche de domingo fue para desvariar sobre amores y desamores. A veces los viajes traen lugares o personas inesperadas que te reconfortan y te hacen sonreír. Viajes al sur de la frontera y al oeste del sol…

Se mezclan las imágenes de estos tres días, no consigo quedarme con una sola para describirla. Las risas, las frases inolvidables, el cielo gaditano al alcance de los sueños, los pasillos de una facultad de aires árabes, las calles luminosas y amigables, el encuentro con la escritora y profesora Nieves Vázquez, que me firmó su libro El día de la ballena, las tapas exquisitas, el bizcocho de Jesús, la placidez del atardecer en la plaza de Mina, el caos de las librerías, las noches donde me quedé prendado de un cielo donde una solitaria estrella brillaba junto a una media luna. Soy imágenes desordenadas…

Las librerías de Raimundo son los lugares perfectos para los lectores empedernidos. Librerías de viejo donde se acumulan estanterías y libros en espacios pequeños y donde pierdes la noción del tiempo y descubres pequeñas joyas o ediciones de libros que te recuerdan tu infancia en blanco y negro. Los libros amarillos, con un poco de polvo y los nombres de sus anteriores dueños. No tocabas sólo un objeto, también las huellas de docenas de personas que ya no existen, una mano tendida al pasado, a otro lector. Descubrí un libro de Akira Yoshimura enterrado entre un montón de títulos desconocidos. Fue un momento de pura felicidad y congoja, como el reencuentro con un amigo que pensabas nunca volverías a ver.

No sé cómo agradecer a estos gaditanos tan lindos los días pasados a su lado. Sólo sé que ya pasen dos meses o quince años, siempre vuelvo. Necesito estos viajes gaditanos, me lleno de la luz de su tierra y su gente.


A ocho mil metros, entre dos cielos, mi corazón vuelve a mí…



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Mi?rcoles, 28 de octubre de 2009
Entré en una cafetería para hojear los libros comprados. Había un grupo de hombres y mujeres que charlaban de manera febril y contagiosa. Me gustó observar su mirada brillante y despreocupa, la risa en tiempos tan adustos, las expresiones que parecían recordar una lejana infancia. Junto a mi café, la bolsa abierta y un par de libros sobre la mesa. Leía el inicio de Menos que cero cuando una canción pegadiza desvió mi atención de las hojas al televisor colgado de la pared. Mika cantaba su último single, We Are Golden, en un vídeo colorista, loco, animado  y de imparable ritmo. Salí de la cafetería con la canción dando vueltas en mi cabeza.

Me gusta esta canción de Mika por su alegría, por su ritmo desenfadado, porque me hace saltar y mover los pies y tararear la letra y me hace sentir bien, el contrapunto perfecto a las canciones melancólicas que suelo escuchar. Y, sobre todo, me gusta escuchar a Mika porque me lleva a Mariola, una de las personas que más quiero. La voz cambiante de Mika se confunde con la voz cálida (el alma cálida) de  Mariola, una voz que siempre está dispuesta a animar, a pegar capones, a decirme lo que hago bien o las cagadas que nunca debí haber hecho, una voz sonriente o jocosa, irónica o sorprendida. La melodía de esta canción me serviría para intentar definir a Mariola, algunos momentos tranquilos se cruzan con otros homéricos e impetuosos, cálidos, desentonados, juguetones y sencillos.

Siempre es hermoso que un libro o una canción o una calle te lleven a una persona.


We Are Golden (Mika)





Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from?
No giving up when you´re young and you want some

Running around again
Running from running

Waking up
In the midday sun
What´s to live for?
You could see what I´ve done
Staring at emotion
In the light of day
I was running
From the things that you´d say

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.
We are not what you think we are
We are golden, we are golden.

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from?
No giving up when you´re young and you want some

Running around again
Running from running
Running around again
Running from running

I was a boy
At an open door
Why you staring
Do you still think that you know?
Looking for treasure
In the things that you threw
Like a magpie
I live for glitter, not you

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.
We are not what you think we are
We are golden, we are golden.

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from
No giving up when you´re young and you want some

Now I´m sitting alone
I´m finally looking around
Left here on my own
I´m gonna hurt myself
Maybe losing my mind
I´m still wondering why
Had to let the world let it bleed dry

We are not what you think we are
We are not what you think we are
We are not what you think we are
We are golden, we are golden

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from
No giving up when you´re young and you want some

Running around again
Running from running
Running around again
Running from running

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.




Tags: We Are Golden, Mika

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Martes, 27 de octubre de 2009
Cada poco tiempo vuelvo al cine clásico y a directores como John Ford, Raoul Walsh o Howard Hawks, capaces de una sencillez expositiva y narrativa que sólo se alcanza con un absoluto dominio técnico. Sus películas son aventureras, emotivas, entrañables, sinceras, un puñado de obras maestras que nos muestran la aventura por la aventura, el drama social de los campesinos arrastrados por una crisis económica que no entienden, amores homéricos e impetuosos, el sentido de amistad y familia y desarraigo. En cierta forma, los siento como viejos amigos.

Howard Hawks fue uno de los directores del Hollywood clásico más versátiles y atractivos. Era capaz de adentrarse con igual maestría en el cine negro (Scarface, El sueño eterno); el western (Río Rojo, Río de sangre, Río Bravo, Eldorado); la aventura (Sólo los ángeles tienen alas, Hatari) o la comedia (La fiera de mi niña, Luna nueva, Bola de fuego, La novia era él).

Elegí Me siento rejuvenecer, una de sus últimas comedias, para una noche de cine. Pasado ya el tiempo de la comedia loca (screwball comedy) de los años 30, Hawks firma una película desternillante, alocada y repleta de momentos memorables con guión de los grandes I. A. L. Diamond (compinche de Billy Wilder), Charles Lederer y Ben Hecht.

El inicio de la película me hizo sentir que asistía a un salto temporal, como si hubiéramos vuelto a la impagable pareja de La fiera de mi niña y comprobásemos que fue de su amor pasados unos cuantos años de matrimonio. Como en la fiera de mi niña, Cary Grant es un científico despistado y con aire a Harold Lloyd incapaz de seguir las más sencillas instrucciones de su mujer, una paciente Ginger Rogers alejada de sus papeles junto a Fred Astaire, una típica mujer de casa de las películas norteamericanas de los años 50. Las primeras escenas nos muestran lo que el matrimonio causa en el amor: cierta docilidad y apaciguamiento y rutina (desde el inicio de la película aparece la ironía de Diamond).

