Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009
III

Unos niños escribían sus nombres sobre la arena mojada. Las letras se mezclaban con el reflejo de los acantilados crepusculares, el cielo nítido y azul, las estelas blancas de los aviones que se difuminaban con el viento en un reflejo soñador, onírico. Parecía una imagen ilusoria, como si el mundo se hubiera colocado al revés y mirase desde extrañas alturas un camino blanco e indefinido que cruzaba un campo estático y azul. El cielo como suelo firme y la tierra como techo.

El mar se replegaba sobre sí mismo; un eco constante que en ocasiones me lleva a las noches en Galicia, cuando dormía con el crepitar del río de fondo. Su sonido lejano y apagado velaba mis sueños donde se sucedían las imágenes del día: los caminos de luciérnagas, su luz verde y pálida, las estrellas fugaces, el suave tacto de la hierba en mi espalda, el cielo en fuga. Hay momentos donde me gustaría alargar la mano, recuperar esos recuerdos y esconderlos en algún lugar recóndito donde no les alcanzara las olas y el olvido.  Porque a veces la vida es mar y borra las huellas de recuerdos y presencias, dejando en su lugar un vacío extraño, indefinido, taciturno. Con la llegada de una ola desaparece un recuerdo, pequeños trozos que se desgajan de tu cuerpo, restos de un naufragio. Me pregunto cómo será llegar a esa edad donde pierdes más que ganas, donde las personas y sentimientos que te han definido han desaparecido por completo y te sientes solo y desnudo y con el cuerpo de ausencias. Cuando no queda delante de ti más que un acantilado.

Paseo en esa franja intermedia del mundo donde no es tierra ni mar sino un territorio inhóspito, un espacio en blanco en el que puedo desaparecer en cualquier pisada, y me dejo llevar por la zozobra que me transmite el rumor del mar.

Los niños seguían jugando con la arena. Saltaban sobre otras pisadas mayores, escribían sus nombres con su letra incipiente, se alborotaban cuando llegaba el mar hasta su altura y deshacía sus huellas sobre la arena. Entonces, con paciencia, esperaban a que el mar volviese a sus límites para reanudar sus juegos.

Tal vez ése sea el truco. Esperar a que el mar se retire y volver a la vida.




Tags: espacios en blanco

Publicado por elchicoanalogo @ 4:54  | Espacios en blanco
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