Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010
Sostiene Pereira es la toma de conciencia y partido de un veterano periodista en aquella década extraña e incendiario que fueron los años 30 en Europa, una década dominada por la guerra, la sinrazón y los totalitarismos de diferente signo político. Creo que fue Luther King quien dijo en una ocasión: Lo peor no son los hombres malos, sino el silencio o la indiferencia de los hombres buenos. Y este libro es el cambio interior del silencio a la rebeldía de un hombre bueno.

Pereira, antiguo cronista de un gran periódico lisboeta, se encarga de la página cultural de un nuevo periódico vespertino. Católico que no puede creer en la resurrección de la carne, hombre bueno y tranquilo, ajeno a los acontecimientos que ocurren a su alrededor (pregunta sobre el estado de las cosas a su camarero del Café Orquídea), Pereira parece vivir para el recuerdo y la muerte. Habla con la fotografía de su mujer muerta en un monólogo continuo y tierno, lee y traduce a escritores franceses del s. XIX, reflexiona sobre el alma y quiere preparar para su sección las necrológicas anticipadas de los escritores vivos. Todo tiene un tono funerario, mortuorio.

El encuentro con un joven vitalista, Monteiro Rossi, y su novia, cambiará la forma de andar por la vida de Pereira. Contrata al joven para escribir las necrológicas anticipadas de los grandes escritores. En un periódico que quiere sobrevivir bajo el régimen dictatorial de Salazar, Monteiro elige a escritores “impublicables” y comprometidos con la realidad política que les rodea. Pereira. Pero Pereira es un hombre bueno y paciente y le da una oportunidad a Monteiro. Y es en ese encuentro con Monteiro, ese diálogo que inician, cuando Pereira empieza a sentir que su postura al margen de la vida se debilita y que es imposible mantenerse al margen. Hay que actuar.

Sostiene Pereira es un extraordinario libro, conjuga la ternura del personaje principal con la reflexión política e histórica de un periodo turbulento y desquiciado.
 


He conocido a una persona, sostiene haber dicho Pereira, mejor dicho, a dos personas, un joven y una muchacha. Siga hablándome de ello, dijo el doctor Cardoso. Bueno, dijo Pereira, el hecho es que necesitaba para la página cultural necrológicas anticipadas de aquellos escritores importantes que pueden morir de un momento a otro, y la persona que conocí había escrito una tesina sobre la muerte, la verdad es que en parte la copió, pero al principio me pareció que era un experto en el tema de la muerte, así que lo contraté como ayudante, para hacer las necrológicas anticipadas, y él me escribió algunas, se las pagué de mi bolsillo porque no quería que resultara un carga para el periódico, pero son todas impublicables, porque ese chico tiene la política en la cabeza y plantea todas las necrológicas desde un punto de vista político, a decir verdad, creo que es su chica la que le mete todas esas ideas en la cabeza, ya sabe, fascismo, socialismo, la guerra civil en España y cosas parecidas, son todos artículos impublicables, como ya le he dicho, y hasta ahora se los he pagado. no hay nada de malo en ello, respondió el doctor Cardoso, en el fondo está arriesgando sólo su dinero. No es eso, sostiene haber admitido Pereira, el hecho es que me ha surgido una duda: ¿y si esos chicos hubieran tenido razón?. En tal caso, ellos tendrían razón, dijo pacatamente el doctor Cardoso, pero es la Historia quien lo dirá y no usted, señor Pereira. Sí dijo Pereira, pero si ellos tuvieran razón mi vida no tendría sentido, no tendría sentido haber estudiado Letras en Coimbra y haber creído siempre que la literatura era la cosa más importante del mundo, no tendría sentido que yo dirija la página cultural de ese periódico vespertino en el que no puedo expresar mi opinión y en que tengo que publicar cuentos del siglo XIX francés, ya nada tendría sentido, y es de eso de lo que siento deseos de arrepentirme, como si yo fuera otra persona y no el Pereira que ha sido siempre periodista, como si tuviera que renegar de algo.

( … )

Creer que somos “uno” que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás ingenua, de la tradición cristiana de un alma única; el doctor Robot y el doctor Janet ven la personalidad como una confederación de varias almas, porque nosotros tenemos varias almas dentro de nosotros, ¿comprende?, una confederación que se pone bajo el control de un yo hegemónico. Lo que llamamos la norma, o nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la confederación de de nuestras almas; en el caso de que surja otro yo, más fuerte y más potente, este yo destrona al yo hegemónico y ocupa su lugar, pasando a dirigir la cohorte de las almas, mejor dicho, la confederación, y su predominio se mantiene hasta que es destronado a su vez por otro yo hegemónico, sea por un ataque directo, sea por una paciente erosión.
Antonio Tabucchi
Sostiene Pereira (traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira. Anagrama)

Tags: Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi, Carlos Gumpert, Xavier González Rovira, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 17:02  | Libros...
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Comentarios
?Qu? me gust? "Sostiene Pereira"! Lo le? hace mucho tiempo y lo he vuelto a leer hace un par de meses.?Estupendo!
Un saludo.
VS
Publicado por Invitado
Jueves, 27 de mayo de 2010 | 13:25
Pereira es entra?able, como las conversaciones con el doctor Cardoso sobre el confederaci?n de almas. Es un gran libro, todo un descubrimiento. Ahora estoy con La campana de cristal... Cari?os
Publicado por elchicoanalogo
Jueves, 27 de mayo de 2010 | 18:48