El científico Grant busca la fórmula de la eterna juventud, una especie de Xanadú en forma de pastilla rejuvenecedora, todo su empeño está en conseguir esa fórmula perfecta. Y la consigue, sin saberlo, gracias a las mezclas que hace un chimpancé en las probetas del laboratorio y que esconde en la expendedora de agua. Grant prueba la fórmula escondida y se comporta como un adolescente. Durante una tarde se comportará no cómo fue en su adolescencia, sino como nunca llegó a ser, un tipo divertido, alegre, despreocupado y aventurero que coquetea con la secretaria de su jefe (una sensual, cómo no, Marilyn Monroe).

La ironía, la mala leche, continúa cuando su mujer también prueba la fórmula y pasa de ser una típica ama de casa a una adolescente traviesa, temerosa y virginal que huye de su marido. La fórmula no sólo les rejuvenece, también saca de dentro todo lo que llevan reprimido en su vida.

Si en La fiera de mi niña la locura aparece en el personaje caótico y divertidamente destructor de Katherine Hepburn, en Me siento rejuvenecer la locura y el caos lo desata una fórmula desconocida. Hawks, como siempre, dirige de forma brillante una comedia con mucha ironía y unos cuantos gags impagables. Los amigos como Hawks siempre te deparan buenos momentos.






Tags: Me siento rejuvenecer, Monkey Business, Howard Hawks, Cary Grant, Ginger Rogers, Marilyn Monroe

Publicado por elchicoanalogo @ 4:51  | Cine
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Lunes, 26 de octubre de 2009

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
(de una canción de Carlos Puebla)

Compañera
usted sabe
que puede contar 
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo.

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
                es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Mario Benedetti
Hagamos un trato (en Poemas de otros)


Tags: Hagamos un trato, Mario Benedetti, Poemas de otros

Publicado por elchicoanalogo @ 4:36  | Mario Benedetti
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Domingo, 25 de octubre de 2009
A mediados de los noventa grupos como King Crimson, Yes y Marillion me descubrieron otro estilo de música. Cada disco de rock progresivo me adentraba en un género arriesgado, diferente y con abundantes matices. Pasé por una época donde sólo admitía esa música progresiva y no me movía de sus límites. De los sonidos clásicos de los Yes setenteros al intimismo de Marillion, de la complejidad de Rush al espíritu innovador de los King Crimson de Fripp. Cualquier grupo con la etiqueta de rock progresivo llamaba mi atención: Ozric Tentacles, Spock´s Beard, Porcupine Tree. Y Dream Theater.

Durante un tiempo la música de los Dream Theater capitalizó mis horas de escucha. Esperaba sus discos con expectación y los quemaba a los pocos días de haberlos comprado. Me gustaba esa mezcla de rock pesado y contundente con la música progresiva, los aires a Rush o Kansas, la destreza instrumental de sus componentes. Era tanta mi admiración por el quinteto norteamericano que también me hacía con los proyectos paralelos de sus componentes.

En un inicio me quedé sorprendido y enganchado al poderío instrumental y virtuoso de Liquid Tension Experiment (con el gran Tony Levin) y ese retro rock fascinante de los Transatlantic. Pero, curiosamente, con el tiempo, el grupo paralelo a Dream Theater con el que me quedo es Platypus, donde estaba el bajista John Myung y el teclista Dereck Sherinian, además del siempre interesante Ty Tabor a las voces y guitarras y el batería de los Dixie Dregs, Rod Morgenstein. Platypus no era un grupo tan extremadamente virtuoso como Liquid Tension Experiment ni se dejaban llevar por la nostalgia del viejo rock progresivo en largas y complejas suites como Transatlantic. Platypus era más un divertimento, canciones cortas, entretenidas y rítmicas y con unas instrumentales de un virtuosismo asumible para los que no somos músicos y podemos agotarnos con tanta profusión de notas por segundo. When Pus Come To Shove, su primer disco, me agradó por la combinación de canciones cortas e instrumentales atractivas; el segundo, Ice Cycles me pareció más equilibrado y con guiños hacia el pop.

En los últimos días he recuperado a este “supergrupo” formado por los miembros de Dream Theater, King´s X y Dixie Dregs y su música me sigue pareciendo un buen divertimento.

Información: http://en.wikipedia.org/wiki/Platypus_(band)

De When Pus Come To Shove dejo la instrumental Blue Plate Special





De Ice Cycles, la canción The Tower



I am the captain and it feel absurd.
How I let my life crash down by your every word.
And I know you feel the weight it puts on you.
But I can't stop thinking we can make it through.

Can we keep hanging from the tower?
Can you believe in what you once could feel?
Not turning back but going up the hill.
I'm sure there is a view from the very top.
And then it's all downhill and never stop.

Can we keep hanging from the tower?
Can we keep hanging from the tower?

Today I said out loud a little prayer.
And I Don't believe it died out in the air.
It maybe seems impossible today ...
But I will keep believing anyway, everyday, all the way.

Can we keep hanging from the tower?

Tags: Platypus, Ty Tabor, John Myung, Rod Morgenstein, Dereck Sherinian, Ice Cycles, When pus come to shove

Publicado por elchicoanalogo @ 5:05  | Canciones
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S?bado, 24 de octubre de 2009
En la portada de El asesino dentro de mí aparece el primer plano de un hombre con la mitad de su rostro ensombrecido. Es la imagen perfecta para describir al protagonista y su lado oscuro y psicópata. Bajo su cara, una frase de Stanley Kubrick: la historia más escalofriante que haya leído jamás sobre una mente deformada por el crimen. El matemático Kubrick es poco dado a los elogios y aunque la frase sea meramente publicitaria define tan bien como la fotografía de la portada este libro de Jim Thompson.

El asesino dentro de mí es una novela dura, seca, cortante y afilada sobre un hombre de apariencia apacible que sucumbe por momentos a lo que él llama “la enfermedad”. Novela negra clásica, Thompson coloca el mal dentro de un hombre de la ley, Lou Ford, que relata sus asesinatos al lector de una manera tan pausada y tranquila que estremece y sorprende, a veces parece que está de charla con el lector y que busca su comprensión.

