Viernes, 06 de noviembre de 2009

Si en Justicia de un hombre solo Yoshimura retrata a un hombre acuciado por un crimen de guerra y su deambular por un país en ruinas tomado por el ejército enemigo, en Bajo palabra seguimos los primeros pasos de un maestro, Kikutani, tras conseguir la libertad vigilada. Ambas historias están contadas de manera reflexiva, densa, cuidadosa, como un monólogo interior en tercera persona, y protagonizadas por hombres que deben adecuarse a los nuevos tiempos que viven y que sólo buscan un utópico lugar tranquilo donde descansar y vivir, alejados de una sociedad y de un pasado que no consiguen esquivar.

Uno de los aciertos de Bajo palabra es cómo Yoshimura se centra en la reacción de Kikutani a su salida de la cárcel tras 16 años de condena por homicidio. En las primeras páginas sólo sabemos la angustia y la desubicación del maestro ante un mundo sin aparentes barrotes, no la causa de su encarcelamiento, que tardaremos en conocer casi un centenar de páginas. Eso permite que no juzguemos de manera aleatoria a Kikutani ni que lo definamos de un modo ligero y tópico. Seguimos sus pasos por un mundo de centros comerciales, rascacielos y escaleras mecánicas. Kikutani se siente fuera de lugar, debe aprender a vivir de nuevo en una sociedad desconocida y a la que teme pertenecer por sus actos pasados. Los años en la cárcel le han convertido en introvertido, ermitaño, desconfiado y temeroso.

Cuando Kikutani escapa por una noche a su pueblo descubrimos el brutal crimen que cometió. El hombre desubicado y temeroso había matado a su mujer y herido a su amante. Y lo más duro, no siente remordimientos. Yoshimura es un maestro en describir la psicología de su personaje, sus partes sombrías y sus miedos, su readaptación al mundo y la distancia con su pasado, la soledad y el concepto de libertad. El hombre tranquilo que se transforma en lobo…

Todo el libro describe el intento de Kikutani por reintegrarse a una sociedad diferente a la que conoció, por encontrar su libertad entre otro tipo de barrotes, por afrontar su pasado (no hay ni piedad, adoctrinamiento o demagogia). Hay algo en la forma de escribir y de entender la vida de Yoshimura que anticipa ese final duro y amargo, ese destino inexorable al que se dirige el protagonista.

Jesús, muchas gracias por el regalo.




Kikutani se estiró sobre la estera de su celda y miró su pulgar doblándose y girando alrededor de sus otros dedos: lo veía como si fuera un ser vivo. En ese momento, una mosca que quién sabe cómo se había metido en la cárcel voló entre los barrotes de su celda, giró un momento zumbando y se posó en el borde del estante. Los ojos de Kikutani se fijaron en la mosca, el primer ser vivo que había visto en la celda desde su llegada a la cárcel. Cuando remontó vuelo del estante, Kikutani temió que desapareciera entre los barrotes, pero volvió a posarse en la juntura de las dos esteras que le servían de cama. Flexionando sus patitas, se frotó las alas y después se quedó perfectamente quieta. Kikutani se congeló y después lentamente levantó las piernas hacia el pecho y empezó a retroceder d de a centímetros, hasta que pudo tomar su gorra de trabajo, que estaba sobre el uniforme. Cuando la mosca empezó a frotarse las alas otra vez, él se precipitó y con habilidad la atrapó con la gorra. Le pareció casi milagroso que hubiera podido atrapar algo tan inteligente y tan rápido.
Volvió a sentarse y empezó a plegar la gorra cuidadosamente, hasta que aparecieron las alas de la mosca por la diminuta apertura entre la gorra y la estera. Evaluó la situación un momento y decidió que el único modo en que podía impedir que su prisionera se le escapara era cortarle las alas. Inmovilizando a la mosca con el borde de la gorra, delicadamente le arrancó la mitad de cada ala; después lentamente levantó la gorra y tomó la mosca. Seguía temiendo que la mosca desapareciera si la soltaba; así que tiró de una hebra de su toalla y trató de atar a la mosca con ella. Esto resultó más difícil de lo que había esperado, pero al fin logró hacer un nudo bajo el abdomen de la mosca y el otro extremo lo ató a un lápiz. La mosca movía lo que quedaban de sus alas, pero no hacía más que rodar en la estera, incapaz de alzar el vuelo.
Kikutani acercó la mosca a sus ojos. En el extremo de las patas tenía un gancho en forma de garra y encima de los ojos había antenas delicadas. Las manchas que corrían en su lomo, hasta el abdomen, estaban cubiertas de finos pelos. A la mañana siguiente lo alivió encontrar a la mosca caminando por la estera. La miró mientras comía su desayuno y supuso que estaría muerta a la hora en que él volvería al trabajo; pero cuando llegó a la celda esa noche seguía viva, ocupada en rascar la estera con sus patitas. Kikutani usó un palillo para depositar una gota de su caldo de verduras en la cabeza de la mosca y al cabo de un momento la vio mover la boca. Pasó esa velada otra vez contemplándola, pero a la mañana siguiente la encontró tendida de espaldas, muerta. Las patas estaba rizadas, duras y las medias alas estaban flácidas. Esperó casi una semana antes de librarse del pequeño cadáver; no hubo cambio externo en su apariencia, pero la sentía seca y quebradiza.
Akira Yoshimura
Bajo palabra (traducción de César Aira. Emecé )

Tags: Bajo palabra, Akira Yoshimura, Cesar Aira, Emecé

Publicado por elchicoanalogo @ 4:15  | Libros...
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Comentarios

Hola!!

