viernes, 13 de noviembre de 2009
Las relaciones amorosas son complejas, extrañas, dolorosas, extremistas. Pasamos de la pasión al vacío, de la atracción casi salvaje a la rutina, del miedo a la contención… de la estabilidad a la pérdida. El amor, esa cosa extraña que llamamos amor, es vivir en una permanente montaña rusa de emociones que no podemos controlar. Y aún así, el dolor y la angustia, la euforia y la impulsividad, merecen la pena. En eso pensaba mientras se encendían las luces de la salas de cine, al final de esa pequeña maravilla que es 500 días juntos.
Tom es un arquitecto que trabaja como creador de postales de felicitación. Creció con las lánguidas canciones pop de los grupos británicos y la convicción del amor romántico, el amor idealizado y para siempre. Summer es una mujer de una atractivo casi magnético. Cualquier movimiento desencadena pequeños terremotos a su alrededor. Creció amando su larga melena negra y sabiendo lo fácil que es cortarla. Como se dice al inicio de la película, estas es una historia de chico conoce chica. Pero no es una historia romántica.
Contada a modo de puzzle temporal, con continuos saltos en el tiempo, se muestran esos 500 días donde Tom y Summer se cruzan. Al igual que hizo Stanley Donen con Dos en la carretera, este cruce temporal te permite pasar de un plano de un Tom desenfadado, eufórico, enamorado a otro abatido, derrotado, sin saber qué demonios pasa por la cabeza de Summer. Así es el amor, el éxtasis de una noche de sexo, la mañana donde sientes ganas de bailar, la tarde donde sólo hay vacío y pérdida.
500 días juntos es una película emocionante y conmovedora, muy cercana y, sobre todo, realista. Realista porque todos nos reconocemos en los sentimientos de Tom y las diferentes etapas de su amor, porque no se tiende a la dramatización exagerada de una ruptura ni a la banalización edulcorada de las comedias románticas.
El cine independiente guarda sorpresas como esta película, sus historias son adultas y con espacio para la reflexión del espectador. A veces uno sale de 500 días juntos para adentrarse en su propio pasado, una imagen, un gesto, te hace recordar aquellas caricias que empezaron a escasear hasta extinguirse por completo. Películas como Antes del amanecer, Ruby en el paraíso, Simple Men o Extraños en el paraíso te dejan entrever la realidad de manera humorística, melancólica, reflexiva y siempre adulta.
Hay una pequeña película, Falling in love again, de un veinteañero y desconocido directo, Steven Paul, que hablaba sobre la vida de un matrimonio desde la adolescencia hasta su crisis. Rodada en 1979 y con una joven Michelle Pfeifer, recuerdo haberme sorprendido por esa historia de amor matrimonial contada con saltos en el tiempo y donde se nos habla de cómo ese amor romántico se convierte en una relación entre dos personas que se quieren pero que ya no están enamoradas del otro. El amor es lo que queda cuando termina la pasión. Y está bien. Nadie podría vivir eternamente enamorado, acabaría desquiciado y lunático si su vida fuera como los primeros meses de una relación amorosa.
En 500 días juntos Tom está enamorado. Summer no. Y Tom vive ese amor como una de esas historias de película (de comedia musical), una explosión de emociones incontrolables. Y vive la pérdida como una obsesión y un vacío alienantes. El amor nos hace dejar nuestra vida en manos de otra persona, inconscientemente buscamos que sea el otro quien no dé la felicidad.
Con un final esperanzador y realista, Tom se despide de nosotros con un guiño y la certeza de que todo es puro azar y que los cruces de camino son infinitos y sólo nosotros, no un destino ajeno, podemos elegir uno u otro camino de final siempre incierto. Y que el amor, ya sea idealizado, puramente sexual, cambiante, eterno o de un fin de semana, nos marca y define. Y merece la pena.

Información: http://www.filmaffinity.com/es/film917377.html


Tags: 500 Días juntos, 500 Days of Summer, Marc Webb, Joseph Gordon-Levitt, Zooey Deschanel

Publicado por elchicoanalogo @ 22:02  | Cine
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Comentarios
Ayer encontré tu web por casualidad. Teclée en google "tres rosas amarillas" para comprobar un dato del libro y tu blog salió en la cuarta o quinta entrada. Me sorprendió constatar ciertas afinidades literarias y te mandé un par de posts que contestaste puntualmente. Esta mañana, perezosa y remolona en la cama, me he dedicado a rastrear tu blog y la verdad es que es una maravilla. A parte de confirmar la similitud en las preferencias culturales -lo de esta película ha sido la confirmación definitiva-, me ha gustado mucho leer cosas tuyas, como las dedicadas a Gabriela o tu origen semigallego -mis abuelos son de una aldea del interior igualita a las que describes-. En fin, sólo quería decirte que ha sido un verdadero placer dar con esta página -cosas del destino, I guess-.
Un beso,
Alba.
Publicado por Alba Taboada
sábado, 19 de diciembre de 2009 | 11:42
Saludos, Alba,
así que tú eres la lectora de mi blog…
Gracias por contarme cómo llegaste acá, normalmente lo leen amigos y poco más. Si te gusta Carver y esta película ya tenemos dos cosas en común. Los cuentos de Carver son extraordinarias, retazos de vidas deslavazadas, también me gustan mucho los cuentos de Richard Ford o Bolaño, también la literatura oriental.
Lo de las aldeas te da un carácter aventurero, a veces soñador, tantos recovecos que descubrir, tantas formas de desaparecer… Me gustaban esos veranos gallegos de mi adolescencia.
El placer de que hayas encontrado esta página y que te hayas atrevido a escribir es mío. Si te apetece seguir con la charla y desvariar sobre literatura te paso el correo del blog: despuesdelnaufragio@yahoo.es
Abrazos

Fernando
Publicado por elchicoanalogo
sábado, 19 de diciembre de 2009 | 16:40