Lou Ford es hijo de un conocido médico de Central City. Nunca ha sido un hombre despierto e inteligente, se ha dejado llevar en la vida para acabar como sheriff adjunto. En el pueblo le tienen por un tipo tranquilo que siempre echa una mano al vecino. Pero dentro esconde un espíritu retorcido, criminal, psicópata. Tapa esa imagen con una máscara de normalidad, con su relación con una maestra del pueblo, Amy, pero a medida que avanza la novela es incapaz de detener su lado criminal y violento y destroza a quien tiene alrededor.

Jim Thompson escribe con maestría una historia donde se aúna la novela negra y la tensión, con inesperado y salvaje giro final. La violencia aparece a ráfagas, de manera sangrante, como un puñetazo en el estómago.

Es una pena que Thompson no haya tenido tanto reconocimiento como Hammett o Chandler. Durante años escribió un puñado de grandes novelas negras, algunas de ellas famosas por las adaptaciones de Peckinpah (La huída), Tavernier (1280 almas) o Stephen Frears (Los timadores). Trabajó con Kubrick en los años 50 en Atraco perfecto. Thompson es un narrador poderoso que sabe ir directo a la acción y a la psicología del personaje sin perderse en descripciones innecesarias, además de mostrar un mundo oscuro y de pesadilla.




Era como si existiese un complot contra mí. Yo había hecho algo malo, cuando era chico, y nunca conseguiría librarme de aquello. Me lo habían puesto delante de las narices día tras día, como a un perro amaestrado, hasta que acabé desinflándome de puro miedo. Y ahora, estaba allí…

( … )

¿Ha pensado alguna vez que hay muchas formas de morir, pero sólo una de estar muerto?

( … )

Creo que hay dos formas de pereza. La del “no quiero hacer nada” y la del “no te apartes del carril”. Tomas un trabajo, creyendo que va a ser poco tiempo, y ese poco se alarga más y más. Hace falta un poco de dinero para dar el salto. No sabes decidirte sobre lo que quieres. Y luego das un paso, escribes unas cuantas cartas, y entonces te preguntan qué experiencia tienes... qué has hecho antes. Y es probable que no quieran nada de ti, y en caso contrario, has de empezar por abajo, porque no tienes experiencia. De modo que te quedas donde estás, no pudiendo hacer otra cosa, y trabajas mucho porque lo sabes. Ya no eres joven, y no hay otra posibilidad.
Jim Thompson
El asesino dentro de mí (traducción de Galvarino Plaza. RBA bolsillo)

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Viernes, 23 de octubre de 2009
Al igual que Distrito 9, Moon ha sido una pequeña y agradable sorpresa dentro del cine de ciencia-ficción. Contada de manera pausada y realista, Moon bebe directamente del cine ajedrecístico de Stanley Kubrick.

Y es que Moon recuerda a 2001: una odisea espacial. Los decorados, la ambientación, la calma descriptiva, el ordenador que controla cada paso y cada elemento de la estación lunar (aunque en el caso de Gerty 3000, no es un ordenador capaz de atentar contra el ser humano sino que le ayuda cuando éste lo requiere), el personaje solitario y extrañado en un paisaje ajeno y desértico. Todo remite a la mítica odisea espacial de Kubrick. También a esa historia sobre la locura y la soledad que es El resplandor.

Sam Bell es el único habitante en la luna, la soledad llevada a sus últimos límites. Trabaja para una gran compañía y se dedica a recoger helio de las minas lunares y enviarlo a la Tierra. Su único contacto es un ordenador, Gerty 3000, y los mensajes en vídeo que lanza a su familia y sus jefes, como mensajes en la botella de un náufrago. Su vida en la luna es monótona, una constante repetición de los mismos gestos. Hasta que tiene un accidente en mitad de uno de sus paseos lunares y despierta sobre la mesa hospitalaria de la estación sin saber cómo ha llegado hasta allí. En ese instante, empieza a cuestionarse su situación y su realidad dentro de la estación y de la cara oculta de la luna.

Duncan Jones no busca inesperados giros sorprendentes, la historia avanza con calma, incluso se adivina el final mucho antes de que ocurra, su idea no era crear una película con tensión e ideas explosivas, sino mostrar la soledad, la manipulación de las grandes corporaciones y las preguntas sobre la propia identidad. Moon es una película interesante, reflexiva y calmada, una forma diferente de realizar ciencia-ficción.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film957408.html



Tags: Moon, Duncan Jones, Sam Rockwell, Kaya Scodelario, Kevin Spacey

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Jueves, 22 de octubre de 2009
Me asomo a los ladridos. 

¿Qué hace este árbol despierto?

Las sombras no se apartan, 
se aprietan a sus cuerpos.

No me agrada esta calma, 
este silencio muerto, 
sin carne, 
puro hueso.

A través de la veta, mineral, de una nube, 
aparece la luna.

Ya me lo sospechaba.

¿Qué hacer?
                                ¿Qué hacer?

La miro.
             Quiero ulular.
                                             No puedo.
Oliverio Girondo
Nocturno 3 (en Persuasión de los días) 

Tags: Nocturno, Persuasión de los días, Oliverio Girondo

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Mi?rcoles, 21 de octubre de 2009
Cuando terminé Chesil Beach me quedó una profunda sensación de tristeza y emoción, un nudo en la garganta por la historia de dos amantes que no saben cómo afrontar ni vivir su amor. Al cerrar la última página no pude por menos que pensar en lo duro y doloroso que puede llegar a ser el amor, sobre todo en nuestro primer acercamiento, donde todo es extraño, misterioso, oscuro, inefable. McEwan había escrito no sólo un libro sobre una noche de bodas en la puritana Inglaterra de los primeros años 60, también una reflexión profunda y acertada sobre la frágil naturaleza del amor y cómo todo, al inicio, es pura fantasía, desconocimiento y literatura.

Chesil Beach transcurre a principios de los 60 en una Inglaterra anterior a la libertad y el conocimiento sexual, a la explosión del rock y el pop. Edward estudia historia, pertenece a una familia modesta y se enamora en un una manifestación antinuclear de Florence, una mujer educada y sensible que se trasforma con un violín, con él entre sus manos es enérgica y decidida, sin el violín se convierte en alguien dubitativo y timorato. La historia se centra en su noche de bodas, en sus diferentes formas de afrontar ese instante crucial donde perderán la virginidad. Edward es pasión y voluptuosidad mientras que Florence tiene miedo y está llena de dudas y fantasmas. Ambos son inexpertos y se aman, pero esa noche de bodas actúa como un muro para su amor, como un gran bloqueador del sentimiento puro que les define. El primer acercamiento al sexo opaca todo lo demás.

