Martes, 04 de mayo de 2010
Como el protagonista de El palacio de la Luna, Jim Nashe busca desaparecer de la vida, aunque en su caso no por la quietud llevada al extremo, por una inacción pura, sino en un viaje sin destino por las carreteras de Estados Unidos, un viaje tanto interior como exterior, una forma de desprenderse de quien fue y de las reglas sociales. Nashe no tenía ningún plan definido. Como máximo, la idea era dejarse ir por algún tiempo, viajar de un sitio a otro y ver qué pasaba. Suponía que se cansaría de ello al cabo de un par de meses y entonces se sentaría a preocuparse por lo que debía hacer. Pero después de dos meses aún no estaba dispuesto a renunciar. Poco a poco se había enamorado de su nueva vida de libertad e irresponsabilidad, y una vez que ocurrió eso, ya no había ninguna razón para detenerse.

La primera parte de la novela parece el guión de una road movie. Jim conduce de manera obsesiva y continua, y es en esas horas al volante donde se deja llevar por una soledad hipnótica, por el perpetuo cambio del paisaje, por la sensación de desaparecer en mitad de la nada y no tener más límites que los que ilumina los faros de su coche. Cada jornada de su viaje parece quitarle una capa de su ser, es un viajero en mitad del vacío. El coche se convirtió en un santuario de invulnerabilidad, un refugio en el que nada podía herirle ya. Mientras conducía no llevaba ningún peso, ni la más ligera partícula de su vida anterior le estorbaba. Esto no quiere decir que no surgieran recuerdos, pero ya no parecían producir la angustia de antes. ( … ) Al cabo de tres o cuatro meses le bastaba con entrar en el coche para sentir que se desprendía de su propio cuerpo, que una vez que ponía el pie en el pedal y empezaba a conducir, la música le transportaba a una esfera de ingravidez.

Pero en todo viaje, aun en los que no tienen destino, hay cruces de caminos inesperados, ese azar que tanto (pre)ocupa a Auster, donde cada paso en el presente cambia el futuro de manera definitiva. Jim recibe una herencia de su padre ausente que le permite cortar con su rutina e iniciar un viaje iniciático. Y en ese viaje, un cruce de caminos con un desconocido que alterará la vida de ambos. Jim ayudará a un hombre perdido y ensangrentado, Jack Pozzi, un jugador de póquer joven y animoso. Ese cruce, ese azar, cambiará la vida de Jim y el tono de la novela.

Si el inicio de La música del azar es una novela itinerante, un libro de viaje, con el encuentro de Jim y Jack la historia deriva hacia regiones oscuras, simbólicas y kafkianas. Jim necesita más dinero para seguir su vida errante y se hace socio de Jack en una partida en la que esperan desplumar a dos ricachones incautos. La llegada a la extraña mansión de la pareja de ricos es excelente, tenebrosa. El tono ha cambiado, se siente cierta fatalidad en el ambiente.

Jim y Jack deberán pagar la deuda que contraen construyendo un muro con diez mil piedras de un viejo castillo europeo. Al igual que en sus viajes por carretera, Jim seguirá desaparecido en mitad de un extraño vacío pero el movimiento y la libertad de sus viajes han mudado en una especie de prisión al aire libre y en un trabajo mecánico y agotador.

La música del azar es un gran libro de Auster, una historia con un gran poder de atracción y donde no sólo se habla de la influencia del azar en nuestras vidas, cómo cada paso altera y modifica el futuro, también de las diferentes formas de desaparecer, de alejarse de una vida predecible y estática.



Durante todo un año no hizo otra cosa que conducir, viajar de acá para allá por los Estados Unidos mientras esperaba a que se le acabara el dinero. No había previsto que durara tanto, pero una cosa iba llevando a la otra, y cuando Nashe comprendió lo que le estaba ocurriendo, había dejado de desear que aquello terminara. El tercer día del decimotercer mes conoció al muchacho que se hacía llamar Jackpot. Fue uno de esos encuentros casuales que parecen surgir de la nada: una ramita que el viento rompe y que de repente aterriza a tus pies. Si hubiera sucedido en cualquier otro momento, puede que Nashe no hubiese abierto la boca. Pero como ya había renunciado, como pensaba que ya no tenía nada que perder, vio en el desconocido un indulto, una última oportunidad de hacer algo por sí mismo antes de que fuera demasiado tarde. Y así, sin más, se decidió y lo hizo. Sin el menor atisbo de miedo, Nashe cerró los ojos y saltó.
Paul Auster
La música del azar (traducción de Maribel De Juan. Anagrama)

Tags: La música del azar, Paul Auster, Maribel de Juan, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:45  | Libros...
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Comentarios
Yo empec? a leerlo en ingl?s y no pas? de la p?gina 30. Me recuerda un poco a En el camino. Soy Eme. Besos
Publicado por Invitado
Martes, 04 de mayo de 2010 | 8:50
A m? tambi?n me ha recordado 'El Palacio de la Luna'. He le?do poco a Paul Auster porque ninguno de sus libros me result? tan atractivo como 'El palacio de la Luna', pero este creo este que puede ser interesante..
Publicado por Invitado
Martes, 04 de mayo de 2010 | 10:47
Saludos a los dos,. Eme, ya sabes, es lo que tiene la literatura, es totalmente subjetiva.
El Palacio de la Luna es uno de mis favoritos de Auster, junto a Brooklyn Follies o su ensayo La invenci?n de la soledad. La m?sica del azar es de la ?poca de la trilog?a de Nueva York y El palacio de la Luna, tiene ese toque de Auster de inicios de los noventa que tanto me gusta.
Abrazos a los dos
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 04 de mayo de 2010 | 16:37