Lunes, 11 de enero de 2010
Hace años vi una película que caminaba entre el drama clásico y académico del Hollywood dorado y la búsqueda filosófica del sentido de la vida. Quedé fascinado por su fotografía en blanco y negro que le daba un aspecto onírico a la historia, por la fragilidad del personaje de Tyrone Power y el magnetismo de Gene Tierney. El filo de la navaja fue una de esas películas que vi en plena adolescencia y que sólo entendí en su superficie.

Me gusta Maugham. En los últimos meses he leído su cuento Lluvia y su libro El velo pintado. En ambas historias, como en El filo de la navaja, se une el viaje tanto interior como exterior, y la búsqueda de un lugar en el mundo. Historias con buenos diálogos, escenas intensas y personajes bien trazados. Murakami me recordó a Maugham en su El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. El protagonista leía sus obras a lo largo de la novela. Así que miré a mi alrededor y encontré, entre tantos pendientes, El filo de la navaja.

Larry Darrell, tras la primera guerra mundial, decide romper con la vida que le espera, una vida rutinaria repleta de reglas y caminos trazados de antemano, para buscar otro sentido a su vida y la espiritualidad perdida tras las masacres que vio en la gran guerra. Larry, al revés de lo que esperan de él, se desmarca de su época y se embarca en continuos viajes que le llevaran hasta la India, donde podrá conocer una visión diferente de la vida.

El drama de Larry es que es un hombre en busca de algo que desconoce, que no consigue vislumbrar del todo, como una especie de ateo que quiere creer pero que siempre se queda a las puertas del descubrimiento. Aún así, Larry conseguirá con su búsqueda una espiritualidad perdida en occidente tras la guerra mundial. Lo importante de un viaje no es el destino, sino el viaje en sí.

El filo de la navaja está narrado de una manera peculiar. El propio Maugham se erige en narrador y un personaje más dentro la novela. Sus encuentros con Elliot, un americano afincado en París que trepó en la escala social hasta alcanzar la cumbre, le permiten entrar en contacto con su sobrina, Isabel, y Larry, una pareja a punto de casarse hasta que Larry decide emprender sus viajes tanto dentro como fuera de sí.

Es curioso cómo está búsqueda de respuestas a las grandes preguntas vitales de Larry está narrada como un puzzle desde los mejores salones de París, Chicago o Londres. Los personajes se mueven en un ambiente elitista, las cenas de la alta sociedad, el París bohemio que retratara Hemingway, la naciente burguesía estadounidense. Maugham pasa por estos lugares y en ellos recoge los testimonios de las andanzas, las desapariciones y los viajes de Larry. Sólo en las conversaciones con Larry salimos de las grandes casas y los palacios y nos adentramos en caminos polvorientos y otras culturas.

Al final, cada personaje encontrará aquella vida que necesita. Larry se encaminará hacia la espiritualidad, los demás personajes encontrarán su sitio en la alta sociedad y Maugham podrá escribir sobre todos ellos.

El filo de la navaja es una gran novela con un personaje inolvidable que trata de romper las ataduras con la vida predeterminada y buscar respuestas que a preguntas que sabe nunca han sido contestadas. Gran novela.




- No me extraña que no entiendas a Larry –le dije-, porque estoy seguro de que tampoco él se entiende. No es dado a explicar la naturaleza de sus planes y acaso sea porque no los ve con mucha claridad. Claro es que yo apenas le conozco, y no hago sino adivinar; pero ¿no crees posible que ande buscando algo, sin saber exactamente lo que busca, y sin estar seguro de si existe? quizá, le haya pasado lo que le haya pasado en la guerra, lo que sea le ha dejado dominado por un desasosiego que no le deja tranquilo. ¿No crees que pueda andar persiguiendo un ideal que está envuelto en una nube de ignorancia, como un astrónomo puede querer descubrir una estrella de cuya existencia solamente sus cálculos matemáticos le dan noticia?

( … )

Es extraño la cantidad de gente que tiene miedo. No me refiero a la angustia de los espacios cerrados, o al vértigo de las alturas, sino al miedo a la muerte y, lo que es mucho peor, el miedo a la vida. Muy a menudo son personas que parecen gozar de excelente salud, prósperas, sin preocupaciones, y sin embargo el miedo las tortura. He pensado algunas veces que es el estado de ánimo más frecuente de los hombres, y hubo un tiempo en que me pregunté si sería debido a algún hondo instinto animal heredado por el hombre de aquel rudimentario algo que fue el primero en sentir la temblorosa emoción vital.
W. Somerset Maugham
El filo de la navaja (traducción de Fernando Calleja. Debolsillo)


Tags: El filo de la navaja, W. Somerset Maugham, Fernando Calleja, debolsillo

Publicado por elchicoanalogo @ 4:12  | Libros...
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Comentarios

Acabo de terminarlo. Tengo que devolverlo a la biblioteca. Me ha gustado mucho. Me ha recordado al mejor Faulkner. Leyendo el País de las Maravillas se hacían continuas citas a este autor y cuando lo ví en la biblioteca no lo dudé un instante. Ha sido todo un descubrimiento.

Me gustó el final. El autor tiene razón es un final feliz y al público nos gusta. Los finales felices son tan escasos...

Publicado por Eva
Martes, 07 de septiembre de 2010 | 17:40

A Murakami le gusta mucho este autor, lo menciona en varios libros. Es todo un viaje espiritual...

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 07 de septiembre de 2010 | 18:39