McEwan, con maestría, fractura la acción entre esa noche de bodas y la relación de los protagonistas desde que se conocen hasta que deciden casarse. Pasamos de las miradas miedosas y cómplices sobre la cama matrimonial a los primeros escarceos del amor, a ese sentimiento jubiloso de haber encontrado a alguien a quien amar y que te ame; de las reflexiones de ambos protagonistas sobre el amor y la época que viven al desastre de una pasión que no aciertan a entender.

Tengo una amiga inglesa, una trotamundos que ha decidido pasar sus últimos años en España. Nacida en la India antes de la segunda guerra mundial, me animaba a leer este libro porque mostraba de una manera cercana y acertada no sólo la percepción del sexo entre los ingleses hace cuatro décadas, también los pensamientos y sentimientos de una época de cambio.

Chesil Beach es un libro reflexivo, intimista, inteligente, con unas páginas finales vertiginosas y extremadamente tristes donde se rebela la verdadera naturaleza de una desastrosa noche de bodas.

Y, también, Chesil Beach es un amuleto. Gracias por el regalo, Yolanda.


Por primera vez, su amor por Edward estuvo asociado a una definible acción física, tan irrefutable como un vértigo. Antes sólo había conocido un caldo reconfortante de emociones cálidas, un espeso manto invernal de bondad y confianza. Aquello le había parecido suficiente, un logro en sí mismo. Ahora despuntaban por fin los albores del deseo, preciso y ajeno, pero claramente suyo; y, más allá, como suspendido encima y detrás de ella, justo fuera del alcance de su vista, estaba el alivio de ser igual que todo el mundo. A los catorce años, desesperada por su tardío desarrollo y por el hecho de que todas sus amigas ya tenían pechos mientras ella parecía todavía una niña de nueve años gigantesca, tuvo un instante de revelación semejante delante del espejo, la noche en que por vez primera discernió y sondeó una nueva y tirante turgencia alrededor de los pezones. Si su madre no hubiera estado preparando su clase sobre Spinoza en el piso de abajo, Florence habría gritado de júbilo. Era innegable: ella no era una subespecie aislada de la especie humana. Triunfal, pertenecía al género.
Ian McEwan
Chesil Beach (traducción de Jaime Zulaika. Anagrama)

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Lunes, 19 de octubre de 2009

A veces me siento
como un águila en el aire.
(de una canción de Pablo Milanés)

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas

unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano

a veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas

pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones

una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces

sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.
Mario Benedetti
Estados de ánimo (en Poemas de otros)


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S?bado, 17 de octubre de 2009
Hace unos días terminé Elegía para un americano, una de las sorpresas de este año. Era mi primer libro que leía de Siri Hustvedt, y ante las primeras lecturas a un escritor uno nunca sabe qué se va a encontrar, cómo será ingresar en su mundo literario. Hustvedt escribe sobre la memoria, la soledad y los fantasmas. Y es que este libro podría tomarse como una continua conversación entre los vivos y los muertos, cómo la presencia de estos últimos aún se cruza por la vida e influye en ella.

Erik, un psicoanalista divorciado y solitario, descubre en su antigua casa los diarios de su padre recientemente fallecido. A partir del encuentro de esos diarios Hustvedt monta un ejercicio en torno a la memoria, la paternidad, la creación, las raíces y esa cosa extraña y compleja que son las relaciones humanas. Erik se enamora de su vecina, una diseñadora gráfica acosada por su ex. Su hermana Inga, escritora y viuda del famoso escritor Max Blaustein, tiene que convivir con la sombra de su marido y el aura que dejó de personaje mítico. Ambos intentan reconstruir la imagen de su padre fallecido y a la vez de su propia vida.

Hustvedt escribe de manera poética y conmovedora sobre un puñado de personajes que se cruzan, que conviven, que desentrañan parte de su pasado y cómo intentan adecuar los nuevos conocimientos a su vida. A veces alcanzar el equilibrio es pura casualidad. A partir de la narración Erik, de los fragmentos del diario de su padre (tomados de los diarios del padre de Hustvedt), de trozos de las obras de Max, nos adentramos en un laberinto melancólico y reflexivo donde los muertos nos hablan y los vivos intentan recomponer su vida de la mejor manera que pueden.

Elegía para un americano está maravillosamente escrito, es un libro profundo, reflexivo, con algún destello divertido y, sobre todo, conmovedor.




Mi hermana decía que fue "la época de los secretos", pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que lo importante de aquellos años no era lo que había sino lo que faltaba. En una ocasión una de mis pacientes dijo: "Tengo fantasmas que deambulan dentro de mí, pero no siempre hablan. A veces no tienen nada que decir." Sarah solía entrecerrar los ojos o mantenerlos casi siempre cerrados porque temía que la luz la cegara. Creo que todos llevamos fantasmas dentro y que es preferible que hablen a que no lo hagan. Una vez muerto mi padre, ya no pude volver a conversar con él en persona, pero continúe haciéndolo en mi mente. No dejaba de verlo en sueños ni de oír sus palabras. Sin embargo, lo que habría de mantenerme ocupado durante un largo periodo de mi vida fue lo que nunca nos dijo, lo que nunca nos contó. Al final resultó que él no era la única persona que guardaba secretos.

( … )

A menudo he pensado que ninguno de nosotros somos quienes creemos ser, que cada cual concilia la terrible extrañeza que nos produce nuestra vida interior con todo tipo de mentiras que puedan convenirnos. No es que quisiera engañarme a mí mismo, pero comprendí que, bajo la persona que creía ser, había otra que vagaba por un mundo paralelo, un mundo del que Miranda me había hablado, por unas calles y entre unos edificios que no reconocía.
Siri Hustvedt
Elegía para un americano (traducción de Cecilia Ceriani. Anagrama)

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Viernes, 16 de octubre de 2009
Un otoño de sol equivocado  
ha traído naranjas otra vez.  
Están sobre la mesa, y me hacen respirar  
su agudo aroma joven.  

Cada año difunden  
el ingenuo consuelo que ya aleja de mí  
los vagos infortunios  
entre los que camino.  
En su fragancia  
hay comunión  
con la simple alegría  
de este sol incorrecto, el dulce error  
que las madura.  

