Udo Berger tiene veinticinco años y su pasión son los juegos de guerra. También tiene independencia económica y una novia a la que ama, Ingeborg. La pareja pasa unos días en el lugar de la Costa Brava donde él veraneaba con su familia. Udo hace instalar en su habitación una gran mesa donde piensa nuevas estrategias para el Tercer Reich, su juego. Y por la noche van a una discoteca y conocen a Charly y Hanna, otra pareja de alemanes. Cuando bajan a la playa, el imprevisible Charly les introduce en la comunidad del lugar, plena de turbios personajes como el Lobo o el Cordero, que tanto pueden ser trabajadores de verano como mafiosos; Frau Else, la guapa encargada del hotel, o el Quemado, un hombre desfigurado y del que nadie sabe nada, aunque insinúan que es extranjero, que fue torturado en su país. El Tercer Reich, un texto inédito escrito en el año 1989, es una espléndida novela de la primera etapa de Roberto Bolaño, el feliz hallazgo de un ejercicio narrativo donde el autor despliega algunos de sus grandes temas, como las extrañas formas del nazismo, o que la cultura –los juegos, o la literatura– es la realidad.
Hace año y medio leí mi primer Bolaño, Los detectives salvajes. Desde aquel otoño de 2008 he vuelto al desaparecido escritor cada poco tiempo, y con cada lectura, con cada encuentro, empecé a reconocer un mundo de una geografía marcada (Chile, México, Cataluña..., y la tristeza por una latinoamérica dividida y saqueada) y de personajes extremos, poetas errantes que abandonan su tierra, tipos extraños, febriles y en el borde de un abismo, carceleros y víctimas, todo marcado por una melancolía inquietante (también desgarro, mala leche, desesperanza y aventura).
El Tercer Reich fue un regalo de “Motor”. Unos días antes de mi cumpleaños se editó esta novela inédita de Bolaño y pensó en mí. Y yo, sorprendido, miraba un libro del que desconocía su existencia. Un nuevo Bolaño. Pensé si el libro que estaba por leer sería el mismo de seguir con vida Bolaño, si la historia, los personajes, y el enfermizo final cambiarían en algo. En esta ocasión sentía que estaba ante dos libros, el editado y el que habría presentado Bolaño.
Bolaño escribe El Tercer Reich en 1989, varios años antes de los libros de cuentos o Los detectives salvajes. Y aún así, en este “primer Bolaño” ya se encuentran los rastros del escritor que despuntaría a mediados de los noventa. La costa catalana, los personajes y los ambientes sórdidos y melancólicos, las extrañas relaciones cruzadas de los protagonistas, el monólogo interior y desaforado del narrador... Escrita en forma de diario, Bolaño le da voz a un joven alemán, Udo Berger, de vacaciones en España con su novia Ingeborg. Apasionado de los “war games”, Udo coloca en mitad de la habitación del hotel un mapa con el juego El Tercer Reich, su juego favorito, una forma de reinterpretar las batallas de la segunda guerra mundial sobre un tablero (reinterpretar la realidad desde una distancia espacio/temporal). En el hotel se reencuentra con Frau Else, una enigmática y atractiva mujer que conoció en sus vacaciones de adolescente y se cruza con extraños personajes, el Lobo y el Cordero, el Quemado, Charly y Hanna, una pareja alemana. Las relaciones se cruzan como en el tablero de juego, hay momentos donde los personajes parecen fichas en la cabeza de Udo, que analiza cada movimiento en la vida (fuera del tablero) como si se tratase de una partida.
Hay escenas realmente inquietantes en El Tercer Reich, las noches de fiesta tienen un halo de peligro que parece va a devorar a los personajes, el tablero de juego sobre la mesa, una presencia fantasma y abisal, la forma que tiene Udo de alejarse de la realidad y adentrarse en una partida que marcará las últimas páginas de la novela de manera obsesiva, las relaciones de amor entre las parejas. Todo es extraño e inquietante en esta historia. Y sobre todo ello, el personaje de “el Quemado”, un hombre con el cuerpo desfigurado, sin huellas. Apenas se sabe nada de su pasado, sólo su trabajo en la playa, el fortín que cada noche construye con los patines de la playa, su distancia y su silencio y cómo se adentra con pasión en los “war games”, parece ante el umbral de otra realidad.
El Tercer Reich merece la pena, anticipa las mejores obras de Bolaño. Muchas gracias por el regalo, Motor.
¿Por qué a veces tengo tanto miedo? ¿Y por qué cuando más miedo tengo mi espíritu parece hincharse , elevarse u observar el planeta entero desde arriba? (Veo a Frau Else desde arriba y tengo miedo. Veo a Ingeborg desde arriba y sé que ella también me mira y tengo miedo y ganas de llorar.) ¿Ganas de llorar de amor? ¿En realidad deseo escapar con ella no ya sólo de este pueblo y del calor sino de lo que el futuro nos reserva, de la mediocridad y del absurdo? Otros se calman con el sexo o con los años. A Charly le basta las piernas y las tetas de Hanna. Se queda tranquilo. A mí, por el contrario, la belleza de Ingeborg me obliga a abrir los ojos y perder la serenidad. Soy un atado de nervios. Me dan ganas de llorar y de dar puñetazos cuando pienso en Conrad, que no tiene vacaciones o que ha pasado sus vacaciones en Stuttgart sin salir siquiera a bañarse a la piscina. Pero mi rostro no cambia por eso. Y mi pulso sigue igual. No tan sólo me muevo, aunque por dentro esté desgarrándome.
Roberto Bolaño
El Tercer Reich
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