Bajo palabra me pareció un libro excelente. Conmovedor. Angustiante. De una redacción tan clara y llena de detalles, por parte de su autor, que hace que uno se sienta muy involucrado con la historia y se haga carne con el protagonista..., que no es poco.

Lo leí hace dos años. No conocía al autor. Lo encontré en una librería de saldos, que se ubican aquí en Buenos Aires, por Av. Corrientes. Como lo presté a una amiga, con la intención de regalárselo a uno de mis hermanos, estaba buscando en internet datos sobre el autor. Así fue como encontré tu comentario, en esta web. Me parece valiosísimo lo que escribiste.

Con la satisfacción de haber hallado lo que buscaba, te agradezco el haberle dedicado a este autor, narrando tu opinión.

Mañana volveré a leérla detenidamente.

Saludos!!

 

Publicado por evolucionar
Martes, 15 de marzo de 2011 | 5:57

Yo también encontré Bajo palabra en una librería de viejo, en mi caso den un viaje a Cádiz. Yoshimura me sorprendió con Justicia de un hombre solo (que compré en Tucumán), otra forma de mirar el final de la segunda guerra mundial y, como Bajo palabra, con una excelente narración. Me gusta cómo Yoshimura hace reales a sus protagonistas. Un saludo

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 15 de marzo de 2011 | 8:52

Te agradezco mucho la respuesta!! Aun no le engancho el ritmo a este sitio. Por éso, recién veo tus líneas. Ya aprenderé...

De modo que entiendo que el otro libro que mencionás de Akira es también recomendable?? Más allá de que mis nociones acerca de la historia sean bastante básicas...

He mirado tu blog, aunque confieso que no detenidamente, y he notado que leés muchísmo y escribís también (muy bien, por cierto). Te ubiqué en Mis favoritos para poder encontrarte las veces que quiera, sin tanta vuelta...

Habrá algo que puedas sugerirme para leer de algun autor japonés??

Espero que estés muy bien!!

Cariños,

Patricia Bailando

 

Publicado por evolucionar
Domingo, 20 de marzo de 2011 | 6:20

Hola, Patricia,

Mi primer libro de Yoshimura fue Justicia de un hombre solo, un libro extraordinario. Te copio el argumento: Terminada la Segunda Guerra Mundial, Japón está en ruinas. Takuya, un oficial desmovilizado, vuelve a su ciudad natal y se entera de que las fuerzas aliadas intensifican sus esfuerzos para capturar a criminales de guerra. Angustiado, se pregunta si estarán al tanto de su participación en la ejecución de prisioneros norteamericano. Para escapar de la persecución, se convierte en fugitivo en su propia tierra. Mientras viaja en trenes abarrotados por un paisaje de humillación, ira y hambre, teme que su pasado lo atrape. Sin embargo, Takuya no se ve a sí mismo como un criminal.

 

 

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 20 de marzo de 2011 | 10:45

Sobre autores japoneses... poco a poco Yasunari Kawabata se está convirtiendo en mi escritor favorito con obras como Lo bello y lo triste o El rumor de la montaña. Kenzaburo Oé tiene libros muy interesantes como Una cuestión personal. De Tanizaki, Hay quien prefiere las ortigas. Los cuentos de Akutagawa compilados en Rashomon son admirables. De los autores actuales, me quedo con la melancolía de Haruki Murakami en Al sur de la frontera, al oeste del sol o Tokio Blues, la nostalgia de Tsugumi de Banana Yoshimoto o la delicadeza de Ogawa en La fórmula preferida del profesor. Y bueno, paro acá.

Siempre serás bienvenida por acá. Me gusta leer, mucho, imagino que desde niño me gustó que me contasen historias.

Te mando un abrazo y espero que estés bien

Fernando

 

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 20 de marzo de 2011 | 10:46

Hola Fernando!!

Espero que te encuentres muy bien.

Te agradezco ambas respuestas. El argumento de "Justicia de un hombre solo" es atractivo... Para apuntar a comprarlo y leérlo. Ya te comenté: la forma en que escribe Yoshimura es atrapante. Te invita a leér y leér...

Te cuento que la última vez que te había hecho comentarios, me armé un archivo con cosas que escribiste acerca de Haruki Murakami... No son los textos que me estás mencionando en esta ocasión, sino lo que plasmaste acerca de "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"  y "Sauce ciego, mujer dormida". Cafecito de por medio, fuera de casa, lo leeré hoy o mañana. Este tipo de cosas hay que hacerlas con tranquilidad, que es lo que no siempre tengo...jajaja

Gracias por tu buena recepción de mis comentarios!!

Un cálido abrazo,

Patricia tomatazo

Publicado por evolucionar
Viernes, 25 de marzo de 2011 | 18:05

Hola Patricia,

Justicia de un hombre solo es excepcional, un hombre que debe esconderse en el Japón ocupado tras el final de la segunda guerra mundial y cómo en ese viaje/huida reflexiona sobre su papel en la guerra y la condición humana.

Ahh... El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas es uno de mis libros favoritos de Murakami, surrealista, onírico, melancólico, extraño, atractivo... Sauce ciego y mujer dormida es un libro de cuentos, está bien, me gustó, pero no me atrapó por entero como los libros de cuentos de Raymond Carver o Richard Ford. Por cierto, esta semana leí dos libros japoneses, Mil grullas de Kawabata y El cielo es azul, la tierra blanca, de Kawakami, ambos de una sutileza conmovedora.

Gracias a ti por escribir. Cariños y que estés bien

Fernando

 

 

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 25 de marzo de 2011 | 22:26