Es grato estar confuso.  
Es grato contemplar estas naranjas,  
retener su perfume  
mientras oigo  
los pasos fugitivos de una idea.  
Antonio Cabrera
Naranjas en Con el Aire

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I
Recuerdo que hace años Arantza se quedaba dormida en mi hombro después de haber hablado de las relaciones de pareja o la nueva etapa que vivíamos con el inicio de la universidad. Ella dormía y yo miraba el paisaje que amanecía a través de la ventanilla de cristal. A veces vigilaba su sueño y  notaba los pequeños cambios en la expresión de su cara. Entonces, me preguntaba en qué tiempo/espacio se encontraba en ese instante. Cuando llegábamos a Vitoria la despertaba y nos saltábamos las clases para seguir nuestros desvaríos en la cafetería o en los pasillos de la universidad. Durante unos meses mis mañanas transcurrieron así.

Hace unos días, mientras rehacía el viejo camino y dejaba vagar mi mirada por los bosques y los montes alaveses, volví a sentirme como en aquellas mañanas junto a Arantza, antes de mi primera desaparición. Me faltaba la suave caricia de su cabeza en mi hombro o sus palabras expansivas pero ahí estaban las añejas emociones de saber dónde me dirigía, mirar un paisaje a través de una ventanilla y reconocerme en ese movimiento continuo. El autobús dejó atrás una curva y la ciudad apareció delante de los montes, tranquila, pausada, detenida. Una ciudad amigable.

A veces necesito desaparecer. Me dejo llevar por silencio y soledad y me convierto en una sombra por un par de días, un mes o 15 años como en el caso de Arantza. Tal vez, sin saberlo, me escabulla a ese espacio/tiempo de los sueños que vigilaba camino de la universidad. Es extraño desaparecer, convertirse en una sombra y vivir entre dos realidades, ser una presencia apenas intuida, un espacio en blanco entre dos palabras. Arantza dice que siempre vuelvo, aunque tarde media vida en reaparecer…



II
Mitad de la madrugada. La luna grande, gélida, blanca. Entonces me pregunté qué soy. Miré la blancura onírica de mis manos. Su forma compacta, las líneas caóticas, la piel agrietada que se parece a la de mi abuelo. Piel afuera, un conjunto de formas estructuradas según la lógica de la naturaleza; piel adentro, naufragios o palabras en constante fuga o sentimientos desconocidos o el desaliento o el nacimiento de nuevas emociones. Miré a la luna. A la blancura onírica de la luna. Su forma que recuerda a una cara (the man in the moon), los contornos del mar de la tranquilidad, la superficie cuarteada por el rastro de pasados meteoritos. Piel afuera, un pedrusco anclado a otro en mitad del infinito. Piel adentro, la cara oculta de la luna. La apariencia engaña o no muestra toda la verdad. Tal vez sea necesario empezar a mirar lo que se nos escapa, lo que no vemos, porque en esa incertidumbre y oscuridad se esconde aquello que nos es propio.

Qué soy…


Given to Fly (Pearl Jam)



He could've tuned in, tuned in
But he tuned out
A bad time, nothing could save him
Alone in a corridor, waiting, locked out
He got up outta there, ran for hundreds of miles
He made it to the ocean, had a smoke in a tree
The wind rose up, set him down on his knee

A wave came crashing like a fist to the jaw
Delivered him wings, "Hey, look at me now"
Arms wide open with the sea as his floor
Oh, power, oh

He's.. flying
Whole
High.. wide, oh

He floated back down 'cause he wanted to share
His key to the locks on the chains he saw everywhere
But first he was stripped and then he was stabbed
By faceless men, well, fuckers
He still stands

And he still gives his love, he just gives it away
The love he receives is the love that is saved
And sometimes is seen a strange spot in the sky
A human being that was given to fly

High.. flying
Oh, oh
High.. flying
Oh, oh
He's flying
Oh, oh

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:39  | Espacios en blanco
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Jueves, 15 de octubre de 2009
Aborrezco este oficio algunas veces:
espía de palabras, busco,
busco
el término huidizo,
la expresión inestable
que signifique, exacta, lo que eres.

Inmóvil en la nada, al margen
de la vida (hundido
en un denso silencio sólo roto
por el batir oscuro de mi sangre),
busco,
busco aquellas palabras
que no existen
- quizá sirvan: delicia de tu cuello...-,
que te acosan y mueren sin rozarte,
cuando lo que quisiera
es llegar a tu cuello
con mi boca
-... o acaso: increíble sonrisa que he besado -,
subir hasta tu boca
con mis labios ,
sujetar con mis manos tu cabeza
y ver
allá en el fondo de tus ojos ,
instantes antes de cerrar los míos,
paz verde y luz dormida,
claras sombras
-tal vez
fuera mejor decir: humo en la tarde ,
borrosa música que llueve del otoño,
niebla que cae despacio sobre un valle
-
avanzando hacia mí,
girando
penetrándome
hasta anegar mi pecho y levantar
mi corazón salvado, ileso, en vilo
sobre la leve espuma de la dicha.
Ángel González
Las palabras inútiles

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Mi?rcoles, 14 de octubre de 2009

El ladrón de chicles me atrae tanto por su forma, se mezclan las cartas, los correos electrónicos, las notas y el bosquejo de un libro que está escribiendo el protagonista (nunca un encuentro fuera de una hoja), como por su contenido, un puñado de perdedores que hablan y reflexionan sobre sus vidas y la mirada sobre ellos con una lucidez extrema, divertida y, a la vez, dolorosa.

Una de las partes sorprendentes del libro es ver cómo la frescura y comicidad de la historia puede llevarte a que la sonrisa que te acompaña ante los desvaríos de los personajes se tuerza cuando profundizas en sus palabras. Sonrisas congeladas o que se quedan a medio camino. Porque a veces maldita gracia tiene la vida.

Roger es un gran perdedor. Cuarentón, fuera de forma, trabaja en un impersonal almacén de material de oficina después de deambular por trabajos y más trabajos temporales, perder a su hijo mayor en un accidente de tráfico y la paciencia de su esposa, cansada de su alcoholismo y complacencia. Roger escribe un diario como terapia, y junto a sus opiniones intercala capítulos de un demencial libro sobre el encuentro de dos parejas en una cena e inventa entradas escritas por Bethany, una compañera de trabajo, gótica, solitaria y obsesionada con la muerte. Hasta que Bethany descubre el diario y empieza a responder a Roger en cartas y notas. A partir de ese instante se inicia una relación epistolar conmovedora a la vez que irónica, tan lúcida como divertida. Y en mitad de esa correspondencia se unen otros personajes tan al límite como ellos y los personajes no tan irreales o de ficción de la novela que está escribiendo Roger, en un ejercicio donde creación y vida se cruzan de tal manera que sus fronteras se difuminan.

