Dejé a mi espalda el sonido del mar y la blancura de las olas, los sueños de sirenas ancladas en mitad de la ciudad de la furia y del torbellino de imágenes de este año. Las luces navideñas se encendieron con timidez. Aún quedaban los últimos rastros del sol en las cumbres de los montes.
No tengo eso que llaman espíritu navideño, aunque tampoco me disgustan estas fechas. Es un mes más, y hay que vivirlo y agotarlo como los anteriores. Pero sí que me dejo llevar por la frontera entre dos años que es diciembre y se me cruzan el pasado con el futuro, lo vivido con lo inasible. Es como si el presente se borrara por arte de magia.
A veces me agobia la velocidad que adquiere la vida en diciembre, pasear por Bilbao es un continuo entrechocar de hombros y gritos, parece que todo se mueve a doble velocidad. Pienso que por el camino se han perdido costumbres amistosas. Como las postales. Ya apenas rebosan los buzones.
Este final de año ha sido complicado y extraño, no pensaba escribir ninguna porque no había nada dentro que cobijara las palabras esperadas, pero en el último momento me decidí por enviar un pequeño puñado de postales. Mi letra ha perdido claridad, las palabras son repetitivas, pero, en cierta forma, mientras escribo esas postales tengo presente al destinatario, como si estuviera a mi lado.
Me gustaría poder escribir mensajes nuevos y diferentes, algo que haga sonreír y que emocione. Pero al final, las postales, ya sean tímidas o atrevidas, saltimbanquis o aburridas, apenas salen de los consabidos deseos de felicidad.
(Paréntesis. Esto de la felicidad es extraño, todos nos lanzamos en su búsqueda, como hace dos siglos lo hicieron los buscadores de oro, y no nos paramos a pensar en qué consiste y si realmente existe. Para mí, la felicidad son pequeños momentos de luz desaforada donde siente una calidez extrema en las entrañas. Y lo que importa no es la felicidad en sí misma sino su búsqueda. A veces olvidamos disfrutar del viaje).
Hay una postal que este año me ha hecho una ilusión especial (además de la siempre divertida postal de mi muy querida Mariola). Verica me deseó una feliz navidad y un feliz año nuevo en serbio. Esa postal simboliza lo inesperado, la sorpresa (como diría Carmen Martín Gaite: “la sorpresa es una liebre, y el que sale de caza, nunca la verá dormir en el erial” ). Quién me iba a decir hace un año que bailaría un vals junto al Danubio y que me quedaría mudo bajo un edificio agujereado por la guerra en mitad de Belgrado. La aventura por la aventura…
Debería terminar este desvarío deseando una feliz navidad, pero prefiero decir que sea una navidad llena de deseos y sueños por cumplir… Porque la felicidad es el final y los sueños el viaje en sí…
We Wish You A Merry Xmas (Jeff Scot Soto, Bruce Kulick, Bob Kulick, Chris Wyse, Ray Luzier)
We wish you a Merry Christmas;
We wish you a Merry Christmas;
We wish you a Merry Christmas and a Happy New Year.
Good tidings we bring to you and your kin;
Good tidings for Christmas and a Happy New Year.
Oh, bring us a figgy pudding;
Oh, bring us a figgy pudding;
Oh, bring us a figgy pudding and a cup of good cheer
We won't go until we get some;
We won't go until we get some;
We won't go until we get some, so bring some out here
We wish you a Merry Christmas;
We wish you a Merry Christmas;
We wish you a Merry Christmas and a Happy New Year.
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