Martes, 16 de marzo de 2010
Leer El túnel de Sábato es como acercarse a un acantilado que te atrae y te engulle entre sus rocas salientes y afiladas. El monólogo de Juan Pablo Castel es así, afilado, cortante, abisal, una especie de umbral hacia la desesperanza, la tristeza, la soledad, el amor delirante y la locura.

Castel se queda prendado de la única persona que descubre la realidad escondida en uno de sus cuadros. Mientras críticos y espectadores se quedan con lo pintado en primer plano, una desconocida parece desaparecer, emocionada, en una esquina del cuadro, una ventana abierta que muestra una mujer solitaria frente al mar. Ese encuentro casual, no sólo físico, también emocional, obligará a Castel a iniciar una búsqueda por Buenos Aires en un intento por repetir ese encuentro. Castel siente, por primera vez, que hay otra persona que lo entiende, que sabe leer su alma, sus pinturas, su pensamiento.

El inicio de El túnel te deja boquiabierto, ya no se puede despegar la mirada de sus páginas. Como si se tratara de un relato detectivesco, Castel se presenta como el asesino de María Iribarne. Desde esa primera confesión asistimos a un intenso monólogo con continuas digresiones y reflexiones de Castel, unas digresiones de tono sombrío, gélido y solitario, El túnel desmenuza una pasión febril, alocada, desquiciada. Castel no sabe amar ni acercarse al otro, no es capaz de mantener el equilibro y el amor por María deambulará en continuos vaivenes, como una montaña rusa de emociones. Amor que se transforma en odio en el momento más insospechado para resurgir en forma de perdón y vergüenza.

A veces se hace dura la lectura de este amor loco, de esta pasión llena de emociones extremas. Castel parece querer vivir en un hueco, en un túnel soterrado y cuando sale a la superficie es incapaz de mantener la cordura, el equilibrio. Cada gesto, cada palabra debe tener su lógica, un razonamiento con un final cerrado, la certeza última. Pero eso es como querer lo inalcanzable, lo extremo, el abismo.

El túnel es una novela compleja, demoledora, desesperanzada. Una lectura que atrapa y hiere.



La hora del encuentro había llegado! pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? !Que estúpida ilusión mías había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable… No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.
Ernesto Sábato
El Túnel (Cátedra)

Tags: El túnel, Ernesto Sábato, Cátedra

Publicado por elchicoanalogo @ 16:41  | Libros...
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios

este libro lo termine de leer y quede triste por que simplemente termino sin mas, es muy bueno cien porciento recomendado para las personas es de los pocos libros que te hacen reflexionar y sentir una catarsis que te lleva a niveles realmente sorprendentes.

Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 12 de octubre de 2011 | 21:38

Es una lectura inquieta e inteligente, de las que se recuerdan con intensidad. Un saludo

Publicado por elchicoanalogo
Mi?rcoles, 12 de octubre de 2011 | 21:49

El tunel...

recuerdo que el amor de Castel y María indefectiblemente me llevó a la amor del joven Werther por Charlotte...  esos amores viscerales, nada racionales en los que prima la desesperanza y la soledad...

y me pregunto ¿cuánto tenemos de Castel o the Werther cada uno de nosotros al enamorarnos? ¿Realmente amamos al otro o proyectamos nuestros anelos en esos amores?

todos somos un poco Castel o Werther...

un abrazo,

Susana

Publicado por Invitado
Lunes, 19 de mayo de 2014 | 5:13

Buena pregunta, Susana, qué hay de proyección y qué de realidad en el amor. Puede que el truco sea dejarse llevar, amar sin un objetivo, amar sin ayuda de nada que decía Blake. Imagino que nunca sabremos desentrañar el significado del amor.

Otro abrazo grande

Fernando

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 19 de mayo de 2014 | 19:49

tus palabras me llevan a un viejo amigo en común, Raymond Carver y su pregunta en ese cuento tanentrañable y  cinematogáfico (si se me permite) "De qué hablamos cuando hablamos de amor"...

quizás nunca lo sepamos,

un abrazo,

Susana

Publicado por Invitado
Lunes, 19 de mayo de 2014 | 22:36

¡Sí, Carver! Al final somos unos principiantes...
Abrazos

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 20 de mayo de 2014 | 19:12