Coupland escribe un libro inteligente, mordaz, divertido y doloroso sobre la soledad, la incomunicación, el dolor, las perspectivas vitales, un libro realista donde uno no supera al dolor sino que se acostumbra a él y donde no se sabe cómo cambiar el desastroso rumbo de una vida.

El ladrón de chicles ha sido toda una sorpresa.




Hace unos años caí en la cuenta que todo el mundo a partir de una cierta edad sueña más o menos constantemente con una vía de escape a su vida. Ya no quieren ser los mismos. Quieren largarse. Esta lista incluye a Thurston Howell III, Ann_Magret, el elenco de Rent, Václav Havel, los astronautas del Space Shuttle y Snuffleupagus. Es algo universal.
¿Quieres largarte? ¿A menudo piensas que ojalá pudieras ser alguien, quienquiera que sea, diferente de quién eres? - ¿esa persona que tiene trabajo y mantiene a la familia? ¿Esa persona que vive en una casa relativamente digna y que aún se esfuerza por mantener sus amistades?-. En otras palabras, esa persona que eres tú y que se va a quedar más o menos como está hasta que estire la pata.
No hay nada de malo en aceptar que yo soy yo o que tú eres tú. Y, al final, la vida se hace bastante llevadera, ¿no es así? Bueno, ya me las arreglaré. Eso decimos todos. No te preocupes por mí. A lo mejor me emborracho o me pongo a hacer comprar en eBay a las once de la noche y quizá me compre todo tipo de tonterías por las que ni siquiera me acordaré que he pujado a la mañana siguiente, como una bolsa de cinco kilos de monedas del mundo o una cinta pirata de Joni Mitchell actuando en el Calgary Saddledome en 1981.
Douglas Coupland
El ladrón de chicles (traducción de Bruno Menéndez. Quinteto. El Aleph Editores)

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:36  | Libros...
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S?bado, 10 de octubre de 2009
Hay demasiadas cosas 
de las que preocuparse, 
siempre distintas, siempre imprescindibles, 
y nunca se termina, 
y apenas se respira... Y además 
está el muchacho que jamás nos mira, 
la chica que no sabe que la amamos 
Y Platón predicando represiones... 
Y a esto le llaman vida... 
Carmen Jodra 
Fatiga 

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Publicado por elchicoanalogo @ 4:43  | Poes?a
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Viernes, 09 de octubre de 2009
Gigante bebe del cine de Aki Kaurismaki. Como el cineasta finlandés, Adrián Biniez cuenta una peculiar y entrañable historia de amor protagonizada por un gigante guarda de seguridad y una chica de la limpieza, y lo hace de forma austera, contenida y sencilla, sin apenas diálogos ni retorcidos giros de guión, un cine cercano a la realidad (desde el momento en que se coloca una cámara delante de la realidad, ésta se trasforma en percepción y recreación de la realidad).

Entre semana Jara se encarga de vigilar un supermercado a través de las  pantallas de seguridad. Los fines de semana ejerce como vigilante de un garito de música. Jara es un tipo bonachón, tranquilo, amante del heavy metal, con una rutina delimitada y fuertemente marcada. Va de su trabajo nocturno al ejercicio, el cuidado de  su sobrino o las siestas en el sofá. Poco más. Hasta que, a través de uno de los monitores del supermercado, se fija en una chica de la limpieza. Ahí empieza su historia de amor platónico. Seguirá a la muchacha a través de las pantallas y de las calles de Montevideo, incapaz de hacerse visible. Es interesante cómo vemos a la chica sólo por las pantallas o la mirada distanciada de Jara; somos, como él, testigos y voyeurs que no alcanzan a ver más que la vida de la muchacha en la distancia. A veces, durante la película, tienes ganas de empujar al gigante bonachón a que dé un paso hacia delante. Y, como se muestra en una hermosa imagen, a veces el amor pincha.

Contada sin apenas diálogos, Gigante es una película tan austera como entrañable, una pequeña historia de amor que te hace sonreír con ternura y con buenos golpes de humor y gags visuales bien conseguidos. Horacio Camandulle, Leonor Svarcas, los dos actores en los que se sustenta la historia, hacen un trabajo admirable, sencillo, contenido y muy cercano. En definitiva, la uruguaya Gigante ha sido la mejor sorpresa de este año. Merece, y mucho, la pena.

Información:
http://www.filmaffinity.com/es/film843781.html


Tags: Gigante, Adrián Biniez, Horacio Camandulle, Leonor Svarcas

Publicado por elchicoanalogo @ 18:59  | Cine
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Jueves, 08 de octubre de 2009
Tras Melinda y Melinda me desconecté del cine de Woody Allen. El riesgo de hacer una película al año es que puedes caer en la repetición y en la falta de ideas. No sé, sentí que el cine de Allen ya no me sorprendía. Pude ver Match Point en Tucumán, una buena película que remitía a Delitos y faltas, pero el argumento de sus siguientes películas no me atrajeron lo suficiente como para ir al cine.

En cambio, Si la cosa funciona me producía curiosidad por el regreso de Allen a las calles de Nueva York, el reparto encabezado por Larry David y la historia que recordaba a algunas comedias de sus inicios.

La primera escena de Si la cosa funciona transcurre en esas aceras neoyorquinas que tanto conoce a Allen y tan bien ha filmado. El protagonista, Boris Yellnikoof, está rodeado de un grupo de vecinos. De repente, se levanta y, mirando a cámara, empieza a narrar su peculiar historia de amor con una sureña ignorante, pizpireta y hermosa. Territorio conocido.

El personaje de Boris desgrana un cúmulo de pesimismo tan propio de Allen, es un hombre deprimente, oscuro, triste y con una visión de la vida nada halagüeña. En su camino se cruza una joven huída del sur, una chica sin mucha cultura, pero alegre y desenfadada. Y surge el amor. Como en Pigmalión. A partir de ese encuentro se inicia una peculiar historia romántica con jazz, música clásica y Fred Astaire donde un suicida torpe, huraño y misántropo se acerca a la vida.

Si la cosa funciona tiene diálogos ágiles, ácidos y divertidos, algo que no ha perdido Woody Allen, una película algo irregular pero estimable. Uno de los problemas de la película es que, como le sucedió a Kenneth Brannagh con Celebrity, el personaje que interpreta Larry David es tan cercano a Woody Allen que termina imitando sus gestos y su forma de actuar.

