Lunes, 23 de noviembre de 2009
Wong Kar Wai apenas tenía unas páginas como esbozo de la historia que quería contar en Fallen Angels. Pero el cine de Wong Kar Wai es libre, un cine en la frontera con un mundo onírico y de sombras indefinibles, un cine de percepciones sutiles, de espacios en blanco que el espectador debe llenar, alejado de las constreñidas reglas de los guiones academicistas y matemáticos. En sus películas importa más una canción, el primer plano de uno de sus personajes o la irrupción en una habitación ajena que una estructura dramática previsible. Tal vez sea esa la clave para entender su cine y amarlo, las películas de Wong Kar Wai son como irrupciones al azar en fragmentos de vidas ajenas, historias oníricas y nocturnas sobre seres solitarios y habitaciones cerradas.

Los personajes de Fallen Angels no tienen nombre (sombras de un submundo invisible). La película se abre con un enigmático primer plano en blanco y negro de los dos protagonistas. Él es un asesino a sueldo. Ella, una prostituta. Son socios pero hasta ese instante no se habían visto cara a cara. Ella prepara los objetivos y el lugar del crimen, él lo lleva a la práctica. Son desconocidos para el otro… O no tanto. Cuando realizan sus encargos comparten una habitación pequeña donde se cruzan y se mezclan sus presencias, sus sombras. Ella se dedica a recoger y limpiar todas las huellas y pruebas posibles. Y en esa limpieza, retazos de él en la basura: los lugares que ha visitado, la marca de cerveza y tabaco, también su olor sobre las sabanas de la cama. Fallen Angels es una historia de amor loco, invisible, solitario, un amor a distancia diferente a cualquier otro (no sólo una distancia física, también temporal). Una de las escenas más hermosas e inquietantes de esta película la protagoniza ella, una perturbadora y misteriosa Michelle Reis: tumbada sobre la cama y vestida sensualmente, esconde la mano entre sus piernas cerradas, se masturba ante la presencia invisible de él (sólo un olor sobre las sábanas) y llora al llegar al orgasmo. El dolor por la distancia y la invisibilidad, por la mezcla de sueño en sus sentimientos y deseos (el dolor por no poder hacer real el deseo).

A la historia de la peculiar pareja de socios se une la de un hombre que se quedó mudo a los cinco años y que se dedica a entrar en los negocios ajenos en mitad de la madrugada, al igual que hacía una de las protagonistas de Chungking Express, que se adentraba en la habitación del policía mientras él no estaba e invadía y cambiaba su mundo. En uno de sus paseos nocturnos el hombre mudo se enamora de una mujer a la que acaban de abandonar por teléfono. Historia paralela, extraña, con gotas de humor, tiene momentos de un lirismo febril y cercano. La extraña geometría del amor y el deseo.

Cuando uno ve una película de Wong Kar Wai debe dejar atrás una mirada convencional. Las escenas son pura emoción; la cámara inquieta y con un objetivo en un casi permanente gran angular sigue a los personajes o los encuadra en un intimista primer plano; la violencia donde los casquillos y la sangre saltan y golpean no sólo a los personajes, también al objetivo de la cámara; la perfecta combinación de la música con las imágenes; los cruces de personajes solitarios y esas miradas entre perdidas y vacías y escrutadoras. Fallen Angels es un cúmulo de imágenes hipnóticas sobre la soledad, la noche, el amor, la ciudad, el azar y los encuentros.
Una hermosa película... y una hermosa Michelle Reis.



Información: http://www.filmaffinity.com/es/film840421.html




Tags: Fallen Angels, Wong Kar-Wai, Leon Lai, Michelle Reis, Takeshi Kaneshiro, Charlie Yeung, Karen Mok

Publicado por elchicoanalogo @ 4:10  | Cine
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