Jueves, 04 de febrero de 2010
Enjuto, calvo, barbudo, con la nariz pegada a la escotilla, preocupado, miraba alejarse a la Tierra, que parecía inmóvil e inhóspita. Después toma sus cuadernos de notas, los revisa, los borra, los reescribe, siempre con el mismo resultado.

Los cálculos de toda una vida tenían que ser certeros. Por aquella idea fija había abandonado a familia y amigos, incluso a la mujer de la sonrisa devastadora (no podía haber otra igual). Su teoría, descabellada y refutada por ilustres científicos, casi lo enloquece. Estaba seguro de que, en la inmensidad del universo, había otro planeta como el nuestro, idéntico, con los mismos mares y la misma arena, los mismos peces, escarabajos y rinocerontes, con las mismas personas, cometiendo los mismos errores y viviendo las mismas vidas. ¡Al diablo el efecto mariposa! En cuestión de estadística, ¿no era igual de probable un mundo diametralmente opuesto a un mundo idéntico?

De repente, lo sorprendió un aparato grande y extravagante que se acercaba velozmente. ¡Y parecía decidido a estrellarse contra su nave! Corrió hacia los mandos, virando bruscamente. Cerró los ojos: iba a morir por el choque irremediable. Pero al abrirlos, observó al extraño aparato alejarse. A través de la ventana, le pareció entonces ver, durante un instante, unos ojos conocidos que lo miraban con espanto. Después se escuchó una gran explosión; después, el más absoluto de los silencios.

Días después, no podía creerlo, divisó la Tierra. Debió de girar 180 grados al maniobrar para esquivar la nave, pensó. Aterrizó en el océano, desolado y perplejo. Toda una vida dedicada a una idea, y había fracasado.

Sin embargo, su mente no pudo imaginar que, al otro lado del cosmos, otro hombre, enjuto, calvo, barbudo, se desesperaba por no haber logrado su objetivo. No pudo imaginar que esa Tierra no era la suya. Ni que todo era igual, pero no lo era. Que tenía razón. Y que en el Universo, y en esto sí se equivocó, sí había otra sonrisa igual de demoledora que aquella que le robaba el sueño.
Mariola Hernández
Eppur si muove


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Publicado por elchicoanalogo @ 18:37  | Voces amigas
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