Aún así, un buen reencuentro con las calles de Nueva York.

Información:
http://www.filmaffinity.com/es/film550645.html



Tags: Si la cosa funciona, Whatever Works, Woody Allen, Larry David, Evan Rachel Wood, Patricia Clarkson

Publicado por elchicoanalogo @ 19:03  | Cine
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Mi?rcoles, 07 de octubre de 2009
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
 
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.

Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,

del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Jorge Luis Borges
Soy

Tags: Soy, Jorge Luis Borges

Publicado por elchicoanalogo @ 4:04  | Poes?a
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Hay una escena en Hazme reír donde se combina a la perfección la comedia y el drama. En ella, Ira, un torpe y tímido escritor de monólogos, hace escuchar a su jefe George Simmons, un famoso cómico moribundo, una lista de canciones que pretende animarle. Pero se suceden las canciones interpretadas por cantantes que murieron por enfermedades terminales. Simmons bromea por la torpeza de Ira, hasta que salta Keep me in your heart, de Warren Zevon. Ahí la escena se cierra de manera brusca, Simmons saldrá de la habitación, afectado por la canción. Y es que esta es una de esas canciones que no se pueden escuchar en cualquier momento. Una melodía y una letra melancólica, una combinación explosiva.

Keep me in your heart for a while…


Keep me in your heart (Warren Zevon)



Shadows are falling and I'm running out of breath
Keep me in your heart for awhile

If I leave you it doesn't mean I love you any less
Keep me in your heart for awhile

When you get up in the morning and you see that crazy sun
Keep me in your heart for while

There's a train leaving nightly called when all is said and done
Keep me in your heart for while

Sha-la-la-la-la-la-la-li-li-lo
Keep me in your heart for while

Sha-la-la-la-la-la-la-li-li-lo
Keep me in your heart for while

Sometimes when you're doing simple things around the house
Maybe you'll think of me and smile

You know I'm tied to you like the buttons on your blouse
Keep me in your heart for while

Hold me in your thoughts, take me to your dreams
Touch me as I fall into view
When the winter comes keep the fires lit
And I will be right next to you

Engine driver's headed north to Pleasant Stream
Keep me in your heart for while

These wheels keep turning but they're running out of steam
Keep me in your heart for while

Sha-la-la-la-la-la-la-li-li-lo
Keep me in your heart for while

Sha-la-la-la-la-la-la-li-li-lo
Keep me in your heart for while

Keep me in your heart for while



Tags: Keep me in your heart, Warren Zevon

Publicado por elchicoanalogo @ 4:00  | Canciones
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Martes, 06 de octubre de 2009
Cada lectura de Bolaño es un cruce de caminos con sus otros libros. Si la mayoría de escritores tienen un mundo propio al que regresar, Bolaño parece que tenía en mente un único libro con numerosos afluentes, cada historia suya parece una pieza de un gran puzzle.

Amuleto podría definirse como reescritura. Tomando algunos personajes y una historia que aparecen en Los detectives salvajes, Bolaño arma una novela corta, intensa, llena de esas digresiones tan cercanas y certeras del escritor chileno. A cada página, pequeñas historias que ejercen como cruce de caminos.

Auxilio Lacouture se queda encerrada en los baños de la universidad mientras ésta es tomada por la policía. En ese minúsculo espacio del baño, con la luna paseándose por las baldosas, Auxilio inicia un largo monólogo donde le tiempo se fragmento, se cruza el pasado con el futuro, los recuerdos con los sueños, las pequeñas historias con personajes reales. Uruguaya perdida en México, Auxilio se dedica a trabajar para los poetas españoles exiliados y, a su vez, ser la madre de la nueva poesía mexicana (de nuevo, aparece Arturo Belano en un libro de Bolaño)

Bolaño escribe de una manera magistral, hipnótica, te hace seguir sus reflexiones y digresiones con la boca abierta, entras en un mundo ya conocido pero no por ello menos sorprendente. Me gusta esa capacidad suya de parar la narración y dejar seguir el curso de una reflexión hasta agotarlo. Y, también, la melancolía. Melancolía por una tierra desgarrada por las dictaduras, los desaparecidos, los hombres y mujeres que nunca alcanzaron la libertad.

Siempre escojo a Roberto Bolaño tras alguna historia densa o para terminar con una crisis lectora. Lo he convertido en mi escritor comodín.





Después, en 1973, él decidió volver a su patria a hacer la revolución y yo fui la única, aparte de su familia, que lo fue a despedir a la estación de autobuses, pues Arturito Belano se marchó por tierra, un viaje largo, larguísimo, plagado de peligros, el viaje iniciático de todos los pobres muchachos latinoamericanos, recorrer este continente absurdo que entendemos mal o que de plano no entendemos. Y cuando Arturito se asomó a la ventanilla del autobús para hacernos adiós con la mano, no sólo su madre lloró, yo también lloré, inexplicablemente, se me llenaron los ojos de lágrimas, corno si ese muchacho también fuera hijo mío y temiera que aquélla fuera la última vez que lo iba a ver.
Esa noche dormí en casa de su familia, más que nada para hacerle compañía a su mamá, y recuerdo que estuvimos hablando hasta tarde de cosas de mujeres aunque mis temas de conversación no son propiamente los típicos de las mujeres; hablamos de los hijos que crecen y salen a jugar al ancho mundo, hablamos de la vida de los hijos que se separan de sus padres y salen en busca de lo desconocido al ancho mundo. Después hablamos del ancho mundo en su mismidad.

( … )

¿Pero qué clase de amor pudieron conocer ellos?, pensé cuando el valle se quedó vacío y sólo su canto seguía resonando en mis oídos. El amor de sus padres, el amor de sus perros y de sus gatos, el amor de sus juguetes, pero sobre todo el amor que se tuvieron entre ellos, el deseo y el placer.
Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.
Y ese canto es nuestro amuleto.
Roberto Bolaño
Amuleto (Anagrama)

Tags: Amuleto, Roberto Bolaño, anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:59  | Libros...
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Domingo, 04 de octubre de 2009
Acompañaba a mi padre al médico. Yo, de pie, observaba las líneas inquietas de la ciudad. Mi padre, sentado, señalaba una fábrica y me decía que trabajó en ella en el año 62. Hice cálculos. En el año 62 mi padre acababa de llegar a Euskadi, quedaban unos cuantos años para que se reencontrara con mi madre. Su historia de amor serviría para un libro corto, emotivo y conmovedor.

Mi padre y yo no nos hicimos grandes confesiones ni liberamos tensiones ni intenté sacar de mí algún trauma pasado. No. Durante algo más de media hora fuimos juntos en el autobús, hablamos de cosas intrascendentes y recuerdos fugaces. A veces estar junto a alguien que quieres no requiere de grandes diálogos, su sola presencia basta para definir ese tiempo como algo precioso e inolvidable.

Me sentía asustado. Mi padre es mayor, se reencontró con mi madre ya con 30 años en una época donde las parejas se casaban nada más cumplir la mayoría de edad. Al amar nos rodeamos de preocupaciones y dolores futuros. El dolor a la pérdida, a que alguien que quieras sufra o desaparezca, a quedarte desubicado y con el paso cambiado; la  preocupación porque todo aquel que quieres esté tranquilo, sin problemas, sin lágrimas. A lo largo de la vida tu alma se nutre con pedazos de otras personas que te habitan en las entrañas.

Sé que he tenido suerte con mis padres. Lo bueno que pueda haber en mí y la educación recibida se lo debo a ellos. Mi madre era una gran lectora hasta que aparecimos los tres bebés que la dejamos sin tiempo. De ella nació esta pasión por leer, por devorar historia tras historia. Es una mujer dulce, una dulzura que nunca alcanzaré. Mi padre sólo lee el periódico o las revistas del corazón y le apasiona el western, mezcla extraña e interesante. Me corregía mis fallos de educación, me decía que respetase a los demás, me mostraba un sacrificio por el trabajo que parece que sólo puede darse en personas de otra época y otro lugar.

Mi padre nació en la posguerra en una aldea gallega. Es decir, pobreza, malnutrición y muerte. Si tuviera que imaginar esa época lo haría en un blanco y negro apagado y sombrío. Mi padre es carpintero (aunque aquí, en Ortuella, es conocido como “el cartero” ). Sé que una profesión no nos define. Pero no siempre es así. Mi padre aprendió su oficio de mi abuelo, un conocimiento que pasó de mano a mano. Desde niño acompañaba a su padre por las casas de las diferentes aldeas. Cuando me encarno en un fantasma o una sombra y regreso a Galicia hay quien me enseña los muebles que hicieron. Y siempre, siempre, paso mi mano por su superficie, en un intento de que nuestras huellas de distintos tiempos se unan en la madera. Por tanto, mi padre es carpintero porque hablaba y se definía ante el mundo a través de sus manos. Tal vez por eso sea un hombre parco en palabras.

Tengo cientos de fotos suyas, fotos en un blanco y negro diferente al que yo imagino para su época. Y en esas fotos de las distintas fiestas se mezclan bailes y caras sonrientes y trajes que parecen de una talla más grande que el cuerpo que visten. Me gustan las manos y la cara de mi padre en esas fotos, su gesto divertido, despreocupado, su belleza inocente, su actitud ante la vida, una actitud donde primaba el trabajo y aprovechar lo bueno que se tenía en la vida.

Mientras leía una revista en la sala de espera pensaba en cómo han cambiado las tornas, ahora soy yo quien acompaña a mis padres al médico, quien debe cuidar de ellos, quien se preocupa y se pasa la noche preguntándose por cómo estarán. Curioso cambio de papeles.

Vista desde fuera, la tarde con mi padre puede parecer una simple tarde, vista desde dentro, el recuerdo del viaje en autobús, de las pequeñas conversaciones, de la espera en el médico, de la cafetería compartida, esa tarde, en definitiva, se ha convertido en una pequeña foto inolvidable. Una foto en un blanco y negro brillante, lechoso y con una pizca de melancolía.

Tags: espacios en blanco

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Jueves, 01 de octubre de 2009
Hace nueve años vi El hijo de la novia. Recuerdo que no entendí los primeros 15 minutos dialogados de la película, me perdía en el acento, la rapidez del diálogo, las expresiones argentinas. Nueve años después consigo ubicar en el mapa Jujuy, por ejemplo, entender los diálogos y el acento, emocionarme con los detalles cotidianos, y reírme con los chistes locales. Entre ambas cintas de Campanella, mi propia historia de amor (chico conoce chica, chico pierde chica, ambos salen adelante, porque esto es la vida, no arte).

El secreto de sus ojos es una historia de recuerdos, de cruce de tiempos, de amores perdidos y de reencuentros. Campanella ha logrado su mejor película hasta la fecha. Benjamín Expósito, secretario judicial ya retirado, decide quemar sus fantasmas interiores escribiendo una novela con el caso Morales, un caso que cambió su vida, allá por los 70, justo antes de la dictadura militar. La escritura de esa novela, el exorcismo de sus fantasmas personales, hace que se mezcle el pasado con el presente, que ese pliegue en el tiempo le acerque al amor de su vida, un amor silenciado pero evidente, uno de esos amores de cine y literatura, de personaje perdedor de cigarrillo en la boca y vaso de whisky.

Sorprende la contención de Campanella, y cómo no sólo cruza dos épocas de una vida, también géneros cinematográficos. Salta del drama al cine negro de raíces de las novelas de Hammett, pasando por ese cine de emociones que le es tan cercano, pero sin dejarse llevar como antaño (salvo en el final, que podría ser una escena de El hijo de la novia o El mismo amor, la misma lluvia). La puesta en escena es sobria, la historia, contada en forma de puzzle, avanza como uno de esos trenes que aparecen en la película, el final es inmejorable, una vuelta de tuerca donde se cuestiona el papel de la justicia. También se pueden disfrutar esos diálogos irónicos, afilados y humorísticos de las películas de Campanella y el enrarecido ambiente anterior al golpe militar.

Campanella reúne a los protagonistas de El mismo amor, la misma lluvia un inconmensurable Ricardo Darín, una contenida y cercana Soledad Villamil. El lugar de Eduardo Blanco lo ocupa el sorprendente Guillermo Franchella. O no tan sorprendente. Franchella es un buen actor, un cómico encasillado en series de humor chabacano. Su actuación es soberbia.

El secreto de sus ojos es una de las mejores películas que he disfrutado este año. Emociona, intriga, te deja sin aliento.


Información:
http://www.elsecretodesusojos.com/
http://www.filmaffinity.com/es/film313601.html




Tags: El secreto de sus ojos, Juan José Campanella, Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago, Guillermo Francella

Publicado por elchicoanalogo @ 20:27  | Cine
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